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 Batallas antiguas

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Cossack



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MensajeTema: Batallas antiguas   Miér 4 Mar 2015 - 17:59

quiero publiacar este nuevo tema porque me encantan las batallas antiguas.

Hoy voy a hablar tal vez de la batalla más genial de toda la antiguedad: La Batalla de Cannas

Esta sucedió en el 216 A.C durante la 2da guerra púnica.Por una parte estaba en el lado Cartaginense el gran general Anibal y por el otro el lado romano el general varron. con unos efectivos que eran más del doble que los de cartago los romanos perdieron estrepitosamente, gracias a la genial formación de anibal que envolvió a los romanos. Ahora , ¿que táctica hubieran usado ustedes?
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MensajeTema: Re: Batallas antiguas   Miér 4 Mar 2015 - 18:07

espero que hagan contribuciones , todos los que les encantan las batallas antiguas.
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MensajeTema: Re: Batallas antiguas   Miér 4 Mar 2015 - 18:36

Hola cossack, me gusta la iniciativa, espero poder aportar algo siempre que el tiempo lo permita,

Un saludo Ricardo.

_________________
No hay prédica mas eficaz de amor a la patria, que la historia bien estudiada.
José Manuel Estrada
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MensajeTema: Re: Batallas antiguas   Miér 4 Mar 2015 - 21:01

Hola amigo cossack... me sumo!
saludos

_________________
Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
Samaniego, Félix Mª de
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MensajeTema: Batalla de Cannas   Vie 6 Mar 2015 - 16:36

Batalla
Fuerzas
Las fuerzas combinadas de los dos cónsules sumaban un total 75 000 soldados de infantería, 2 400 de caballería romana y 4 000 de caballería aliada, contando únicamente a la porción de tropas que se utilizó en la batalla campal. Además, en los dos campamentos fortificados había otros 2 600 hombres de infantería pesada y 7 400 de infantería ligera (un total de unos 10 000), por lo que la fuerza total que los romanos llevaron a la guerra equivalía a unos 86 400 hombres. En el otro bando, el ejército cartaginés estaba compuesto aproximadamente por 40 000 hombres de infantería pesada, 6 000 de infantería ligera y 8 000 de caballería.[7][8]

Falcata íbera de hierro y plata. Siglo IV o III a. C. Procedente de Almedinilla (Córdoba, España). Museo Arqueológico Nacional de España (Madrid). La falcata era el arma utilizada por la infantería hispana de Aníbal.
El ejército cartaginés estaba compuesto por una amalgama de soldados procedentes de distintas y numerosas regiones. No sabemos con certeza cuántos hombres había de cada nacionalidad, aunque sí que existen algunas estimaciones sobre el tamaño de los distintos contingentes. Contaba con unos 10 000 jinetes, entre los que se contaban unos 4 000 galos al menos y varios miles de hispanos. De las infantería, unos 40 000, parte eran infantería ligera (8 000 en la batalla de Trebia, puede que menos en Cannas) y, del resto, la mayoría eran celtas, tropas que se habían unido ya en Italia (Aníbal no había recibido nuevos refuerzos desde Hispania o África desde el comienzo de la batalla). Es posible que hubiera entre 8 000 y 10 000 libios y unos 4 000 hispanos.[9]
Según otras fuentes y estimaciones, junto con el núcleo de 8 000 libios equipados con armadura romana, podrían haber luchado también 8 000 íberos, 16 000 galos (de los cuales 8 000 permanecieron en el campamento el día de la batalla) y 5 500 getulos. La caballería de Aníbal también tenía distintas procedencias: Había 4 000 númidas, 2 000 hispanos, 4 000 galos y 450 libios y fenicios. Finalmente, Aníbal contaba con unos 8 000 hostigadores compuestos por honderos baleares y lanceros de diversas nacionalidades. Sin embargo, todas estas cifras son aproximadas y se basan en estimaciones del ejército inicial de Aníbal, que se había ido modificando a medida que afrontaba batallas en la campaña italiana. En cualquier caso, todos estos grupos específicos aportaban sus distintas capacidades al ejército cartaginés, siendo su factor unificador la unión personal que cada grupo tenía con el líder del ejército, Aníbal.[10][11]
Equipamiento
Las fuerzas de la república utilizaban el tradicional equipamiento militar romano de la época de las Guerras Púnicas, incluyendo el pilum y los hastae como armas, así como los escudos, las armaduras y los cascos tradicionales. En el bando opuesto, los cartagineses utilizaban una gran variedad de equipamientos distintos. Los libios luchaban con las armaduras y el equipamiento tomados de los romanos derrotados en anteriores enfrentamientos; los hispanos luchaban con espadas diseñadas para cortar y ensartar, jabalinas y lanzas incendiarias y se defendían con grandes escudos de forma ovalada; y los galos llevaban espadas largas y pequeños pero resistentes escudos ovalados. La caballería pesada cartaginesa llevaba dos jabalinas y una espada curva, así como una fuerte armadura. La caballería númida, más ligera, no utilizaba armadura y sólo llevaba un pequeño escudo, jabalinas y una espada. Por último, los hostigadores que actuaban como infantería ligera estaban armados con hondas o con lanzas y, de éstos, los honderos baleares (famosos por su puntería con esa arma) llevaban hondas cortas, medias y largas, aunque no llevaban ningún equipamiento de carácter defensivo. Los lanceros sí llevaban escudos, jabalinas, y posiblemente espada o, al menos, una lanza diseñada para ensartar a corta distancia.[10]
Despliegue táctico

Despliegue inicial y ataque romano (en rojo).
El despliegue convencional de los ejércitos en aquella época consistía en situar a la infantería en el centro de la formación, colocando a la caballería en las dos «alas» o flancos laterales. Los romanos siguieron con este sistema de despliegue de forma muy fiel, aunque añadieron una mayor profundidad a su formación mediante la colocación de muchas cohortes, en lugar de optar por dar mayor espacio a su infantería. Posiblemente los comandantes romanos esperaban que esta concentración de fuerzas permitiese romper rápidamente el centro de la línea enemiga. Varrón sabía que la infantería romana había logrado romper el centro de la formación cartaginesa en la batalla del Trebia, y su intención era recrear esto a mayor escala.
Los princeps se colocaron inmediatamente detrás de los hastati, preparados para empujar hacia adelante en cuanto comenzara el contacto con el enemigo, y asegurando con ello que los romanos presentaran un frente sin huecos. Polibio escribió que «los manípulos estaban más cercanos los unos a los otros, los intervalos eran más cortos, y los manípulos mostraban una mayor profundidad que frente».[2][12] A pesar de superar ampliamente a los cartagineses en cuanto a número de tropas, este despliegue suponía en la práctica que las líneas romanas tuvieran aproximadamente la misma longitud que la de sus oponentes.
La imagen final que ofrecía el ejército romano mantenía por tanto el estilo clásico. En líneas perpendiculares al río, los romanos presentaban dos bloques en líneas cerradas, el de la infantería ligera delante y el de la pesada detrás. A su derecha, junto al río, la caballería romana y en el flanco izquierdo la caballería compuesta por aliados de Roma.

Esquema clásico de despliegue de la legión manipular.
Desde el punto de vista del cónsul Varrón, Aníbal parecía tener poco espacio para maniobrar y ninguna posibilidad de retirada, debido a su elección de desplegarse con el río Aufidus a su retaguardia. Varrón pensaba que cuando fuesen presionados por la superioridad numérica del ejército romano, los cartagineses caerían hacia el río y, sin sitio para maniobrar, cundiría el pánico. Por otro lado, Varrón había estudiado las últimas victorias de Aníbal, en las que sus victorias se habían producido en gran parte gracias a una serie de subterfugios del general cartaginés. Debido a esto, Varrón buscó una batalla en campo abierto, en el que no hubiera posibilidad de que tropas ocultas preparasen una emboscada.[13]
Aníbal también formó su tropa en dos líneas, pero no las hizo compactas. Las desplegó con el centro apuntando ligeramente al centro romano, basándose en las cualidades particulares de lucha que cada unidad poseía, y teniendo en cuenta tanto sus fortalezas como sus debilidades para el diseño de su estrategia.[3] Colocó a los íberos, galos y celtíberos en el centro, alternando la composición étnica de las tropas de la línea del frente. El centro de Aníbal lo componían sus tropas íberas más disciplinadas, mientras que detrás de éstos se situaban los galos, con menor grado de disciplina. La infantería púnica de Aníbal se posicionó en las alas, justo en el extremo de su línea de infantería.
Se suele pensar erróneamente que las tropas africanas de Aníbal estaban armadas con picas, teoría aportada por el historiador Peter Connolly. En realidad, las tropas libias llevaban lanzas más cortas incluso que las de los triarii romanos. Su ventaja, por tanto, no eran las picas, sino la experiencia de su infantería, muy veterana tras tantas batallas, que permaneció cohesionada y atacó los flancos romanos.
Asdrúbal dirigía a la caballería íbera y celtíbera del ala izquierda del ejército cartaginés (ubicada al sur, cerca del río Aufidus). Tenía a su mando a 6 500 hombres, mientras que Hannón estaba al frente de 3 500 hombres de caballería númida ubicados en el ala derecha. La fuerza de Asdrúbal fue capaz de derrotar rápidamente a la caballería romana ubicada al sur, atravesar la retaguardia de la infantería y enfrentarse también a la caballería aliada romana que estaba luchando con los númidas. Las fuerzas combinadas de Asdrúbal y Hannón dispersaron a la caballería romana, lo que les permitió acosar a la infantería desde la retaguardia.
Aníbal colocó a su caballería, compuesta principalmente de caballería hispana y de caballería ligera númida, esperando que pudieran derrotar rápidamente a la caballería romana de los flancos y que girasen para atacar a la infantería desde la retaguardia, mientras ésta intentaba atravesar el centro de la formación cartaginesa. Sus veteranas tropas africanas (que además contaban con armaduras romanas ganadas en batallas anteriores) atacarían entonces desde los flancos en el momento crucial y rodearían al ejército romano.
Tras rodearles, se produjeron una serie de factores que favorecieron la victoria cartaginesa. En primer lugar, en lugar de enfrentarse a una dura línea de triarii veteranos que normalmente se ubicaban en la retaguardia, la caballería se encontró con los hostigadores velites, que estaban en plena retirada a través de las líneas tras haber hecho su labor de hostigamiento. Esto permitió a los cartagineses acabar estratégicamente con los líderes de las centurias a la vez que creó una gran confusión entre los hastati. Esta confusión fue también alimentada por el bombardeo con proyectiles que estaba recibiendo el ejército romano: este bombardeo, si bien sólo producía heridas leves, hacía que los laterales del ejército romano tratasen de refugiarse acercándose al centro de la formación, lo cual provocó una situación en la que las tropas romanas estaban demasiado cercanas las unas a las otras como para poder utilizar con efectividad sus armas, incrementando el número de bajas.
Aníbal no se sentía impedido por su posición en contra del río Aufidus. Por el contrario, supuso una factor principal de su estrategia: el río protegía sus flancos de ser superados por el ejército más numeroso de los romanos y la existencia de esa barrera natural implicaba que la única vía de retirada de los romanos era su flanco izquierdo.[14] Además, las fuerzas cartaginesas habían maniobrado de forma que los romanos estuviesen mirando al este, con lo que no sólo recibían en la cara el sol de la mañana, sino que los vientos del sudeste arrojaban tierra y polvo sobre sus caras a medida que se aproximaban al campo de batalla.[12] Se puede decir, por tanto, que el despliegue de tropas realizado por Aníbal, basado en su percepción y entendimiento de las capacidades de sus tropas, resultó decisivo en la batalla.
Acontecimientos
A medida que los ejércitos avanzaban uno hacia el otro, Aníbal fue extendiendo de forma gradual el centro de su línea. Tal y como describe Polibio:
Tras desplegar a su ejército al completo en una línea recta, tomó a varias compañías de celtas y de hispanos y avanzó con ellas, manteniendo al resto en contacto con estas compañías, pero quedándose atrás de forma gradual, para conseguir una formación en forma de luna creciente. La línea de compañías de flanqueo iba estrechándose cada vez más a medida que se prolongaba, siendo su objetivo utilizar a los africanos como fuerza de reserva y comenzar la lucha con los celtas y los hispanos.[3]
Polibio describe un centro cartaginés muy débil, desplegado en curva con los romanos en el centro y las tropas africanas en los flancos y en formación diagonal.[2] Se cree que el propósito de esta formación era romper el impulso frontal de la infantería romana y retrasar su avance hasta que se produjesen otros acontecimientos que permitiesen a Aníbal desplegar su infantería africana de la forma más efectiva posible.[15] En cualquier caso, algunos historiadores han tachado a este relato de fantasioso, y comentan que la curvatura del ejército cartaginés se pudo deber, o bien por la curvatura natural que se produce cuando una línea de infantería avanza, o bien a la propia reacción del ejército cartaginés al enfrentarse al choque con el pesado centro de infantería romana.[15]
Cuando los ejércitos se encontraron, la caballería se lanzó en un fiero ataque sobre el ejército romano. Polibio nos describe la escena[2] comentando que «cuando los caballos hispanos y celtas del ala izquierda colisionaron con la caballería romana, la lucha que se produjo fue verdaderamente barbárica».[3] La caballería cartaginesa rápidamente venció a la inferior caballería romana del flanco derecho y les sobrepasaron. En ese momento, una porción de la caballería se dividió del ala izquierda y dio un rodeo atravesando la retaguardia romana hacia el flanco derecho, en dónde atacó a la caballería romana de ese flanco desde la retaguardia. Éstos, siendo atacados desde los dos frentes, se dispersaron rápidamente ante el ataque cartaginés.

Destrucción del ejército romano.
Por otro lado, mientras que los cartagineses derrotaban a la caballería romana, los dos ejércitos principales, compuestos por la infantería de ambos bandos, avanzaron el uno contra el otro en el centro del campo de batalla. Para poder entender bien la batalla, es necesario detenerse a examinar las duras condiciones a las que estaban sometidos los soldados de infantería romanos, y que hacían que la batalla fuese especialmente difícil para ellos:[10] A medida que los romanos avanzaban, el viento del este soplaba hacia ellos, arrojando polvo sobre sus caras y obstaculizando su visión. En este aspecto, es importante tener en cuenta que los dos ejércitos levantaban mucho polvo al desplazarse, lo que amplificaba el efecto del viento.[12] Además del polvo, otro factor importante de la batalla fue la falta de sueño de las tropas: debido a la distancia entre los campamentos y el campo de batalla, es muy posible que ambos ejércitos se hubiesen visto obligados a dormir muy poco tiempo. En particular, los romanos sufrían la falta de una buena hidratación previa a la batalla, causada por el ataque de Aníbal a su campamento el día anterior que les había impedido suministrarse del río. Por último, la masiva cantidad de tropas suponía un tremendo estruendo de fondo, lo cual era psicológicamente muy duro para los hombres de la formación.
Los cartagineses dispusieron una línea con unos 800 honderos baleares para intentar frenar el avance de las tropas romanas, pero no tuvo éxito. Cuando ambos ejércitos estaban uno en frente de otro se inició una auténtica lluvia de lanzas entre los hostigadores. Tras ese inicio comenzó la batalla cuerpo a cuerpo.
Aníbal se colocó junto con sus hombres en el débil centro de la formación, y les hizo desplazarse en una retirada controlada. Conociendo la superioridad de la infantería romana, Aníbal dio instrucciones para esta retirada, creando un semicírculo cada vez más estrecho que iba rodeando a las fuerzas romanas. Los romanos empujaron en su ataque y el centro de Aníbal cedió terreno, curvándose hacia atrás, ocupando el centro romano el espacio desalojado por el centro cartaginés. Con ese movimiento, Aníbal convirtió la fuerza de la infantería romana en una debilidad: A medida que las tropas avanzaban, el grupo de tropas romanas comenzaban a perder cohesión debido a que los soldados comenzaban a empujar los unos contra los otros hasta que llegaron a situarse tan próximos los unos a los otros que no tenían espacio ni para maniobrar con sus armas. Además, en su intento de romper cuanto antes la línea de tropas gálicas e hispanas, los romanos habían ignorado (puede que también debido al polvo) a las tropas africanas que se habían colocado sin oposición en los extremos de la formación cartaginesa.[15] La caballería cartaginesa, por su parte, ya había conseguido eliminar a la caballería romana de los dos flancos, y cargó contra el centro de la formación romana desde la retaguardia.
El ejército romano, con sus flancos eliminados, formó una cuña que iba introduciéndose cada vez más dentro del semicírculo cartaginés, metiéndose de lleno en una ubicación en la que la infantería africana controlaba ambos flancos.[3] En este momento, Aníbal ordenó atacar a su infantería africana, rodeando por completo a los romanos en lo que se convertiría en el primer ejemplo bélico conocido de movimiento de tenaza.
Cuando la caballería cartaginesa atacó a los romanos por la retaguardia y las tropas africanas asaltaron la formación desde las alas, el avance de la infantería romana quedó detenido bruscamente. Los romanos estaban atrapados, y sin vía de escape. Polibio comenta que, «a medida que las tropas del exterior eran masacradas, los supervivientes se veían forzados a retirarse hacia el centro y agruparse más, hasta que finalmente todos murieron en el lugar en el que se encontraban».
Los legionarios estaban aterrorizados. No podían ni siquiera alzar los escudos para defenderse, ni podían desenvainar sus espadas. En ese momento la falange ibera avanzó hacia el cerco para atacar por los flancos a los romanos. Los iberos que habían retrocedido, gracias a sus cortas pero mortales espadas hicieron una masacre entre las filas enemigas. Tras esta batalla los romanos, impresionados por la eficacia de la espada ibera, adoptarían una similar para sus tropas (el conocido como gladius hispaniensis).
Aníbal, viendo que su plan estaba resultando en una victoria casi total y necesitando todavía consolidar sus logros, y tomar únicamente a aquellos prisioneros que estuviesen dispuestos a cambiar de bando en la guerra, ordenó a sus hombres que mutilasen rápidamente a los enemigos supervivientes. Más adelante, cuando ya no había soldados romanos con capacidad de resistencia al enemigo, procederían a masacrar a los romanos sin obstrucción alguna.
Tito Livio describe lo siguiente:
Había tantos miles de romanos yaciendo (...) Algunos, con sus heridas, agravadas por el frío de la mañana, se levantaban, y a medida que se levantaban cubiertos de sangre de entre la masa de masacrados, eran sobrepasados por el enemigo. Otros fueron encontrados con sus cabezas enterradas en la tierra, en agujeros que habían excavado; habiendo con ello, parece, creado sus propias tumbas, en las que se habían asfixiado ellos mismos.[3]
Fueron masacrados casi seiscientos legionarios por minuto hasta que la oscuridad trajo su fin al derramamiento de sangre.[16] Sólo 14 000 hombres lograron escapar, la mayoría de los cuales habían logrado abrir una vía de escape hacia la cercana ciudad de Canusio. Al final del día, de las tropas iniciales romanas compuestas por 87 000 hombres, sólo habían sobrevivido alrededor de uno de cada seis hombres.[3]
Bajas
Aunque la cifra exacta de bajas probablemente nunca llegue a conocerse, Tito Livio y Polibio nos ofrecen unas cifras según las cuales murieron entre 50 000 y 70 000 romanos y entre 3 000 y 4 500 fueron hechos prisioneros.[12] Entre los muertos se encontraba el propio Lucio Emilio Paulo, así como los dos cónsules del año precedente, dos cuestores, veintinueve de los cuarenta y ocho tribunos militares y unos ochenta senadores (en una época en la que el Senado romano estaba compuesto tan sólo por unos 300 hombres, por lo que la cifra constituye entre un 25 y un 30 % del total). Otros 8 000 hombres de los dos campamentos romanos y de los poblados vecinos se rindieron al día siguiente (después de que la resistencia se cobrara todavía más víctimas, aproximadamente 2 000).
Finalmente, puede que más de 75 000 romanos de una fuerza original de 87 000 resultasen muertos o capturados, totalizando más del 85% del ejército total. De los que participaron en la batalla, puede que el 95 % de los romanos y aliados muriesen o fueran capturados.[17]
Se perdieron más vidas romanas en Cannas que en cualquier otra batalla posterior, exceptuando quizás la batalla de Arausio del año 105 a. C.[18][19][20] Además, Cannas es la segunda batalla con mayor porcentaje de bajas de toda la historia de Roma, situándose sólo por detrás de la batalla del bosque de Teutoburgo (año 9 d. C.).
Por su parte, los cartagineses sufrieron 16 700 bajas, la mayoría de ellas de celtíberos e íberos. De éstas, 6 000 fueron mortales: 4 000 celtíberos, 1 500 íberos y africanos y el resto de caballería.[3]
La cifra total de bajas en la batalla, por tanto, excede de 80 000 hombres.[3] En la época en que se produjo, Cannas posiblemente fue la segunda batalla con más bajas de la historia conocida, por detrás de la batalla de Platea (comparándola con las cifras que sobre la batalla de Platea ofrece Heródoto y que son consideradas exageradas por muchos historiadores modernos), si bien en Platea la mayoría de las bajas no se produjeron en el transcurso de la propia batalla, sino que ocurrieron en la persecución del ejército persa tras su derrota. Hasta las invasiones mongolas, 1 500 años después, la batalla de Cannas estuvo entre las diez batallas más costosas en término de vidas humanas de la historia, e incluso hoy en día todavía permanece dentro de las cincuenta batallas más letales de la historia.
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MensajeTema: Re: Batallas antiguas   Dom 8 Mar 2015 - 17:33

Muy bueno el informe Cossack, Felicitaciones.

Un saludo Ricardo.

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José Manuel Estrada
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MensajeTema: Re: Batallas antiguas   Dom 8 Mar 2015 - 19:22

Hola!

lamento no haber contestado antes pero el trabajo,y otras responsabilidades no me han dejado tiempo...

Me alegro cossacks que hayas empezado este topic, y vaya que lo empezaste con una batalla de las mas famosas y también mas estudiadas!!

Uno de los que escribió sobre este tema en Argentina es el El General Perón ... y aparte de él, el único que ha tocado estos temas y creo que sería meritorio que sería noble rescatarlo es a José Luis Romero, que me alegraría mucho que lo leyeran si llegan a tener algún ejemplar de sus libros en sus manos.

mi análisis de esta batalla, si me lo permiten es esta:

La lógica que imperaba en esos tiempos y que se siguió hasta épocas de la Primera Guerra Mundial, era poner a las mejores unidades en el centro de la formaciones de batalla. Todo era para tomar la iniciativa de la reyerta. Al tenerla, eras capaz de dirigir el curso de la misma.

 Así que, cuando los cartagineses escucharon que las mejores tropas iban a los flancos y las peores al centro, cundió el pánico. Aníbal tecnicamente estaba entregando la batalla, ya que los romanos se habían dispuesto a la manera tradicional: con su poderosa infantería en el centro y las caballerías a los lados. No solo la calidad de la infantería romana hacía de peso, sino también el número de las mismas.  

¿Por qué Aníbal hizo esto? pues creo que influyó mucho el conocimiento de que los romanos, eran inflexibles y faltos de dinamismo en las batallas, y en la experiencias previas enfrentando a enemigos  los romanos se habían topado con falanges macedónicas  (Pirro) que le habían hecho batalla de igual a igual y habían salido airosos, también porque Aníbal se percató que ese día comandaba Varrón... aunque se lo ha acusado a este cónsul del desastre por los historiadores modernos, tenemos que entender su posición: Era el jefe del partido Demagógico de Roma, había hecho promesas de victoria y contaba con una fuerza de combate jamas vista en el Occidente. Varrón era un General típicamente Romano, es decir, siguió disciplinadamente la costumbre militar y cuando tuvo el poder constitucional ( Los cónsules se alternaban por día en el mando) lo utilizó. Recordemos que estaban en el campo prácticamente un tercio del Senado romano, la mitad de los tribunos de la plebe y los jefes de casi todas las Gens y una buena parte de los aliados, prácticamente tenía quórum político y eso fue lo que sucedió... Roma exigía la Batalla y el  decidió, con apoyo de los comandantes militares y políticos, darla, sin duda, el apoyo del tercer comandante, Cneo Servilio Gémino, que comandaba la infantería y Ex cónsul fue decisiva .  Que Paulo Emilio se haya negado a librar indica mas bien que "perdió" la batalla política, puesto que Paulo dilataba la batalla simplemente porque esperaba que el Senado  no había decidido aún renovar nuevamente la Dictadura, a la que sólo podía darse si se cumplia ciertos requisitos legales y uno de ellos era el del tiempo, puesto que Fabio había concluido el período y no podía renovarse... indudablemente, Varrón jamas podía ser elegido dictador por su origen plebeyo así que Paulo contaba con un voto seguro dado que el ser patricio lo hacia elegible automáticamente.




 Sabiendo esto, Varron, que era el cónsul que mandaba las tropas al momento, dejo de lado las tácticas dilatorias de Emilio Paulo, y decidió lanzarse de frente, marchando a toda velocidad contra Aníbal, que sin duda buscaba el choque... el campo había sido elegido perfectamente para que los romanos se sintieran cómodos (un llano perfecto) pero demasiado estrecho para el volumen de tropas.



Sin duda, Aníbal  vió que los romanos hacían justamente lo que el esperaba: marchar como topadora y aplastarlo en la primera. al aferrar el frente romano con tropas que no daban la talla disciplinaria (Celtas e Iberos)se aseguro que la línea  retrocediese pero no se quebrase, puesto que estos guerreros no eran de salir huyendo y menos frente a romanos. La infantería Líbia, organizada a la macedónica, mas disciplinada, enfrento a los auxiliares itálicos, menos armados y resistentes, que eran mas utilizados para disminuir las bajas romanas, y claro frente a la falange Libia,  con Armadura de Lino y lanzas de fresno, poco podían hacer. La caballería númida y Celtíbera era el asombro de la disciplina y herencia de su Gran padre, Asdrúbal..  así que al mando de experimentados comandantes hizo lo que hizo porque los romanos no contaban aún con experiencia en esta clase de lucha, Italia no es territorio de caballerías y eso se sintió en las guerras púnicas.

Aníbal, en conclusión explotó lo mejor y peor de sus tropas y de sus enemigos y los resultados no lo desmintieron.

saludos


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/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
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Samaniego, Félix Mª de


Última edición por bashar el Dom 8 Mar 2015 - 20:45, editado 5 veces
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MensajeTema: Re: Batallas antiguas   Dom 8 Mar 2015 - 19:30

Lisa y llanamente...WOW!!! Me saco el sombrero... es una bocanada de aire fresco leer este nuevo post y el análisis realizado en este tema! Mis humildes felicitaciones.
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Cossack



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MensajeTema: La batalla de zama   Mar 10 Mar 2015 - 15:26

gracias a todos por las felicitaciones, aqui les va la publicacion de esta semana.

La batalla
Aníbal regresó a África desde el Sur de Italia, en auxilio de Cartago, que en aquellos momentos había perdido batalla tras batalla contra el ejército romano desembarcado en 204 a.C. que actuaba bajo el mando de Publio Cornelio Escipión. El general cartaginés consiguió unir a los hombres que pudo traer de Italia, los restos del ejército cartaginés en África, los evacuados del ejército de su hermano Magón en Liguria, los 4.000 soldados macedónicos enviado por Filipo V y nuevos contingentes de caballería númida de jefes tribales que aún permanecían fieles a Cartago. Igualmente añadió un importante contingente de elefantes hasta un número cifrado en 80 paquidermos. Los mismos, protagonizarían la carga inicial de la batalla.Los romanos realizaron la estrategia de abrir pasillos entre sus filas para dejar pasar a las bestias, aprovechando la ocasión para saetearlas. Los que no fueron alcanzados y muertos huyeron despavoridos hacia el desierto. Neutralizado el ataque de los elefantes, comenzó la persecución de la caballería romana y de sus aliados númidas maesilios (Numidia Oriental) a la caballería cartaginesa y de sus aliados númidas masesilios (Numidia Occidental). Tras esto, se desarrolló una batalla de infantería en tres fases, en la cual los infantes romanos fueron destrozando cada una de las dos primeras líneas cartaginesas, hasta que se produjo el encuentro con la tercera línea, formada por los veteranos italianos de Aníbal. Este último combate permaneció igualado hasta que regresaron Cayo Lelio y Masinisa al mando de la caballería y el ejército púnico sucumbió, decidiéndose la batalla. Aníbal huyó con una mínima parte de sus tropas.
Disposición inicial
Aníbal formó a sus 37 000 infantes (50 000, según Apiano) en tres líneas, 3000 jinetes a los flancos y alrededor de 80 elefantes[9] en el frente. Este número de elefantes es mucho mayor que el que normalmente utilizaba Aníbal. Escipión formó alrededor de 20 000 legionarios, más 14 000 auxiliares, y la caballería, que comprendía 4000 jinetes númidas traídos por Masinisa[10] y 2700 equites romanos.
Los cartagineses formaron 3 unidades colocando a los 80 elefantes al frente; la primera unidad estaba formada por la cifra de 12 000 mercenarios infantes entre ligures, galos, mauritanos y baleares;[7][11] la segunda, por africanos y cartagineses, de los cuales, entre éstos últimos, había 10 000 ciudadanos que iban a luchar para defender su tierra,[12] y una legión de 4000 macedonios[13] al mando de Sópatro;[14] y la tercera unidad estaba formada por entre 15 000 y 18 000 infantes veteranos de Aníbal,[7][12] en su gran mayoría brutios, directamente bajo sus órdenes.
Los romanos adoptaron la disposición clásica de batalla de la legión, denominada triplex acies: con los jabalineros hastati en primera línea, los veteranos príncipes en segunda, y los lanceros triarii, armados con lanzas largas, detrás. Las unidades se encontraban separadas por pequeños pasillos que les permitían maniobrar, por los cuales debían escapar los hostigadores vélites cuando la carga cartaginesa se hiciera insostenible, al mismo tiempo que evitarían que los elefantes rompieran la formación.
De acuerdo a Apiano, entre los mandos romanos y aliados númidas que secundaron a Escipión durante la batalla estaba el propretor de la flota con base en Cerdeña, Cneo Octavio, un legado llamado Minucio Termo, Cayo Lelio, Dacamas y Masinisa.
Primera fase

Disposición de los ejércitos.
Con ambos ejércitos frente a frente, los romanos soplaron los cuernos de batalla. Cundió el nerviosismo entre algunos de los elefantes - pues habían sido capturados recientemente -, que retrocedieron en estampida contra la propia caballería númida de Tiqueo, creando un gran desorden.
Escipión tomó dos medidas geniales para contrarrestar el ataque de los elefantes: ordenó a sus hombres bruñir corazas, cascos y cualquier cosa de metal, de tal modo que el sol se reflejara en ellos y deslumbrara a los animales, y tomó asimismo la compañía de músicos y los llevó a vanguardia, donde sus cuernos y trompetas espantaron a los animales de la izquierda, de tal modo que retrocedieron y sembraron la confusión entre la caballería númida.
Masinisa ordenó cargar a su caballería númida contra la menos numerosa de Tiqueo. Los elefantes, lanzados a la carga contra la infantería romana, tuvieron un efecto limitado gracias a los pasillos que había dejado Escipión. Atacados desde los flancos por las lanzas de los legionarios, los elefantes murieron o retrocedieron hacia las líneas cartaginesas. La caballería italiana de Lelio atacó, persiguiendo a los jinetes cartagineses fuera del campo de batalla.
Segunda fase
Los supervivientes del ejército de Magón se lanzaron contra los hastati, acabando con gran número de ellos. Aníbal ordenó avanzar a la segunda unidad para apoyar el ataque; sin embargo, los legionarios romanos comenzaron el contraataque antes de que llegara el apoyo. Provistos de sus escudos corporales, consiguieron rechazarles. Esta falta de cooperación sembró la semilla del caos en las filas púnicas, que se vieron obligadas a retroceder. Mientras tanto, los legionarios de Escipión acosaron a sus enemigos en retirada hasta que recibieron la orden de repliegue.
Una vez establecidos los cartagineses en posiciones más retrasadas, los romanos lanzaron una nueva ofensiva. Aníbal, deduciendo que sería necesaria una defensa firme, dispuso a su infantería veterana al frente, formando una fila perfecta de lanzas. Los oficiales púnicos dieron órdenes a las tropas en retirada de bordear a la tercera unidad.
El campo se hallaba cubierto de sangre y cadáveres, de modo que los veteranos hubieron de mantenerse a la defensiva. La entrada en combate de los veteranos de la guerra en Italia, desgastadas las menos numerosas tropas de infantería romanas, inclinó la balanza del lado de Aníbal, cuyas tropas comenzaron a ganar terreno.
Conclusión
La caballería romana de Lelio y los jinetes númidas de Masinisa, ya reorganizados tras la persecución de los jinetes de Tiqueo, regresaron en aquel momento al campo de batalla. Atacaron la formación compacta de los cartagineses desde la retaguardia, de manera que se produjo el colapso del ejército de Aníbal, quien hubo de huir a Hadrumentum, pues las tropas de Escipión aún les influían temor de una posible persecución. Tras unos días regresarían a Cartago derrotados.
Las bajas cartaginesas se elevaban a alrededor de 20.000 muertos,[15] junto con 11.000 heridos y 15.000 prisioneros. Los romanos capturaron también 133 estandartes militares y once elefantes. Por otro lado, entre las filas romanas hubo 1.500 muertos[16] y 4.000 heridos.

todo lo saque de la wikipedia ahi pueden investigar más y por favor recomiendenme sitios donde pueda tener más información.
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MensajeTema: Re: Batallas antiguas   Mar 10 Mar 2015 - 16:40

Te vuelvo a felicitar Cossack, ahora quiero aprovechar esta oportunidad para comentar una curiosidad sobre las legión Romana, a lo mejor ya lo conocen pero igual la cuento.

La mayoría saben que la infantería romana una vez en el campo de batalla formaba tres líneas, la primera con los novatos, la segunda tropas más experimentadas y la tercera con los veteranos, un poco la elite de la legión.

Al producir el choque la primera línea abría el combate, era muy común que esta fuera derrotada, entonces se replegaba en orden, para reubicarse detrás de la tercera línea.

Si el choque con la segunda también fuera desfavorable esta se replegaba detrás de la tercera, se reagrupaba con el resto de la primera y se preparaban para luchar, ahí entraba la tercera.

1º curiosidad el dicho “no hay dos sin tres” viene de esta acción, todos sabían que no había segunda línea sin la tercera.

Aunque esta batalla fue la excepción, pocas veces la tercera línea perdía, es decir vencía.

2º curiosidad, el dicho “la tercera es la vencida”, tiene su origen en esta estrategia de las legiones romanas.

En fin verán que además de su cultura, su ingeniería, su estrategia, también nos dejaron algunos dichos como  herencia.

Un saludo Ricardo

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MensajeTema: Re: Batallas antiguas   Mar 10 Mar 2015 - 20:53

También la frase " Cosa de Triario" que significaba enfrentarse a un problema de difícil solución...

apenas pueda hago mi análisis de Zama

saludos!

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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
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MensajeTema: Re: Batallas antiguas   Jue 12 Mar 2015 - 16:26

jaja que curiosidad tan buena, espero que sigan así, punto y aparte aquí les va la publicacíon de la semana que viene por si problemas de colegio no la puedo publicar.



La batalla de Maratón
Contexto
Los autores antiguos remontaban los orígenes de la Primera Guerra Médica a la ya mencionada revuelta jónica,[15] inscrito de hecho en el vasto movimiento expansionista del Imperio aqueménida.[16] Darío I ya había puesto el pie en Europa, con la conquista de Tracia y la sumisión del Reino de Macedonia, que fue forzado a sumarse a la alianza persa.[17] Sin embargo, la revuelta jónica llevaba una amenaza directa sobre la integridad del Imperio, y Darío tomó la decisión de castigar a todos aquellos que se encontraban implicados, como las ciudades del Egeo y de la Grecia continental. Atenas y la ciudad eubea de Eretria enviaron 25 trirremes en ayuda de las ciudades de Asia Menor,[18] mientras, un cuerpo expedicionario arrasaba Sardes antes de replegarse y de ser vencido en Éfeso por el sátrapa Artafernes, hermano de Darío. En 494 a. C., después de seis años de conflicto, Darío terminó aplastando las ciudades rebeldes. Después, los persas sometieron por la fuerza o la diplomacia las islas del mar Egeo. Numerosas ciudades continentales recibieron embajadas del rey aqueménida pidiendo su sumisión y su doblegamiento. Atenas y Esparta se negaron e incluso, según Heródoto, asesinaron a los emisarios.[19][20][21]
Anteriormente, en 511 a. C., con la ayuda de Cleómenes I, el rey de Esparta, el pueblo ateniense expulsó a Hipias,[22] tirano de Atenas.[23] Éste huyó a Sardes, a la corte del sátrapa más cercano, Artafernes, y le prometió el control de Atenas si lograba restaurarlo en el poder,[24]

Cuando Atenas exigió a Persia que entregara a Hipias para ser enjuiciado, los persas se negaron, lo que provocó que la ciudad ática se enemistara abiertamente con los persas,[24] y que en vísperas de la revuelta jónica (499–494 a. C.), enviara 20 trirremes en ayuda de los jonios.[26]El tirano ateniense huyó probablemente a la corte del rey Darío durante la revuelta.
La ciudad de Eretria también había enviado ayuda, cinco trirremes,[27] aunque no sirvió de mucho ya que la rebelión fue subyugada. Esto alarmó a Darío, que deseaba castigar a las dos ciudades. En 492 a. C., envió un ejército bajo el mando de su yerno, Mardonio, a Grecia continental. Empezó con la conquista de Macedonia y obligó a Alejandro I a abandonar su reino, mientras que en el camino al sur, hacia las ciudades estado griegas, la flota persa fue diezmada por una tormenta al costear el promontorio del monte Athos, perdiendo 300 naves y 20 000 hombres. Mardonio fue forzado a retirarse a Asia. Los ataques de los tracios infligieron pérdidas al ejército aqueménida en retirada.[28] Darío aprendió, quizás a través de Hipias, que los Alcmeónidas, una poderosa familia ateniense, se opusieran a Milcíades, quien en ese momento era el político más prominente de Atenas. Si bien ellos rehusaron ayudar a restablecer a Hipias, puesto que habían contribuido a derrocarlo, según Heródoto, puesto que «eran enemigos declarados de la tiranía».[29] Sobre este asunto la historiografía moderna discrepa.[30]
Algunas polis creyeron que una victoria persa era inevitable y necesitaban asegurar una posición mejor en el nuevo régimen político surgido tras la conquista persa de Atenas.[31] Darío, deseando aprovecharse de esta situación para conquistarla, lo que aislaría a Esparta, conquistaría al resto de los griegos del Egeo y consolidaría su control sobre Jonia. Para esto Darío pensaba en hacer dos cosas:
• Sacar al ejército de sus murallas y derrotarlo en campo abierto.
• Lograr la rebelión de la ciudad para rendirse a los persas.
A finales de 491 o inicios de 490 a. C., una expedición naval de 600 trirremes zarpó de Cilicia rumbo a Jonia al mando de Artafernes, hijo del sátrapa de Lidia —el que hizo el trato con Hipias—, y del almirante medo Datis, enviada para aplastar a los insumisos.[32] Mardonio, había sido relevado del mando por el gran número de naves perdidas en la tempestad que se abatió sobre ellas al costear el Athos.[33]
Ahora bien, desde Cilicia no arrumbaron las naves a lo largo de la costa asiática en dirección al Helesponto y Tracia, sino que a partir de Samos, costearon Icaria, rebasaron el mar Icario,[34] y navegaron entre las islas Cícladas, pues no se atrevían a circunnavegar el Monte Athos dado que dos años antes sufrieron un desastre mientras surcaban dichas aguas, y además para tomar la isla de Naxos[nota 1] y la fuerza de Eretria y Atenas para someterse al Gran Rey o ser destruida, debían seguir esa ruta.[35] Naxos fue saqueada, sus templos quemados, y los naxios que pudieron escapar huyeron a la zona central de la isla, que era montañosa.[36][nota 2] Después la flota izó velas y tras recorrer las Cícladas septentrionales, situadas entre Delos y Eubea, desembarcaron en la ciudad eubea de Caristo, la sitiaron y saquearon, tras lo cual se dirigieron hacia Eretria, situada a 65 km de Caristo. Fue conquistada tras siete días de asedio, incendiada y su población reducida a la esclavitud. Los 4000 clerucos atenienses que habitaban las tierras de la ciudad eubea de Calcis, que fueron enviados a socorrerlos tuvieron que darse a la fuga. Según se desprende del texto herodoteo, se trataba de una expedición para castigar a atenienses y eretrieos, y los persas enviaron una flota que carecía de naves destinadas al transporte de caballos y sin apoyo de une ejército de tierra. Según Carlos Schrader, el número de barcos «probablemente no superaría el centenar y, como todos los contingentes persas iban embarcados, su número oscilaría sobre los 30 000 hombres».[37] Mientras los persas asolaban Naxos, los delios, abandonaron su isla y emprendieron la huida hacia Tenos.[38] Datis, sin embargo dio orden de no atracar en Delos y ordenó que las naves fondearan en Rinia.[38] Según Heródoto, Datis tenía órdenes de Darío de respetar la isla sagrada donde habían nacido Apolo y Artemisa.[39] Carlos Schrader aduce que «el motivo por el que no atacó Delos, fue la advertencia de Hipias, que iba en a la expedición, de que los contingentes griegos del ejército de Datis no habrían admitido el saqueo de un santuario de Apolo de carácter panjónico».[40]
La flota persa viró acto seguido hacia Atenas, siguiendo los consejos de Hipias, el viejo tirano ateniense depuesto veinte años antes, esperaba recuperar el poder merced a sus partidarios en el seno de la ciudad. Aconsejó a los persas atracar en la playa que orilla la llanura de Maratón, situada a 38 kilómetros de distancia de Atenas, de alrededor de unos cuatro km de larga y apropiada para maniobras de caballería.[41][42][43][44][21]
Fecha de la batalla
Heródoto facilita una fecha del calendario lunisolar, del que cada ciudad griega tenía su variante. Los cálculos astronómicos permiten obtener una fecha en el calendario juliano proléptico. En 1855, August Böckh determinó que la batalla tuvo lugar el 12 de septiembre de 490 a. C., fecha comúnmente admitida. Si el día 12 fue el del desembarco de las tropas, el enfrentamiento habría tenido lugar el 17 de septiembre.[45] Según otro cálculo, es posible que el calendario espartano estuviera un mes avanzado con respecto al calendario ateniense, en cuyo caso sería el 12 de agosto.[46] Sin embargo, los griegos eligieron comenzar las celebraciones del 2500 aniversario de la batalla el 1 de agosto para culminarlas en septiembre.[47]
Batalla
Preludio
El ejército ateniense, capitaneado por Milcíades el Joven, el strategos ateniense más experimentado en la lucha contra los persas, fue enviado a bloquear las salidas de la llanura de Maratón para impedir el avance del ejército aqueménida por tierra.[48] Paralelamente, Fidípides, un corredor mensajero, fue despachado para solicitar refuerzos a Esparta. Es posible que Atenas tuviera un pacto previo de ayuda militar mutua (epimaquia), y por consiguiente despachara a dicho mensajero.[49] Según Georg Busolt, los atenienses enviaron al correo cuando ya habían decidido salir al encuentro de los persas.[50]Pero la ciudad laconia celebraba la Carneas, fiestas que implicaban una tregua militar hasta el plenilunio siguiente. Las tropas espartanas no podían partir más que al cabo de diez días. Los atenienses que habían recibido el refuerzo de un pequeño contingente de Platea estaban casi solos.[51][52]
Los persas navegaron por la costa de Ática, y anclaron en la bahía de Maratón, a unos 40 kilómetros de Atenas, con el asesoramiento del tirano exiliado ateniense Hipias, que había acompañado a la expedición.[53]
Los dos ejércitos estuvieron frente a frente durante cinco días. La espera favorecía a Atenas, ya que cada jornada que pasaba se acercaba al día en que los refuerzos espartanos llegarían.[52]
Fuerzas enfrentadas y tácticas
Fuerzas

Friso de los arqueros, procedente del palacio de Darío I, en Susa (Museo del Louvre, París).

Dibujo moderno de una falange. Los hoplitas, a excepción de los espartanos, realmente no fueron equipados tan uniformemente como parece, pues podían comprar su propio equipo y adornarlo a su criterio.
Heródoto no aporta cifras para las fuerzas griegas. Cornelio Nepote,[54] Pausanias[55] y Plutarco[56] las cifran en 9000 atenienses y 1000 platenses. Justino informa que el número de efectivos era de 10 000 atenienses y 1000 platenses.[57] Estas cifras equivalen a las dadas para la Batalla de Platea,[58] y parecen poco probables. Son aceptadas generalmente por los historiadores contemporáneos,[52][59][21] entre otros, Jules Labarbe,[60] seguido por Pierre Vidal-Naquet,[61][62] y algunos de estos autores justifican la cifra de atenienses en que los diez mil hombres eran el resultado del esquema tradicional de un millar de hoplitas por cada una de las diez tribus áticas.[63] Otros autores reducen la cifra de platenses a 600.[63]El armamento de los griegos era el propio de una infantería pesada: los hoplitas atenienses y sus aliados platenses se protegían con un casco, un escudo, una coraza, cnémidas y brazales de bronce. Blandían una espada, una larga lanza (dory) y asían un escudo de piel con láminas de metal. Los hoplitas combatían en filas cerradas, de modo acorde a la formación de la falange, sus escudos formaban delante de ellos una muralla.[64][65] Los esclavos atenienses fueron liberados poco antes de la batalla para servir de infantería ligera,[66] honderos y lanzadores de jabalina.[67] Su número y su papel durante la batalla son desconocidos, debido a que los hechos y gestas de esclavos no eran juzgados dignos de ser relatados por los autores antiguos.[67]
Las tropas atenienses estaban dirigidas por diez stratogoi —uno por cada tribu— bajo la autoridad militar y religiosa de un polemarca, Calímaco. Cada estratego mandaba en el ejército durante un día. No obstante, parece que cada vez, los estrategos confiaban el mando a uno solo de ellos, entre quienes se contaba Milcíades.[68] Este general conocía la debilidad del ejército aqueménida por haber luchado con ellos durante la campaña de Darío contra los escitas.[69]
El ejército persa estaba bajo el mando de Artafernes, un sobrino de Darío, a la cabeza del ejército de tierra, y Datis era el almirante de la flota.[70] Según Heródoto,[71] la flota aqueménida estaba compuesta de 600 trirremes, Stecchini la estima en 300 trirremes y 300 barcos de transporte;[72] mientras que Peter Green la cifra en 200 trirremes y 400 buques de transporte.[73] Diez años antes, probablemente en la primavera de 499 a. C. con 200 trirremes no pudieron someter Naxos,[74] por lo que quizás una flota de 200 o 300 trirremes era insuficiente. Los historiadores modernos también han hecho varias estimaciones. Kampouris ha señalado,[75] que si las 600 naves eran buques de guerra y no barcos de transporte, con 30 soldados epíbatas en cada barco —típico de los barcos persas después de la Batalla naval de Lade, cantidad de la que dispuso Jerjes durante su invasión—,[nota 3] se alcanzarían 18.000 efectivos. Pero dado que la flota tenía buques de transporte, debía transportar por lo menos a la caballería persa. Mientras que Heródoto afirma que la caballería se transportó en los trirremes: la flota persa había dedicado los buques a esta empresa. Según Éforo, 800 transportes acompañaron a la flota invasora de Jerjes diez años más tarde. Las estimaciones para la caballería están generalmente en el rango de 1000 a 3000,[76] aunque, como se señaló anteriormente Cornelio Nepote la cifra en 10.000.
En cuanto a la infantería simplemente dice que era numerosa. Simónides de Ceos evaluó el cuerpo expedicionario persa en 200 000 hombres. Mientras que un escritor posterior, el romano Cornelio Nepote cifra la caballería en 10 000 jinetes, y de la infantería indica que de un total de 200 000 hombres, Datis dispuso en orden de batalla la mitad: 100 000 infantes; el resto fue embarcado en la flota para atacar Atenas, contorneando el cabo Sunión.[77] Plutarco,[56] Pausanias[78] y la Suda[79] estiman el total de las fuerzas aqueménidas en 300.000 individuos. Platón[80] y Lisias[81] facilitan la cifra de hasta 500.000 hombres, mientras que Marco Juniano Justino la sube a 600 000 soldados.[57] Valerio Máximo da un número de 300 000.[82] Los historiadores modernos proponen una horquilla entre 20 000 y 100 000 hombres.[83][84][85][86] Para Paul K. Davis el número de fuerzas persas era 25 000 infantes y de 1000 a 3000 jinetes;[87] Otros historiadores modernos proponen otras cifras: Bengtson: 20 000 infantes; Martijn Moerbeek, 25 000 persas;[88] How & Wells: 40 000; Georg Bussolt y Glotz: 50 000;[89] Stecchini: 60 000 soldados persas en Maratón;[72] Kleanthis Sandayiosis: de 60 000 a 100 000 soldados persas;[90] Peter Green: 80 000;[91]Christian Meier: 90 000.[92] Para el historiador de Persia, Pierre Briant, sus efectivos son imposibles de cifrar,[93] pero el ejército de Datis era de cualquier modo «muy numeroso».[94] El ejército estaba compuesto de soldados de diferentes procedencias, no hablaban las mismas lenguas y no tenían la costumbre de combatir juntos. Además, el armamento persa, con escudos de mimbre y lanzas cortas, convertía a la infantería persa vulnerable en el combate cuerpo a cuerpo.
Estrategia

Casco de Milcíades. Este casco grabado con el nombre de ΜΙLTIAΔES, fue ofrecido al Templo de Zeus de Olimpia por Milcíades para consagrar la victoria de Maratón.
Las estrategias de los ejércitos griego y persa no se conocen con certeza, los escritos de los autores antiguos son en ocasiones contradictorios, y varias hipótesis son posibles. Los mecanismos de desencadenamiento de la batalla que se derivan de estas diferentes posibilidades, también son especulaciones.
Los atenienses no esperaron tras las murallas de su ciudad, sino que fueron al encuentro del enemigo. A ellos se unieron sus aliados de Platea. Estaban en desventaja en Maratón: debieron movilizar a todos los hoplitas disponibles, y pese ello estaban en inferioridad numérica, por lo menos uno contra dos.[52][95] Además, se tuvo que desguarnecer la defensa de la ciudad. Si fueran atacados por atrás, se dividirían las fuerzas, mientras que cualquier ataque contra ella no encontraría resistencia. La derrota en Maratón también significaría la aniquilación total del ejército ateniense. Los atenienses debían bloquear a los persas en la playa de Maratón, impidiendo que escaparan y evitar ser desbordados por los flancos. Se llevó a cabo el primer objetivo. No fue necesario desencadenar la batalla antes de tiempo. Por otra parte, los hoplitas eran vulnerables a la carga de la caballería persa y constituía un riesgo.[52][96] El campamento griego estaba protegido por los flancos por un pequeño bosque o por estacas —dependiendo de la traducción—, logrando así el segundo objetivo.[97][95] Esta hipótesis parece contradecir la versión de Heródoto, según la cual, Milcíades deseaba atacar tan pronto como fuera posible.[98]
La estrategia de los persas también sigue siendo hipotética. Según E. Levy, querían vaciar la ciudad de defensores, bloquearlos en Maratón desembarcando la mitad de sus tropas y rodear a los hoplitas para tomar Atenas por el mar, con las puertas abiertas por los hombres de Hipias.[44] Este era un motivo por el que, a pesar de su superioridad numérica, los persas no habrían atacado de inmediato. Otro es que se recelaban de los hoplitas, mucho más poderosos que su infantería ligera.[99] Una parte de las tropas persas, incluida la caballería, pudieron haber reembarcado, teniendo por objetivo el puerto de Falero, a fin de llegar rápidamente a la Acrópolis de Atenas.[96] Las tropas restantes habrían cruzado el Caradra, el pequeño arroyo que atravesaba la llanura de Maratón antes de perderse en las marismas litorales, con el fin de impedir el regreso de las fuerzas griegas hacia la ciudad.
Táctica

Las posiciones iniciales de las tropas antes del combate. Los griegos (azules) levantaron sus alas para alentar las esquinas de su centro perceptiblemente más pequeño en una forma de C. La flota persas (en color rojo) estaba anclada en el este, y su ejército formó en línea recta. Esa gran distancia de los barcos desempeñó un papel fundamental en la fases posteriores de la batalla.

Las alas de los griegos (en azul) envuelven los flancos persas (en rojo) mientras que su centro realiza un ataque en retroceso que llena el vacío dejado por lo griegos.
Antes de la batalla, los ejércitos estaban separados al menos ocho estadios, es decir, unos 1500 metros. Milcíades convenció a Calímaco, el polemarca, a alargar la línea de soldados griegos. Dispuso las tropas de dos tribus situadas en el centro del dispositivo —los Leóntidas capitaneados por Temístocles y los Antióquidas por Arístides— en cuatro filas, mientras que las otras tribus fueran dispuestas en ocho filas.[100][101] De hecho, la gran fuerza de las falanges griegas consistía en el impacto frontal capaz de dislocar las líneas de infantes enemigos, siendo su punto flaco que eran poco maniobrables y muy vulnerables por los flancos: era pues crucial para los griegos, ya que estaban en inferioridad numérica, no dejarse desbordar,[102][103] en particular por la caballería persa.[96] Era imperativo, por una parte, proceder al despliegue del frente en orden de combate, y por otra parte, que las falanges laterales fueran más fuertes para hacer recular las alas enemigas y así con movimiento de pinza envolver el centro del ejército persa donde se hallaban las mejores tropas. Algunos comentaristas han incluso sugerido que el retroceso del centro griego fue voluntario, para facilitar esta maniobra,[64]pero Lazenby minora estas consideraciones porque sería suponer que los antiguos estrategos griegos pensaban como los estrategas contemporáneos, pero ello entrañaría también un nivel de entrenamiento que no tenían los hoplitas.[104]
El relato herodoteo sobre la táctica no explicita ninguna referencia al papel de los strategoi hasta después de la derrota, cuando Calímaco tuvo una muerte heroica, dando prueba de su areté durante el asalto a los barcos enemigos. Según Everett l. Wheeler, quizás consituya una indicación sobre que era considerada consustancial al cargo del arconte polemarco como comandante en jefe.[105]
Detonante
En estas condiciones, en las que cada ejército estaba a la defensiva, era difícil saber qué desencadenaría la batalla. Según todas las hipótesis, un movimiento persa el quinto día después del desembarco habría empujado a los griegos a pasar al ataque.Según Heródoto,[98] Milcíades, apoyado por Calímaco, consiguió que los otros estrategos decidieran presentar batalla a los persas. Plutarco afirma que Arístides, que era el más capacitado de los diez estrategos después de Milcíades, secundó su propuesta. A continuación narra en tono moralizante la adhesión de los otros ocho estrategos a dicho plan gracias a Arístides.[106] Heródoto no menciona en ningún momento de la batalla a Arístides.[107] Cada día, cuando les llegaba al resto de estrategos el turno de ejercer el mando, se lo cedían a Milcíades, quien declinaba el ofrecimiento, determinado a no ejercerlo hasta que le correspondiera por derecho propio.[98] En opinión de Lazenby este pasaje de Heródoto plantea problemas: ¿por qué atacar antes de la llegada de los espartanos? ¿Y para qué esperar en dicho caso? Según Lazenby,[108] Heródoto podría haber creído que Milcíades estaba impaciente por atacar y había ideado el sistema de mando rotatorio, del cual no hay pruebas reales, para justificar el transcurso de tiempo entre la llegada de los atenienses y el comienzo de la batalla.[109] Según palabras de Carlos Schrader, en su traducción de los Libros V y VI: «que Milcíades decidiera esperar a atacar el día en que le correspondía el mando —pritanía, literalmente— pudo ser una invención “ex eventu” para compensar con esto su conducta tiránica en el Quersoneso, por la que fue enjuiciado».[110] Schrader manifiesta que el compás de espera de varios días antes del enfrentamiento obedecía a los siguientes motivos: la derrota de los persas se tornaba difícil sin la concurrencia de los hosplitas espartanos. La estrategia aqueménida era retener a las tropas atenienses en Maratón, hasta que sus partidarios de Atenas les dieran la señal de atacarla con parte de sus contigentes. Añade el historiador español que a los griegos no les apremiaba iniciar la batalla, pues la espera jugaba a su favor con la eventual llegada de refuerzos, mientras que a los persas no les beneficiaba porque cada día de inactivadad dificultaba su logística y avituallamiento. Schrader afirma que el relato herodoteo no está exento de lagunas y contradicciones,[111] aseveración compartida por Alberto Balil, al que cita.[112]
Heródoto es sin embargo muy claro: los griegos cargaron contra el ejército aqueménida. Es probable que un cambio en el equilibrio de fuerzas les empujara a pasar al ataque. El cambio pudo deberse al reembarco de la caballería persa desapareciendo así su principal ventaja.[96] Las falanges griegas eran muy vulnerables a un ataque por el flanco por parte de las unidades de caballería que las obligaría a dislocarse deviniendo así vulnerables ante una infantería ligera menos coordinada, pero muy superior en número. Esta hipótesis se apoya en el hecho de que Heródoto no menciona la caballería, mientras que la Suda sí lo precisa: χωρίς ἰππεῖς («sin caballería»).[109] Esta teoría está reforzada por la hipótesis de un reembarco del ejército persa, cuya caballería marchó para atacar Atenas, mientras que el resto de la infantería frenaba a los hoplitas en Maratón. El reembarco sí que lo menciona Heródoto,[113] pero lo sitúa cronológicamente después de la batalla. Si se considera que habría sido antes de la batalla, podría haberla desencadenado.[96]

Playa de Maratón.
Otra hipótesis abona la idea de que los persas habían obtenido una posición defensiva (en el plano estratégico), obligando a los atenienses a abandonar su posición defensiva por una ofensiva (en el sentido táctico) y pasar al ataque.[nota 4] Los arqueros persas eran una amenaza para un tropa estática a la defensiva. La ventaja de los hoplitas residía en la cohesión, que privaba a los arqueros de la posibilidad de acertar.[114] Pero, en cuyo caso, ¿porqué los persas pasaron al ataque después de haber esperado varios días? Se han avanzado dos hipótesis: un rumor habría anunciado la llegada inminente de refuerzos griegos; o simplemente, se hastiaron del statu quo y atacaron para no estar indefinidamente en la playa.[115]
Choque
Inundados por un torrente de cólera, fuimos a su encuentro corriendo con lanza y escudo, de pie, hombre contra hombre, mordiéndonos los labios por la furia. Bajo la nube de flechas no podía verse el sol.
Aristófanes, Las avispas.[116]
Cuando la línea griega estuvo formada en orden de combate, Milcíades dio una simple orden: «¡Al ataque!».[96] Según Heródoto,[117] los griegos corrieron toda la distancia que les separaba de los persas profiriendo su grito de guerra: «¡Ελελευ! ¡Ελελευ!». Es sin embargo dudoso, ya que la armadura completa (panoplia), pesaba por lo menos 20 kg, por lo que era bastante pesada. La carrera sería una marcha, en filas cerradas, cuya aceleración devino en una carga en los últimos 100 metros, para llegar con plena velocidad hasta el enemigo.[118] Esta táctica presentaba la ventaja de estar menos tiempo bajo la lluvia de flechas de los arqueros persas, cuyo alcance máximo era 200 metros.[119] Heródoto sugiere que fue la primera vez que un ejército griego corrió hacia su adversario. Tal vez fue debido a que era la primera ocasión en que se enfrentaba a un enemigo con tal potencia arquera.[119] Según Heródoto, los persas se quedaron sorprendidos, porque dicha carga rayaba en la locura, dado que no tenían caballería o arqueros. Los persas estaban habituados a que sus adversarios griegos les tuvieran miedo y huyeran en lugar de avanzar.[120]

Dibujo moderno de la batalla de Maratón, con los dioses griegos representados en la parte superior, y los combatientes griegos y persas en la inferior.
La griegos atravesaron las líneas persas sin atascarse ante las andanadas de flechas, protegidos por sus armaduras, y golpearon las líneas enemigas. Los persas fueron sorprendidos, esperaban que sus oponentes fueran un blanco fácil y detener su progresión. El choque de la falange de hoplitas fue devastador: los hoplitas permanecían en contacto mediante sus lanzas y sus hombros, y hay que tener en cuenta la masa total de la falange y su energía cinética, ya que llegó a toda velocidad. La energía acumulada por la falange fue tal que el impacto arrolló a los infantes persas.[102][121][122] En los combates entre griegos, los escudos entrechocaban y las lanzas llegaban a las armaduras de bronce. Los persas no tenían ni escudos ni armaduras apropiados. No disponían prácticamente más que de su piel para oponerse al "blindaje" griego y no tenían apenas nada que pudiese penetrar el muro de escudos.
Los flancos griegos dispersaban fácilmente a las tropas que se les enfrentaban, porque consistían en tropas reclutadas en el imperio o jonios poco motivados y por ende más débiles en el centro. Dichas tropas se desbandaron y subieron presas del pánico a bordo de sus barcos. El centro persa resistió mejor porque estaba compuesto de tropas de élite —los melóforos, entre otros—, quienes, a su vez, hundieron el centro de una línea delgada de hoplitas griegos, hasta que los flancos griegos lograron envolverlos. De hecho, las tropas griegas dispuestas en las alas renunciaron a perseguir a las tropas derrotadas y cayeron en el centro del ejército persa en una maniobra de tenaza perfecta. El centro persa se replegó en desorden hacia las naves, perseguidos por los griegos.[123] Dichos combatientes del centro del ejército persa fueron aniquilados hasta en el agua. En la confusión, los atenienses perdieron más hombres que en el momento del choque entre los dos ejércitos.[124] Soldados persas huyeron hacia las marismas donde se ahogaron.[125][126] Los atenienses lograron la captura de siete naves persas, mientras que las otras lograron escapar. Heródoto refiere que Cinegiro, hermano de Esquilo, había atrapado un trirreme persa e intentaba sacarlo a la playa, cuando un miembro de la tripulación persa le cortó la mano. Murió a causa de la amputación.[127]
Carrera hacia Atenas
Después de esta victoria, los griegos debían prevenir una segunda ofensiva persa con el ataque de sus mejores tropas que habían reembarcado después de la batalla, según Heródoto,[128] antes de la derrota según los historiadores contemporáneos.[nota 5] Los Leóntidas y los Antióquidas, los efectivos de las tribus situadas en el centro de la falange y que habían sufrido enormemente, permanecieron en el campo de batalla, mandados por Arístides.[129] La flota persa necesitaba una decena de horas para poder doblar el cabo Sunión y arribar a Falero. Con una marcha forzada de siete u ocho horas,[130] con una batalla a las espaldas, los hoplitas griegos llegaron justo antes que las escuadras navales enemigas.[131] Los persas, al percatarse de la maniobra, renunciaron a desembarcar.[132] Según Heródoto «en Atenas circuló, a modo de acusación el rumor de que los bárbaros se habían decidido por esta maniobra a instancias de los alcmeónidas, que habrían llegado a un acuerdo con los persas para hacerles una señal, levantando un escudo, cuando estos se encontraran ya a bordo de sus barcos».[133] Cinco pasajes después,[134] el historiador dice no confiar en la afirmación de la connivencia de los Alcmeónidas con los persas. Parte de la crítica moderna tiene opiniones dispares al respecto, tildando de incoherente el relato herodoteo. La señal convenida, fuera quien fuese la facción filopersa encargada de ello, sería dada cuando estuvieran prestos a actuar los partidarios intramuros. El retraso provocó que Datis determinara zarpar antes de haberla recibido. Tal vez, la señal se diera, afortunadamente para el desenlace de la batalla, el mismo día en que comenzó.[135][136]
Algunos días más tarde llegaron los refuerzos espartanos, 2000 hoplitas, quienes felicitaron a atenienses y platenses.[137][138] Según Platón la llegada del ejército espartano tuvo lugar al día siguiente.[139]
Este éxito marcó el final de la Primera Guerra Médica.
Balance militar
Heródoto estima en 6400 los cuerpos de guerreros persas contabilizados en el campo de batalla.[140] La cifra de los desaparecidos en los pantanos se desconoce. Siete naves fueron capturadas. Arroja un balance de 192 atenienses muertos y 11 platenses. Calímaco y Estesilao formaron parte de los caídos en batalla.[141] Parece que la tribu de los Ayántidas fue la que pagó un precio más alto.[142] Según Ctesias, Datis también murió,[143] huyó según Heródoto.[144] Tal diferencia de bajas entre uno y otro lado no tiene nada de extraordinario, pese a que las cifras de pérdidas persas es exagerada. De hecho, se ha constatado con frecuencia, en las diversas batallas en que se enfrentaron los griegos a los pueblos de Asia en aquella época, que por cada baja griega había veinte o treinta en los ejércitos orientales.[21] El historiador francés Edmond Lèvy, sostiene que murieron 6400 persas, «porque que los atenienses hicieron voto de sacrificar a Artemisa tantas cabras como enemigos muertos». Aduce que no obsta el hecho de que si ofrendaban a la diosa todos los años 500 cabras en lugar de 6400, es porque que no pudieron conseguir tal cantidad la primera vez.[145]

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