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 Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.

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ariel
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Mensajes : 15025
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Edad : 34

MensajeTema: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Miér 2 Jul 2014 - 10:25

Dejo aqui algunas cosas que fui buscando, aunque no puedo encontrar el video institucional de la FAA sobre el tema.

Ley 19.529

Declaración conjunta referente a la apertura de las comunicaciones entre las Islas
Malvinas y el territorio continental argentino y su anexo - Aprobación.

Fecha de Sanción: 20/03/1972
Fecha de Promulgación: 20/03/1972
Publicado en: Boletín Oficial 24/03/1972 - ADLA1972 - B, 1738

Art. 1º -- Apruébase la declaración conjunta referente a la apertura de las comunicaciones
entre las Islas Malvinas y el territorio continental argentino así como el anexo de dicha
declaración, que fueron inicialados por los representantes de la República Argentina y del
Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte en la ciudad de Buenos Aires el 1 de
junio de 1971, los cuales forman parte de la presente ley.

Art. 2º -- Apruébase la nota de fecha 5 de agosto de 1971 --cuyo texto integra la presente
ley-- por la que se comunicó al gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del
Norte que el gobierno de la República Argentina pondría en ejecución a partir de esa fecha
las medidas referidas en la declaración conjunta que se aprueba en el artículo anterior.

Art. 3º -- Apruébase el acuerdo por notas reversales celebrado en la ciudad de Buenos Aires
el 5 de agosto de 1971 --cuyo texto forma parte de la presente ley--, que se refiere a las
reservas sobre soberanía efectuadas por el gobierno de la República Argentina y el
gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte como consecuencia de la
puesta en ejecución de la declaración conjunta del 1 de julio de 1971.

Art. 4º -- Comuníquese, etc.
1 de julio de 1971.

DECLARACION CONJUNTA

En la ciudad de Buenos Aires, del 21 al 30 de junio de 1971, continuaron las
conversaciones especiales sobre comunicaciones y movimiento entre el territorio
continental argentino y las Islas Malvinas entre las delegaciones de la República Argentina
y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, esta última con participación de
isleños. Las conversaciones tuvieron lugar dentro del marco general de las negociaciones
recomendadas por la res. 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas y de
conformidad con las cartas dirigidas al Secretario General de la Organización por los
representantes permanentes de ambos países el 21 de noviembre de 1969 y el 11 de
diciembre de 1970.
Los delegados llegaron a la conclusión que, sujeto a la aprobación de sus respectivos
gobiernos, deberían ser adoptadas las siguientes medidas en el entendimiento de que ellas
pueden contribuir al proceso de una solución definitiva de la disputa sobre las islas entre los
gobiernos a la que se refiere la res. 2065 (XX) antes mencionada.


1. Con el fin de tratar las cuestiones que pudieran surgir en el establecimiento y promoción
de las comunicaciones entre el territorio continental argentino y las Islas Malvinas en
ambas direcciones, incluidas las relativas al movimiento de personas, las que pudieran
presentarse a los residentes de las islas mientras se encuentren en territorio continental
argentino y a los residentes de este último mientras se encuentren en las islas, se establecerá
una comisión consultiva especial constituida por representantes del Ministerio de
Relaciones Exteriores argentino y de la Embajada británica, con sede en Buenos Aires. La
comisión tendrá sus representantes en Puerto Stanley que informarán a la misma.

2. El gobierno argentino otorgará un documento, según el modelo anexo, a los residentes en
las islas Malvinas, sin referencia a la nacionalidad, que deseen viajar al territorio
continental argentino y que permitirá su libre desplazamiento en él.
El mismo documento emitido por el gobierno argentino será el único documento requerido
a los residentes del territorio continental argentino para viajar a las Islas Malvinas.

3. Los residentes en las islas serán declarados por el gobierno argentino exentos del pago de
derechos e impuestos y de cualquier otra obligación como resultado de actividades en las
islas. Además, los residentes en las islas que se trasladen al territorio continental argentino
para prestar servicios en actividades relacionadas con las comunicaciones estarán exentos
de impuestos por sus salarios y otros beneficios que reciban de sus empleadores británicos.
El gobierno británico no demandará el pago de impuestos a los residentes provenientes de
territorio continental argentino que presten servicios en las islas en actividades relacionadas
con las comunicaciones por sus salarios y otros beneficios que reciban de sus empleadores
argentinos.

4. El gobierno argentino tomará las medidas prácticas necesarias para que el equipaje
normal de los residentes en las Islas Malvinas que viajen entre ellas y el territorio
continental argentino, cualquiera sea la dirección, esté libre de todo pago de derechos e
impuestos.
Los residentes de las Islas Malvinas estarán exentos del pago de todos los derechos e
impuestos respecto de sus equipajes y efectos del hogar y automóviles que pasen
directamente a través del territorio continental argentino hacia las Islas Malvinas o que
pasen a través del territorio continental argentino con destino al extranjero.
El gobierno británico tomará las medidas necesarias para que el equipaje normal de los
residentes en el territorio continental argentino que viajen a las Islas Malvinas o desde éstas
al territorio continental argentino esté exento de todo pago de derechos e impuestos.

5. El gobierno argentino tomará las medidas necesarias para que todo residente en las Islas
Malvinas que establezca su domicilio en el territorio continental argentino pueda ingresar,
por una sola vez libre de derechos e impuestos, todos sus efectos personales, del hogar y un
automóvil.
Igualmente el gobierno británico tomará las medidas necesarias para que todo residente en
territorio continental argentino que establezca su domicilio en las islas Malvinas pueda
ingresar, por una sola vez libre de derechos e impuestos, todos sus efectos personales, del
hogar y un automóvil.

6. Los gobiernos argentino y británico facilitarán en el territorio continental argentino y en
las islas Malvinas respectivamente, el tránsito, la residencia y las tareas de las personas
directamente vinculadas con las medidas prácticas adoptadas para realizar y promover las
comunicaciones y movimiento.

7. El gobierno británico tomará las medidas necesarias para el establecimiento de un
servicio marítimo regular de pasajeros, carga y correspondencia entre las islas Malvinas y
el territorio continental argentino.

8. El gobierno argentino tomará las medidas necesarias para el establecimiento de un
servicio aéreo regular de frecuencia semanal de pasajeros, carga y correspondencia entre el
territorio continental argentino y las islas Malvinas.

9. Mientras no se concluya la construcción del aeródromo de Puerto Stanley, el gobierno
argentino proveerá un servicio aéreo temporario con aviones anfibios entre el territorio
continental argentino y las islas Malvinas para pasajeros, carga y correspondencia. Este
servicio será examinado periódicamente a la luz del progreso en la construcción del
aeródromo antes mencionado.

10. Ambos gobiernos cooperarán en la simplificación de las prácticas, reglamentaciones y
documentación del transporte marítimo y aéreo, teniendo en cuenta la necesidad de
promover y agilitar las comunicaciones.

11. Con el fin de facilitar el movimiento de personas que hayan nacido en las islas
Malvinas el gobierno argentino tomará las medidas necesarias para exceptuarlas de todas
las obligaciones de enrolamiento y de servicio militar.
El gobierno británico declarará que en las islas Malvinas no existen obligaciones de
enrolamiento para incorporarse al servicio militar.

12. Ambos gobiernos estudiarán e intercambiarán puntos de vista para facilitar el comercio
y para permitir una mayor fluidez en las transacciones comerciales.

13. Los gobiernos argentino y británico tomarán las medidas necesarias para que las
comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas entre el territorio continental argentino
y las islas Malvinas en ambas direcciones sean lo más eficientes y expeditivas posible.

14. Las tarifas para las comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas entre el territorio
continental argentino y las islas Malvinas en ambas direcciones serán iguales a las internas
del lugar de origen de las comunicaciones.

15. Los sellos de correo de la correspondencia entre el territorio continental argentino y las
islas Malvinas en cualquiera de las 2 direcciones serán cancelados con un sello que se
refiera a esta declaración conjunta. Las sacas de correspondencia serán selladas en forma
similar.

16. El gobierno argentino estará dispuesto a cooperar en los campos de la salud,
educacional, agrícola y técnico en respuesta a requerimientos que pudieran formulársele. El
gobierno argentino tomará las medidas necesarias para obtener plazas en escuelas en
territorio continental argentino para los hijos de residentes en las islas Malvinas y ofrecerá
becas que serán anunciadas periódicamente y cuyo número se decidirá a la luz de los
requerimientos locales.
Ambos gobiernos continuarán su intercambio de puntos de vista en las materias referidas en
este párrafo.

17. Las conversaciones continuarán a través de los canales diplomáticos habituales y la
próxima reunión tendrá lugar en Puerto Stanley en 1972.

18. Si cualquiera de los 2 gobiernos decidiera dejar sin efecto las medidas referidas
precedentemente, deberá anunciar tal decisión al otro gobierno con 6 meses de anticipación.
Inicialada en Buenos Aires el 1er. día de julio de 1971, por los Jefes de las delegaciones
respectivas.

ANEXO A LA DECLARACION DE BUENOS AIRES DEL 1 DE JULIO DE 1971

Formulario

A Su Excelencia el señor Encargado de Negocios del Reino Unido de Gran Bretaña e
Irlanda del Norte,
D. T. Peters.
Buenos Aires.
Buenos Aires, 5 de agosto de 1971.
Señor Encargado de Negocios:
Tengo el honor de informar a V. E. que el gobierno de la República Argentina aprueba la
declaración conjunta sobre comunicaciones entre las Islas Malvinas y el territorio
continental argentino, que fue inicialada por los representantes de nuestros 2 gobiernos en
Buenos Aires el 1 de julio de 1971.
El gobierno de la República Argentina por su parte pondrá en ejecución las medidas
referidas en esa Declaración Conjunta, con efecto a partir del día de la fecha.
Aprovecho esta oportunidad para reiterar a V. E. las seguridades de mi más alta
consideración. -- Luis María de Pablo Pardo.
A su Excelencia el señor Encargado de Negocios del Reino Unido de Gran Bretaña e
Irlanda del Norte,
D. T. Peters.
Buenos Aires.
Buenos Aires, 5 de agosto de 1971.
Señor Encargado de Negocios:
Tengo el honor de dirigirme a V. E. con el objeto de acusar recibo de su atenta nota del día
de la fecha cuyo texto transcribo a continuación:
Señor Ministro:
"Tengo el honor de referirme a la res. 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones
Unidas del 16 de diciembre de 1965 y a las cartas de fecha 21 de noviembre de 1969 y 11
de diciembre de 1970, dirigidas por los representantes permanentes de la República
Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte ante las Naciones Unidas
al Secretario General de la Organización en la cuestión de las Islas Malvinas, así como a la
declaración conjunta sobre comunicaciones y movimiento entre el territorio continental
argentino y las islas Malvinas, inicialada en Buenos Aires por los representantes de los 2
gobiernos el 1 de julio de 1971, para informar a V. E. que el gobierno del Reino Unido está
dispuesto a concluir un acuerdo con el gobierno de la República Argentina en los siguientes
términos:
1. a) Si bien subsiste divergencia entre los 2 gobiernos en cuanto a las circunstancias que
deberían existir para una solución definitiva de la disputa acerca de la soberanía sobre las
Islas Malvinas, nada de lo contenido en la declaración conjunta antes citada, y aprobada por
nuestros 2 gobiernos en el día de la fecha, podrá ser interpretada como:
i) Una renuncia por cualquiera de los 2 gobiernos a derecho alguno de soberanía territorial
sobre las Islas Malvinas;
ii) Un reconocimiento o apoyo de la posición del otro gobierno acerca de la soberanía
territorial sobre las Islas Malvinas.
b) Ningún acto o actividad que se lleve a cabo como consecuencia de haber sido puesta en
ejecución la declaración conjunta antes mencionada y mientras ella esté en ejecución podrá
constituir fundamento para afirmar, apoyar o denegar, la posición de cualquiera de los 2
gobiernos acerca de la soberanía territorial sobre las Islas Malvinas. 2. Cualquiera de los 2
gobiernos podrá denunciar este acuerdo sujeto a una notificación previa por escrito de 6
meses.
Si lo monifestado precedentemente es aceptable para el gobierno de la República
Argentina, tengo el honor de proponer que esta nota conjuntamente con la respuesta de V.
E. en el mismo tenor, constituya un acuerdo entre los 2 gobiernos que entrará en vigor en la
fecha de su respuesta.
Aprovecho la oportunidad para renovar a V. E. las seguridades de mi más alta
consideración. -- Fdo. T. Peters".
Al comunicar a V. E. la conformidad del gobierno argentino con los términos de la nota
transcripta, cuyo texto y el de esta respuesta constituyen un acuerdo entre ambos gobiernos,
aprovecho la oportunidad para reiterar a V. E. las seguridades de mi más alta y distinguida
consideración. -- Luis María de Pablo Pardo.

Nota al Poder Ejecutivo acompañando el proyecto de ley 19.529.

Buenos Aires, 20 de marzo de 1972.
Al Excmo. señor Presidente de la Nación:
Tengo el honor de dirigirme al Primer Magistrado para elevar a su consideración el adjunto
proyecto de ley, por el cual se aprueban la declaración conjunta referente a la apertura de
las comunicaciones entre las islas Malvinas y el territorio continental argentino, inicialada
por los delegados argentino y británico el 1 de julio de 1971; su anexo --consistente en
proyectos de anverso y reverso de certificados provisorios a otorgar a los viajeros de
Malvinas al territorio continental argentino y viceversa--; la nota de fecha 5 de agosto de
1971 por la que se aprobara en principio dicha declaración conjunta y el acuerdo por notas
reversales del día 5 del mismo mes y año, relacionado con las reservas de soberanía
efectuadas con motivo de la antedicha declaración conjunta.
Tales instrumentos son el resultado obtenido en la segunda rueda de conversaciones
especiales sobre comunicaciones entre el territorio continental argentino y las Islas
Malvinas, que se llevaron a cabo entre el 21 y el 30 de junio del año en curso y encuadran
en el numeral 146 de las Políticas Nacionales. Estas Conversaciones especiales se
realizaron en el marco general de las negociaciones recomendadas por la res. 2065 (XX) de
la Asamblea General de las Naciones Unidas, de fecha 16 de diciembre de 1965, y de
conformidad con las cartas dirigidas al Secretario General por los representantes
permanentes de la República Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del
Norte ante esa organización en noviembre de 1969 y diciembre de 1970, todo ello con el
objeto de contribuir a solucionar definitivamente la disputa de soberanía sobre las islas que
la citada resolución constatara en su último párrafo preambular.
La declaración conjunta crea una comisión consultiva especial destinada a tratar las
cuestiones relacionadas con el establecimiento y promoción de las comunicaciones y el
movimiento de personas en ambas direcciones; proyecta un documento apto para que los
residentes en Malvinas puedan viajar al continente y desplazarse libremente en él y los
residentes en éste puedan viajar a las islas en iguales condiciones; prevé exenciones
impositivas bajo ciertas condiciones para unos y otros; exime de las obligaciones militares
a los nativos de las islas; estatuye para el gobierno británico la obligación de poner en
servicio una línea marítima regular para transportar pasajeros, carga y correspondencia
entre las islas y el territorio continental argentino e igual obligación para el gobierno
argentino en lo que respecta al establecimiento de un servicio aéreo semanal regular, con el
compromiso para este último de habilitar hasta la construcción del aeródromo de Puerto
Stanley, un servicio provisorio con aviones anfibios; propende a facilitar todo trámite y
documentación necesarios para el intercambio y el movimiento de bienes y personas, para
agilizar el comercio y darle fluidez; se ocupa de las cuestiones relativas a comunicaciones
postales y a la cooperación en materia sanitaria, educativa, agrícola y de desarrollo técnico,
así como a la concesión de becas; y prevé nuevas conversaciones a realizarse en Puerto
Stanley en 1972 y el término para su denuncia por parte de cualquiera de los 2 gobiernos.
En las notas reversales se establece que nada de lo contenido en la declaración conjunta
podrá interpretarse como renuncia, reconocimiento o apoyo de la soberanía de ninguna de
las partes respecto de la otra ni que ningún acto o actividad de una de ellas en ejecución de
la declaración podrá constituir fundamento para apoyar, denegar o afirmar la posición de
cualquiera de ellas respecto de la soberanía territorial sobre las Islas Malvinas; y finalmente
se trata la cuestión de la denuncia de lo convenido en el cambio de notas.
Dado que la declaración conjunta hace mérito de la aprobación de los respectivos gobiernos
para la adopción de las medidas que allí se enumeran y que en las notas reversales se
expresa la conformidad del gobierno argentino con los términos de la nota que contesta; y
atento que la puesta en ejecución de las referidas medidas impone la reforma de
disposiciones legales vigentes en la República y la sanción de otras, todo lo cual no es
competencia del Poder Legislativo, es necesario, para que lo convenido sea plenamente
eficaz dentro del sistema constitucional argentino, que se apruebe lo actuado mediante una
ley nacional.
En cuanto a las ventajas que para la República se derivan de los instrumentos señalados,
ellas nacen del hecho de que con miras al objetivo nacional de la reintegración al
patrimonio nacional de las Islas Malvinas, es conducente la apertura de las comunicaciones
entre el territorio continental argentino y las islas, como un paso adelante en la tarea de
lograr por medios pacíficos aquella meta. Dicha apertura permitirá un mejor conocimiento
recíproco de los argentinos de Malvinas y los que pueblan el continente y con ello se
crearán condiciones favorables para su progresiva integración en el pueblo de la Nación
Argentina, a favor de las facilidades de tránsito que se prevén para los nacidos en Malvinas
y su consiguiente inserción en la vida cultural e institucional del país.

Por otro lado, los documentos citados satisfacen los principios tradicionales de la política
internacional argentina en cuanto propugnan la solución pacífica de los diferendos
internacionales; salvaguardan los derechos soberanos de la República en forma suficiente
en este estado de la negociación; tienen en cuenta los intereses de los isleños en cuanto a su
futuro propendiendo al desarrollo económico de las islas y de sus habitantes; superan la
etapa de la pura negociación traduciendo a ésta en hechos concretos y significan un
progreso tangible en las tratativas que en torno a la cuestión de las Islas Malvinas se vienen
realizando con el Reino Unido.
Al proyecto de ley adjunto se considera que deben agregarse, como parte integrante, a los
efectos de su debida publicidad, los textos de la documentación cuya aprobación se solicita.
Dios guarde a V. E. -- Luis M. A. de Pablo Pardo. -- Cayetano A. Licciardo. -- Arturo Mor
Roig. -- José R. Cáceres Monié.


http://www.dipublico.com.ar/legislacion/Ley19529.pdf


Última edición por ariel el Lun 16 Mar 2015 - 16:14, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Miér 2 Jul 2014 - 10:45

El sigiloso operativo para abastecer de gas a las Islas Malvinas

El historial de los esfuerzos que hizo Gas del Estado para llevar combustible a las Islas Malvinas está
poblado de episodios notables. Pero, sin duda, uno de los más extraordinarios –debido, sobre todo, a la pluralidad de los organismos oficiales que intervinieron– fue aquel en que se montó un operativo de película para abastecer de gas a los malvinenses pese a la tirantez con ciertas facciones locales. Fue indudablemente un testimonio del empeño con que el personal de la empresa buscó mantener el servicio de provisión de gas licuado de petróleo (GLP) a los pobladores del territorio insular y logró vencer impedimentos que parecían insalvables.

Sucedió a principios de la década de los ochenta. Hasta aquel entonces, era usual el envío periódico de cilindros cargados con 45 kg de GLP desde el continente hasta la planta de almacenaje en Puerto Argentino, a través del mar, usando los buques Bahía Buen Suceso e Isla de los Estados. Estos pertenecían al Servicio de Transportes Navales de la Armada de la República Argentina (ARA). El transporte de gas estaba condicionado a las relaciones amigables entre los grupos malvinenses más recelosos con la Argentina y el representante de Gas del Estado en las Islas Malvinas, quien también era agente de Líneas
Aéreas del Estado (LADE) y delegado del Ministerio de Relaciones Exteriores argentino.


Cada vez que las relaciones se tensaban –normalmente, por temas de soberanía–, se impedía, como consecuencia invariable, el desembarco de los cilindros de GLP, ya que la principal sociedad integrante de esos grupos, la Falkland Islands Company (FIC), era propietaria del único puerto de aguas profundas apto para el atraque de buques de ultramar en Puerto Argentino. Por consiguiente, en esos
períodos de relaciones tirantes, la FIC no otorgaba el permiso de amarre y descarga a los buques de Transportes Navales que llevaban los cilindros de GLP. Así, se producía el consiguiente desabastecimiento de gas en los hogares malvinenses adheridos al servicio. Este episodio, sin lugar a dudas, neutralizaba cualquier lazo que pudiera vincular a la población isleña con la Argentina continental.

Se planifica el “operativo comando”

A principios de los ochenta, entonces, las relacione con aquellos grupos antagónicos eran verdaderamente
rígidas y repercutían, de manera negativa, en la continuidad del servicio. Los cilindros de gas de los malvinenses se fueron vaciando, pero los pedidos de reposición no podían ser atendidos. Ello motivó que el representante argentino, a través del sistema de radio de LADE, comunicara a Gas del Estado la necesidad urgente de reabastecer a la planta de almacenamiento del German Camp con 800 cilindros de 45 kg de GLP (propano). Asimismo, explicó que, debido a las relaciones difíciles con las autoridades locales, la FIC negaba el permiso de amarre y descarga en el puerto marítimo de Puerto Argentino. En consecuencia, según manifestó, la suspensión del servicio de distribución de GLP era “inevitable” si no se revertía la
situación. Esto mismo se informó al Departamento Malvinas de la Cancillería Argentina. Y, aunque la responsabilidad de mantener el servicio de distribución de GLP era de Gas del Estado, esta vez la
Dirección General de la Antártida y Malvinas (MRE), que propiciaba todas aquellas acciones desarrolladas en el archipiélago –sobre todo las que significaran reforzar los vínculos entre los isleños y la Argentina continental– se preocupó por la posibilidad de que se interrumpiera la distribución de combustible.
Rápidamente, se convocó a todos los representantes de los organismos oficiales que tenían intervención en
el transporte, el almacenamiento y la distribución de cilindros de GLP en el archipiélago de las Malvinas. Así,
concurrieron a la reunión los representantes de LADE, de las Fuerzas Armadas, del Servicio de Transportes Navales de la ARA, de la Dirección General de la Antártida y Malvinas
(MRE), entre otros.

Por Gas del Estado, concurrió quien esto escribe en su condición de representante ante
la Comisión Conjunta Argentino-Británica.

Se barajaron ideas –todas se discutieron–, hasta que finalmente se resolvió implementar un operativo que transportara y descargara los cilindros en Puerto Argentino, pero prescindiendo del muelle de la FIC. La respuesta vino del representante del Servicio de Transportes Navales, quien propuso utilizar un buque de la ARA que ya tenía programado un viaje de abastecimiento a las bases argentinas
en el Continente Antártico y evitar el uso del muelle de la compañía británica. El plan fue aprobado por unanimidad.

Era complejo y precisaba de mucha coordinación, ya que debía compaginar a todos los sectores responsables del transporte, desembarco y traslado de los cilindros hasta la planta de almacenamiento en la Isla Soledad. A instancias de quien esto escribe, se lo llamó “operativo
comando”.

Silencio y oscuridad

La planificación y puesta en marcha del operativo requirió, además, una minuciosa coordinación con la Administración Sur de Gas del Estado, que debía encargarse de llenar cada uno de los 800 cilindros con 45 kg de GLP y de depositarlos en el muelle del Puerto de Comodoro Rivadavia.
Al mismo tiempo, también había que fijar con el representante argentino en el archipiélago el sitio y la hora del desembarco en algún punto de la costa. Este debía estar lo suficientemente alejado de la tierra como para no ser detectado por miembros de la FIC ni por las autoridades
malvinenses.

Una vez que la intervención de todas las partes estuvo consensuada y sincronizada, el buque partió de su base naval en el continente y puso proa hacia el Atlántico Sur. En el muelle inflamable del Puerto de Comodoro Rivadavia, esperaban los 800 cilindros con gas, ordenados uno al lado del otro para ser transportados hasta las Islas Malvinas. El buque llegó y cargó todo con total hermetismo acerca del destino final de los cilindros. Luego, siguió su camino al Sur, como si se dirigiera a las bases argentinas en el Antártico.

El sigilo sobre el destino de la carga era una precaución necesaria, ya que había que evitar que se enterara la
operadora radial de la estación privada presente en cierta vivienda de Puerto Argentino, habitada por una familia chilena. Esta radioaficionada trabajaba para la FIC y era el enlace y guía de los barcos mercantes que partían del Puerto de Montevideo, Uruguay, con cargas para la FIC.

Como estaba planeado, al llegar a la latitud de Puerto Gallegos, la nave viró hacia el Este y puso rumbo hacia la Isla Soledad. Atravesó el Atlántico Sur hasta casi tocar la costa de la isla y la bordeó hasta alcanzar el Cabo San Felipe. Una vez allí, ingresó en la bahía de Puerto Argentino.

Era de noche cuando ancló, en plena oscuridad y lejos de toda zona poblada. Las luces estaban apagadas; y
el pabellón, arriado. El buque, silencioso, aguardó hasta que la marea llegó al nivel esperado y vio la señal luminosa que el representante de Gas del Estado había acordado
enviar desde tierra firme.
Entonces, con el mismo sigilo, comenzó la acción. En el punto pactado, los hombres comenzaron a acomodar los cilindros de GLP en lanchones de desembarco, similares a los que la Marina Argentina utilizaba para sus operativos comando. Uno a uno, los lanchones fueron llevando su carga hasta la costa malvinense. En tierra, los cilindros eran recibidos por el personal que colaboraba con la oficina de LADE y cargados en unos carretones para trasladarlos a la planta de almacenaje.

Todo el operativo se realizó sin el más mínimo ruido,entre hombres que trabajaban en la oscuridad. Con el
mismo silencio, apenas subió la marea, el buque abandonó la bahía y se alejó por el Atlántico. En la isla, quedaban almacenados los cilindros del combustible que habrían de abrigar a la población de Puerto Argentino y de las estancias y localidades más alejadas.

Desconcierto

Al día siguiente, el representante argentino se encargó de comunicar al Gobierno local que se hallaba en condiciones de atender los pedidos de reposición de GLP de los clientes de Gas del Estado.

El estupor y desconcierto que causó la noticia en los mandos de la FIC y de sus simpatizantes no tuvo límites. ¿Cómo había llegado el gas allí? ¿Cómo habían logrado
enviarlo desde el continente y trasladarlo a la planta sin
que nadie lo advirtiera?Nunca obtuvieron respuesta. Y, al menos en esa oportunidad,
debieron reconocer que la voluntad de Gas del Estado por mantener el servicio a sus clientes isleños era
muy superior a cualquier esfuerzo que interpusieran la FIC y sus aliados para obstaculizarlo.

Los buques que unieron las islas con el continente


El ARA Bahía Buen Suceso y el ARA Isla de los Estados fueron indudables protagonistas en el transporte de gas por los mares del Sur.

El Bahía Buen Suceso (1950-1982) había sido construido en Canadá, en 1950, por el astillero Halifax Shipbuilding Co. y arribó a Buenos Aires en julio de ese año para incorporarse a la flota del Servicio de Transportes Navales. Apenas un mes más tarde, ya realizaba su primer viaje al Sur, donde ya no se detuvo, hasta 1982, cuando tuvo un trágico fin.

Debía su nombre a la bahía así bautizada por los navegantes españoles que, en busca de una ruta comercial, surcaron la zona en 1619 y que, a su vez, bautizaron la bahía con el nombre de la nave capitana de su propia expedición: la carabela Nuestra Señora del Buen Suceso.

Su derrotero incluyó numerosas campañas a la Antártida y a Europa; pero, sin duda, su destino más singular fue la ruta regular a las Islas Malvinas. Iba y venía periódicamente, junto con dos buques de desembarco de tanques (BDT), llevando carga, como los cilindros de gas y también turistas.
Distinguir su perfil en el horizonte marítimo se hizo costumbre, hasta que los sucesos bélicos en las Islas Malvinas dictaron su sentencia de muerte. En efecto, tras una activa participación en estos acontecimientos, en mayo de 1982, el Bahía Buen Suceso fue averiado por aviones británicos Sea Harrier y, finalmente, hundido por un torpedo, disparado desde el submarino inglés HMS Onyx.

El Buque Isla de los Estados
La vida útil del ARA Isla de los Estados (1975-1982) fue incluso más corta. Botado en 1975 por la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera de Gijón, Asturias, fue adquirido en 1980 por Transportes Navales. Debía llevar cargas regulares de ovejas y otras mercaderías entre las Islas Malvinas y Puerto Deseado.
No obstante, su devenir por esas aguas no duró demasiado. El ARA Isla de los Estados no había sido botado con ese nombre sino con el más andaluz de “Trans-bética” (“Betis” era el nombre romano para el río
Guadalquivir que surca Sevilla). Y quienes en su momento hayan desaprobado que se infringiera la regla náutica de no cambiar el nombre a un barco habrán recibido con aprensión la noticia de su pronto final.
En efecto, los episodios bélicos sucedieron no mucho después de su llegada a la zona, y el buque prestó servicios durante esa etapa llevando equipos y víveres. Incluso realizó operaciones
de minado en las aguas, hasta que en el mismo mayo de 1982, mientras navegaba hacia Puerto Mitre (Port Howard) con municiones y combustible de aviación, fue interceptado por la fragata británica HMS Alacrity y hundido con disparos de artillería, que también provocaron la muerte de más de veinte tripulantes.
La misión de estos buques fue breve, pero determinante: en su discreto ir y venir, con su carga imprescindible para la vida en aquellas frías latitudes, lograron atar fuertemente –mientras pudieron– los lazos de las Islas Malvinas con la Argentina continental.
Fuentes: Histarmar, Armada Argentina, www.histarmar.com.ar


http://www.petrotecnia.com.ar/octubre2010/PDFs_sin%20publiciudad/98-101.pdf
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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Vie 20 Feb 2015 - 15:30

Mitos y verdades sobre las oportunidades perdidas

En los años anteriores a la Guerra de Malvinas hubo, con altas y bajas, períodos de negociación con Gran Bretaña con vistas a recuperar la soberanía por la vía diplomática. ¿Hubo realmente propuestas viables que fueron desperdiciadas?


Es generalizada la creencia de que si la junta militar que gobernaba en Argentina en 1982 no hubiera lanzado el país a la guerra, las Malvinas hoy serían efectivamente argentinas.

El argumento más utilizado para respaldar esta idea es que en la década de 1960 Gran Bretaña se quiso deshacer de las Islas. Ese objetivo no se concretó, según la misma creencia, por incapacidad de nuestros gobiernos de apreciar las oportunidades.

Luego de la guerra de 1982, no sólo fuimos castigados como habitualmente sucede con los perdedores, sino que los gobiernos británicos quedaron comprometidos con los isleños y con la opinión pública de su país de manera irreversible.

El Informe Rattenbach, publicado por el Gobierno de Cristina Fernández en forma oficial luego de que en años anteriores fuera editado sin confirmación plena de sus contenidos, incluye entre sus elementos de análisis las diferentes gestiones, desde el gobierno democrático de Arturo Umberto Illia hasta el dictatorial de Leopoldo Fortunato Galtieri. Ese repaso muestra fallas inadmisibles en la gestión diplomática del problema, pero también echa luz sobre el supuesto desinterés de Gran Bretaña por las Islas.

La actitud británica no fue siempre uniforme. Penduló del desinterés por la cuestión al rechazo enfático a establecer cualquier entendimiento.

Se dieron situaciones que, bien aprovechadas, podrían haber sido beneficiosas para nuestro país. También hubo iniciativas particulares que generaron más expectativas que resultados. Incluso durante la guerra, diferentes instancias de mediación pudieron haber logrado el alto el fuego, la retirada de tropas de ambos bandos, una administración de las Islas multipartita y negociaciones.

El comienzo. El informe hace mención a que apenas 12 días después de la ocupación por la fuerza de las Islas Malvinas por Gran Bretaña, en 1833, comenzaron los reclamos para su devolución.

Pero recién en 1945, la creación de las Naciones Unidas (ONU) ofrece un nuevo ámbito de reclamo, que Argentina aprovechó sistemáticamente. El primer resultado considerado positivo para nuestro país en ese ámbito fue la Resolución 1514 (año 1960), sobre la concesión de la independencia a las colonias.

Pero lo que reposicionó a Argentina fue la Resolución 2065, en 1965. En Argentina gobernaba el radical Illia y en Gran Bretaña, el laborista Harold Wilson. La resolución pide a los gobiernos que negocien.

Si bien esta norma internacional se basa en la resolución 1514, pone el conflicto en otra dimensión y deja claramente establecido que, contrariamente a otros conflictos coloniales, no se le reclama a Gran Bretaña la independización del territorio en cuestión, sino la negociación con un segundo Estado que reclama la soberanía.

A propósito de la resolución de la ONU, entre estos intentos de tratativas el Informe Rattenbach destaca el Memorándum de Entendimiento de 1968, resultado de las conversaciones impulsadas por la Resolución 2065 e iniciadas en 1966 durante el gobierno de Illia y seguidas posteriormente durante la dictadura de Juan Carlos Onganía.

Ese documento era una propuesta argentina, aceptada en secreto por los negociadores del Foreign Office durante el gobierno de Wilson, pero que debía ser aprobada por el Gabinete y el Parlamento británicos. Esto no llegó a suceder.

Ese plan implicaba que el gobierno inglés aceptaba estar preparado para ceder la soberanía de las Islas en un plazo a determinar, con la condición de que los intereses de los isleños fueran respetados. Filtraciones del Memorándum llegaron a conocimiento del lobby malvinense, que lo rechazó de plano y operó en Londres para que el Parlamento hiciera lo mismo.

El lobby kelper estaba encabezado en esos tiempos por la Falkland Islands Company (FIC), una empresa comercial monopólica, cuyos dueños tenían influencia entre los conservadores. Desde entonces, Gran Bretaña se escuda en el argumento de los intereses de los habitantes de las Islas para trabar las negociaciones.

En 1971, cuando gobernaban el dictador Alejandro Lanusse en Argentina y el conservador Edward Heath en Gran Bretaña, se llega al llamado Acuerdo de Comunicaciones.

El convenio estableció vínculos entre las Islas y el continente en forma gradual y progresiva. La Fuerza Aérea estableció un servicio de aviones anfibios Albatros entre Puerto Stanley y Comodoro Rivadavia. La instalación de una pista de aluminio permitió luego la operación de aviones Fokker-F-27 y F-28 de Líneas Aéreas del Estado (Lade). YPF y Gas del Estado comenzaron a ofrecer sus servicios. Más tarde, Gran Bretaña construyó una pista convencional, pero los servicios aéreos siguieron a cargo de Lade.

Los isleños empezaron a viajar al continente por asistencia médica, para comerciar y educarse. Varios chicos isleños estuvieron pupilos en los colegios ingleses de La Cumbre.

Perón dice: Aceptemos. Paralelamente se continuó con las acciones diplomáticas en el marco de las Naciones Unidas. Uno de los logros en ese sentido fue la resolución 3160, de 1974 (gobierno de Juan Perón e Isabel Martínez).

Hubo un nuevo intento diplomático que podría haber sido muy favorable a Argentina y que fue revelado al diario La Nación por el entonces embajador argentino ante las Naciones Unidas, Carlos Ortiz de Rozas. Según la declaración del ex embajador, respaldada por un documento al que ese diario tuvo acceso, Gran Bretaña ofreció a Argentina en secreto la administración compartida de las Islas, con gobernadores designados alternadamente por la Reina Isabel II y el gobierno argentino, que las dos banderas flamearan juntas y que los isleños tuvieran la doble nacionalidad.

El documento habla de “salvaguardas y garantías para los isleños en el hipotético caso de un condominio”. También indica que los representantes del gobierno local de las Malvinas habían sido consultados y no tenían objeciones para que se desarrollaran negociaciones, pero condicionaban el resultado a un plebiscito en las Islas.

Ortiz de Rozas asegura que Perón le dijo: “Aceptemos. Si ponemos un pie sobre las Islas, no nos sacan más”. Pero el general murió el 1 de julio, apenas tres semanas después. Su viuda y presidenta del país no hizo nada.

Cabe la duda sobre cuál hubiera sido la suerte de esta iniciativa una vez que fuera blanqueada en Inglaterra.

El Informe Shackleton. En 1975 la situación se complicó. El gobierno inglés envió una misión a las Malvinas para analizar sus perspectivas económicas. El Informe Shackleton, que fue resultado de esa misión, anticipaba que la explotación de las abundantes riquezas de la zona (pesca, gas y petróleo) no se podría realizar sin cooperación de Argentina.

El incidente entre las naves RSS Shackleton y el ARA Almirante Storni lleva a un nuevo período de tensión. En estas condiciones se llega a mayo de 1979, cuando asume Margaret Thatcher, la primera mujer en ejercer como premier británica.

Gran Bretaña afrontaba una crisis económica y su gobierno consideró en recomponer las relaciones con Argentina para hablar de negocios. Era precisamente lo que aconsejaba el Informe Shackleton. No sólo eso, el nuevo gobierno conservador tenía claro el elevado costo de defender las Islas ante una posible invasión argentina.

En ese marco, el subsecretario de Estado encargado de la cuestión Malvinas, Nicholas Ridley, propuso una solución al estilo Hong Kong, “con las lógicas salvaguardas”. En su opinión, el principal enemigo a enfrentar era el lobby impulsado por la FIC, que había logrado bloquear iniciativas anteriores. El gobierno, dijo Ridley, estaba preocupado por la situación económica de las Islas y era conciente de que no se podía encarar ningún proyecto sin la Argentina.

La propuesta del “leaseback”. Después de largas negociaciones en Nueva York y Ginebra (sedes de la ONU), la propuesta de Ridley, conocida como de leaseback , fue presentada en 1980 y establecía:

1) Habría transferencia de soberanía a la Argentina

2) La administración británica, pero en situación de arriendo por un período de 99 años. Los habitantes serían súbditos británicos a la firma del acuerdo. Sus hijos, de doble nacionalidad obligatoria, y los nietos de los actuales, argentinos.

3) Los términos del acuerdo estarían sujetos a reajustes cada 10 años.

4) El gobierno sería ejercido por un gobernador (nombrado por la reina) y un consejero elegido localmente.

5) Existiría un concejo conjunto para entender en los proyectos económicos de las Islas y sus zonas de influencia.

6) Las dos banderas flamearían lado a lado en los edificios públicos.

El canciller británico, Lord Carrington, participó de las últimas etapas de las conversaciones y aclaró que todo era ad referéndum del Gabinete. Esta propuesta había llevado años, había sido asumida por el Foreign Office y contaba con la aprobación reticente, pero aprobación al fin, de Thatcher. Pero fue rechazada sin contemplaciones cuando Ridley la presentó (en nombre de la cancillería británica) ante la Cámara de los Comunes.

El lobby malvinense que operó para obtener este resultado estaba especialmente motivado porque la propuesta consideraba eliminar a la FIC como factor de poder. El hecho de que Argentina estuviera gobernada por una dictadura sanguinaria no ayudó a que los isleños mostraran predisposición a aceptar la propuesta ni a que el Parlamento considerara siquiera la posibilidad de aprobarla.

Como inmediata consecuencia de la pésima recepción en el Parlamento, ganó adeptos la postura británica de congelar todo tipo de conversaciones por 10 años.

La propuesta del leaseback , como otras anteriores, fue una iniciativa del Foreign Office con la cual la mayoría de los isleños no estuvo de acuerdo y que fue repudiada tanto en el gabinete británico como en el Parlamento.

Las relaciones con Argentina se deterioraban y en Londres se hablaba de la posibilidad de acciones armadas por parte de los argentinos.

Últimos intentos. En febrero de 1981 hubo una ronda de conversaciones en Nueva York, en la que los representantes de la dictadura volvieron a la carga con la hipótesis de máxima: el reconocimiento de la soberanía sobre las Islas. Para respaldar el argumento, la misión argentina amenazó con que el tiempo político se estaba acabando. Al mismo tiempo, asegur aba “que la Argentina era un ejemplo mundial de cumplimiento de sus obligaciones internacionales”.

El Informe Rattenbach apunta que el Foreign Office mantenía una posición más moderada que los Comunes e incluso consideraba la posibilidad de negociar la soberanía.

Ridley insistía en que si se producía un bloqueo argentino (por no hablar de una alternativa militar) sería enormemente costoso para Gran Bretaña abastecer a las Islas.

El anexo II/17 del Informe Rattenbach señala que a lo largo de todo 1981 hubo alusiones en los mensajes entre la Embajada británica en Buenos Aires y el Foreign Office que advertían sobre un posible desenlace militar.

Los rumores tenían fundamento, porque cuando Nicanor Costa Méndez asume como canciller de la dictadura a finales de 1981, el presidente Galtieri lo notificó de su intención de tomar Malvinas.

A pesar del pésimo entorno para cualquier avance diplomático, el 1 de marzo de 1982 se realiza una reunión bilateral en la que Argentina presenta una Propuesta de Reactivación, que propicia una comisión permanente a reunirse en Londres y Buenos
Aires para tratar el tema de la soberanía.

La reunión fue cordial y la propuesta fue aceptada por los británicos, pero al día siguiente, en la información ante el resto del gobierno, el comunicado oficial argentino decía: “El nuevo sistema constituye un paso eficaz para la pronta solución de una disputa. Por lo demás, si eso no ocurriera, la Argentina mantiene el derecho a poner término al funcionamiento de ese mecanismo y de elegir libremente el procedimiento que mejor consulte a sus intereses”. Una amenaza que confirmaba las sospechas.

A horas del desembarco argentino, el 1 de abril, Alexander Haig, secretario de Estado de Ronald Reagan, llamó al embajador argentino en Estados Unidos, Esteban Takacs, y le advirtió que Estados Unidos estaba al tanto de los planes de la dictadura, que se ofrecía para mediar e impedir el conflicto y que en caso de que Argentina provocara una guerra, Washington se alinearía con Londres. Esta sí fue una oportunidad perdida.

A pesar de esta clarísima advertencia y de las oscuras perspectivas por la decisión a tomar, la junta militar consumó el plan y el 2 de abril ocupó las islas.

Ni los intereses legítimos de la Argentina y su pueblo, ni el sentido común, ni el criterio militar profesional tenían nada que ver con la historia que comenzó a escribirse.


http://www.lavoz.com.ar/islas-malvinas/mitos-verdades-sobre-oportunidades-perdidas
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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Sáb 21 Feb 2015 - 23:11

muy esclarecedor el aporte Ariel!
saludos

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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Dom 22 Feb 2015 - 4:08

Muy bueno Ariel, te soy sincero, desconocía todo esto.

Un abrazo Ricardo.

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No hay prédica mas eficaz de amor a la patria, que la historia bien estudiada.
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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Dom 22 Feb 2015 - 10:05

Gracias compañeros, es interesante pòrque forma parte de, considero, lo mas oculto de la historia de Malvinas.
Algo mas, que tiene sus años:


Parte 1:

Malvinas y la diplomacia multilateral, 1945-1981

   Las Naciones Unidas 1945-1982

Luego de la Segunda Guerra Mundial, las potencias vencedoras recrearon un organismo para cobijar la diplomacia multilateral, con el objeto de buscar la resolución de los problemas internacionales de la era que comenzaba. Uno de los temas a los que la Organización de las Naciones Unidas se abocó fue el del colonialismo. Por ello, la Carta de la ONU adoptada en 1945 incluye en su capítulo XI, titulado "Declaración relativa a territorios no autónomos", el artículo 73:

       Los miembros de las Naciones Unidas que tengan o asuman la responsabilidad de administrar territorios cuyos pueblos no hayan alcanzado todavía la plenitud del gobierno propio, reconocen el principio de que los intereses de los habitantes de estos territorios están por encima de todo, aceptan como un encargo sagrado la obligación de promover en todo lo posible, dentro del sistema de paz y seguridad internacionales establecido por esta Carta, el bienestar de los habitantes de esos territorios, y asimismo se obligan:
       ....
       b) a desarrollar el gobierno propio, a tener debidamente en cuenta las aspiraciones políticas de los pueblos, y a ayudarlos en el desenvolvimiento progresivo de sus libres instituciones políticas, de acuerdo con las circunstancias especiales de cada territorio, de sus pueblos y de sus distintos grados de adelanto;
       ....
       e) a transmitir regularmente al Secretario General, a título informativo y dentro de los límites que la seguridad y consideraciones de orden constitucional requieran, la información estadística y de cualquier otra naturaleza técnica que verse sobre las condiciones económicas, sociales y educativas de los territorios por los cuales son respectivamente responsables... (1)

Poco antes, el 23 de mayo de 1945, el delegado argentino, Miguel A. Cárcano, formuló la primera reserva argentina sobre la cuestión Malvinas en la ONU. En la reunión del Cuarto Comité de la Asamblea General de la Conferencia de San Francisco durante el debate de Fideicomiso para ser incluido en la carta de la Naciones Unidas, Cárcano sostuvo que:

       La delegación argentina formula la reserva de que la República Argentina en ningún caso acepta que el presente sistema de Fideicomiso pueda ser aplicado a/o sobre territorios pertenecientes a la Argentina ya sea que ellos estén sujetos a reclamo o controversia o estén en posesión de otros Estados (Lanús, 458 y Quellet, 52. Texto completo en CARI I, 5. UNCIO; Doc. 552).

El 5 de julio de 1946, la Cámara de diputados de Argentina aprobó por unanimidad una propuesta del diputado Sanmartino a fin solicitar que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas resolviera la cuestión de soberanía sobres las Islas Malvinas (Ferrer Vieyra 1993, 195).
   Con motivo de discutirse el proyecto de informe del Relator sobre la transmisión de informaciones a los miembros de acuerdo con el artículo 73 (c) de la Carta, el representante de la Argentina, Enrique Ferrer Vieyra, hizo reserva de los derechos del país sobre las islas. Esto concluyó, a instancias del Presidente de la Comisión IV, con la presentación de una declaración conjunta anglo-argentina del 11 de diciembre de 1946. En aquella, ninguna reconocía a la otra derechos soberanos sobre las islas (Lanús, 458; Ferrer Vieyra 1993, 195):

       En cuanto a las Islas Malvinas (Falkland), la delegación Argentina, en el curso de la vigesimoquinta sesión de la Comisión, formuló la reserva de que el Gobierno de Argentina no reconocía la soberanía británica en las Islas Malvinas (Falkland). La delegación del Reino Unido formuló una reserva paralela, no reconociendo la soberanía de Argentina sobre estas islas (CARI I, 11. Doc. A/C.4/SR.25).

En 1946, por primera vez figuró en la historia de las Naciones Unidas, las Islas Malvinas entre los territorios bajo administración británica. La Argentina respondió presentando una reserva que se repetirá en años posteriores (Quellet, 52). Entre 1947 y 1963 la Argentina presentó 28 reservas (2).
   Durante la primera Asamblea General de las Naciones Unidas, el 14 de diciembre de 1946, se adoptó la Resolución 66 (I) que creó un Comité ad-hoc para examinar los informes de las potencias administradoras según el art. 73 de la Carta. Según los informes de las potencias coloniales había 74 territorios considerados como no autónomos (en principio, aquellos carentes de gobierno propio), de ellos, 43 eran británicos. Más tarde, en 1955, el Comité ad-hoc se convirtió en la "Comisión para la Información sobre Territorios No Autónomos".
   Al año siguiente, el 3 de noviembre de 1947, en respuesta a los informes que Gran Bretaña había presentado ante las Naciones Unidas de acuerdo con el inciso e del artículo 73 de la Carta, la Argentina introdujo en el debate sus reclamos sobre las dependencias de las Malvinas y sobre cual debería ser el verdadero nombre de las islas. Así, esa delegación presentó, ante la Cuarta Comisión, una declaración para salvaguardar los derechos de su país sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y Antártida Argentina. Una parte del texto declaró lo siguiente:

       4. La República Argentina no ha reconocido nunca la ocupación de referencia [específicamente Islas Malvinas y sus Dependencias], y ha protestado por el acto originario que la determinó [1833], cada vez que las circunstancias así lo permitieron. Tampoco reconoce los actos que cualquier otra potencia pueda realizar en otras islas antárticas, tales como Georgias del Sur, Sandwich del Sur, Orcadas del Sur, Shetlands del Sur, y en otras tierras polares continentales situadas dentro del Sector Antártico Argentino, pues esas islas y tierras pertenecen a la República Argentina por incuestionables derechos históricos, jurídicos y geográficos, y por el ejercicio continuado de su soberanía, establecida por intermedio de la primera ocupación efectiva y constantemente mantenida.

En el punto 5, por primera vez, se afirmó que el nombre correcto de las islas debería ser Malvinas (3):

       La Delegación Argentina deja también constancia que el nombre correcto de las islas mencionadas con el nombre Falkland en los informes del Reino Unido, es Malvinas, lo cual se encuentra ampliamente justificado por numerosos antecedentes históricos vastamente conocidos, y que no es posible tergiversar ni destruir (CARI I, 20-1. Doc. A/424).

Por último, en el punto 8 de la declaración también se afirmaba que la misma "no afecta en ninguna forma los tradicionales vínculos de amistad, que durante más de un siglo han unido sin interrupción a la República Argentina con el Reino Unido".
   Con el fin de acelerar el proceso de descolonización, el 14 de diciembre de 1960, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 1514 (XV) titulada "Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales". La importancia de este documento reside en que para muchos, abre la puerta para las negociaciones bilaterales entre la Argentina y el Reino Unido y es la oportunidad para abordar el tema en el ámbito multilateral. A continuación, para comprender mejor el contenido de lo resuelto por las Naciones Unidas, transcribiremos la totalidad del texto para que el lector pueda apreciar por si mismo, el contenido, tono y el sentido del documento. El Punto 2 de esta resolución, habla de la libre determinación; punto 6: unidad nacional y la integridad territorial; puntos 4 y 7, respetarse la integridad territorial:

       Teniendo presente que los pueblos del mundo han proclamado en la Carta de las Naciones Unidas que están resueltos a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas y a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de libertad,

       Consciente de la necesidad de crear condiciones de estabilidad y bienestar y relaciones pacíficas y amistosas basadas en el respeto de los principios de la igualdad de derechos y de la libre determinación de todos los pueblos, y de asegurar el respeto universal de los derechos humanos y las libertades fundamentales para todos sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión, y la efectividad de tales derechos y libertades.

       Reconociendo el apasionado deseo de libertad que abrigan todos los pueblos dependientes y el papel decisivo de dichos pueblos en el logro de su independencia,

       Conscientes de los crecientes conflictos que origina el hecho de negar la libertad a esos pueblos o de impedirla, lo cual constituye una grave amenaza a la paz mundial,

       Considerando el importante papel que corresponde a las Naciones Unidas como medio de favorecer el movimiento en pro de la independencia en los territorios en fideicomiso y en los territorios no autónomos,

       Reconociendo que los pueblos del mundo desean ardientemente el fin del colonialismo en todas sus manifestaciones,

       Convencida que la continuación del colonialismo impide el desarrollo de la cooperación económica internacional, entorpece el desarrollo social, cultural y económico de los pueblos dependientes y milita en contra del ideal de paz universal de las Naciones Unidas,

       Afirmando que los pueblos pueden, para sus propios fines, disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales sin perjuicio de las obligaciones resultantes de la cooperación económica internacional, basada en el principio del provecho mutuo, y del derecho internacional,

       Creyendo que el proceso de liberación es irresistible e irreversible y que, a fin de evitar crisis graves, es preciso poner fin al colonialismo y a todas las prácticas de segregación y discriminación que lo acompañan,

       Celebrando que en los últimos años mucho territorios dependientes hayan alcanzado la libertad y la independencia, y reconociendo las tendencias cada vez más poderosas hacia la libertad que se manifiestan en los territorios que no han obtenido aún la independencia,

       Convencida de que todos los pueblos tienen un derecho inalienable a la libertad absoluta, al ejercicio de su soberanía y a la integridad de su territorio nacional,

       Proclama solemnemente la necesidad de poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones;

       Y a dicho efecto

       Declara que:

       1. La sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una denegación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales.

       2. Todos los pueblos tienen derecho de libre determinación en virtud de este derecho, determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural. 3. La falta de preparación en el orden político, económico, social o educativo no deberá servir nunca de pretexto para retrasar la independencia.

       4. A fin de que los pueblos dependientes puedan ejercer pacífica y libremente su derecho a la independencia completa, debe cesar toda acción armada o toda medida represiva de cualquier índole dirigida contra ellos, y deberá respetarse la integridad de su territorio nacional.

       5. En los territorios en fideicomiso y no autónomos y en todos los demás territorios que no han logrado aún su independencia deberán tomarse inmediatamente medidas para traspasar todos los poderes a los pueblos de esos territorios, sin condiciones ni reservas, en conformidad con su voluntad y sus deseos libremente expresados, y sin distinción de raza, credo ni color, para permitirles gozar de una libertad y una independencia absolutas.

       6. Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.

       7. Todos los Estados deberán observar fiel y estrictamente las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas, de la Declaración Universal de Derechos Humanos y de la presente Declaración sobre la base de la igualdad, de la no intervención en los asuntos internos de los demás Estados y del respecto de los derechos soberanos de todos los pueblos y de su integridad territorial (CARI I, 90-93. Doc. A/L.323 y add. 1-6) (4).

       

Esta resolución contempla dos criterios diferentes: principio de libre determinación y el de la unidad territorial (incisos 5 y 6, respectivamente).
   Al año siguiente de aprobada la Resolución 1514 (XV) cuyo objeto era el de acelerar los procesos de descolonización, las Naciones Unidas señalan nuevamente su preocupación por el retraso que el tema sufre. A tal fin, la Asamblea General aprobó el 27 de noviembre de 1961 la Resolución 1654 (XVI) (5). En la misma no sólo se reiteran y reafirman los objetivos y principios de la Resolución 1514 (XV) también se decide crear un Comité Especial (Lanús, 488 nota 5) (6). Inicialmente, éste contaba con 17 miembros, pero en 1962 por resolución 1810 (XVII) se lo amplió a 24 integrantes. Así quedó establecido el "Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración la Concesión de la Independencia a los países y pueblos coloniales" (abreviado: Comité Especial de los 24) (Quellet, 54) (7).
   La resolución 1810 (XVII) reiteraba una vez más la inquietud del organismo internacional por la marcha del proceso de descolonización y, según algunos comentaristas, explicitaba aún más la relación entre descolonización y paz (8).
   Durante el XVII? período de sesiones de la Asamblea General, el presidente de la delegación argentina, Sr. Santos Muñoz, pronunció un discurso el 10 de octubre de 1962. En un fragmento del mismo expuso la que será la postura Argentina constante respecto de condicionar la aplicación del principio de libre determinación de los pueblos:

       la aplicación de [este principio], tal como ha sido establecido en la Carta de las Naciones Unidas, es necesario aclarar que no puede ser hecha ciegamente ni en forma absoluta. Hay casos en que se presentan circunstancias que condicionan su ejercicio y factores que limitan su alcance.

       Así, cuando está de por medio la integridad territorial de un Estado o la particular situación de ciertos territorios en litigio, debemos poner extremo cuidado en su interpretación y en su aplicación [resolución 1514 (XV) inc.6]. Un ejemplo de ello lo tenemos en el caso de las Islas Malvinas, o sea cuando, como en ese caso, se trata de territorios separados por la fuerza sin que acuerdos internacionales posteriores hayan convalidado esta situación de hecho y, en especial, cuando la población originaria ha sido dispersada y pequeños grupos de colonos de la Potencia ocupante se han instalado en la región.

       El principio de libre determinación no podría ser aquí aplicado, pues pondría el destino de esos territorios en manos de un limitado grupo de colonos de la Potencia que se ha instalado allí por la fuerza, violando el derecho internacional...(CARI I, 107. Doc. A/PV.1149) (9).

Recién el 11 de diciembre de 1963 fue disuelta la "Comisión para la Información sobre territorios no autónomos" y sus funciones pasaron al Comité de los 24 (10). Desde un punto de vista organizacional, el éste último dependía de la IV Comisión encargada de la administración fiduciaria de territorios, que incluía a los no autónomos, y ésta respondía directamente a la Asamblea General. A su vez, el Comité funcionaba dividido en tres subcomités de trabajo que en 1963 se ocupaban en total de 64 territorios. En el cronograma de trabajo para 1964 se había establecido que el Subcomité III estudiaría el caso de las Malvinas y sus dependencias (Lanús, 459; Quellet, 55). Los estados miembros del Subcomité eran: Bulgaria, Costa de Marfil, Irán, Madagascar, Uruguay, Italia y Venezuela.
   Pocos días antes de iniciarse el debate en el Subcomité III (4 de septiembre 1964) se produjo un "encuentro informal" entre los representantes de la Argentina y del Reino Unido en las Naciones Unidas. El jefe de la delegación británica, Mr. King, informó a los argentinos, que su gobierno y el argentino habían iniciado contactos en vista del debate que se aproximaba. A pesar de estar dispuesto al dialogo bilateral para buscar una solución al problema, el representante británico dejó en claro que no estaban dispuestos a discutir la cuestión de la soberanía sobre las Islas (Lanús, 460).
   Esta negativa se reflejaba en el hecho que entre 1948 y hasta 1964, el Gobierno británico se había limitado a presentar, rutinariamente (ritual), un informe ante las Naciones Unidas acerca del desarrollo económico y social de las islas. Pero, a partir de ese último año, este procedimiento se vio alterado. En efecto, el 8 de septiembre 1964 comenzó el debate sobre las Malvinas en el seno del Subcomité III.
   Durante los días 8 al 18 de septiembre de 1964, el Subcomité III del Comité de los 24 examinaría la cuestión del territorio de las Islas Malvinas. Lanús explica que los objetivos diplomáticos que los argentinos se habían fijado para ese año eran:

a. obtener el restablecimiento de los derechos soberanos sobre las Malvinas según Resolución 1514 (XV).

b. oponerse a todo intento que convalidara la tenencia por parte de Gran Bretaña (por vía de la autodeterminación de los colonos o cualquier otra solución constitucional)

c. conseguir que el subcomité recomendase alguna acción para alcanzar el objetivo a. (Lanús, 459). El ex-embajador, Lucio García del Solar, participante activo de este proceso, señala que los objetivos fueron más modestos. Según García del Solar,

       de las conversaciones, resultaba claro que nuestro país no podría lograr un pronunciamiento de las Naciones Unidas acerca de la soberanía de las islas...y que no resultaría nada fácil superar la defensa de los isleños , basado en un principio sagrado sobre todo para los afroasiáticos cuyo apoyo para nuestra causa era indispensable. Pero lo que parecía realista, era intentar la adopción por parte de la Asamblea General de una resolución que ejerciese presión sobre el Reino Unido a fin de que, eventualmente, aceptase iniciar conversaciones bilaterales...(García del Solar, 144).

Con el fin de hacer presente la posición argentina durante los debates, el Representante Permanente Adjunto ante las Naciones Unidas, Lucio García del Solar, había remitido, el 20 de abril de 1964, una nota a los presidentes del Comité de los 24 y del Subcomité III. En esta, la delegación argentina expresó su deseo de participar en los debates que se realizarían en dicho Subcomité, "en oportunidad de examinarse la situación relativa a las Islas Malvinas, en razón de los derechos soberanos que asisten a [la República Argentina] sobre dicho territorio" (CARI I, 193-94. Doc. A/AC.109/SC.IV/1).
   Por otra parte, poco más de un mes más tarde (28 de mayo 1964), el representante británico ante las Naciones Unidas, Mr. Patrick Dean, respondió en forma categórica a la nota argentina del 20 de abril. En una nota, dirigida también al Presidente del Comité de los 24, fijó la posición de su gobierno respecto del tema de la soberanía:

       Tengo el honor de referirme a una carta de fecha 20 de abril, dirigida a Ud. por el Representante Permanente Adjunto de la Argentina...relativa a las Islas Falkland y de declarar que mi Gobierno no tiene duda alguna en cuanto a su soberanía respecto del territorio de las Islas Falkland... (Pereyra, 30, énfasis agregado).

Tanto la Argentina como Gran Bretaña fueron autorizadas a participar en los trabajos el Subcomité con voz pero sin voto.
   A continuación se expondrá detalladamente el contenido del debate en el seno del Subcomité III porque en esa oportunidad se expusieron los argumentos y posiciones básicos de las partes que subyacen a lo largo de la historia y que perdura hasta nuestros días. La representación de la Argentina estuvo a cargo del Consejero Legal del Ministerio de Relaciones Exteriores, José María Ruda.
   El día 9 de septiembre, el delegado José María Ruda expuso lo que Lanús califica como "el primer gran alegato" argentino que se efectuó en defensa de la soberanía argentina sobre las islas en las Naciones Unidas (Lanús, 461) (11).

       Venimos al seno de esta Subcomisión para reafirmar, una vez más, los derechos irrenunciables e imprescriptibles de la República Argentina a las Islas Malvinas...

       Nuestro propósito es persuadir a la comunidad internacional de que las mencionadas Islas son parte integrante del territorio argentino y que el deber jurídico y moral de Gran Bretaña es devolverlas a su verdadero sueño, afirmándose así el principio de la soberanía y de la integridad territorial de los Estados, base de las relaciones internacionales pacíficas...(CARI I, 197-98. Doc. A/AC.109/106)

A continuación, expuso, desde el punto de vista argentino, la historia de las islas desde su descubrimiento hasta la ocupación británica por la fuerza en enero de 1833, agregando que a partir de aquella fecha la Argentina nunca había abandonado sus reclamos sobre la soberanía. Mientras esto ocurría, la República Argentina era "un país recién independizado, carente de los medios materiales de las grandes potencias de la época..." (CARI I, 209). Por lo tanto,

       Se abusó en aquella oportunidad de un país que se encontraba en vías de organización, luchando como hoy lo hacen los nuevos países africanos y asiáticos para su progreso político y económico.

       Nos defendimos basados en nuestra dignidad y en el derecho, pero sin fuerza para oponernos. Nuestros amigos, las naciones de América Latina, también en formación, sólo nos podían dar su apoyo moral, porque compartían nuestra debilidad material. No existía tampoco un foro internacional donde presentar nuestros reclamos y el Concierto Europeo dividía el mundo y sus esferas de influencia, de acuerdo a sus propios intereses. No era la era de la justicia, sino la era en que las grandes potencias usaban la fuerza y Gran Bretaña actuó en la Malvinas de acuerdo a las modalidades de la época (CARI I, 210).

En el seno del Subcomité también se enfrentaron las posiciones en favor de la autodeterminación y de la integridad territorial. Al respecto Lanús sostiene que "este es un conflicto de principios que transitaría permanentemente el debate argentino-británico sobre la soberanía de las islas" (Lanús, 461). Sobre el tema, el representante Ruda definió la posición argentina reiterando que,

       Las Islas Malvinas se encuentran en situación particular diferente del caso colonial clásico. De hecho y de derecho pertenecían a la República Argentina en 1833 y estaban gobernadas por autoridades argentinas y ocupadas por pobladores argentinos. Estas autoridades y pobladores fueron desalojados por la violencia, no permitiéndose su permanencia en el territorio. Por el contrario, fueron suplantados, durante estos 131 años de usurpación, por una administración colonial y una población de origen británico (CARI I, 213)

A propósito de la población de las Islas, Ruda sostuvo que la misma era predominantemente temporaria y que se renovaba "en significativa proporción periódicamente".
   Sobre el principio de libre determinación sostuvo que,

       Consideramos que [este] sería mal aplicado en situaciones en que parte del territorio de un Estado independiente ha sido separado -contra la voluntad de sus habitantes- en virtud de un acto de fuerza por un tercer Estado, como en el caso de las Malvinas, sin que exista ningún acuerdo internacional posterior que convalide esta situación de hecho y cuando, por el contrario, el Estado agraviado ha protestado permanentemente por esta situación (CARI I, 214)

Para Ruda, además de las razones históricas y jurídicas (Carta de la ONU y Resoluciones de la Asamblea General), existían motivos geográficos,

       El futuro de estas Islas, separadas de la República Argentina, está fuera de toda lógica y realidad. Geográficamente, se encuentran cerca de nuestras costas patagónicas, gozan de su mismo clima y tienen una economía similar a nuestro sur. Se encuentran enclavadas en plena plataforma continental, que por el Derecho Internacional, después de las Convenciones de Ginebra de 1958, pertenece al Estado costero de pleno derecho (CARI I, 216).

Al final del período de sesiones, el Subcomité III elaboró un informe para ser presentado ante el Comité Especial. En él se resumen las posiciones de los distintos miembros del Subcomité adoptadas durante los debates y presenta sus recomendaciones. Ya se ha presentado la posición argentina durante esos debates, ahora transcribiremos la de otros miembros y especialmente la de Gran Bretaña.
   En primer término, el representante británico informó a los miembros del Subcomité que en 1962 la población de las islas alcanzaba a 2.172 personas. De estos, 1.733 eran descendientes de colonos británicos, 338 habían nacido en el Reino Unido y 9 en la República Argentina. Todos estos eran ciudadanos británicos. Había también 36 habitantes extranjeros (12).
   El informe continúa diciendo que el representante británico notificó que "los isleños habían hecho saber claramente que no querían la independencia" (13) y que se oponían "a toda asociación constitucional con una Potencia extranjera". Además, que este deseo lo habían expresado en varias oportunidades (Carta al presidente del Comité Especial y miembros elegidos del Consejo Legislativo de las Islas). El británico agregó que "el Reino Unido no tenía duda alguna en cuanto a su soberanía respecto del Territorio de las Islas Falkland". Más aún, subrayó que "la petición del representante de la Argentina de participar en los trabajos del Subcomité constituía una intervención en los asuntos de este Territorio, en el que la Argentina no tenía ningún interés legítimo". Por lo tanto,

       las pretensiones de soberanía de la República Argentina sobre las Islas Falkland eran una tentativa de anexarse esas islas a despecho de los deseos e intereses claramente expresados por el pueblo del Territorio, deseos e intereses cuya primacía estaba reconocida por la Carta de las Naciones Unidas y por la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales [Res. 1514 (XV) inc. 2 y 5] (CARI I, 150. Énfasis agregado).

Finalmente, el representante británico expresó que, en opinión de su Gobierno, los organismos emanados de las Naciones Unidas, Comité Especial y Subcomité, no tenían autoridad para intervenir en este caso. De otro modo, se violaría la aplicación universal del principio de la libre determinación. Por lo tanto, este debate no tenía base ni en las resoluciones que habían dado origen al Comité Especial ni en la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales (CARI I, 150-1).
   A diferencia del Reino Unido, la Argentina contó con un fuerte apoyo de los miembros del Subcomité. Los delegados latinoamericanos, Uruguay y Venezuela, intervinieron decididamente a su favor.
   A lo largo del debate expresaron su opinión y fijaron su posición todos los miembros del Subcomité (14). En oposición a la opinión británica, todos los miembros del Subcomité coincidieron en que por lo que se desprendía de los documentos de las Naciones Unidas, estos tenían aplicación en el caso de la soberanía por las Islas Malvinas.
   El presidente del Subcomité III, el embajador Carlos Velázquez de Uruguay introdujo en la discusión la posición latinoamericana sobre principios reconocidos históricamente: Doctrina del uti possidetis de 1810 y Doctrina Monroe, que los países americanos no reconocían ninguna adquisición territorial obtenida por la fuerza y que los mismo apoyaban a los países con reclamaciones sobre territorios ocupados por potencias extracontinentales (Lanús, 460 y CARI I, 156-162) (15).
   Para el delegado italiano, la Argentina y Gran Bretaña deberían iniciar negociaciones para terminar honorablemente el colonialismo en esos territorios, y afirmó que Gran Bretaña se beneficiaría con el fortalecimiento de las relaciones con el pueblo argentino. Además, sostuvo que no le quedaban dudas que "la Argentina deseaba tener plenamente en cuenta los intereses legítimos y las circunstancias particulares de los grupos humanos que habían hecho de las islas su segunda patria" (CARI I, 164). Finalmente, respecto de qué principio priorizar para la resolución de la disputa, esa delegación tenía "la impresión de que el origen nacional de la población insular y sus variaciones anuales o estacionales suscitaban graves dudas en cuanto a la posibilidad de aplicar estrictamente, en este caso, el principio de la libre determinación" (CARI I, 163) (16).
   El representante de la Costa de Marfil apoyó la reivindicación de la Argentina afirmando que era "normal dar al César lo que era del César" (17). Sin embargo, en su opinión, un factor que debía tenerse en cuenta al buscar una solución era el carácter de los habitantes:

       no cabía duda que los vínculos y el origen de los habitantes de las Islas Falkland hacían difícil el hallar una solución satisfactoria si no se otorgaban a los emigrados las garantías necesarias de la existencia mediante un acuerdo entre el Reino Unido y la Argentina (CARI I, 166).

Durante el debate, varios delegados expresaron sus dudas acerca de la viabilidad futura de las Islas como estados independientes. Estas opiniones, obviamente, coincidían con la posición sostenida por la Argentina (18).
   El otro país latinoamericano miembro del Subcomité, Venezuela, apoyó en todo la posición de la Argentina. Según su representante, Ministro Leonardo Díaz González, de acuerdo con el párrafo 6 de la Resolución 1514 (XV) las Malvinas eran más bien un "territorio colonial" y no un "pueblo colonial", y que "su población era flotante en su mayoría, y cambiaba constantemente" (CARI I, 170-77) (19)García del Solar cuenta que el Ministro González se sentía "cómodo" con el caso Malvinas, dada la similitud de la situación a la que su país sostenía sobre el Esequibo, reclamado a la Guayana británica (148).
   En la sesión del 16 de septiembre de 1964 del Subcomité III, el Sr. Ruda agradeció al mismo la posibilidad que se le había brindado a su país para exponer largamente los reclamos argentinos y habérsele permitido sentarse en la misma mesa con el Reino Unido para discutir sobre el tema. En la misma declaración, el representante argentino reiteró la predisposición del país a negociar y que el caso de las Islas "era un ejemplo típico de la forma de actuar de las grandes Potencias en una época de la historia" (CARI I, 177-78). En cuanto a los reparos sobre el destino de la población isleña, expresó,

       Todas las comunidades en la República Argentina se han integrado en la vida nacional y han encontrado oportunidades de prosperar. Las leyes argentinas han asegurado el máximo respeto a dichas comunidades que han desempeñado un importante papel en todas las fases de la vida argentina (CARI I, 219).

Ante estas declaraciones, Gran Bretaña presentó su reservas y replicó al representante argentino. En primer lugar, sostuvo que "la estabilidad de la población de las Islas no debía confundirse con el estancamiento...porque los habitantes de las Islas Falkland estaban llenos de energía y tenían una economía floreciente" (20). Además, el británico sostuvo que el representante argentino "no tenía ninguna prueba de que las islas gozarían de mayor prosperidad si formaran parte de la Argentina" (21). A continuación, el informe reproduce la respuesta del orador británico respecto de la movilidad de la población de las islas y reiterando que fueran considerados como nativos:

       La población no se componía de colonos temporales; el 80% de los habitantes de las Islas en 1962 habían nacido en ellas, y muchos de ellos podían determinar su origen isleño remontándose a más de un siglo. Las Islas eran la única patria que conocían, y la delegación del Reino Unido no encontraba en la Carta ni en la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales nada que sugiriera que no debía aplicarse el principio de libre determinación a comunidades de origen británico (CARI I, 179).

El británico también señaló al Gobierno argentino como responsable de los obstáculos que impedían una mejor relación entre las Islas y la Argentina dado que los habitantes de aquellas no podían visitar a ésta. De hacerlo, se les daba el trato de ciudadanos argentino, sujetos a los impuesto y al servicio militar del país (180). Por último, el representante británico, Cecil King, informó que su gobierno sostendría el principio de libre determinación y que, en razón de ello, éste estaría preparado para considerar cualquier propuesta surgida de los isleños que solicitara un cambio de su status (Gustafson, 39).
   En respuesta al representante de Uruguay sobre la interpretación del párrafo 6 de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales (22), sostuvo:

       Si el texto del párrafo limitara el principio de libre determinación, quizás no habría sido aprobado por la mayoría de los Miembros de la Asamblea General en 1960, ni en ninguna otra ocasión (CARI I, 180-81).

Finalmente, el representante británico afirmó que su gobierno estaba convencido de que sus actividades "de épocas anteriores habían sido suficientes para darles buenos títulos sobre las Islas Falkland por ocupación". Además,

       el establecimiento de la soberanía británica mediante una abierta, continua, efectiva y pacífica ocupación por casi un siglo y medio daba al Reino Unido un claro título prescriptivo. La Argentina no había protestado constantemente desde 1833, como había dicho su representante, sino que había guardado silencio por espacio de hasta treinta y cinco año. Los isleños no tenían relaciones con la Argentina ni las deseaban aparte de las relaciones amistosas normales entre países vecinos...Los isleños eran quienes debían determinar en definitiva su propio status y...el Gobierno del Reino Unido, que no tenía dudas respecto de su soberanía, se atenía al principio de la libre determinación (CARI I, 181).

En la última sesión del Subcomité III, el 18 de septiembre de 1964, el Sr. Ruda tomó la palabra para contestar a ciertas afirmaciones hechas por el Sr. King, durante los debates sobre el tema. En primer término, el argentino protestó contra el uso de la palabra "anexar", tal como lo definió el representante británico a las aspiraciones argentinas sobre las islas: "mi país, con una continuidad de política que no ha sido jamás desviada, no ha anexado nunca ningún territorio extranjero. Sus conflictos territoriales han sido siempre solucionados por el arbitraje o mediante la negociación entre las partes..." (CARI I, 219).
   Respecto del estancamiento poblacional, Ruda sostuvo que, a pesar de lo sostenido por su par británico, la lectura de los datos mostraba claramente que la población disminuía lentamente.
   El argentino también objetó que el delegado del Reino Unido hubiera señalado que entre las Islas Malvinas y el territorio continental existían barreras para el contacto erigidas por el gobierno del país sudamericano. El Sr. Ruda respondió que, por el contrario, era el gobierno del Reino Unido quien ponía trabas a la visita de argentinos a las islas quienes necesitan de una autorización especial y que un permiso de residencia es casi imposible de obtener. Además, el Gobierno inglés había favorecido la inmigración estrictamente de origen británica. En consecuencia, la falta de comunicación se debía "a la situación imperante en estos momentos, es decir, a la falta de reconocimiento por parte de Gran Bretaña de los legítimos derechos argentino" (CARI I, 221).
   Por último, respecto a los argumentos británicos acerca de la prescripción de los derechos argentinos, el Sr. Ruda sostuvo, junto con argumentos jurídicos que sostenían la dificultad de sacar una regla general en cuanto al plazo para crear título por prescripción, que

       El delegado de Gran Bretaña ha señalado que en dos períodos de 35 y 20 años en el siglo pasado, mi país no protestó por la presencia británica en el archipiélago. Pero debe reconocer el delgado británico, que desde pocos días después del acto de la fragata Clío ya estaba sentada la protesta en Buenos Aires y en Londres y se repitió en toda oportunidad pertinente.

Además agregó que,

       Si utilizáramos el argumento de Gran Bretaña sobre los plazos sin protesta para asegurar la prescripción, a quien debe beneficiar dicho argumento es a la Argentina, pues los británicos abandonaron el islote Saunders en 1774 [Puerto Egmont] y estuvieron callados durante 55 años, reconociendo así los títulos legítimos de mi país sobre el archipiélago (CARI I, 224. Doc. A/AC. 109/66) (23).

http://www.argentina-rree.com/12/12-01.htm


Última edición por ariel el Dom 22 Feb 2015 - 10:13, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Dom 22 Feb 2015 - 10:07

Parte 2:

Continuacion

Luego de este encendido debate, el informe del Subcomité III sobre las Islas fue aprobado por unanimidad el 18 de septiembre y sus conclusiones y recomendaciones pasaron al Comité Especial. Las mismas confirmaban que las disposiciones de la "Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales" eran aplicables al territorio de las Islas Malvinas. También tomaban nota de la existencia de una disputa a raíz de la soberanía por las Islas entre los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido. Por último, el informe recomendaba al Comité Especial invitar a ambos Gobiernos a entablar negociaciones, teniendo en cuenta las disposiciones y objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y de la Resolución 1514 (XV), los intereses de los habitantes de las islas, y las opiniones expresadas en el curso del debate (CARI I, 184-85. Doc. A/AC.109/106 y A/AC.109/SR.311).
Como respuesta a las recomendaciones del Subcomité, el delegado británico, reiteró que sería impensable que su Gobierno sostuviera conversaciones con el de la Argentina en cuanto a la cuestión de la soberanía sobre las Islas Falkland porque, como lo había expresado anteriormente, el derecho a la libre determinación del pueblo de las Islas no era negociable (CARI I, 184) (24).
Una vez aprobado, el informe, pasó al Comité Especial. Para esa ocasión, la delegación de Argentina adoptó la estrategia de buscar la aprobación del mismo con la menor discusión posible para que pase a la Asamblea General (Lanús, 462). Por otra parte, la estrategia británica consistió en tratar de bilateralizar la cuestión y, de este modo, diferir el tratamiento del tema por las Naciones Unidas (462).
El informe del Subcomité III sobre las Islas Malvinas fue examinado por el Comité Especial, aprobado sin objeciones y anexado a su informe el 13 de noviembre de 1964. El representante argentino participó en las discusiones. Durante dicho trámite, ambas delegaciones, la argentina y la británica, repitieron los argumentos expuestos ante el Subcomité III. Los miembros del Comité expresaron su total acuerdo con las conclusiones del informe elevado. A petición del representante de Siria y secundado por otros miembros del Comité, se votó, en primer término, la propuesta para que la palabra "Malvinas" apareciese en paréntesis después de las palabras "Islas Falkland" en todos los documentos del Comité. Esta propuesta fue aprobada por 19 votos contra 1 (Reino Unido) y 2 abstenciones (CARI I, 145. Doc. A/5800/Rev.1 (Anexo 8 parte 1); Lanús, 463) (25).
Las delegaciones latinoamericanas se alinearon junto a la Argentina. En cuanto a Chile, el tercer miembro de la región en esa Comisión, también lo hizo luego de una intervención especial de la Cancillería argentina ante ese gobierno (Lanús,462) (26). La delegación de Chile apoyó las recomendaciones del Subcomité III porque, en su opinión, habían sido el resultado de un estudio cuidadoso y habían sido aprobadas por unanimidad. Y agregó que su postura se basaba en consideraciones de solidaridad americana por dos razones. La primera, porque creía que el problema de las Malvinas afectaba al Continente Americano, dado que constituía un obstáculo para la unificación continental. En segundo término, porque la situación estaba en conflicto con la oposición del Continente al colonialismo y a la ocupación de territorios americanos por potencias extracontinentales (CARI I, 142-43).
El informe del Comité Especial pasó, entonces, a la IV Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas (asuntos coloniales), pero su tratamiento fue diferido para el año siguiente (27). Al mismo tiempo, el delegado de los Estados Unidos en las Naciones Unidas, Adlai Stevenson, informó al representante Ruda, que la Argentina y Gran Bretaña deberían negociar bilateralmente y que la cuestión de soberanía territorial no era de incumbencia de las Naciones Unidas (Lanús, 460) (28).
Para cerrar el año diplomático, en el discurso ante la Asamblea General durante el XIX período de sesiones, el 7 de diciembre de 1964, el Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Miguel Zavala Ortiz, quien además de sostener los justos derechos de su país a reclamar las Islas, afirmó que la Argentina estaba "dispuesta a negociar con el Reino Unido la devolución de las Islas Malvinas, contemplando los intereses del pequeño grupo de colonos que habitan el archipiélago" (CARI I, 230. Doc. A/PV.1292).
En el año siguiente, el Canciller argentino, Zavala Ortiz asistió a la inauguración de la Asamblea General. En su discurso ante las Naciones Unidas el 27 de septiembre de 1965, definió como interpretaba la Argentina su derecho y status de las Islas Malvinas:

se trata administración ilegítima, que el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte ejerce sobre una parte integrante de nuestro territorio nacional, ocupado por la violencia, luego de haber desalojado a la autoridad argentina que ejercía pacíficamente el derecho de soberanía, a título de continuador innegable de los derechos territoriales de la metrópoli española...Vale decir, las Islas Malvinas nunca formaron parte del territorio del Reino Unido. Tampoco pudieron constituir una colonia, en el sentido clásico del concepto, desde el momento que nadie podía crear un status jurídico que variase por sí mismo la carencia del derecho a la ocupación ni el derecho argentino a reclamar su integración territorial (CARI I, 239-40, énfasis agregado. Doc. A/PV. 1337).

Entrado el año 1965, el 9 de noviembre, la IV Comisión inició el examen del tema Malvinas. El representante especial de la Argentina fue, en aquella oportunidad, Bonifacio del Carril, quien expuso ante la Comisión y luego de una meticulosa explicación sobre el desarrollo histórico de las islas, sostuvo que,

La República Argentina jamás ha considerado a las Islas Malvinas como un territorio colonial. Las ha considerado y las considera como una colonia establecida por Inglaterra en un territorio usurpado, que pertenece a la República Argentina...

El Representante del Reino Unido ha insistido que el párrafo 6 de la Resolución 1514 (XV) sólo es aplicable para el futuro. Ha creído con ello obtener un bill de indemnidad (sic) contra las desmembraciones territoriales perpetradas antes de la firma de la Carta de las Naciones Unidas, como es el caso del despojo de las Islas Malvinas. Pero se ha equivocado. Porque si bien es cierto que Gran Bretaña se apoderó de las islas antes de la firma de la Carta, lo que se trata ahora es de impedir la legalización de un estado de hecho jamás consentido. La eventual descolonización de las islas mediante la entrega del territorio a la soberanía de un Estado que no sea la República Argentina sería...un acto de desintegración del territorio de un Estado miembro de las Naciones Unidas...

Luego de responder a las objeciones británicas sobre la prescripción de los derechos argentinos, el orador examinó otras dos objeciones de aquel país acerca de que para resolver el problema debería aplicarse el principio de autodeterminación y, que la suerte de la población actual de las islas no debería ser negociada. A lo primero, el representante argentino afirmó que "en las Islas Malvinas, no hay pueblo que pueda autodeterminarse". Además, afirmó que no había la menor duda de que en las islas "es mucho más importante el territorio que la población". A lo segundo, el ministro, respondió categóricamente que "sinceramente no creo que los dos mil habitantes de las Islas Malvinas puedan sentirse disminuidos si llegara algún día en que deban reunirse con sus compatriotas, o con los hijos de sus compatriotas, sean o no descendientes de británicos, bajo el amparo de las liberales leyes argentinas" CARI I, 241-250). El representante argentino tampoco dejó de apelar a los sentimientos cuando explicó que "nuestra causa es, sin duda, la del débil contra el fuerte" (CARI I, 250).
En otra intervención, del Carril informó que la Argentina también se reservaba el derecho sobre las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur, que el Reino Unido señalaba como dependencias de las Islas Malvinas (CARI I, 253. A/C.4/SR.1554). Una vez que del Carril fijó la posición argentina debió regresar a Buenos Aires. Entonces, el embajador Lucio García del Solar se hizo cargo de participar en las discusiones posteriores (Quellet, 61).
El paso siguiente consistió en que una resolución favorable a la Argentina sería copatrocinada por varios países del grupo latinoamericano, algunas naciones afroasiáticas, además de España, Italia, Grecia, e Irlanda (Lanús, 463).
La posición mantenida por los Estados Unidos durante los debates y sus abstenciones en las sucesivas votaciones es criticada por los analistas argentinos, por ejemplo Lanús sostiene que aquel país sacó "a relucir su política de hand-off (manos afuera) con respecto al caso Malvinas, por no querer deteriorar su amistad con ambas naciones" (463) (29). Pero los motivos de esta actitud no se agotan en lo arriba explicado. Un analista norteamericano, Neal H. Petersen, calificó a la política norteamericana sobre el tema como "generalmente poco comprometida y ocasionalmente ambigua y auto-contradictoria". Más aún, en su opinión, el reconocimiento de ese país de la soberanía Argentina hubiera dañado su defensa contra los reclamos argentinos por los daños incurridos por el capitán Duncan de la corbeta USS Lexington en Puerto Soledad en 1831 (Perl 515) (30).
El 17 de noviembre de 1965, la Comisión IV aprobó un proyecto de resolución por 87 votos a favor y 13 abstenciones (31). En el mismo se tomaba nota de la existencia de una disputa por las Islas entre la Argentina y el Reino Unido, e invitaba a ambos gobiernos a proseguir las negociaciones recomendadas por el Comité Especial (32). Luego de la votación el delegado argentino, Lucio García del Solar, expresó su profunda gratitud a todas las delegaciones que apoyaron el proyecto de impulsar las negociaciones entre su país y el Reino Unido. Expresó estar especialmente agradecido a los Estados latinoamericanos y lamentó que el espíritu de solidaridad no se hubiera extendido "al norte del Río Grande, de donde, se ha proclamado la solidaridad interamericana en casos mucho más dudosos que el que se está considerando". Finalmente agradeció a las delegaciones de los nuevos estados de habla inglesa del Hemisferio Occidental, Jamaica y Trinidad y Tobago (CARI I, 259. Doc. A/C.4/SR 1560).
El 16 de diciembre de 1965 se votó el proyecto de resolución basado en el informe de la IV Comisión. Por 94 votos a favor, ninguno en contra, y 14 abstenciones, el proyecto se convirtió en la Resolución 2065 (XX) (33). El texto completo de la misma dice:

La Asamblea General,
Habiendo examinado la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands),

Teniendo en cuenta los capítulos de los informes del Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales concernientes a las Islas Malvinas (Falkland Islands)... y en particular las conclusiones y recomendaciones aprobadas por el mismo relativas a dicho Territorio,

Considerando que su Resolución 1514 (XV) de 14 de diciembre de 1960 se inspiró en el anhelado propósito de poner fin al colonialismo en todas partes y en todas sus formas, en una de las cuales se encuadra el caso de las Islas Malvinas (Falkland Islands),

Tomando nota de la existencia de una disputa entre los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte acerca de la soberanía sobre dichas Islas,

1. Invita a los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte a proseguir sin demora las negociaciones recomendadas por el Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales a fin de encontrar una solución pacífica al problema, teniendo debidamente en cuenta las disposiciones y los objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y de la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General, así como los intereses de la población de las Islas Malvinas (Falkland Islands);

2. Pide a ambos Gobiernos que informen al Comité Especial y a la Asamblea General, en el vigesimoprimer período de sesiones sobre el resultado de las negociaciones (CARI I, 264-5).

Una vez aprobada la resolución, el representante argentino, Carlos Giménez Melo, declaró que "fiel a su tradicional adhesión al principio de la solución pacífica de los conflictos, la Argentina reitera ahora ante el plenario de esta Asamblea su aquiescencia a esta exhortación... el Gobierno argentino, en nombre de un pueblo pacífico, pero muy sensible de sus derecho soberanos, encara la invitación que hoy le han formulado noventa y cuatro Estados Miembros de las Naciones Unidas" (CARI I, 266-67. Doc. A/PV.1398). Por su parte, el representante británico, Mr. Brown, replicó ante esa misma asamblea que: "mi gobierno ve con agrado la sugerencia del gobierno argentino de que nuestros dos gobiernos mantengan conversaciones sobre la cuestión de las Islas Falkland y hemos solicitado al Gobierno Argentino que sugiera temas para las mismas, teniendo en cuenta nuestras bien conocidas reservas sobre soberanía y la necesidad de respetar los deseos y los intereses de la población de las Islas Falkland. Es por dichas reservas y por la fraseología empleada en partes de la resolución que mi delegación se abstuvo en la votación" (García del Solar, 158-59. También en Lanús, 465. Doc. A/PV.1398 párrafos 167-169) (34).
Según Lanús, "la resolución 2065 (XX) de las Naciones Unidas consagra el gran triunfo de la diplomacia del gobierno del presidente Arturo H. Illia" (465). A partir de ahora, Gran Bretaña estaría obligada por la resolución a negociar (35).
Luego de dos años de intensa actividad diplomática, el año de 1966 no lo fue de menos. Pero esta actividad, en realidad, pasó a reflejar los hechos que ocurrían en la arena de las negociaciones bilaterales.
En enero de 1966, el Secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Michael Stewart, visitó la Argentina y luego de reuniones con el Canciller argentino Zavala Ortiz, el 14 de enero, ambos suscribieron un comunicado conjunto conocido como "Zabala Ortiz-Stewart". Por esta declaración, el Reino Unido aceptó la validez de la Resolución 2065 (XX) de las Naciones Unidas y accedió a iniciar negociaciones con la Argentina. Estas negociaciones tuvieron eco en las Naciones Unidas y el 9 de febrero, los representantes de ambos países ante dicho organismo enviaron notas de igual contenido al Secretario General (CARI I, 275. Doc. A/6261). La nota contenía el texto del mensaje suscripto el canciller Zabala Ortiz y el secretario Stewart (36). A partir de ahora existen dos planos de negociación: el de la ONU y el bilateral.
El 18 de marzo de ese año, una circular informativa de la Secretaría General de las Naciones Unidas, comunicó a los estados miembros que de acuerdo con lo acordado por la Asamblea General, a partir de esa fecha, la denominación de las Islas en los documentos oficiales del organismo sería, "Falkland (Malvinas)" en los documentos en inglés y "Malvinas (Falkland)" para los documentos en castellano (CARI I, 276-77. Doc. ST/ADM/SER/A.1084).
En una carta fechada 22 de agosto, el representante permanente de la Argentina informó al Secretario General sobre la continuidad de las conversaciones entre su país y el Reino Unido los días 19 y 20 de julio, de acuerdo con lo resuelto por la Resolución 2065 (XX), e hizo conocer el texto del comunicado conjunto firmado por ambos países en esa oportunidad (CARI I, 277-78. Doc. A/6261/add.1).
Por esas fechas aparece por primera vez en la escena de la disputa por la Malvinas un actor que más tarde será una figura central en el drama que se desatará en 1982, Nicanor Costa Méndez. En el discurso pronunciado ante la Asamblea General el 22 de septiembre de 1966, como Canciller argentino, Costa Méndez, agradeció a las Naciones Unidas el apoyo brindado a la posición argentina e informó sobre la marcha de las negociaciones bilaterales. Respecto del futuro de las negociaciones sostuvo:

Mi país confía en que esta disputa sea resuelta en forma definitiva y a la brevedad posible y en que podamos comunicar próximamente a la Asamblea General que se ha alcanzado la solución pacífica y permanente que prevé la Resolución 2065 de la vigésima Asamblea. La cuestión de las Islas Malvinas tiene para mi país carácter substancial; ella afecta la soberanía de una parte de su territorio, y es ésta la explicación de algunas actitudes individuales que tienen repercusión en los medios de información. Pero no obstante todo ello, la Argentina, fiel a su tradición histórica, procura su solución en forma pacífica y a través de negociaciones (CARI I, 278-80. Doc. A/PV.1420).

Conforme se desarrollaron la negociaciones bilaterales, el 15 de diciembre de 1966, los representantes de ambos países ante las Naciones Unidas enviaron, una vez más, al Secretario General notas separadas pero con idéntico texto donde se anunciaba que se habían efectuado nuevas reuniones en Londres con el objeto de resolver el tema de la soberanía sobre las Islas (Pereyra, 39. Ver texto en CARI I, 286-87. Doc. A/C.4/682).
Dos días más tarde, la IV Comisión que tenía en su agenda de trabajo el tema de las Malvinas, consideró y aceptó un proyecto de Consenso que luego fue sometido a la Asamblea plenaria. Esta aprobó por unanimidad el Consenso de la Cuarta Comisión el 20 de septiembre. El mismo reitera el pedido a las partes de continuar con las negociaciones y a mantener informada a la Comisión Especial sobre su marcha:

Con referencia a la Resolución 2065 (XX) de la Asamblea General, de 16 de diciembre de 1965, relativa a la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands), la Cuarta Comisión tomó nota de las comunicaciones de fecha 15 de diciembre de 1966, enviadas por la Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte...En relación con este tema la Comisión llegó a un consenso en favor de que se instara a ambas partes a que continuaran las negociaciones con el objeto de lograr lo antes posible una solución pacífica del problema y a que mantuvieran debidamente informados al Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales y a la Asamblea General acerca de la marcha de las negociaciones sobre esta situación colonial, cuya eliminación interesa a las Naciones Unidas dentro del marco de la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General, de fecha 14 de diciembre de 1960 (CARI I, 289. Doc. A/PV.1500. Énfasis agregado).

Debe destacarse que el resultado de la votación muestra que, por primera, vez el gobierno británico aceptó apoyar una iniciativa sobre la cuestión de las Islas Malvinas en las Naciones Unidas. En este caso, el Reino Unido reconocía que la cuestión de las islas era una "situación colonial" (Lanús, 466).
Durante 1967 continuaron las negociaciones bilaterales reservadas y el 27 de septiembre, el Canciller argentino, Nicanor Costa Méndez, se dirigió una vez más a la Asamblea General reunida en Nueva York. En es oportunidad afirmó que la prioridad permanente e indiscutida de la política argentina era lograr la soberanía sobre las Islas Malvinas:

No hay tema que tenga para nuestro país mayor importancia, no hay propósito que conmueva más a nuestro pueblo ni tarea que lo disponga a mayores sacrificios. La reunificación del territorio de la República es un imperativo nacional y el actual gobierno argentino está dispuesto a cumplirlo cabalmente.

Conforme a una tradición de nuestra política exterior, nunca desmentida, hemos decidido agotar los medios pacíficos para lograr la solución de esta controversia con Gran Bretaña (CARI I, 305-06. Doc. A/PV.1569).

Se percibe que el tono de los discurso argentinos sobre las Malvinas han ido subiendo de tono, especialmente a partir de la resolución 2065.
Poco tiempo más tarde, el 14 de diciembre, los representantes de la Argentina y del Reino Unido ante las Naciones Unidas notifican por separado, pero con texto idéntico, al Secretario General del organismo. En ella reiteran que las negociaciones bilaterales continúan de acuerdo con lo aprobado por la Asamblea General y que,

como resultado de ello, se han hecho progresos para reducir el área de divergencias existentes entre los dos Gobiernos. Ambos Gobiernos prosiguen con las conversaciones a fin de lograr lo antes posible una solución pacífica (CARI I, 306-07. Doc. A/C.4/703).

El embajador de Uruguay propuso en el seno del Subcomité III que se reiterase a ambas partes los términos de la resolución 2065 (XX) y del consenso del 20 de diciembre de 1966. El documento fue aprobado por el Subcomité, luego por el Comité Especial y finalmente por la Asamblea General el 19 de diciembre (Pereyra 40. Para el texto ver CARI I, 308-09. Doc. A/PV.1641).
En los años subsiguientes fueron aceptados consensos similares tanto por el Comité Especial como por la Cuarta Comisión (37). Otra actividad que se repitió a lo largo de todos esos años, de manera casi ritual, fue la presentación del informe del Comité Especial ante la Asamblea General sobre la situación de los territorios no autónomos según lo había establecido la resolución 1654 (XVI). Dicho informe contenía información suministrada por la potencia administradora y las novedades ocurridas en el año en cuanto a la marcha del proceso de descolonización (38).
También en el período que va entre 1966 y 1982 se votaron tres resoluciones sobre el tema de la descolonización de interés para el tema de las Malvinas. La primera fue con motivo de cumplirse el décimo aniversario de Resolución 1514 (XV), la Asamblea General aprobó la Resolución 2621 (XXV) el 12 de octubre de 1970. A pesar de que en ella no se hace mención explícita a las Islas Malvinas, el documento reafirma los principios expresados en aquella y urge a los estado miembros a intensificar "sus esfuerzos para promover la aplicación de las resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad relativas a los territorios bajo dominación colonial" (CARI I, 370-74) (39). La segunda, es el resultado de que luego de ocho años de negociaciones, las Naciones Unidas veían con preocupación que no se hubiera hallado una solución a la disputa entre la Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas. En consecuencia, el 14 de diciembre de 1973, la Asamblea General aprobó la resolución 3160 (XXVIII). Esta declaró la necesidad de acelerar las negociaciones previstas en la Resolución 2065 (XX) para arribar a una solución pacífica (CARI II, 57-9) (40) Por último, la Resolución 31/49 (XXXI) fue aprobada por la Asamblea General el 1 de diciembre de 1976. La misma reconoció "los continuos esfuerzos realizados por el Gobierno de la Argentina, conforme a las decisiones pertinentes de la Asamblea General, para facilitar el proceso de descolonización y promover el bienestar de la población de las Islas" e instó a las dos partes a que se abstuvieran "de adoptar decisiones que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación mientras las Islas están atravesando por el proceso recomendado en las resoluciones arriba mencionadas [2065 (XX) y 3160 (XXVIII)]" (41). Por último, pidió a las partes que aceleraran las negociaciones (CARI II, 193-194) (42).
Para estas fechas es claro que la Asamblea General había tomado partido por la posición argentina, con la excepción de la gran mayoría de los países occidentales y otros periféricos.
En su último discurso ante la Asamblea General como canciller de la Argentina en ese período Costa Méndez sostuvo, el 16 de octubre de 1968, que:

La Argentina demanda el reconocimiento de su incuestionable soberanía sobre las Islas Malvinas. Ha aceptado no obstante negociar con el Reino Unido ese reconocimiento conforme a lo dispuesto en la Resolución 2065 (XX) y al proceder así ha permanecido fiel a la tradición de la solución pacífica de controversias.

Fiel también a lo que tal resolución dispone, mi Gobierno ha afirmado que los intereses de la población de las Islas constituyen para él máxima preocupación...

Queremos sí señalar con toda claridad que, en el proceso de las negociaciones, no aceptamos ninguna solución que se aparte de los principios básicos señalados por las Naciones Unidas tanto en lo que se refiere a la protección de los intereses de los pobladores como en lo que hace a la integración del territorio nacional...(CARI I, 325-26. Doc. A/PV.1697).

El 27 de septiembre de 1972, otro ministro de relaciones exteriores, brigadier Eduardo McLoughlin, informó a la Asamblea General que se estaban realizando negociaciones dentro del marco de la resolución 2065 (XX). Si bien expresó que esperaba la comprensión del problema por parte del Reino Unido, agregó que:

El Gobierno argentino, que ha evidenciado ponderación y mesura a lo largo de las negociaciones efectuadas en procura de una solución pacífica de esta cuestión, espera que la misma se alcance sin demoras injustificadas (CARI II, 14-15. Doc. A/PV. 2043)

La demora en llegar a una solución para el tema de la soberanía fue generando, por parte de los argentinos, un tono cada vez más duro en los discursos (43). Al respecto, Gustafson señala que el embajador Ortiz de Rozas había afirmado que su país podría emplear la naciente doctrina de la "guerra justa", producida por las Naciones Unidas, si el propósito de esta organización de hallar soluciones justas a los problemas coloniales no se producía pacíficamente en el caso de las Malvinas (Gustafson, 71, citando el periódico The Times del 4 de diciembre de 1976 p.4) (44).
En 1974, el canciller de un Gobierno constitucional argentino, Alberto J. Vignes, pronunció un discurso en la Asamblea General donde previno que,

Mi país ha adherido y continúa adhiriendo a la vía de la negociación con la Potencia ocupante, pero advierte que ese procedimiento no puede prolongarse indefinidamente, sirviendo como medio para el mantenimiento de la situación actual. Si la actitud negativa del Reino Unido conduce a un callejón sin salida, el Gobierno argentino se verá obligado a reexaminar en profundidad la política seguida hasta el presente, basada en la buena fe y en el acatamiento de los principios de la Carta y de las resoluciones de nuestra Organización (CARI II, 44. Doc. A/PV.2139).

El siguiente canciller en hablar a la Asamblea General fue el Almirante César Guzzetti (5-10-1976). Luego de señalar que la Argentina proseguía las negociaciones bilaterales y que contemplaría los intereses de los habitantes de las Islas, afirmó que,

Pero va de suyo que la nuestra no puede ser una actitud unilateral.
Requiere igual determinación por parte británica, a fin de que entre ambos arbitremos los medios para poner término a esta controversia y cimentar así la amistad que ha predominado en nuestra tradicional vinculación (CARI II, 169. Doc. A/31/PV.18).

El 26 de septiembre de 1979, el brigadier Carlos Pastor expresó enfáticamente el reconocimiento de su gobierno al Movimiento de Países No Alineados, "que en forma consistente y con firmeza ha venido apoyando a mi país en sus legítimas reivindicaciones..." (CARI II, 271. Doc. A/34/PV. 10).
Al año siguiente, el canciller Pastor sostuvo que,

Año tras año la Argentina ha dado repetidas pruebas de moderación y paciencia en lo que respecta a la usurpación por la fuerza por el Reino Unido de una parte de su territorio nacional, las Islas Malvinas (CARI II, 289. Doc. A/35/PV. 9).

En el último discurso de un canciller argentino ante la Asamblea General antes de la guerra de 1982, Oscar Camillón, informó que,

Es evidente señor Presidente, que ni las Malvinas pueden seguir siendo un colonia ni la Argentina puede aceptar pasivamente que una parte de su territorio sea una de las últimas colonias. Deseo informar a esta Asamblea que la Argentina se ha dirigido al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte para proponer dar un impulso resulto a las negociaciones relativas a la soberanía sobre las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias del Sur. La República Argentina espera poder informar oportunamente a la Asamblea General que este ciclo de negociaciones sobre las Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias del Sur, que esperamos comience próximamente, ha sido el último...(CARI II, 315. Doc. A/36/PV.7)

Entre 1977 y 1981 no se votaron resoluciones durante las asambleas generales y a partir de la primera fecha, las negociaciones en la ONU no avanzaron más (Lanús, 467). Claramente, ya desde 1966, las Naciones Unidas habían dejado de ser un teatro clave de la diplomacia argentina y las relaciones bilaterales pasaron a ocupar el centro de la escena.
A pesar de ello, como se verá a continuación, la Argentina probó apuntalar sus acciones en las Naciones Unidas actuando en otros ámbitos de diplomacia multilateral, la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Movimiento de Países No Alineados (NOAL).

NOTAS

Estos artículos establecen para las Naciones Unidas el principio de descolonización que, según Kinney, consiste en aquellas actividades políticas tendientes a mantener una presión política normativa internacional sobre aquellos estados que administran territorios que no se auto gobiernan (6).

Para el listado ver Lanús, 487-8 nota 3.

En reservas posteriores se solicitó que en los documentos en español deberían figurar con su nombre correcto "Islas Malvinas", en vez de "Falkland", y que se especifiquen por su nombre a las islas señaladas como "dependencias" en los informes británicos (ver las reservas argentinas de los años 1950, 1951, 1952, 1953, 1954, y 1955). Finalmente este criterio se adoptó como corrección en 1955 y como práctica a partir de 1956.

La Resolución 1514 (XV), fue aprobada luego de una votación nominal por 89 votos contra ninguno y 9 abstenciones. Estas últimas fueron: Portugal, España, Unión Sudafricana, Gran Bretaña, Estados Unidos, Australia, Bélgica, República Dominicana, y Francia.

Ver el texto completo en CARI I páginas 101 a 102. Doc. A/L.366 y add. 1 a 3.

Se afirma que los Estados miembros de las Naciones Unidas observaron que la "Comisión para la información sobre territorios no autónomos" no resultaba muy operativa debido a su composición paritaria entre potencias coloniales y no coloniales que conformaban (Pereyra 1968, 25).

Ver el texto completo en CARI I páginas 113 a 115. Doc. A/PV.1195.

Ver Quellet 54 y Pereyra, 25. Al respecto la resolución sostiene: "Reafirmando su convicción de que todo retraso en al aplicación de la Declaración [contenida en la Res. 1514 (XV)] constituye una causa constante de conflictos en el plano internacional, entorpece gravemente la cooperación internacional y crea en muchas partes del mundo situaciones cada vez más peligrosas que pueden constituir una amenaza para la paz y la seguridad internacionales,..." (CARI I, 113. Doc. A/L.410 y Add. 1).

Poco después, el Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina, Juan Carlos Cordini, repitió reparos similares en un discurso ante la Asamblea General (23 de septiembre de 1963): "La Argentina entiende que el principio de libre determinación que establece la Carta debe considerarse a la luz de las circunstancias que condicionan su ejercicio; es decir, existen factores que limitan su alcance cuando otros principios, como el de la integridad territorial del Estado o la particular situación de territorios disputados, demandan un cuidadoso examen..." (CARI I, 119. Doc. A/PV.1212).

El Comité estaba integrado por los siguientes estados: Gran Bretaña, Australia, Estados Unidos, Italia, Dinamarca, Yugoslavia, Polonia, Bulgaria, URSS, República Malgache, Malí, Irán, Cambodia, Etiopía, Siria, Tanganica, Túnez, India, Irak, Sierra Leona, Costa de Marfil, Chile, Uruguay, y Venezuela.

Para ver el texto completo de la declaración de Ruda ver CARI I, 197-217 (Doc. A/AC.109/106).

La posición británica esta expuesta en el documento Doc. A/AC.109/L.125/add. 3 y corr. 1 (CARI I, 147-51).

Según el delegado, "incumbía a los isleños decidir cuál había de ser, en definitiva, su estatuto constitucional", y que el Gobierno británico estaba "dispuesto a tomar en consideración toda propuesta que emanara de los habitantes". Sin embargo, "por el momento los isleños habían hecho saber claramente que no querían la independencia" (CARI I, 149).

Durante el tiempo que se extendió el debate, hicieron uso de la palabra los delegados de Uruguay, Italia, Costa de Marfil, Madagascar, Irán, Bulgaria y Venezuela, en ese orden (CARI I, 156-177).

El ex-representante argentino Lucio Gacía del Solar, relató más tarde que el embajador Velázquez "fue un factor decisivo en favor de los planes argentinos", que había tomado "la causa de Malvinas como propia" y que se había puesto a total disposición de la delegación argentina para aconsejarlos sobre como encarar la estrategia (García del Solar, 143-44).

Para el representante italiano, este caso correspondía más a un pueblo colonial, por lo que configuraba una situación "sui generis" (García del Solar, 148).

El informe indica que el delegado del país africano sostuvo que "La Argentina, país pacífico que tenía en su territorio un número apreciable de comunidades extranjeras que gozaban de todos los derechos cívicos, reivindicaba las Islas Falkland no por espíritu de dominación, sino porque la historia de esas islas y su configuración geográfica y geológica la designaban como tierras argentinas. Normal era dar al César lo que era del César" (CARI I, 165-66).

Una afirmación típica fue hecha por el representante de Irán, para quien "esas islas, que contaban con 2.000 habitantes, constituían un ejemplo típico de territorio pequeño. Su porvenir político sería inconcebible sin la asociación con un Estado independiente (CARI I, 168) Ver también la opinión similar expresada por los representantes de Italia y Costa de Marfil (idem. 162 y 165).

Según cuenta Lanús, el delegado de Venezuela (que en su trabajo figura como de Ecuador) intervino en el debate apoyando la postura Argentina dado que en el caso de las Malvinas, al no tener éstas una población propia no podía aplicarse el principio de autodeterminación,

La soberanía no pertenece al Estado administrador, está suspendida hasta el momento en que se cumpla una condición: la de dar a esos pueblos el Gobierno propio. ¿Cuál es el pueblo en el caso de las Malvinas; existió una población originaria como la africana? ¡No!...Lo que existe en las Malvinas es un trasplante artificial de población que no tiene derecho a autodeterminarse porque sólo puede autodeterminarse el pueblo propio del territorio, como en el Africa y en algunas otras colonias, pero no en el caso de las Malvinas en donde la población originaria no existió (Lanús, 459-60).

Por el contrario, el informe del Comité Especial a la Asamblea General señalaba que en el territorio de las islas había "escasez general de mano de obra debido al éxodo continuo de habitantes". Agregaba además, que en 1962 habían emigrado de las islas 411 personas y que habían llegado 368, en 1961 lo habían hecho 326 contra 224 y; en 1960, 292 contra 224, respectivamente (CARI I, 135. Doc. A/5800/Rev.1 (Anexo 8 parte 1)).

"una comparación de indicadores sociales tales como tasa de mortalidad infantil y el tamaño medio de las viviendas [según datos de las Naciones Unidas] sugería que el nivel de vida y el bienestar social de las Islas Falkland ya era considerablemente superior al de la Argentina" (CARI I, 179)

Ver arriba: Resolución 1.514 (XV) del 14 de diciembre de 1960.

Para una síntesis de la totalidad de la respuesta argentina ver Lanús, 489 nota 10.

A raíz de las recomendaciones del Subcomité III, el periódico británico The Times ironizó en un editorial que:

La definición corriente de autodeterminación es que lo que importa son los deseos de la gente. Es hecho de que no se hayan mencionado sus deseos, presuntamente, se deba a que es bien conocido lo que ellos quieren. Ellos quieren continuar como están...Tal obstinación resulta intolerable para las doctrinas anticolonialistas, por lo tanto, los deseos de la gente... de las Islas Malvinas fueron omitidos. En cambio, la palabra "intereses" es revivida con toda sus antiguas y refinadas connotaciones colonialistas. (21 de octubre 1964 p. 13 citado por Gustafson 40).

Durante los debates, el representante de la Argentina había explicado que el nombre "Malvinas" no era la traducción al castellano de "Falkland", sino el nombre original de las islas.

Las razones de la duda chilena, cuenta García del Solar, se debieron a la tensa relación que existía en esos momentos entre ambos países luego de los incidentes en la zona de Laguna del Desierto, donde había muerto un carabinero chileno. Además existían otras disputas limítrofes pendientes entre ambos países. Otra razón podría atribuirse a principios. En efecto, se sostiene que Chile no estaba de acuerdo con que la resolución de disputas territoriales fuera dirimida por las Naciones Unidas. Esto debido a que cualquier antecedente en ese respecto, podía ser utilizado en casos como el que ese país sostenía con Bolivia por el Río Lauca. Finalmente, del Solar agrega como un factor para la duda chilena, la posibilidad de una intervención de la diplomacia británica (151).

Las conclusiones y recomendaciones del Comité Especial no pudieron ser tratados en la Asamblea General de ese año por problemas internos de funcionamiento y por lo tanto, los asuntos que requerían votación fueron postergados para su tratamiento en el próximo año (Quellet, 61).

En opinión del norteamericano, el asunto no correspondía que fuera tratado en las Naciones Unidas en razón de ser una cuestión de soberanía territorial (Lanús, 460).

El representante norteamericano dijo que "la Argentina y el Reino Unido son dos amigos; en la disputa sobre las Malvinas somos neutrales, deben resolver sus diferencias entre ellos" (citado en García del Solar, 156).

Un documento de origen norteamericano publicado en Perl explica que los Estados Unidos "han mantenido una neutralidad legal" sobre el tema y urgiendo a las partes a hallar una solución "a través de medios pacíficos de acuerdo con la ley internacional". Por último, en los foros internacionales (ONU, OEA) los Estados Unidos habían adoptado por la abstención para evitar tomar una posición. Sin embargo, debido a la larga ocupación británica de las islas, ese país ha tratado con Gran Bretaña los asuntos relacionados con acuerdos bilaterales y convenciones internacionales. En esos casos los Estados Unidos, "pragmáticamente" reconoce al Reino Unido "como administrador en control de facto" (583-84).

Las abstenciones fueron de: Australia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos de América, Finlandia, Francia, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Sudáfrica, y Suecia.

Para el texto completo ver CARI I, 262-63 (Doc. A/C.4/L.802). Posteriormente, la Resolución 2065 (XX) lo reproduce casi textualmente.

Se abstuvieron: Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Islandia, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Portugal, Sudáfrica, Suecia, Reino Unido, Estados Unidos, Australia (CARI I, 266. Doc. A/PV.1398).

García del Solar atribuye la mayor flexibilidad del Reino Unido a que el laborista Harold Wilson había reemplazado a Lord Home como Primer Ministro. Poco tiempo después, el primero aceptaría negociar seriamente la transferencia de la soberanía (155).

En sus memorias, Costa Méndez afirma que el Reino Unido sólo se limitó a abstenerse en la votación de la resolución por la delicada situación que estaba pasando en esos momentos su relación con los países del grupo afroasiático por la cuestión de Rhodesia (32).

Ver texto infra.

Consenso de la Asamblea General del 16 de diciembre de 1969 y del 20 de diciembre de 1971 (Lanús, 466).

Lanús 466. Para ver el listado completo de los informes también en idem. 490-91, nota 17.

La resolución 2621 (XXV) fue aprobada por 86 votos contra 5 y 15 abstenciones. En contra: Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Reino Unido de Gran Bretaña, y Estados Unidos. Abstenciones: Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Italia, Japón, Luxemburgo, Malawi, Países Bajos, Noruega, España, Swazilandia y Suecia.

La Resolución 3160 (XXVIII) fue aprobada por 116 votos, ninguno en contra y 14 abstenciones. Estas fueron: Bélgica, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, República Federal de Alemania, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega, Portugal, Sudáfrica, Suecia, Reino Unido de Gran Bretaña, y Estados Unidos. El diplomático norteamericano Douglas Kinney resalta que esta votación marca el cenit de las votaciones favorables a la Argentina en el tema Malvinas. Luego de ésta, en sucesivas resoluciones, las abstenciones fueron en aumento (10).

La resolución también introdujo tuvo en cuenta la voluntad de los Países no Alineados, al "ten[er] presentes" los párrafos referidos a la disputa en las Declaraciones Políticas aprobadas por la Conferencia de Ministros de Relaciones Exteriores (Lima, agosto 1975) y por la Quinta Conferencia de Jefes de Estado (Colombo, agosto 1976). Ver infra.

La resolución 31/49 fue aprobada por 102 votos contra 1 y 32 abstenciones. En contra: el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Abstenciones: Australia, Austria, Bahamas, Barbados, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Fiji, Finlandia, Francia, Gambia, República Federal de Alemania, Guyana, Islandia, Irlanda, Italia, Jamaica, Japón, Kenya, Luxemburgo, Malawi, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Papua Nueva Guinea, Portugal, Sierra Leona, Singapur, Suecia, Trinidad y Tobago, Estados Unidos, y Zaire. En esta votación Kinney señala como notable el aumento en las abstenciones de países de fuera de Europa Occidental (10).

Por ejemplo, el ex-representante argentino, Bonifacio del Carril, se preguntaba en un artículo publicado en el diario La Nación, "¿hasta cuándo va a durar el proceso de descolonización?". "Hoy en 1976, cuando ya hemos entrado en el último cuarto del siglo XX, el mantenimiento de esta situación es intolerable". Su propuesta para la solución del tema estaba en la fijación por parte de la Asamblea General de un plazo final, que "después del largo tiempo transcurrido, es un imperativo moral, de equidad y justicia" ("La cuestión de las Malvinas", 1E de diciembre de 1976, citado en Bonifacio del Carril, 80). Kinney señala que para esta época, también, la Argentina había adoptado en forma regular referencias a una invasión como parte de la presión argentina (52).

Como fundamentos de esta doctrina de las Naciones Unidas de la "guerra justa", Gustafson menciona las resoluciones de la Asamblea General 2131 (XX) del 21 de diciembre de 1965, 2326 (XXII) del 16 de diciembre de 1967, 2908 (XXVII) del 2 de noviembre de 1972, y 3281 (XXIX) y 3314 (XXIX) del 12 y 14 de diciembre de 1974, respectivamente. Todas ellas, aprobadas por grandes mayorías, reconocieron la legitimidad de las guerras de liberación nacional, guerras para alcanzar la autodeterminación, para terminar con la opresión racial etc.

Aclaración: Las obras citadas (op. cit.) que no se mencionan explícitamente en este listado de citas, se encuentran en las páginas inmediatamente anteriores.

http://www.argentina-rree.com/12/12-01.htm
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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Dom 22 Feb 2015 - 10:12

Parte 3:


Las negociaciones en la OEA

El sistema interamericano también fue el asiento de reclamos argentinos sobre las Malvinas. Aunque los analistas reconocen que "si bien allí la acción fue muy limitada" y la trascendencia de las declaraciones y reservas allí efectuadas "no pasaron de constituir hechos declarativos ante la ausencia de Gran Bretaña en el sistema regional americano" (Lanús, 468 y 470).
Recién a partir de la Segunda Guerra Mundial, el sistema interamericano comenzó a adquirir formas y perfiles más definidos y concretos. Durante la Primera Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, realizada en Panamá en 1939, se acordó la llamada "Declaración de Panamá". Además de declarar la neutralidad, la misma estableció un zona de seguridad en las aguas adyacentes al continente americano. En esa oportunidad, la delegación argentina no perdió la oportunidad de explicitar sus reclamos sobre la soberanía de las Islas Malvinas declarando que,

dentro de las aguas adyacentes al continente sudamericano, en la extensión de costas correspondientes a la República Argentina en la zona que se delimita como libre de todo acto hostil no se reconoce la existencia de colonias o posesiones de países europeos, y agrega que especialmente se reserva y mantiene intactos los legítimos títulos y derechos de la República Argentina a islas como las Malvinas, así como a cualquier otras tierras argentinas que resultaren ubicadas dentro o más allá de la línea (Pereyra, 42).

Sin embargo, la que se considera como la primera declaración argentina en lea OEA, fue hecha en la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente, realizada en Río de Janeiro en 1947. Allí el Canciller Atilio Bramuglia declaró que,

La Argentina no reconoce la existencia de colonias o posesiones de países europeos y agrega que especialmente reserva y mantiene intactos los legítimos títulos y derechos de la República Argentina a la Islas Malvinas, Islas Georgias de Sur, Islas Sandwich del Sur, y tierras incluidas en el Sector Antártico, sobre el cual la República ejerce la correspondiente soberanía (Lanús, 468).

Al año siguiente, se levó a cabo en Bogotá la IX Conferencia Interamericana que tenía como objetivo sancionar la Carta de la Organización de Estados Americanos. Allí, la delegación argentina reiteró sus reclamos sobre los derechos soberanos a los territorios en disputa con el Reino Unido (ver Lanús, 493 n.24) Los estados americanos reunidos en la Conferencia de Bogotá crearon, por resolución XXXIII, la Comisión Americana de Territorios Dependientes, "cuya competencia era centralizar el examen de los territorios ocupados y dependientes en América" (Lanús, 468). Esta resolución también afirmó la necesidad de "que se ponga término al coloniaje y a la ocupación de territorios americanos por países extracontinentales" (idem. 469).
Esa comisión se reunió por primera vez en La Habana en marzo y julio de 1949. Allí se decidió diferenciar entre los territorios "bajo tutela colonial" y "ocupados". Entre estos últimos, se nombraba a las Islas Malvinas, Islas Sandwich del Sur, Islas Georgia del Sur, Zona americana de la Antártida. El otros territorio incluido fue Belice(1) . Se observa que con excepción de primero, los territorios enumerados son los reclamados por la Argentina.
En esa reunión, la delegación argentina respondió a un memorándum presentado por la embajada del Reino Unidos con otro memorándum que en tono emotivo sostenía "que la Gran Bretaña debe devolvernos nuestras Islas. Tenemos la esperanza que la Gran Bretaña, que se ha caracterizado por ser un país que ha defendido el derecho en muchas oportunidades, lo practique en ésta" (Lanús, 469). Por último, el informe final de la Comisión incorporó una declaración argentina en donde se "renueva las justas aspiraciones de su pueblo y de su gobierno, afirmando que debe desaparecer de América el coloniaje y terminarse con las ocupaciones ilegítimas de territorios americanos por países extracontinentales" (Informe de la Comisión Americana de Territorios Dependientes. Citado en Pereyra, 45).
A pesar del eco favorable que la Argentina había encontrado en el organismo de las Américas, en la IV Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores (Washington DC, marzo-abril de 1951) se votó una resolución que introdujo el tema de los "intereses de los habitantes" (2). En respuesta a la misma, el 15 de abril, la Argentina presentó la siguiente reserva:

La representación argentina al suscribir la Resolución 'reafirmación de Principios interamericanos en relación con las Colonias y posesiones Europeas en América' reitera las reservas que sobre la materia ha efectuado... y deja expresa constancia de que esa resolución no se refiere ni comprende a las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur, Islas Sandwich del Sur y tierras incluidas dentro del sector antártico argentino, sino que hacen parte del territorio argentino y están comprendidas en su dominio y su soberanía...(Lanús, 469)

Poco después, en 1954, la reserva argentina fue contemplada por el organismo interamericano durante la X Conferencia Interamericana, reunida en Caracas. En la Conferencia se sancionaron dos resoluciones tituladas "Colonias y territorios ocupados en América" (Resolución XCVI) y "Colonias en territorio americano" (Resolución XCVII). Si bien ambas proclamaban la voluntad del organismo americano de "eliminar definitivamente el coloniaje mantenido contra el sentir de los pueblos", la segunda de ellas, dejaba en claro que ellas no hacían referencia a "territorios que son materia de litigio o reclamación entre países extracontinentales y algunas Repúblicas americanas" (Lanús, 469-70 y Pereyra 45). Por lo tanto, se reconoció que el principió de autodeterminación no se aplicaba a territorios en litigio como lo son las Malvinas y sus dependencias (Lanús, 470).
Habrá que esperar hasta abril de 1973 para que el tema de las Islas Malvinas reaparezca en la OEA. En efecto, durante la Tercera Asamblea General realizada en Washington DC el Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina, Eduardo Mc Loughlin recurrió a ese foro para denunciar lo que consideraba una actitud reticente y dilatoria en el curso de las negociaciones bilaterales según los deseos de las Naciones Unidas de resolver la disputa por medios pacíficos (3). En un párrafo del discurso, el Canciller sostuvo que,

Nuestra decisión de lograr la erradicación definitiva de esta anacrónica situación colonial es permanente e invariable en toda circunstancia política de nuestro país y confiamos en que así lo comprenda el Reino Unido para no obligarnos a un cambio de actitud y para que podamos proseguir hacia la materialización del objetivo fijado (Intervención del canciller Eduardo Mc Loughlin, citado en Lanús 470. énfasis agregado).

Aquí también se observa el cambio de tono (más subido) en el discurso del canciller de la argentino.
Durante el Cuarto Período de la Asamblea de la OEA, celebrada en Atlanta en abril de 1974, el Canciller Alberto Vignes reafirmó, una vez más, los derechos de su país sobre las Islas (Lanús, 470).

NOTAS

Como territorios coloniales se consignaron los siguientes: Groenlandia, Antillas Francesas, Guayana Francesa, Islas de Chipperton, Antillas Holandesas, Surinam, Antillas menores británicas, Bahamas, Barbados, Bermiudas, Guayana Británica, Jamaica, y Trinidad y Tobago.

El punto 2 de la resolución dice los siguiente: "En el caso de que fuere menester aplicar las medidas prescriptas en la `Convención sobre Administración Provincial de Colonias y Posesiones Europeas en América', deben tenerse en cuenta los intereses de los habitantes de esos territorios, para que sea promovido su gradual desarrollo político, económico, social y educativo" (Resolución VI).

El párrafo de su discurso decía lo siguiente: "en los momentos actuales ante recientes actitudes del Reino Unido que, además de apelar a recursos dilatorios pretende ahora desnaturalizar la esencia de las negociaciones que surgieron de la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas y que se han llevado con el objeto de dar una solución pacífica a la disputa de soberanía existente" (L. 470)




Los No Alineados

A partir de septiembre de 1973, la Argentina se incorporó a otro organismo de diplomacia multilateral, el Movimiento de Países No Alineados. La Argentina encontró allí, inmediatamente, expresiones de apoyo y solidaridad por parte de casi la totalidad de los miembros del Movimiento. La excepción fueron algunas ex-colonias británicas, miembros del Commonwealth, sobre los cuales el Reino Unido tenía cierta influencia (1). Según algunos observadores, el ingreso de la Argentina a dicho movimiento constituyó no sólo un triunfo de la postura reivindicatoria respecto de los territorios en disputa sino, también, sería un modo de comprometer los miembros de la organización a apoyar esa causa en otros foros internacionales, especialmente en las Naciones Unidas (Lanús, 470-71).
La Argentina participó por primera vez como miembro pleno en la IV Cumbre realizada en Argel. El jefe de la representación argentina en aquel encuentro, el ministro de relaciones exteriores Alberto J. Vignes, se refirió a los reclamos de su país. Al finalizar su discurso sostuvo que los argentinos "creemos que la fuerza del derecho debe prevalecer sobre la fuerza de las armas. La inadmisibilidad de la ocupación de territorios por la fuerza ha sido principio sustancial de la política exterior argentina" (Lanús, 471).
En la misma cumbre, Cuba presentó un documento condenando el neocolonialismo. Aprovechando la oportunidad, la Argentina propuso agregar un párrafo condenatorio por "la persistencia de la situación colonial en las Islas Malvinas (Falkland)" y por la "actitud negativa y dilatoria de la Potencia Colonial, el Reino Unido" en las negociaciones con ese país. Finalmente, la propuesta no fue adoptada debido a la negativa de algunos países también miembros del Commonwealth (Lanús, 471).
De este modo, la Argentina tuvo que esperar hasta la próxima cumbre, realizada en agosto de 1975, para obtener una declaración condenatoria a la situación de las Islas Malvinas y sus dependencias. Durante la V Conferencia de Ministros de Países No Alineados celebrada en Lima se adoptó una Declaración por Consenso que decía en su párrafo 89:

Los Países No Alineados, sin perjuicio de ratificar la vigencia del principio de autodeterminación como principio general para otros territorios, en el caso especial y particular de las Islas Malvinas apoyan firmemente el justo reclamo de la República Argentina e instan al Reino Unido a proseguir activamente las negociaciones encomendadas por las Naciones Unidas con el fin de devolver dicho territorio a la soberanía Argentina, y de ese modo, terminar con esa situación ilegal que aún persiste en la parte sur del continente Americano (Perl, 629)

En sucesivas reuniones del Movimiento de los Países No Alineados y hasta la guerra de 1982, se produjeron otras siete declaraciones condenatorias de la situación colonial que persistía en el Atlántico Sur en perjuicio de la Argentina (2).
La VI Conferencia de los Jefes de Estado o de Gobierno de los Países No Alineados, se realizó en La Habana en septiembre de 1979. En esa ocasión el jefe de la delegación argentina, el subsecretario de Relaciones Exteriores Comodoro Carlos Cavándoli, afirmó lo siguiente:

Mientras no se alcance una solución de acuerdo con los mencionados pronunciamientos [resoluciones de Naciones Unidas], La Argentina seguirá siendo víctima de la usurpación de un parte de su territorio a manos de una potencia extranjera...Deseamos expresar nuestro especial agradecimiento al Movimiento de Países No Alineados por haber otorgado a los derechos argentinos su importante y valioso apoyo político, tal como surge de los párrafos 87, 119, 124, y 93 de las declaraciones de Lima, Colombo, y Belgrado y el comunicado final de Colombo respectivamente (Lanús, 472) (3)En verdad, contrariamente a lo afirmado por el Ministro Cavándoli, expresiones como esta parecen un pobre apoyo declamativo que no podría esperarse tuviera algún efecto positivo en la marcha de las negociaciones bilaterales..

En esa oportunidad, el apoyo consistió en el párrafo 155 de la declaración final que sostuvo lo siguiente:

En el caso especial y particular de las Islas Malvinas los Jefes de Estado o de Gobierno reiteraron firmemente su apoyo al derecho de la República Argentina a la restitución de ese territorio a su soberanía y pidieron que se aceleraran las negociaciones a tal fin (Lanús, 472)

A pesar de estas expresiones de solidaridad internacional, la arena decisiva donde la Argentina debía hacer valer sus reclamos fue en la de las relaciones bilaterales con el Reino Unido.

NOTAS

Por ejemplo, Guyana, Jamaica, y Trinidad y Tobago.

En Colombo, Sri Lanka, agosto de 1976; La Habana, Cuba, mayo de 1978; Belgrado, Yugoslavia, 1978; Colombo, Sri Lanka, 1979; nuevamente en La Habana, Cuba, septiembre de 1978; Nueva Delhi, 1981; y Naciones Unidas, Nueva York, septiembre de 1981 (L. 494 n.28 y Perl 629-30).

Una declaración de apoyo típica a las que el ministro hizo referencia es el párrafo 124:

En el caso especial y particular de las Islas Malvinas, los Ministros apoyan firmemente las justas aspiraciones de Argentina, para la recuperación de ese territorio a la soberanía argentina y urgen a que se aceleren las negociaciones a tal fin (Lanús, 494 nota 28).


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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Dom 22 Feb 2015 - 13:46

Gracias Ariel por postearlo, es largo y lo voy a leer detenidamente, abrazos-
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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Jue 5 Mar 2015 - 12:39

Malvinas y la diplomacia bilateral
anglo-argentina,
1945-1981

  Introducción

Desde el punto de vista de la diplomacia bilateral entre la Argentina y el Reino Unido por las Malvinas, el período 1945-1981 presenta dos etapas bien diferenciadas. En la primera, 1945-1965, transcurren veinte años donde la Argentina incrementa su presión y su desafío al Reino Unido, centrándose especialmente en acciones en el área de las Dependencias y la Antártida. Sobre esta última, los roces parecen tener fin con la firma del Tratado Antártico de 1959 que ambos países también suscribieron. Por otra parte, los británicos persistieron en negarse a dialogar con la Argentina por el tema de la Malvinas sosteniendo que sus derechos sobre el archipiélago eran muy claros. Sin embargo, las decisiones de las Naciones Unidas en la era de la descolonización, especialmente la Resolución 2065 (XX) de la Asamblea General en diciembre de 1965, llevó a ambas partes a la mesa de negociación (ver arriba).

Se inició, así, la segunda etapa de las relaciones bilaterales donde distintos gobiernos de la Argentina (militares y civiles) con otros tantos diferentes gobiernos británicos (conservadores y laboristas) intentaron resolver por la vía diplomática la disputa. Esta etapa presenta numerosos altibajos, con el Memorándum de Entendimiento de 1968 como su punto más alto, y el incidente del Shackleton en 1976, como su punto más bajo. No obstante, ambas partes buscaron llegar a una solución, en donde los argentinos intentaron avanzar en sus reclamos de soberanía y los británicos trataron de acomodar dichos reclamos con su compromiso de respetar el deseo de los isleños y la presión política sobre su Gobierno. Por último, la dificultad en conciliar ambos objetivos y la intransigencia de las partes, hizo zozobrar los distintos intentos y finalizó por acotar el menú de opciones.

Relaciones bilaterales sin diálogo, 1945-1965

Como se ha visto, en 1927, la Argentina inició sus reclamos sobre las Islas Georgias del Sur (1). Pero según Kinney, éste país reconoció tácitamente la soberanía británica (2). En 1945, Gran Bretaña desalojó la estación meteorológica argentina en Grytviken y devolvió todo el equipo científico a la Compañía Argentina de Pesca (ver arriba).
   En 1947-48, la Argentina reclamó por primera vez las islas Sandwich del Sur. De este modo, no fue sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial que los reclamos de la Argentina en el Atlántico Sur adquirieron la dimensión actual: las Islas Malvinas, las Georgias de Sur, las Sandwich del Sur y la zona de la Antártida por debajo del paralelo 60° (las tres últimas son conocidas por los británicos como Dependencias (Dependencies).
   En septiembre de 1945, el embajador británico en Buenos Aires presentó una nota al Gobierno argentino, en la cual declaraba que su Gobierno estaba dispuesto a tomar todas las medidas necesarias para conservar los derechos soberanos británicos sobre las colonias y sus dependencias. La nota también detalló actividades secretas realizadas por la Argentina en las Dependencias durante 1943. El Gobierno argentino respondió que esperaba solucionar el diferendo "en una futura ocasión, directamente con Gran Bretaña" (3).
   El 17 de septiembre de 1946, W. Beckett del Foreign Office presentó un memorándum sobre las Islas Malvinas. La parte final del documento resume la validez y la fortaleza de la posición británica respecto de una serie de argumentos sobre los cuales Gran Bretaña basaba sus derechos de posesión del archipiélago. Respecto de sus derechos por descubrimiento: la prioridad británica es "insatisfactoria" e "irrelevante". Sobre el Acuerdo Secreto de 1770: "Hay evidencia para apoyar la convicción que una garantía verbal de retirarse de las Falkland fue dada por Lord North en noviembre de 1770. Sin embargo, no puede ser totalmente demostrado". Más aún, el documento agrega que "aceptar el hecho de una garantía secreta es destruir definitivamente el caso británico anterior a 1833". Respecto del retiro español de 1811 sostiene que:

       En 1811 los últimos colonos españoles fueron retirados de las Islas Falkland lo que entonces, desde el punto de vista británico, se transformó en terra nullius. Los respectivos reclamos de Gran Bretaña y Argentina son considerados mejor desde 1811. La aserción argentina de continuidad de posesión de España puede ser discutida sobre las bases que el Gobierno de Buenos Aires estaba lejos de representar la totalidad del Virreinato de La Plata [sic], dentro de cuyos dominios estaban las Islas Falkland.

       Además, con respecto a la sucesión de Estados, el Gobierno de Su Majestad ha negado consistentemente el derecho por el que las repúblicas sudamericanas insurgentes aceptaban entre ellas mismas las delimitaciones territoriales de los Virreinatos españoles. En los casos de Colombia y Nicaragua, el Gobierno de Su Majestad reconoció la sucesión de las nuevas repúblicas sólo en los territorios que habían estado efectivamente ocupados.

Por último, respecto de los derechos de prescripción (1833-1946) el Memorándum afirma que:

       Gran Bretaña ha estado en formal posesión y ocupación efectiva de las Islas Falkland desde 1833; en esa fecha las Islas no estaban efectivamente (ineffectively) ocupadas por el Gobierno de Buenos Aires; y se puede argumentar entonces que estaban abiertas a la adquisición por la primera potencia efectivamente ocupante. En este sentido, la ocupación británica de 1833 fue en ese tiempo, un acto de injustificable agresión que ahora ha adquirido el apoyo del derecho de prescripción. La presente población es británica en su totalidad (4).

En el verano de 1947/48, buques de la Armada Argentina llevaron a cabo maniobras en las aguas adyacentes a las Islas Malvinas realizaron desembarcos en distintas islas de las "Dependencias". Como respuesta y para respaldar a la fragata Snipe que se hallaba estacionada en el área, la Royal Navy envió al crucero HMS Nigeria, hubo incidentes menores entre los presentes en el Puerto Melchior, en la Península Antártica, pero fue resuelto y la Armada Argentina se retiró. Los buque británicos permanecieron destacados en las Malvinas hasta 1949 (5). Los incidentes en la Antártida se repitieron en 1952 en la Bahía Esperanza y la Argentina anunció una progresiva ocupación de esa región. A principios de 1953, los británicos destacaron como refuerzo para la estación naval de las Malvinas al crucero HMS Superb. Hasta marzo de ese año, la situación permaneció inestable, y el comandante británico del área tenía autorización de Londres para utilizar la fuerza si fuera necesario. Hacia fines de 1953, una vez solucionados los problemas en la Bahía Esperanza, comenzó otro pico de tensión con los argentinos en la isla Dundee. En esa ocasión, los británicos se preocuparon por su escasa capacidad de respuesta a alguna agresión argentina. El Comité de Jefes de Estado Mayor, evaluó en ese momento (como sucedería treinta años después) que "bajo la actual política, el Reino Unido se compromete a mantener sus intereses en las Dependencias de las Islas Falkland sin la una fuerza adecuada para ello" (6). Para su tranquilidad, los incidentes no pasaron a mayores.
   Si bien a partir de la inmediata posguerra y hasta 1965 la diplomacia argentina estuvo centrada principalmente en las Naciones Unidas (ver arriba), en el ámbito de las relaciones bilaterales ocurrieron hechos que merecen ser detallados.
   En 1948, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina creó un departamento separado para seguir su reclamos sobre las Islas del Atlántico Sur (7).
   En el ámbito diplomático y dentro del marco del proceso de descolonización emprendido por las Naciones Unidas, Gran Bretaña registró, por esas fechas, a las Islas Malvinas como uno de sus "territorios no autogobernados" (non-self-governing territories) (8 ).
   Hacia fines de 1950, el Congreso Argentino declaró formalmente que las Islas Malvinas eran una posesión argentina (9).
   El 21 de diciembre de ese año, una Ordenanza Real extendió los límites de la soberanía británica sobre las Malvinas que incluirían la plataforma submarina, el fondo marino y el subsuelo contiguo a las islas. Así, el área pasó a comprender 85.000 kilómetros cuadrados.
   A comienzos de 1953, se produjo un desembarco argentino en la Isla Decepción perteneciente al grupo de las Shetland del Sur. Como respuesta a la acción argentina y con la misión de expulsar a los ocupantes, la Royal Navy envió inmediatamente al buque HMS Snipe (10).
   En ese mismo año, la Argentina, como en tiempos de Rosas, intentó resolver la disputa por las Islas por medio de una transacción comercial (ver arriba). En efecto, el entonces presidente de la Argentina, Juan Domingo Perón, envió al contraalmirante Alberto Tesaire, presidente provisional del Senado, como representante oficial del país a la coronación de la Reina Isabel II en 1952. Durante su estancia en Londres, el representante argentino visitó la sede del Foreign Office y ofreció a Gran Bretaña la compra de las Islas. De este modo, sostuvo Tesaire, las relaciones anglo-argentinas se asentarían sobre bases firmes. El Gobierno británicos, rechazó la oferta aduciendo que temían que ello produjera la caída del Gobierno del Primer Ministro Winston Churchill (11).
   El 4 de mayo de 1955, el gobierno Británico inició ante la Corte Internacional de Justicia un reclamo contra Argentina relativo a los derechos de soberanía sobre las dependencias de las Islas Malvinas, en especial las Georgias del Sur, Sandwich del Sur y lo que ellos denominan Territorio Antártico Británico. La presentación, titulada "Solicitud del Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte relativa a las incursiones del Gobierno argentino en territorio antártico británico", solicitó que la Corte declarase que:

       el Reino Unido, a diferencia de la República Argentina, posee, y en todas las fechas pertinentes ha poseído, derechos legales válidos y perdurables a la soberanía sobre todos los territorios comprendidos en las dependencias de las Islas Falkland y, en especial, en las Islas Sandwich del Sur, Georgias del Sur, Orcadas del Sur, Shetland del Sur, Tierra de Graham y Tierra de Coats (12).

La presentación incluyó, además, un pedido para que la Corte obligara a la Argentina a respetar la soberanía del Reino Unido y que cesara en sus pretensiones de ejercer soberanía sobre los territorios de las Dependencias (13).
   La Argentina no aceptó la jurisdicción de la Corte, ni de ninguna otra corte internacional, panel de mediación o arbitraje. Así, la Argentina pasó a contar sólo con las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, o los No-alineados como foros para presentar sus reclamos (14). Gran Bretaña nunca sometió el caso de las Islas Malvinas a la Corte (15).
   Con la firma del Tratado Antártico en diciembre de 1959, y su entrada en vigencia a partir de 1961, Gran Bretaña modificó, los límites de los territorios en disputa. El 26 de febrero de 1962, mediante una "Orden en Consejo" efectiva a partir del 3 de marzo siguiente, el Gobierno de Su Majestad dispuso que las tierras situadas entre los meridianos 20° y 80° oeste, al sur del paralelo 60° sur, constituirían una Colonia separada que se llamaría Territorio Antártico Británico. Respecto de Malvinas, la Orden estableció que "Dependencias de las Falkland [Falkland Islands Dependencies] significa todas las islas y territorios entre la longitud 20° oeste y la longitud 50° oeste, situadas entre la latitud 50° sur y la latitud 60° sur y todas las islas y territorios entre la longitud 50° oeste y la longitud 80° oeste, situadas entre la latitud 58° sur y la latitud 60° sur" (16).
   En septiembre de 1964, un piloto civil, Miguel Fitzgerald, aterrizó con una avioneta en Puerto Stanley, plantó una bandera argentina, dejó una nota de protesta y levantó vuelo antes de poder ser aprendido por las autoridades locales. Gran Bretaña protestó por esa acción en las Naciones Unidas (17). El Gobierno argentino negó estar relacionado con el hecho. Como consecuencia de éste incidente, Gran Bretaña estableció permanentemente un contingente de Royal Marines.
   El 20 de septiembre de 1965, la Cancillería argentina envió una nota al Gobierno británico invitándolo a iniciar negociaciones bilaterales con el fin de resolver las diferencias entre ambos (18).
   Recién el 4 de noviembre el Reino Unido respondió afirmativamente a la nota argentina del 20 de septiembre. En su respuesta restringió el alcance de las negociaciones al considerar al tema de soberanía fuera de discusión (19).

Sobre la evaluación de los posibles efectos de la decisión argentina existen opiniones divergentes. Mientras que los analistas argentinos presentan el caso como una decisión acertada de la Argentina, para Kinney, la respuesta argentina habría debilitado sus reclamos al eliminar la posibilidad de acudir a cualquier instancia judicial o mediativa final (Kinnney, 48).

  NOTAS

   Notificación de la Argentina a la Unión Postal de Berna (ver arriba).

   Kinney, 43.

   Informe Beckett sobre las Islas Falkland, 17 de septiembre de 1946 en Ferrer Vieyra 1993, p. 537.

   Foreign Office, Research Department F.O. 371/17111, A.S. 5728/311/2; citado por Ferrer Vieyra 1993 pp. 540-41.

   Grover, 170; Kinney, 44.

   Grover, 171.

   Kinney, 47. En la actualidad se llama Departamento de las Islas Malvinas.

   Ibid. 47.

   Ibid. 47, buscar ley y fecha.

   Ibid. 47. HMS Snipe: buque de escolta (1.400 toneladas).

   Gustafson, 101.

   Citado en Ferrer Vieyra 1984, 266-67.

   Ibid., 267.




   Ferrer Vieyra 1993, 196.

   Pereyra, 28-9. Pereyra agrega que de este modo Gran Bretaña mantuvo sus apetencias con sólo un ligero cambio de denominación (29).

   Destefani, 108.

   Información de del Carril a la Cuarta Comisión de la ONU sobre contactos bilaterales, 11 de noviembre de 1965 en CARI I 251-52.

   Quellet, 61; Lanús, 463-4.


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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Miér 11 Mar 2015 - 10:18

Del inicio del diálogo al Memorándum de Entendimiento

Concluida en diciembre de 1965 la primera etapa del proceso tendiente a la resolución de la disputa con la aprobación de la Resolución 2.065 (XX) en Naciones Unidas, se inició la segunda etapa que consistiría en la apertura de las negociaciones bilaterales. Hacia mediados de los años 60, la situación de colonia de las Malvinas parecía un anacronismo y una carga para la metrópoli. Esta apertura respondía a factores tales como el retiro del imperio, la creciente presión de las Naciones Unidas, y una revisión en la política de defensa (1).
   El 11 y 14 de enero de 1966 se reunieron en Buenos Aires el canciller Miguel Zavala Ortiz y el Secretario de Estado de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Michael Stewart. Ambos firmaron un comunicado conjunto conocido como "Zavala Ortiz-Stewart":

       Los ministros, Miguel Zavala Ortiz y Michael Stewart consideraron la diferencia existente entre el Gobierno argentino y el del Reino Unido sobre las islas Malvinas (Falkland). De acuerdo con el espíritu de conciliación que ha inspirado la Resolución de la XX Asamblea General de las Naciones Unidas aprobada el 16 de diciembre de 1965, ambos Ministros efectuaron un valioso y franco intercambio de puntos de vista, en el curso del cual los Ministros reiteraron las posiciones de sus respectivos gobiernos. Finalmente, como resultado de esas conversaciones los dos Ministros han coincidido en proseguir sin demora las negociaciones recomendadas en la citada resolución por la vía diplomática o por aquellos medios que puedan acordarse a fin de encontrar una solución pacífica al problema e impedir que la cuestión llegue a afectar las excelentes relaciones que vinculan a la Argentina y al Reino Unido. Ambos Ministros acordaron transmitir esta decisión al Secretario General de las Naciones Unidas (2).

Lanús resalta que este encuentro señaló el comienzo de una etapa que culminaría en 1968 con un fracaso diplomático argentino (ver abajo) (3).
   En junio de 1966 un golpe de estado en la Argentina instauró lo que se autodenominó el gobierno de la "Revolución Argentina" presidido por el general Juan Carlos Onganía. Poco tiempo después, el Subsecretario de Estado para las Américas del Foreign Office invitó a un almuerzo al encargado de negocios argentino, Carlos Ortiz de Rozas (4). Al mismo también asistió el experto de la embajada argentina sobre el tema Malvinas. En esa oportunidad, Ortiz de Rosas y sus acompañantes fueron informados extraoficialmente y en un escenario negable (deniable scenario), que el Reino Unido no tenía intereses estratégicos, políticos o económicos que perseguir en las Malvinas. Esta sugerencia se les hacia para que consideraran que eventualmente las islas pasarían a ser territorio argentino y que el problema que restaba era encontrar cuándo y cómo se haría el traspaso. En esa oportunidad, también, les comentaron que "si quieren conquistar los corazones y las almas de los isleños, [los argentinos] deben probar ser amigos y demostrar que ellos [los isleños] estarían mejor con ustedes". Para ello sería necesario que existiera comunicación y entendimiento. Ortiz de Rosas reportó este intercambio a su gobierno, al mismo tiempo que previno que el proceso sería largo, pero que la metodología le parecía correcta y que la Argentina debería probar la sugerencia británica (5).
   El 28 de septiembre de 1966, como había ocurrido hacía dos años, las islas recibieron otra inesperada visita aérea. Un grupo de 20 argentinos autodenominados "Comandos Cóndor" secuestraron y desviaron un avión DC-4 de Aerolíneas Argentinas que realizaba un vuelo regular de Buenos Aires a Río Gallegos y lo forzaron a aterrizar en la capital de las Malvinas, Puerto Stanley. En el mismo viajaba el gobernador del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Territorio Antártico e Islas del Atlántico Sur. Una vez más el gobierno argentino negó estar relacionado con el hecho e informó que lo secuestradores serían sometidos a juicio (6). Hoffmann y Hoffmann señalan que "el incidente debiera haber alertado a Gran Bretaña" (7). Y en efecto, eso pasó. Como consecuencia de estas acciones, los británicos aumentaron el contingente de Royal Marines, que había sido establecido en 1965, de 6 hombres al equivalente de un pelotón (8 ).
   Por su parte, el gobierno del general Onganía continuó con el proceso de negociación iniciado por el gobierno anterior. Esta vez, las negociaciones se llevaron a cabo principalmente en Londres bajo la dirección del embajador argentino en esa capital, brigadier (RE) Eduardo Mc Loughlin. En esa oportunidad, la Argentina adoptó una estrategia pragmática, sin un plan prefijado y actuando de acuerdo con su percepción de las reacciones del gobierno británico (9).
   Por casi dos años, los diplomáticos argentinos y los funcionarios del Departamento de América del Sur del Foreign Office, mantuvieron numerosas reuniones formales e informales pero siempre de carácter confidencial. Según Lanús, el objetivo de dichas reuniones para la Argentina fue lograr algún tipo de compromiso británico sobre el tema de la transferencia de la soberanía.
   A pesar de diálogo existente, la diplomacia británica propuso en noviembre de 1966 un congelamiento de la cuestión de la soberanía por un plazo de 30 años. Durante ese período no se llevarían a cabo ninguna acción de normalización de las relaciones, comercio o cualquier otro contacto que afectara la posición de cada parte. Al finalizar el congelamiento, los habitantes de las Malvinas optarían libremente entre la soberanía británica o argentina. La respuesta argentina a esta propuesta fue negativa (10).
   Para marzo de 1967, los británicos habían suavizado su posición e informaron oficialmente a los argentinos que bajo ciertas condiciones -que se respetaran los deseos de los Isleños-, estarían dispuestos a cederles la soberanía de las Malvinas (11). Sin embargo, para fines del año siguiente, la situación volvió a endurecerse, y a partir de ese momento, la condición básica para efectuar la cesión pasó a ser la de los deseos de los isleños. Este vuelco en la postura británica fue producto de la acción de representantes de los isleños que, desde febrero de 1968, activaron la oposición a dichas negociaciones en el Parlamento y en la opinión pública. En efecto, miembros de ese cuerpo en contacto con el Consejo Ejecutivo de las Islas, conformaron lo que pasó a llamarse el "Comité del Reino Unido y las Islas Falkland" (United Kingdom-Falkland Islands Committee o UKFIC) o más comúnmente conocido como el "Falklands Lobby" (12). Ante el temor que las conversaciones terminaran con la presentación de un fait accompli. Este comité envió una carta abierta a todos los parlamentarios en febrero de 1968, levantando una ola de temor ante un inminente traspaso de soberanía a la Argentina (13). A fines de marzo de 1968 se llevaron a cabo los debates parlamentarios para aclarar el tema. En el interrogatorio, representando al Gobierno, tuvo que responder Lord Chalfont, ministro de estado del Foreign and Commonwealth Office (14). Durante el debate parlamentario, el ministro admitió que si se deseaban mantener buenas relaciones con la Argentina, los británicos deberían estar dispuestos a admitir que al igual que ellos estaban convencidos de la legalidad de su soberanía, los argentinos estaban convencidos de su reivindicación (15).
   También admitió que las negociaciones eran delicadas y por lo tanto confidenciales y que se negaban a concluirlas, por el contrario, el gobierno sostuvo que continuarían. El Gobierno británico descartó, en esa oportunidad, la posibilidad de otorgar la independencia a las Islas debido lo reducido de su población, su situación geográfica y sus escasos recursos. En vista de ello, el objetivo de las negociaciones para el Gobierno de Su Majestad era lograr un arreglo satisfactorio entre pobladores de las Islas y la Argentina en un política a largo plazo y en el interés de los pobladores. Por lo tanto, para la transferencia de las Islas a la Argentina era claro que deberían darse dos condiciones: primero, un acuerdo con amplias salvaguardias para los isleños; y segundo, que los isleños aceptaran ese acuerdo. No obstante ello, en virtud de las potestades constitucionales, el Gobierno se reservaba la decisión (16). El informe Franks claramente especifica que durante el debate en el Parlamento, el Secretario Stewart y otros ministros del Foreign Office "aclararon en varias ocasiones que no habría cesión de soberanía en contra de los deseos de los Isleños" (17). A pesar de lo discutido, durante los debates no se alcanzó un consenso sobre el acuerdo (18). Finalmente, en agosto de 1968, luego de una reunión entre el embajador Mc Laughlin y el ministro Lord Chalfont, a cargo de las negociaciones, se llegó a un acuerdo sobre el texto ad referéndum de un "Memorándum de Entendimiento". Según el mismo, los ingleses estarían de acuerdo con la transferencia de la soberanía si previamente, se aseguraran las comunicaciones entre las Islas y el continente y se lograra un acuerdo sobre ciertas garantías que aseguraran los intereses de los habitantes de las Malvinas (19). El memorándum fue transmitido inmediatamente a Buenos Aires por su embajada en Londres.
   Desde el 28 de marzo, el Secretario Stewart había informado al Gabinete sobre la fórmula que iba a proponer y recién en agosto se llegó a un acuerdo sobre el Memorándum de Entendimiento. El texto completo decía,

       1. Los representantes del Gobierno de la República Argentina y del Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, habiendo discutido la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands) en un espíritu de amistad y cooperación, de conformidad con la Resolución 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, dejan constancia de este Memorándum de su entendimiento acerca de la posición alcanzada en las negociaciones.

       2. El objetivo común es solucionar definitivamente y en forma amistosa la disputa sobre la soberanía, teniendo debidamente en cuenta los intereses de la población de las Islas. A fin de crear las condiciones en las que pueda alcanzarse ese objetivo, los dos gobiernos se proponen realizar rápidos progresos con medidas prácticas para promover la libertad de comunicaciones y movimiento entre el territorio continental y las Islas, en ambas direcciones, de un modo tal que estimule el desarrollo de vínculos culturales, económicos y otros.

       3. A tal efecto y en el deseo de contribuir a esa solución, el gobierno de la República Argentina promoverá la libre comunicación y movimiento entre el continente y las Islas y el gobierno del Reino Unido colaborará en la ejecución de esta política. Las discusiones sobre las medidas prácticas a adoptarse tendrán lugar de inmediato en Buenos Aires.

       4. El gobierno del Reino Unido, como parte de esa solución final, reconocerá la soberanía de la República Argentina sobre las Islas a partir de una fecha a ser convenida tan pronto como sea posible después de que (i) los dos gobiernos hayan resuelto la actual divergencia entre ellos respecto del criterio conforme al cual el gobierno del Reino Unido considerará si los intereses de los isleños estarían asegurados por las salvaguardias y garantías a ser ofrecidas por el gobierno argentino y (ii) el gobierno del Reino Unido se halle entonces satisfecho de que aquellos intereses estén asegurados así.

       5. Ambos gobiernos continuarán las actuales conversaciones en Londres a efectos de definir los detalles de las garantías y salvaguardias de los intereses de la población de las Islas a ser ofrecidas por el gobierno argentino.

       6. Los dos Gobiernos han tomado nota de las respectivas políticas y comparten la opinión de que un cierto período de tiempo facilitaría el desarrollo de condiciones para un arreglo definitivo. Si no hubiese alcanzado un arreglo definitivo, a solicitud de cualquiera de los dos Gobiernos podría convocarse a una reunión de representantes especiales un una fecha no antes de cuatro años y no después de diez años a partir de la firma de este Memorándum para comprobar el progreso o para examinar la cuestión (énfasis agregado).

¿Cómo fue posible que luego de los acalorados debates parlamentarios y de las afirmaciones del Gobierno británico de marzo y abril, pocos meses después, se haya llegado a la formulación de un texto que había sustituido la fórmula de "deseos" por la de "intereses"? Para Kinney, el Reino Unido adoptó en este texto la formulación de "intereses" de la Argentina y de las Naciones Unidas y la había transformado en el equivalente potencial de "deseos" que significaba un cúmulo de beneficios tan convincentes que los isleños los aceptarían (20). Para Beck, fue Stewart quien favoreció la fórmula que contemplaba los "intereses" y no los "deseos" a pesar de la gran presión en contra de un acuerdo con la Argentina. De este modo, esperaba que los isleños pudieran convivir en mejores términos con sus vecinos y que se desarrollaría una relación más estable que facilitaría a los isleños las comunicaciones con la Argentina y que, en definitiva, beneficiaría la posición del Reino Unido en América Latina y en las Naciones Unidas (21).
   A fines de noviembre de 1968, el Gobierno envió en visita oficial a las islas a Lord Chalfont, Ministro de Estado para asuntos Latinoamericanos del Foreign Office, con el objeto de mantener conversaciones con los isleños y también con los argentinos (22). En su intento para convencerlos de aceptar la política perseguida por el Gobierno, Lord Chalfont sostuvo frente a unos quinientos isleños que,

       Ustedes se muestran reacios a comprender que las cosas están cambiando en el mundo exterior. El Reino Unido ya no es una gran potencia imperialista del siglo XIX...Se trata de vuestro futuro. Yo no les estoy dando ninguna seguridad, pero cuando ustedes dicen "Mantengan a las Falkland británicas", asegúrense de saber que esto significa algo diferente a lo que significaba en 1900... (23)

En otra reunión, esta vez secreta, con los seis miembros del Consejo Ejecutivo de las Islas, el funcionario les advirtió que "Gran Bretaña ya no podría mantener en las islas fuerzas navales suficientes para brindar protección, que ya no podría contribuir financieramente por la declinación del precio de la lana en el mundo, que había que tener en cuenta los intereses de la gran comunidad británica en la Argentina y que los isleños lo pasarían mejor dependiendo de la Argentina" (24). Al día siguiente de este encuentro, se reunió en la asociación de de criadores de ovejas. Según Hoffmann y Hoffmann, Lord Chalfont manifestó allí que "las negociaciones eran sólo una fase de un proceso, y que la `postura de acuerdo' tantas veces mencionada no constituía un tratado. Aunque se la hiciera pública, de ninguna manera alteraría la soberanía de las islas en contra de los intereses de sus habitantes. Pero las negociaciones debían continuar, porque si se interrumpían la Argentina podría reclamar las Islas de algún otro modo". De acuerdo con la opinión de Lord Chalfornt, Hoffmann y Hoffmann agregan, "se crearía incertidumbre y se complicaría la vida a los isleños" (25).
   Pero su palabras no tuvieron eco, y el Lobby logró que unos cien parlamentarios conservadores firmaran una moción para que el Gobierno británico "de una vez por todas asegure que los isleños son británicos y que no serán traspasados a un país extranjero en contra de su voluntad" (26). En Buenos Aires tampoco encontró Lord Chalfont predisposición para moverse hacia una posición más flexible (27). A su regreso a Londres informó a Stewart y profetizó que en "...este conflicto de `irreconciliables'; a menos que la soberanía sea seriamente negociada y transferida en el largo plazo, es probable que terminemos en un conflicto armado con la Argentina". (28)
   Lord Chalfont se presentó también ante el Parlamento e informó sobre sus actividades en las Islas. Allí fue duramente atacado por la Oposición conservadora (29). La decisión del Gabinete de abandonar la iniciativa del memorándum el 11 de diciembre de 1968 fue una importante victoria del Lobby. Este logró contrabalancear la presión argentina sobre el Gobierno. Para ello contaron con el apoyo de la prensa y del hecho que la crítica al Gobierno dentro del Parlamento tuvo su baluarte en el Gabinete de la sombra de la oposición conservadora (30).
   Para varios analistas, el Memorándum de Entendimiento es "el documento que contiene el compromiso más explícito por parte del Reino Unido sobre la eventual transferencia al Estado Argentino de la soberanía que ejercía sobre las Islas" (31).. Sin embargo, el Informe Franks agrega que

       la publicación del Memorándum debía ser acompañada por una declaración unilateral, en la que se dejaba en claro que el gobierno estaba dispuesto a proceder a un arreglo definitivo con Argentina que comprendiera la transferencia de soberanía, sólo cuando estuvieran satisfechos de que dicha transferencia y las bases sobre la que ella tendría lugar, eran aceptable para la población de las islas (32).

Esta afirmación muestra que los británicos, incluso dentro del Gobierno, continuaron sosteniendo como condición esencial para la transferencia de soberanía la aceptación de los isleños. Ello hace suponer que, contrariamente a lo que algunos analistas señalan, con la excepción del lenguaje empleado, el Memorándum considerado en su totalidad no indica un importante alejamiento de la tradicional postura británica de respetar los deseos de los habitantes de las Islas. Para algunos, el propio gobierno británico se había creado un dilema al iniciar negociaciones sobre la soberanía con la Argentina y, al mismo tiempo, prometía a los isleños que las islas no serían transferidas (33).
   A partir de su recepción en Buenos Aires, el gobierno argentino guardó silencio durante casi dos meses. Recién en octubre de 1968, durante las reuniones de la Asamblea General Ordinaria de las Naciones Unidas en Nueva York, ambos ministros, Costa Méndez y Stewart, retomaron el asunto. Allí concordaron que no existían "discrepancias fundamentales sobre el documento por ninguna de las Partes". Sólo restaba firmarlo y hacerlo público.
   En tanto en Buenos Aires, el embajador Mc Loughlin y el representante argentino ante las Naciones Unidas, José María Ruda, participaron en una reunión de información con el presidente Juan Carlos Onganía. Según Lanús, mientras que ambos embajadores sostuvieron la necesidad de la firma del documento, el general Onganía no se pronunció al respecto (34).
   Finalmente, en los primeros días de diciembre de 1968 la Argentina aceptó el entendimiento. El embajador Mc Loughlin y su segundo, Enrique Ros, se entrevistaron con el secretario Stewart para acordar la oficialización del documento por parte de ambos gobiernos. Las palabras del funcionario británico no fueron las esperadas: "Lamentablemente la respuesta llega muy tarde; ya no estamos en condiciones de aceptar el Memorándum, tengo que ir al Parlamento a dar explicaciones sobre esto porque los Conservadores han pedido una explicación" (54). A pesar de los esfuerzos de Stewart, esa misma mañana el Gabinete había decidido no proseguir con el acuerdo debido a la intensidad de la oposición (36).
   El acuerdo había sido rechazado por los isleños, el Parlamento y la prensa británica. Un periódico británico, el Daily Express había hecho públicas las negociaciones bajo el título de "Malvinas en venta". Alguien del Foreign Office había filtrado el memorándum a Bill Hunter Christie, miembro del "Falkland Islands Committee", quien puso en movimiento la oposición al acuerdo. Dada la repercusión que tuvo la noticia y ante el temor de una posible caída del Gobierno, éste se retractó (37).
   Sin embargo antes de proseguir con la historia, cabe preguntarse cómo pudo una respuesta sobre un documento tan importante "llegar tarde". Lanús afirma que el destino de tan trascendente documento puede dar lugar a dudas: "la historia no es clara del lado argentino" (38). Su relato de los hechos deja entrever que alguien dentro del Gobierno argentino se oponía al acuerdo. Una vez que se recibió el documento, durante dos meses no hubo ninguna reacción a lo enviado por la embajada argentina en Londres. En octubre, el encuentro del Canciller Costa Méndez con su par británico puso a la rueda nuevamente en movimiento. Por lo tanto, puede descartarse que el documento se perdió en un cajón del Ministerio de Relaciones Exteriores. También informa Lanús que el presidente Onganía "no se pronunció" sobre el tema. Sin embargo, siempre según su relato, "después de mucha dilación y consulta, el Canciller Costa Méndez logró instruir a la Embajada de Londres para transmitir la aceptación argentina" (39). Por lo tanto, parece que Costa Méndez, al igual que Stewart enfrentó algún tipo de oposición interna. Finalmente el Canciller obtuvo una respuesta favorable al entendimiento (40).
   El 11 de diciembre de 1968, el Gobierno británico decidió en una reunión de Gabinete suspender todo intento de lograr un acuerdo con la Argentina en base al Memorándum de Entendimiento considerando la reacción del Parlamento y de la prensa (41).
   Ese mismo día, el Secretario de Relaciones Exteriores británico Michael Stewart declaró ante la Cámara de los Comunes que:

       En sus conversaciones con el gobierno de la Argentina, el Gobierno de Su Majestad ha tratado de llegar a un entendimiento con la Argentina a fin de garantizar una relación satisfactoria entre las Islas y la región continental más próxima, aunque todavía no es total. Existe una divergencia básica respecto de la insistencia del Gobierno de Su Majestad en que no podrá haber transferencia de soberanía contra los deseos de los habitantes de las Falkland Islands (42).

Con esta declaración, el Gobierno de Su Majestad se retrotajo a la posición de la autodeterminación de los isleños (43).
   En esa ocasión, la respuesta argentina no se hizo esperar y al día siguiente (12 de diciembre) el Canciller Costa Méndez declaró que el gobierno del Reino Unido debía "reconocer como solución definitiva la soberanía argentina" y agregó que:

       1. tal reconocimiento no debe estar supeditado a la conformidad de los actuales pobladores de las Islas.

       2. La República tendrá en cuenta y asegurará los intereses de los habitantes de las Islas por medio de salvaguardias y garantías que se acuerden. El gobierno argentino conforme a los principios tradicionales ha informado su política en esta materia, acogerá esos pobladores con la más generosa disposición...

       3. La concertación del acuerdo integral tendrá, por lógica consecuencia, el desarrollo de libres comunicaciones entre las Islas y el resto del territorio nacional argentino y la creación de vínculos definitivos con ellos... (44)

Durante la década de los 60 el Gobierno británico también tomó algunas decisiones que no estaban directamente relacionadas con las Islas Malvinas pero que, a juicio de algunos analistas, se convirtieron en señales contradictorias o fáciles de ser malinterpretadas por parte de los argentinos. Pues estos estaban siempre a la expectativa de algún cambio en la situación del archipiélago y la recuperación de las Islas era una de sus principales temas de política exterior. La primera señal fue el drástico recorte en el presupuesto militar británico de 1966. Este ahorro presupuestario llevó al Ministerio de Defensa a renunciar a los portaaviones y al "desembarco...de tropas contra una oposición sofisticada fuera del alcance de la cobertura de la aviación terrestre". Para algunos, esto podría haber afectado el planeamiento argentino con respecto a llevar adelante acciones militares contra las Islas (45). La segunda señal fue la decisión del gobierno de modificar, a principios de 1968, la "Ley de Inmigrantes del Commonwealth" de 1962. Ante la presión inmigratoria producida por el proceso de descolonización Gran Bretaña dispuso una nueva ley que disponía que no podía emigrar a Gran Bretaña quien no fuera oriundo de ella, o que no tuviera padre, madre o por lo menos un abuelo nacido en ella. El efecto de esta ley fue que en 1970, sólo la mitad de los isleños cumplían con los requisitos de la misma (46).

NOTAS
  Ellerby, 86.

   Comunicado Conjunto, emitido en Buenos Aires, el 14 de enero de 1966 citado en Lanús, 473.

   Ibid. 473.

   El embajador argentino había renunciado a su cargo a raíz del golpe militar.

   Kinney, 49.

   En la Argentina, el hecho produjo un estallido de demostraciones antibritánicas: ataque al consulado e Instituto Cultural Anglo-Argentino en Rosario; En Córdoba, hubo demostraciones antibritánicas; y en Buenos Aires, la embajada británica fue baleada desde un automóvil. Hubo generalizadas declaraciones de apoyo al grupo secuestrador. Este grupo se rindió a las autoridades locales en la noche del 29 de septiembre. El Gobierno argentino pidió disculpas al Reino Unido por los incidentes y envió un buque de transporte naval para repatriar a los pasajeros y a los secuestradores. Ante las expresiones de apoyo y pedidos de gracia "porque habían tratado de reivindicar la soberanía argentina sobre las Malvinas", el gobierno los juzgó aplicándoles penas muy leves (Hoffmann y Hoffmann, 115-116).

   Ibid. 116.

   Franks, 5. Además de estos episodios públicos que preocuparon a los británicos, Oliveri López menciona que un desembarco clandestino en las Malvinas a cargo del submarino ARA Santiago del Estero determinó una mayor presencia naval británica (1992, 230 n. 4).

   Lanús, 474.

   Kinney, 49-50; Franks, 5.

   Franks, 5-6.

   Kenny define a esta organización como un grupo compacto y persistente, a favor de un solo tema, cuyo objetivo incluía la supresión de la discusión de cualquier alternativa a la del status quo para las Malvinas. Sus actividades consistieron siempre en actuar como una fuerza polarizadora que previno cualquier evolución hacia un arreglo entre las partes(58).
       Entre sus miembros se hallaban parlamentarios y personas influyentes. En 1977 se crearía otro grupo con base en Londres: La Asociación para la Investigación y el Desarrollo de las Islas Falkland (Falkland Islands Research and Developement Association). El objeto de este grupo era la búsqueda de alternativas de desarrollo no-argentinas para el archipiélago. Contaba con importantes apoyos y contactos también intervino para proteger la posición dura de los isleños activando a la opinión pública (Gustafson, 99).
       Estos grupos contaban con el apoyo financiero de la Compañía de las Islas Falkland (Falkland Islands Company). Por último, otro grupo era el llamado Amigos de las Islas Falkland (Friends of the Falkland Islands) compartía también un gran número de miembros comunes con las anteriores. Ver también Ellerby.

   Ibid, 6. Al respecto, Quellet confirma que de las declaraciones de los miembros del Gobierno británico y de "la convicción existente en el ánimo de los parlamentarios" reproducidas en los Diarios de Sesiones, el objeto de las negociaciones era la soberanía (76). La carta enviada a los parlamentarios y a la prensa decía:
   ¿Sabe Usted qué...?: Se están llevando a cabo negociaciones entre los gobiernos de Gran Bretaña y la Argentina para entregar en cualquier momento las islas Falkland a la Argentina.
   Tenga en cuenta que: los habitantes de las islas nunca fueron consultados sobre su futuro. Que ellos NO quieren ser argentinos. Los isleños son tan británicos como ustedes, la mayoría son de descendencia inglesa o escocesa de hasta sexta generación. Cinco de cada seis nacieron en las Islas. Muchos ancianos no han estado en ningún otro lugar. No hay problemas raciales, on hay desempleo y no hay pobreza, y NO ESTAMOS EN DEUDA (27 de febrero de 1968, Ellerby, 87).

   Kinney, 50. De ahora en mas, Foreign Office. Pero tener en cuenta que para 1968, el Foreign and Commonwealth Office era el resultado de la fusión de tres departamentos, el Commonwealth Office, el Foreign Office, y el Colonial Office. Este último ya se había fusionado con el primero en 1966 (Hastings & Jenkins, 12-13).

   Quellet, 77.

   Relato en base a los Debates Parlamentarios (Hansard) en Quellet 77-78.

   Franks, 6.

   Kinney, 50.

   Lanús, 474.

   Kinney, 50.

   Peter J. Beck: The Falkland Islands Dispute as an International Problem. Routhledge, 1988 citado por Olivieri López 1995, 51.

   Franks 6.

   Beck 1988 citado por Olivieri López 1992, 231 n.9.

   Hoffmann y Hoffmann, 118.

   Ibid. 119. Parecería que algunos argentinos hubieran escuchado las palabras de Lord Chalfont. Pues mientras éste se hallaba en las Islas, el 27 de noviembre, un avión argentino aterrizó en las calles de Puerto Stanley. A bordo viajaron Héctor R. García, propietario del periódico Crónica, un reportero y como piloto a Miguel L. Fitzgerald (el mismo del aterrizaje de 1964). Inmediatamente fueron apresados y repatriados a Río Gallegos a bordo del buque HMS Endurance que trasladó a Lord Chalfont de visita a la Argentina (Ibid. 119-120 y Destefani 108).

   Olivieri López 1992, 84 y Ellerby, 89.

   Allí se reunió con el Canciller Costa Méndez y luego, ambos gobiernos anunciaron que habían tratado el tema de las Malvinas en el marco de las negociaciones secretas que tenían lugar en Londres (Hoffmann y Hoffmann, 117)

   Olivieri López 1992, 85.

   Hoffmann y Hoffmann, 122-123.

   Ellerby, 89-90.Por ejemplo, el 12 de diciembre el vocero sobre relaciones exteriores de la oposición, Sir Alec Douglas-Home, se comprometió a que si su partido heredara las negociaciones con la Argentina, ellos "eliminarían la cuestión de la soberanía de la agenda". De acuerdo con Ellerby, "el tema de las Falkland presentó a Heath [líder de los conservadores] como una oportunidad para unir a su partido, dividir a los laboristas y reconquistar la fe del público de que el Partido Conservador era capaz de defender valores británicos" (90).

   Lanús, 475; también Kinney, 50 y Olivieri López 1992, 83.

   Franks, 6. énfasis agregado.

   Ellerby, 90.

   Lanús, 475.

   Ibid. 476. Los ataques fueron tan severos que Stewart tuvo que acortar una visita oficial que realizaba a la India y regresar a defender la posición del Gobierno (Hoffmann y Hoffmann, 123.

   Olivieri López 1992, 231 n. 11. Los argumentos de Stewart eran que un arreglo con la Argentina sería beneficioso para los isleños, que mejoraría la posición del Reino Unido en las Naciones Unidas y su relación con América Latina, en general (Hoffmann y Hoffmann, 123-25.

   Lanús, 476.

   Ibid. 475.

   Ibid. 475, énfasis agregado.

   Durante los días de la Guerra del Atlántico Sur, el diario La Nación publicó una carta del brigadier Eduardo McLoughlin que respondía a una nota anterior publicada en ese matutino. Dicha nota firmada por José Campobassi sostenía que la Argentina no aceptó la propuesta británica porque aquella insistió en el reconocimiento incondicional de su soberanía. La respuesta de McLoughlin precisa que la negociación se había extendido por la falta de acuerdo entre las partes sobre el texto de una nota explicativa conjunta que acompañaría la elevación del Memorándum al Secretario General de las Naciones Unidas. Mientras se desarrollaban estas discusiones, la oposición en el Reino Unido había agitado el tema públicamente, lo que asustó al Gobierno y en consecuencia, abandonó las negociaciones (La Nación, 14-4-1982, 7).

   Franks, 6. Beck cuenta que en esa reunión, Stewart defendió la negociación señalando sus ventajas, pero un miembro del Gabinete comentó que "...uno por uno, todos nos volvimos en su contra", dejando claro que no conseguiría su objetivo (1988, 103 citado por Olivieri López 1992, 231 n.11).

   Lanús, 476.

   A partir de diciembre de 1968, Gran Bretaña estableció claramente su curso de negociaciones: negociar con la Argentina, pero dejar bien claro que la transferencia de soberanía sin la aprobación (auto-determinación) de los Isleños no era negociable (Kinney, 51).

   Lanús, 476.

   Kinney, 49.

   Quellet, 79-80. Los datos eran que sólo 140 personas en las Malvinas tenían pasaporte que les permitiría emigrar y 862 estaban sujetos a la aplicación de la nueva ley de inmigración (Ibid. 80 basado en House of Commons, Parliamentary Debates, 26.3.1968).


http://www.argentina-rree.com/12/12-06.htm


Última edición por ariel el Miér 11 Mar 2015 - 10:24, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Miér 11 Mar 2015 - 10:21

De los Acuerdos sobre Comunicaciones al incidente del Shackleton

1971-1976


Entre 1968 y 1971 la intensidad de los contactos disminuyó. El 21 de noviembre de 1969, la Argentina y Gran Bretaña convinieron en mantener conversaciones especiales para mejorar el tránsito y las comunicaciones entre las Islas y el continente (1). El 1° de abril de 1970 se iniciaron las reuniones en Londres y Buenos Aires. En julio de ese año, el Foreign Office recibió varias propuestas argentinas para establecer las comunicaciones entre ambas regiones a las que no respondió. Recién en 1971 se reiniciaron las conversaciones bilaterales en Buenos Aires (2). La segunda ronda de encuentros se desarrolló en Buenos Aires entre el 21 y 30 de junio de 1971. En esa oportunidad, la delegación británica incluyó isleños. Entre ellos se encontraba el gerente de la Falkland Islands Company, señor Alistair Sloggie (3). Por parte de la Argentina participaron alternativamente los diplomáticos Juan Carlos Beltramino, Enrique Ros, Guillermo Louge y, el asesor de la Cancillería, coronel (R) Luis González Balcarce (4). Estas negociaciones que se realizaron bajo un "paraguas de soberanía", culminaron con la aprobación de una serie de medidas prácticas cuya aplicación facilitaría el movimiento de personas y bienes entre el territorio continental argentino y las islas en ambas direcciones. El tono de las conversaciones fue calificado como cordial. El 1° de julio de 1971 ambos gobiernos suscribieron una Declaración Conjunta. Las medidas más importantes fueron,

       1. la creación de una Comisión Consultiva Especial constituida por representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto y de la Embajada Británica en Buenos Aires a fin de tratar todas las cuestiones relativas al establecimiento y promoción de las comunicaciones.

       2. el Gobierno argentino otorgaría un documento a los residentes de las Islas Malvinas, sin referencia a la nacionalidad, que desearan viajar al territorio continental argentino, y que permitiría el libre desplazamiento en él.

       3. los residentes de las Islas serían declarados por el gobierno argentino exentos del pago de derechos e impuestos y de cualquier otra obligación como resultado de actividades en las Islas. Asimismo, el gobierno británico no demandaría el pago de impuestos a los residentes provenientes del territorio continental argentino que presten servicios en las Islas.

       4. se adoptarían medidas para que el equipaje normal de los residentes malvinenses que viajasen entre las Islas y el territorio continental estuviera libre de todo pago de derechos e impuestos.

       5. que el gobierno argentino adoptaría medidas para que todo residente en las Islas que estableciera su domicilio en el territorio continental pudiera ingresar, por una sola vez, libre de derechos e impuestos, todos sus efectos personales del hogar y un automóvil. Facilitarían el tránsito de personas vinculadas al establecimiento y promoción de las comunicaciones.

       6. el gobierno británico tomaría medidas para el establecimiento de un servicio marítimo regular de pasajeros, carga y correspondencia.

       7. el Gobierno argentino tomaría medidas para el establecimiento de un servicio aéreo regular de frecuencia semanal de pasajeros, carga y correspondencia. Hasta tanto se construyera el aeródromo de Puerto Stanley, el gobierno argentino proveería un servicio aéreo temporario con aviones anfibios entre el territorio y las Islas.

       8. Se proponían, asimismo, medidas para agilizar las comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas; se establecía que las tarifas telefónicas, telegráficas y postales serían iguales a las internas del lugar de origen de las comunicaciones. Las estampillas de correo serían canceladas con un sello que se refiera a la Declaración Conjunta del 1 de julio de 1971.

       9. El gobierno argentino manifestó que estaría dispuesto a cooperar en los campos de la salud, educación, agricultura y técnica en respuesta a requerimientos que pudieran formulársele (5).

En esa oportunidad, la estrategia del gobierno argentino fue la de acercar y vincular en forma progresiva las Islas al territorio continental (6). Era claro que, como afirma Lanús, "el propósito de estos acuerdos [era] influir en la opinión pública de los isleños -anímicamente aislados de la Argentina- y ahondar su interés por la cultura, política y economía de nuestro país. Estos acuerdos de comunicaciones, permitirían vincular a los isleños con la Argentina, generando una corriente de confianza y contactos imprescindibles para consolidar cualquier negociación política" (7). Por el contrario, la estrategia británica buscaba crear cooperación política a partir de éxitos en áreas funcionales que luego por efecto de spillover se trasladaría a otros temas (8 ).
   Un mes más tarde, el 5 de agosto, el Ministro de Relaciones Exteriores, Luis María de Pablo Pardo, comunicó al representante británico en la Argentina que su gobierno había aprobado la Declaración Conjunta del 1° de julio de 1971.
   El día 7 de enero de 1972 partía de Buenos Aires la motonave Libertad transportando un contingente de 300 turistas a la Antártida. Con el fin de aprovechar el viaje y consolidar el proceso de acercamiento, se decidió que la nave recalaría por una noche en Puerto Stanley. En la nave viajaron el Embajador de Gran Bretaña en Buenos Aires, Michael Hadow y el Director General de Antártida y Malvinas de la Cancillería, Mario Izaguirre (9).
   Con el objeto de revestir de mayor solemnidad a los acuerdos, el gobierno del general Lanusse dictó la Ley 19.529 que aprobaba la Declaración Conjunta de julio del año anterior, así como las notas reversales que ambos gobiernos se habían intercambiado sobre el tema de reserva de sus derechos de soberanía (10).
   El proceso de acercamiento entre las Islas y el continente fue completado por dos acuerdos más firmados durante 1972. El 2 de mayo de ese año, el Embajador de Gran Bretaña en Buenos Aires y el Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina, suscribieron un Acuerdo sobre la Construcción y Operación de un Aeródromo Provisorio en las Islas Malvinas por parte del gobierno argentino:

       1.El aeródromo provisorio estará situado en Hooker's Point. La ubicación específica del aeródromo y cualquier derecho subsidiario con respecto al terreno adyacente que pudiera ser necesario durante el período de construcción y operación del aeródromo provisorio, serán tal como se convenga entre los representantes de nuestros respectivos Gobiernos en la Comisión Consultiva Especial.

       2. La pista será de aproximadamente ochocientos metros de largo por treinta metros de ancho.

       3. El Gobierno Argentino adoptará las medidas necesarias para construir el aeródromo y suministrar los materiales y equipos requeridos para su construcción, operación y mantenimiento. Empleará principalmente personal procedente del territorio continental argentino, pero con la participación de personal local. La composición del grupo para la construcción será tal como lo convenga la Comisión Consultiva Especial. El grupo de construcción podrá obtener y utilizar sin cargo, el material de construcción necesario, de los terrenos próximos al aeródromo según lo acuerde la Comisión Consultiva Especial.

       4. El Gobierno de Reino Unido proveerá un edificio para habitación del personal procedente del territorio continental argentino para la construcción del aeródromo. Para dicho edificio y para la construcción, operación y mantenimiento del aeródromo, el Gobierno del Reino Unido proveerá agua, como también electricidad, tan pronto se logre una capacidad de producción suficiente.

       5. El aeródromo será administrado y mantenido por personal del territorio continental argentino, con la participación de personal local. La composición del grupo para la administración y mantenimiento será tal como la convenga la Comisión Consultiva Especial (11).

Pocos meses después, el 24 de octubre de 1972 se firmó un acuerdo complementario del anterior. Por el mismo, se acordó la apertura de una agencia de Líneas Aéreas del Estado (LADE) en Puerto Stanley y la iniciación del servicio aéreo regular entre las Islas y el territorio continental:

       1. Líneas Aéreas del Estado (LADE), Empresa Argentina a cuyo cargo se hallará el servicio regular así como el temporario, a los que se refieren los numerales (8 ) y (9) de la Declaración Conjunta, abrirá una agencia comercial y operativa en Puerto Stanley y designará su titular, así como al personal auxiliar necesario que desee emplear en las Islas Malvinas. El personal auxiliar estará compuesto en la forma en que acuerde la Comisión Consultiva Especial.
       ...
       3. Las tripulaciones y los aviones con que se realicen los servicios referidos en el numeral (2) de este Acuerdo, llevará la misma documentación de vuelo que es de rigor para las tripulaciones y los aviones que realizan vuelos internos sobre el territorio continental argentino y sus operadores estarán exentos del pago de derechos de aterrizaje, gravámenes u otras cargas... (12).

El 25 de mayo de 1973 un nuevo gobierno constitucional se estableció en la Argentina. En su discurso inaugural el presidente Héctor J. Cámpora tuvo unas palabras para las Malvinas. Su recuperación sería uno de los objetivos de su gobierno (13).
   Respecto de las negociaciones realizadas durante el período 1968-1973, el argentino Quellet señala que Gran Bretaña trató de transformar las negociaciones en conversaciones, con el objeto de no tratar el tema central: soberanía. Al mismo tiempo, otros señalan que dada la divergencia de objetivos -ansiedad argentina por tratar el tema de la soberanía y la negativa británica de proseguir conversaciones políticas que trataran el tema- durante 1972 se llegó a una clara situación de impasse (15). Ante esta situación, la Argentina denunció ante las Naciones Unidas la utilización por parte de Gran Bretaña de una estrategia dilatoria. El foro internacional se hizo eco de la denuncia argentina y aprobó la Resolución 3.160 (XXVIII) de diciembre de 1973 que señaló su preocupación por la falta de progreso en las negociaciones e instó a las partes a proseguirlas (16). A pesar de ello, las negociaciones por las comunicaciones prosiguieron (17). Los avances diplomáticos argentinos fueron contestados por los isleños y el 4 de enero de 1974, el Consejo Legislativo de las Islas, aprobó una moción en la cual declaró:

       Que esta Cámara se opone enérgicamente a toda negociación o conversaciones celebradas con el Gobierno argentino sin el previo y completo conocimiento del pueblo de las Islas, que involucren la transmisión de la soberanía de esta colonia contra los deseos de sus habitantes (18 ).

Para julio de 1974, el Canciller Alberto J. Vignes afirmó que al menos que las negociaciones sobre la transferencia de las islas se acelerase, "la política [argentina] amistosa sería revisada" (19). En Gran Bretaña, el nuevo gobierno del Primer Ministro Harold Wilson inició conversaciones diplomáticas introduciendo la posibilidad de un condominio. Ello dio lugar a importantes encuentros entre representantes de los gobiernos argentino y británico en julio de 1974. En esa oportunidad, el embajador de Gran Bretaña presentó al canciller Vignes una comunicación escrita en la que informaba haber sido instruido por su gobierno "para proponer que las discusiones entre Gran Bretaña y la Argentina sobre el futuro de las Islas deberían resumirse sobre la base de las salvaguardias y garantías a extenderse a los isleños en el hipotético caso de un condominio de Gran Bretaña y Argentina en relación a la soberanía territorial sobre las Islas Falkland" (20).
   La comunicación británica además expresó lo siguiente:

       ...el objetivo del Gobierno de Su Majestad al entrar en negociaciones sobre la base del condominio será resolver la disputa de la soberanía a través de la aceptación de la co-soberanía argentina sobre las Islas y que el producto final pueda ser un tratado que solucione la disputa anglo-argentina creando una atmósfera favorable en la cual los isleños puedan desarrollarse acorde a sus intereses (21).

Finalmente, el documento señaló que "cualquiera fuera la forma que pudiese asumir el condominio, éste tendría algunos elementos básicos, como ser que ambas banderas flamearan juntas, que se adoptaran los idiomas español e inglés como idiomas oficiales, que se aceptará la doble nacionalidad para los isleños, y que el gobernador fuese designado alternativamente por la Reina y el Presidente de Argentina. Sobre esas bases, el gobierno inglés aceptaba, en forma oficial y preliminar, iniciar las conversaciones en Buenos Aires" (22). Esta aproximación diplomática británica coincidió con una contrapropuesta de la Cancillería argentina también sobre "condominio" que era similar en muchos aspectos (23).
   Las conversaciones sobre el tema se desarrollaron en forma muy confidencial. Pero luego de la muerte del presidente Perón no se continuó trabajando sobre esta opción. Según Lanús, de acuerdo con testimonios, el presidente Perón habría dado su conformidad para que se analizara dicha solución al diferendo sobre la soberanía, pero que al producirse su deceso, el canciller Vignes "ocultó e hizo zozobrar esas negociaciones a pesar de la posición de Perón", desconociéndose los motivos de Vignes para adoptar semejante decisión (24). Por el lado británico, estas conversaciones que se realizaron sin la aprobación o la participación de los isleños fueron desbaratadas por el Parlamento, lo que llevó al Gobierno británico a informar en agosto de 1974 que no sería práctico la continuación de las conversaciones sobre el tema (25).
   A partir de 1969, el Gobierno británico había comenzado a percibir la resonancia política que podía generar la posible existencia de petróleo alrededor de las Malvinas. En aquella oportunidad, el Foreign Office concluyó que sería mejor no hacer nada al respecto por temor a provocar un aumento en la tensión política entre Gran Bretaña y la Argentina al punto de empujar a esta última a ocupar las islas por la fuerza (26). Más tarde, el Gobierno británico decidió realizar sus propias exploraciones en las aguas de las Malvinas para constatar si efectivamente había allí petróleo. Para ello, a partir de 1970 se llevaron a cabo relevamientos en la zona. Hacia mediados de los 70s se habían acumulado pruebas que sugirieron que probablemente existía petróleo en la región (27).
   De inmediato, varias empresas petroleras se interesaron en la zona y, según manifestaciones del Secretario Principal del Territorio de Gran Bretaña, se estaban esperando los resultados de un informe que había sido encargado a un equipo de investigadores de la Universidad de Birmingham (28 ). El informe titulado "Geology of the Region around the Falkland Islands" fue preparado por Departamento de Ciencias Geológicas de esa universidad y sus autores fueron P.F. Barker, J. Burrel, P. Simpson y D.H. Griffiths y presentado en marzo de 1975 (29). Según el informe existían ciertas posibilidades de encontrar petróleo en las Islas y en el mar adyacente.
   El 19 de marzo de 1975, la Cancillería argentina emitió un Comunicado de Prensa en respuesta de la intenciones británicas. Según este texto, la Argentina no reconocía el ejercicio de ningún derecho en materia de exploración o explotación de recursos naturales:

       Teniendo en cuenta que las Islas Malvinas y dichas áreas forman parte integrante del territorio nacional, el Gobierno argentino manifiesta que en ellas no reconoce ni reconocerá la titularidad ni el ejercicio de ningún derecho relativo a la exploración y explotación de minerales o hidrocarburos por parte de un gobierno extranjero. Por consiguiente tampoco reconoce ni reconocerá y considerará insanablemente nulos cualquier actividad, medida o acuerdo que pudiera realizar o adoptar Gran Bretaña con referencia a esta cuestión que el gobierno argentino estima de la mayor gravedad e importancia.

       El gobierno argentino considerará, además, la materialización de actos de la naturaleza antes mencionada, contraria a las resoluciones y consensos sobre las Islas Malvinas adoptadas por las Naciones Unidas, cuyo claro objetivo es la solución de la disputa de soberanía entre los países por la vía pacífica de las negociaciones bilaterales (30).

Como respuesta al amenazante comunicado argentino, en el mes de abril, el recién designado embajador del Reino Unido en la Argentina informó, en su primer encuentro con el Canciller Vignes, que ante cualquier ataque a las Islas el Gobierno británico respondería con la fuerza militar (31).
   A pesar de la oposición argentina, el gobierno inglés mantuvo sus propósitos y el 16 de octubre confirmó el envío a las islas de un misión económica encabezada por Lord Shackleton (32). Ante este anuncio, el 22 de octubre, el Ministerio de Relaciones Exteriores declaró que no se concedía permiso oficial a la misión Shackleton (33). Ya el 16 de octubre, había hecho saber que el envío de la misión de relevamiento económico introduciría una desagradable perturbación en las relaciones anglo-argentinas y que su presencia pondría en peligro la solución pacífica de la disputa (34). Esta reacción echó por tierra las expectativas del Foreign Office de que el envío de una misión patrocinada por el Gobierno, en lugar de una empresa privada, calmaría al gobierno argentino (35).
   Lanús afirma que la Misión Shackleton, no autorizada por el gobierno argentino, introdujo un cambio sustancial que violaba un tácito principio de no innovar, que ambos países habían respetado hasta ese momento (36).
   Para julio de 1975, Kinney sostiene que el Reino Unido propuso a la Argentina discusiones para el desarrollo conjunto del Atlántico sudoccidental. El Canciller Vignes aceptó esa posibilidad pero la ató a la transferencia de la soberanía a través de un arriendo (leaseback) por un término fijo. La propuesta argentina incluía la ocupación inmediata de las islas Georgias y Sandwich del Sur con la aquiescencia británica (37). A esta propuesta, el Gobierno británico respondió que cualquier acción unilateral sería inaceptable, por lo que el Gobierno argentino rechazó cualquier conversación sobre cooperación económica que excluyera una discusión del tema de la soberanía (38 ).
   El 8 de noviembre de 1975, el representante argentino ante las Naciones Unidas sostuvo que dado que el estado presente de la situación entre ambos países era de ruptura de negociaciones, la Argentina no dejaría de valer sus derechos en la forma que considere más apropiada. El Gobierno británico consideró que este discurso contenía la idea de una acción unilateral por parte de la Argentina (39). Kinney agrega que a partir de mediados de los 70 tanto la oposición como el Gobierno argentino habían comenzado a utilizar regularmente la amenaza de invasión como parte de la presión diplomática (40).
   En noviembre de 1975 el Canciller argentino en ese momento, Ángel Federico Robledo, invitó a Gran Bretaña a tratar el tema de la soberanía. Las autoridades británicas hicieron llegar al Canciller una nota sin membrete (non-paper) en el que informaban que el honorable Lord Shackleton visitaba las Islas aceptando una invitación. El gobierno argentino respondió con otro non paper recordando las leyes sobre autorización para navegar en aguas territoriales argentinas (41).
   A fines de 1975, se llevó a cabo en París una reunión por el Diálogo Norte-Sur. Allí, un nuevo canciller argentino, Manuel Aráuz Castex se encontró con su par británico, el Secretario del Foreign Office James Callaghan, quien le solicitó iniciar conversaciones sobre cooperación económica. Como era de esperar, Araúz Castex expresó su aceptación si se incluía la cuestión de la soberanía. También como era de esperar, la respuesta de Callagham fue que para tratar ese aspecto debía consultar la voluntad de los isleños.
   El 17 de diciembre de 1975, Callagham entregó a Aráuz Castex una nota donde proponía una agenda "abierta" para discutir temas de cooperación y cualquier otra cuestión (42). En un nuevo encuentro en Roma, Aráuz Castex le propuso a Callagham transformar la misión Shackleton en una empresa de los dos países, "a fin de quitarle...su carácter unilateral y provocativo" y que estuviera bajo la dirección de un representante de cada país (43). Lanús afirma que este ofrecimiento de investigación conjunta fue rápidamente distorsionado por los británicos. Mientras que para los argentinos se trataba de poner toda la operación bajo la dirección de un paraguas binacional, para Callagham esto se tradujo en que la Argentina podía incorporar tres técnicos a la expedición, uno en temas económicos, otro marítimos, y un tercero en petróleo. La Argentina elevó la lista de tres nombres pero uno de ellos fue sólo aceptado como asesor. En vista de ello, Aráuz Castex concluyó que las verdaderas intenciones del gobierno inglés eran llevar adelante la expedición sin la participación argentina (44).
   A fines de 1975 la tensión entre ambos países había aumentado y durante los primero días del año siguiente, la presidente María Estela Martínez de Perón mantuvo reuniones para analizar la situación en Presidencia con el canciller Aráuz Castex y los tres Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, el general Jorge Videla, el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti (45). Allí se analizó el texto de un Comunicado de Prensa que fue finalmente publicado el 5 de enero de 1976 por la Cancillería para contestar a lo que consideraban una "ruptura unilateral" de las conversaciones por parte de los británicos:

       Ante tal comprobación, la Cancillería argentina estima inadecuado avenirse a considerar temas que, frente a aquella reticencia, resultan insustanciales con relación al problema verdadero, y no conducentes por lo tanto a la justa solución del mismo...Como consecuencia de ello el Pueblo de la República debe estar advertido de que su gobierno, juntamente con las Fuerzas Armadas y demás organizaciones institucionales que estructuran el Estado argentino, comparten inquebrantablemente el celo de aquél por la defensa de la dignidad y los derechos de la Nación; y que actuarán sin precipitación pero con toda la persistencia, la prudencia y la energía que sean necesarias para logra justicia (46).

El 3 de enero de 1976, Lord Shackleton arribó a las Malvinas a bordo del buque HMS Endurance. El Canciller argentino sostuvo que el arribo del enviado británico en esa fecha, coincidente con la ocupación de las Malvinas en 1833, era una "coincidencia hóstil y desconsiderada" y que por ello el Gobierno argentino consideraba que el Gobierno británico había roto unilateralmente con las negociaciones. Más aún, informó al embajador británico que "las dos partes se mueven rápidamente en un curso de colisión" (47). Ante esta escalada en la tensión de las relaciones, Callagham envió el 12 de enero un mensaje a la Cancillería argentina en el que sostuvo que el tema de la soberanía era una "disputa estéril" y en un intento conciliatorio los invitó a mantener conversaciones confidenciales. La respuesta fue inmediata. El 13 de enero el Ministro de Relaciones Exteriores respondió, lamentando "no encontrar ningún elemento positivo que justifique la reapertura de negociaciones" (48 ). El mismo día la Cancillería argentina informó que su embajador ante Gran Bretaña, Manuel de Anchorena, no retornaría a Londres y que había comunicado al Gobierno del Reino Unido que sería aconsejable que retirara el suyo, Derek R. Ashe, de Buenos Aires. A partir de ese momento, las relaciones se mantuvieron congeladas a pesar de que ambos gobiernos aseguraron que los hechos no implicaban una ruptura diplomática (49). El 14 de enero, Callagham declaró ante los Comunes que la tradicional amistad entre ambos gobiernos se encontraba entorpecida por razones de soberanía, pero que el gobierno del Reino Unido entendía que era imprescindible para el desarrollo económico de las Islas contar con cooperación económica del territorio continental. Agregó, también, que "con buena voluntad, el Reino Unido y la Argentina podrían transformar el área de disputa por la soberanía sobre las Islas en un factor de cooperación entre ambos países, de acuerdo con los deseos e intereses de los malvinenses" (50). En medio de la crisis, el 15 de enero, el canciller Aráuz Castex fue reemplazado por el embajador Raúl Quijano, quien, del otro lado del Atlántico, destacó que las relaciones entre ambos países no estaban rotas. Al mismo tiempo las comunicaciones con las Malvinas se mantuvieron normales. Es claro que el gobierno argentino no deseaba cerrar todos los canales de comunicación. Los británicos tampoco quisieron agravar la situación.
   Pocos días más tarde, el 27 de enero, el Ministro de Estado del Foreign Office declaró ante la Cámara de los Lores que:

       ...no habrá cambios en la soberanía británica sobre las Islas Falkland en contra de los deseos de los isleños. Pero el gobierno de Su Majestad estima...que se atenderá mejor a los intereses a largo plazo de los isleños mediante vínculos estrechos y amistosos con la Argentina (51).

   Mientras ambos gobiernos trataban de mantener la situación de tensión bajo control, algunos sectores en la Argentina solicitaban una acción más enérgica. En efecto, el mismo día, el líder de la bancada de la oposición, Antonio Trócoli (UCR), hizo un pedido de informes al Poder Ejecutivo. Por éste trámite, quiso saber qué otras medidas se habían considerado además del retiro de los embajadores y si ello era todo lo que el país podía hacer para castigar a Gran Bretaña (52).
   En medio de la crisis, el 16 de enero, un buque de transporte de la Armada Argentina desembarcó en Puerto Stanley 750 toneladas de equipo y cincuenta miembros del cuerpo de ingenieros del Ejército. En la capital de las Islas muchos pensaron que se hallaban ante el preludio de la invasión. Sin embargo, un mensaje del Foreign Office desde Londres, enfrió los ánimos al informar que el desembarco del equipo era legítimo y que se trataba del material para extender la pista de aterrizaje según se había acordado en 1972 (53).
   Durante esos días, la prensa británica reprodujo artículos escritos por isleños donde se expresaron sus temores acerca de que el Foreign Office los hubiera "vendido" y que como "peones que eran, se transformarían en las víctimas de una batalla diplomática perdida" (54).
   Los organismos regionales se expidieron en apoyo de la Argentina. La Organización de los Estados Americanos sostuvo que la exploración del potencial económico de las Islas constituía una amenaza a la seguridad hemisférica. También el 16 de enero, el Comité Jurídico Interamericano de la OEA declaró en Río de Janeiro que la Argentina tenía un inobjetable derecho de soberanía sobre las Islas Malvinas. Calificó a la misión Shackleton como una "innovación unilateral" que violaba las Resoluciones de las Naciones Unidas 2.065 (XX) y 3.160 (XXVIII) y que amenazaba la paz internacional y la de toda América Latina; por último, que todas esas acciones implicaban un esfuerzo hostil para silenciar los reclamos argentinos y obstaculizar el progreso de las negociaciones solicitadas por la Asamblea General (55). Con posterioridad, Gran Bretaña rechazó, en una nota presentada a la Comisión de Descolonización de las Naciones Unidas, la declaración de la Comisión Jurídica de la OEA.
   El pico de la crisis se alcanzó el 4 de febrero cuando el destructor de la Armada Argentina ARA Almirante Storni (56) se dispuso a detener al buque de investigación oceanográfica británico RRS Shackleton que navegaba a 78 millas al sur de Puerto Stanley. Desde el destructor se ordenó: "Detenga las máquinas o abriré fuego". El motivo esgrimido por la nave argentina fue que los británicos se hallaban dentro del límite de la jurisdicción argentina de las 200 millas alrededor de las Islas (57). Según algunos informes, también se creía que Lord Shackleton se encontraba a bordo. El capitán del buque británico, actuando bajo órdenes radiales del gobernador de las Malvinas, Neville French no detuvo la marcha, se rehusó a recibir un grupo de abordaje o seguir al Storni al puerto de Ushuaia. Con el fin de aumentar la presión, las acciones del destructor fueron apoyadas por un avión de reconocimiento marítimo Neptune de la Armada. El destructor entonces hizo varios disparos sobre la proa del Shackleton que a pesar de ello prosiguió su ruta hacia Puerto Stanley. El buque argentino no persistió en su accionar pero siguió a la nave inglesa hasta seis millas de ese puerto donde finalmente emprendió el retorno (58 ).
   El hecho que la nave argentina se haya limitado a realizar algunos disparos y que no emprendió ninguna otra acción a pesar de su capacidad, parecería demostrar que sólo se buscó enviar un aviso: no se le reconocían derechos a Gran Bretaña para incrementar el desarrollo económico de las Islas (59). Ante los hechos, se sucedieron las protestas británicas ante el Gobierno argentino y ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (60). La Argentina protestó y acusó al Gobierno británico de haber violado las normas relativas a la jurisdicción marítima, en tanto que el Reino Unido denunció la actuación del buque argentino como un "peligroso" hostigamiento contra un buque que navegaba pacíficamente para efectuar "un relevamiento científico en la zona" (61). Sin embargo, el enfrentamiento no escaló. Al día siguiente de los disparos, Edward Rowlands, ministro de estado del Foreign Office, afirmó ante la Cámara de los Comunes que harían "todo lo posible para enfriar la situación" pero fue ovacionado cuando sostuvo que la posición del Gobierno era clara: respetar los deseos de los isleños (62). Para Beck, la respuesta de su país estuvo relacionada, no sólo, con el deseo tradicional de Gran Bretaña de evitar los conflictos con la Argentina, sino para evitar otros problemas dado que en ese mismo momento la "Guerra del Bacalao" con Islandia estaba en plena escalada (63).
   Por otra parte, Kinney agrega que el debate parlamentario sobre el tema demostró que la posición británica era débil dado lo exiguo de sus fuerzas militares (64). Sin embargo, las consecuencias de la acción argentina no tuvieron mayor impacto sobre la política británica hacia las Islas y prevaleció el status quo. Los isleños persistieron en su empeño de permanecer bajo la soberanía británica, el Foreign Office continuó tratando de alcanzar algún grado de cooperación económica de todas las partes involucradas, y muchos argentinos continuaron exigiendo soberanía plena sobre las Islas. Al respecto el canciller Quijano afirmó,

       el centro de nuestra discusión es... soberanía...No podemos avanzar y si el Reino Unido no desea discutir el este tema nosotros no podemos tratar los otros temas. Por supuesto que estamos muy interesados en la cooperación económica y las comunicaciones, pero sin soberanía estos son temas mucho más periféricos (65).

A pesar de lo sucedido o debido a ello, el canciller argentino, y el ministro Rowlands acordaron en Nueva York reasumir el diálogo (66). Al mismo tiempo, Rowlands le comunicó claramente que el Gobierno británico "defendería las Islas si los argentinos intentaban utilizar la fuerza" (67).

   NOTAS

   Los británicos habían reconocido el excesivo aislamiento en el que se hallaban los isleños. No existía ningún periódico local, y sólo recibían noticias del mundo exterior a través de la radio. La infraestructura educativa y los servicios médicos no eran adecuados. Por lo tanto, parecía lógico mejorar los lazos con la Argentina (Hoffmann y Hoffmann, 125).

   Ibid. 125.

   Lanús, 477.

   Ibid. 477.

   Ibid. 477-78; para ver el texto completo Quellet, 150-153.

   Lanús, 478.

   Ibid. 479. A pesar que el tema de la soberanía no estaba en al agenda la lectura que la Argentina hizo, posiblemente siguiendo anteriores consejos británicos, fue que el pedido de provisión de servicios podía considerarse como una licencia para ganarse a los Isleños y avanzar en la transferencia de soberanía (Kinney, 51).

   Gustafson, 92. El acuerdo fue considerado como favorable por numerosos británicos y no se registraron protestas o presiones en los grupos tradicionalmente opuestos a un arreglo con la Argentina -la prensa, el Lobby, el Parlamento y la Falkland Islands Company (Hoffmann y Hoffmann, 127).

   Lanús, 478.

   Ibid. 479.

   Ibid, 496-96 n. 34.

   Lanús, 496 n.35.

   Ibid. 479.

   Quellet, 83-84.

   Kinney, 52.

   Ver arriba Resolución de la Asamblea General 3.160(XXVIII) del 14 de diciembre de 1973.

   Se trata de los acuerdos de septiembre de 1974 sobre el abastecimiento de productos derivados del petróleo y un tratado sobre comunicaciones, donde se abolieron los pasaportes, se construyó la pista aérea temporaria y la prestación de servicios educativos y de combustible (Kinney, 52 y Franks 8 ).

   Lanús, 480.

   Gustafson, 87.

   Lanús, 480 y Olivieri López 1992, 91.

   Lanús, 480.

   Ibid. 480.

   Ibid. 480. Gustafson comenta que posteriormente, el 3 de abril de 1975, el periódico Financial Times publicó que las posturas de ambos países respecto de la soberanía podía resolverse a partir del establecimiento de un condominio anglo-argentino (87-88 ).

   Lanús, 480. Dado el clima político en el que se hallaba la Argentina a la muerte del presidente Perón en julio de 1974, es posible suponer porque al Canciller no le pareció prudente avanzar con el tema. Por el contrario, otro argentino, Olivieri López, sostiene que "hay versiones encontradas si el canciller Vignes tuvo oportunidad de analizar esta propuesta con el recientemente reelecto presidente Juan Domingo Perón. O si llegó a haber alguna respuesta del gobierno argentino rechazando sus términos o pidiendo mayores precisiones" (1992, 91-92).

   Kinney, 52 y Franks, 8.

   Gustafson, 83.

   Ibid. 86-87.

   Lanús, 480.

   Ibid. 496 n.3. A partir de la publicación del informe, algunos autores argentinos tienden a adjudicar a Gran Bretaña la intención de sustituir las negociaciones por la soberanía por conversaciones sobre cooperación económica (Quellet, 85). Para la visión opuestas de los analistas británicos ver Beck (1982). Lanús y también otros afirman que "esta cuestión de los hidrocarburos y la explotación de las aguas territoriales fue el factor que deterioró ostensiblemente las relaciones entre Londres y Buenos Aires (481).

   Selección de párrafos. Lanús, 481.

   Franks, 8.

   Lanús, 481.

   Hoffmann y Hoffmann, 138. Los motivos dados de esa decisión fueron que la cuestión de la soberanía de las Islas se hallaba en pleno proceso de negociación, acorde con la recomendación de las Naciones Unidas, y por lo tanto, las partes deberían abstenerse de emprender nuevas acciones (Ibid.).

   Gustafson, 90.

   Ibid. 89.

   Lanús, 481.

   Kinney, 52.

   Franks, 9.

   Ibid. 9-10.

   En septiembre de 1975, durante el congreso anual de la Unión Interparlamentaria en Londres, el Senador argentino Luis León participó en una serie de incidentes con sus pares británicos. Según el delgado británico, Lord Newall, el Senador insinuó en una reunión a puertas cerradas "que la Argentina podría recurrir a la fuerza para recuperar las islas". El británico calificó ante la prensa a esta amenaza como "deplorable", "ridícula" y "patética". En otro debate, León acusó a los británicos de piratería internacional, y sostuvo que "al agotarse su paciencia la Argentina habría de decirles a las Naciones Unidas y al mundo que su propia dignidad hacía intolerable que se prolongara por más tiempo tal situación" (Hoffmann y Hoffmann, 137). Kinney cita otros ejemplos (52).

   Lanús, 481.

   Ibid. 482.

   Ibid. 482.

   Ibid. 482.

   Kinney sostiene que en esa reunión los militares se opusieron a una invasión como solución a la situación planteada en ese momento (a pesar de sus posibilidades de éxito). Al respecto se han dado dos explicaciones. Según una de ellas, los motivos de tal postura estaría en que una recuperación exitosa de las Malvinas reforzaría al agonizante gobierno de la presidente Martínez de Perón. Otra explicación sería que una acción armada contra las Islas hubiera sido contraproducente para la campaña de relaciones públicas hacia los isleños que llevaba a cabo el Gobierno argentino. Por lo tanto, las comunicaciones y los servicios a las Islas no fueron interrumpidos (54).

   Lanús, 482. Párrafo del Comunicado de Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores, 2-1-1976.

   Kinney, 53; Franks, 10. El enojo argentino se expresó de diversas maneras. El 7 de enero, un diputado justicialista propuso confiscar sin compensación todas las propiedades británicas en la Argentina hasta que Gran Bretaña devolviera las Islas. Otro diputado propuso eliminar los carteles indicadores en inglés de los aviones de las aerolíneas argentinas (Gustafson, 90).

   Lanús, 483.

   Ibid. 483.

   Ibid. 483; Franks, 11.

   Cámara de los Lores, 27-01-1976 en Lanús, 483.

   Gustafson, 91.

   Ibid. 91-92.

   El Times de Londres, 22-6-1976 en Gustafson 92. Además, comenta que los isleños creían que semejante cooperación del Foreign Office con una "nación no confiable" indicaba que estaban regalando las Islas o que inconscientemente facilitaban a la Argentina la preparación de una invasión (Ibid.).

   Gustafson, 92; Hoffmann y Hoffmann, 139. Lanús califica a esta declaración como "un apoyo de fundamental importancia" (483).

   ARA Almirante Storni: destructor de origen norteamericano de 2100 toneladas. Se hallaba al mando del capitán de fragata Ramón A. Arosa.

   Ya el 14 de noviembre de 1975, el Ministerio de Relaciones Exteriores había enviado una nota de protesta al gobierno británico por la presencia de buques de esa nacionalidad navegando en aguas que la Argentina consideraba como sus aguas territoriales (G. 93).

   Beck 1982, 39-40; Kinney 54. Este último, sostiene que los militares argentinos, y no el Gobierno habían planeado dicha acción desde antes del nuevo año. De acuerdo con su relato, la intención de los militares era hacer un gesto que no cobrara víctimas y reforzar el reclamo argentino para que su límite de las 200 millas incluyera, además de la costa del continente, la plataforma y las islas. Por otra parte, el buque como rehén hubiera servido para ejercer mayor presión sobre el gobierno inglés para negociar la soberanía a condición de su liberación. Para Kinney, este hecho demuestra que los militares argentinos prefirieron llevar a cabo un gesto político-militar antes que una invasión que implicaba riesgos para ellos y beneficios para el gobierno civil (54).

   Gustafson, 93. Lanús le añade un comentario más colorido a este serio incidente al señalar que fue "presagio, símbolo o advertencia de que el pueblo argentino no podía seguir aceptando impasiblemente, dilaciones o provocaciones que ya constituían ultrajes a sus aspiraciones más profundas" (484).

   Gustafson sostiene que la protesta británica fue ante el Comité de Descolonización (94).

   Lanús, 484.

   Hansard en Beck 1982, 40; Kinney, 54.

   Beck 1982, 40. Además, Beck sostiene que las acciones de ambos gobiernos tipificaban la tendencia de ambos a teatralizar la disputa con propósitos internacionales y domésticos (ibid.).

   Kinney informa que estas consistían en 37 marines de Puerto Stanley, el buque de patrulla antártica HMS Endurance, y el "deseo argentino" de mantener buenas relaciones (Kinney, 54).

   Declaración del 22-3-1976 en Gustafson, 95.

   Kinney, 54.

   Franks, 12. Durante el mes de febrero de 1976, el Comité de Defensa del Reino Unido, elaboró planes de contingencia para enfrentar un posible ataque argentino. Los planes concluían que la mejor acción sería el envío de una fuerza naval que transportara tropas de desembarco, el apoyo de un portaaviones y gran cantidad de apoyo logístico (Ibid. 13).


http://www.argentina-rree.com/12/12-07.htm


Última edición por ariel el Miér 11 Mar 2015 - 10:29, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Miér 11 Mar 2015 - 10:23

woody59 escribió:
Gracias Ariel por postearlo, es largo y lo voy a leer detenidamente, abrazos-

No hay porque!
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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Lun 16 Mar 2015 - 16:18


Las relaciones bilaterales durante el "Proceso", 1976-1981

Parte 1


A partir del 24 de marzo de 1976 se instauró en la Argentina un nuevo gobierno de facto que optó por continuar con las negociaciones (1). En marzo, los británicos, también con un nuevo gobierno (laborista), revisaron su política y decidieron abrir el diálogo con una agenda más amplia que podría incluir "futuras negociaciones constitucionales" (2). Kinney resume esta apertura como "nuevo gobierno, nuevas negociaciones, nuevos posibles términos" (3).
Una vez más la visión de los analistas sobre estos acercamientos difieren. Mientras que para Beck, este nuevo período es uno en donde ambas partes, y especialmente, el Gobierno británico, trataron de alcanzar un arreglo (4). Por el contrario, para autores argentinos como, por ejemplo, Virginia Gamba,

A partir de 1976 Gran Bretaña intentó dilatar la negociación seria con la Argentina, no vacilando para ello en quebrar las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas ni en repudiar la buena fe argentina concretada en el Acuerdo de Comunicaciones de 1971 (5).

A pesar de las percepciones encontradas, en la práctica si existieron factores que dificultaron la posibilidad de alcanzar una solución. Entre ellas estaban, principalmente, la tensión en la que se hallaba sometido el Gobierno británico frente a la demanda Argentina de soberanía y su compromiso de respetar los deseos de los isleños de mantenerse súbditos de la Corona (6). Por el lado argentino, estaba su intransigencia respecto de apartarse de cualquier solución intermedia o más flexible que la de plena soberanía.
El Canciller del nuevo Gobierno militar, contraalmirante César A. Guzzetti, reinició el diálogo sobre la cuestión de las Malvinas. En París, los días 10 y 11 de julio se realizaron reuniones secretas entre los delegados argentinos y los representantes británicos (7). Los encuentros prosiguieron en Buenos Aires, en agosto de 1976, los días 7 y 8 a bordo de la Fragata ARA Sarmiento y ya en 1977, los días 22 y 23 de febrero, en la Cancillería y la Embajada Británica de aquella ciudad. Las conclusiones de estas conversaciones se mantuvieron confidenciales (8).
Lanús informa que en el año de 1976 el gobierno argentino presentó una propuesta escrita al gobierno Británico para un progresivo traspaso de soberanía de las islas (9). La propuesta contemplaba una etapa previa de Administración Conjunta, luego llegaría "el momento en que el Gobierno de la República Argentina asumirá la totalidad de las funciones constitucionales, administrativas, judiciales, legislativas, la responsabilidad de la defensa y la conducción de las relaciones exteriores en las Islas Malvinas, reconociendo en esa oportunidad el Gobierno Británico la plena soberanía argentina". Se proponía que la administración conjunta durara ocho años y se agregaron luego, detalles referentes a las garantías a otorgarse a los isleños (10). Al mismo tiempo, los británicos también presentaron "una serie de ideas". Una de ellas apuntaba a la cooperación en aquella región del Atlántico sobre derecho del mar, régimen de pesquerías y explotación de hidrocarburos (11).
A mediados de julio de 1976, el ministro de economía del gobierno militar de la Argentina, José Alfredo Martínez de Hoz, realizó su primera visita a Londres, con el fin de asegurar muy necesarios prestamos para el país. El Gobierno británico y los medios financieros, tuvieron entonces esperanzas de haber hallado en él a un interlocutor para poder hablar de cooperación en el desarrollo de las Islas. El ministro Martínez de Hoz realizó entre 1976 y 1980 cinco visitas a Londres. En todas ellas, enfatizó la cooperación por sobre la confrontación (12). Esta actitud "soft" del ministro de economía encontró la constante oposición del Ministerio de Relaciones Exteriores (13). Este último logró finalmente prevalecer.
El 20 de julio de 1976 se dio a conocer en Londres el Informe Shackleton. Según el periódico Times éste hacía hincapié en la debilidad de la economía monoproductora de las Islas y la necesidad de la cooperación con la Argentina para diversificarla a través de la pesca y la extracción de petróleo (14). Aparentemente, los redactores del Informe esperaban que se pudiera lograr la cooperación económica sin alterar el status político de las Islas (15). Para algunos, el Informe había reforzado la visión en el Gobierno británico que la cooperación era el mejor camino para el desarrollo de las Islas y, aunque "excluía cualquier asunto relacionado con el futuro político", en el mismo los asuntos políticos y los económicos se presentaron sin distinción (16). En consecuencia, el Gobierno británico envió copias del Informe al Gobierno argentino. La respuesta de éste no se hizo esperar, no hizo comentarios al respecto, dado que, en su opinión, el problema fundamental de la soberanía no había sido tratado. La Cancillería sostuvo que,

Respecto de una hipotética cooperación entre la Argentina y el Reino Unido para el desarrollo de industria y petróleo en las Malvinas, el Ministerio de Relaciones Exteriores repite la posición del Gobierno argentino que es que el tema esencial por resolver es la disputa por la soberanía y, por lo tanto, no tiene comentarios para hacer en asuntos que no estén directamente relacionados con ellos (17).

Al mismo tiempo que se desarrollaban los encuentros diplomáticos bilaterales, la Argentina se movilizó en las Naciones Unidas y el 1 de diciembre de 1976 se aprobó la Resolución 31/49 (XXXI) de la Asamblea General (ver arriba).
En el campo de los hechos, durante la campaña del verano austral de 1976/77, el rompehielos argentino ARA General San Martín y el transporte ARA Bahía Aguirre transportaron el material y el personal para instalar una base en las Islas Sandwich del Sur. A partir del 7 de noviembre de 1976, ingenieros de la Armada comenzaron a construir la Estación Científica Corbeta Uruguay en la Isla Morrell (18), perteneciente al Grupo de las Islas Tule del Sur en el extremo más austral de las Sandwich. La construcción llevó cuatro meses y la estación fue inaugurada oficialmente el 18 de marzo de 1977 (19). El día 20 de diciembre, el helicóptero del HMS Endurance observó la presencia de los militares argentinos en el último confín de las "Falkland's Dependencies". El 5 de enero de 1977, el Foreign Office pidió explicaciones por la acción unilateral de la Argentina a su Encargado de negocios en Londres . El 14 de enero, la Cancillería argentina respondió que su objetivo en el Grupo de las Tule era la instalación de una estación científica y que dicha operación se hallaba dentro "del área de soberanía argentina", al mismo tiempo la respuesta insinuaba la esperanza por parte del gobierno argentino de que el hecho no se utilizara como una excusa por parte del Reino Unido para romper las negociaciones. La nota sugería que la estación no sería un establecimiento permanente (20). A la nota siguieron los intercambios entre encargados de negocios y finalmente, el 19 de enero, el Reino Unido presentó una protesta formal en la que denunciaba que el establecimiento de la base científica por parte de los argentino era una violación a la soberanía británica en las Islas Sandwich del Sur. Pero la protesta no fue acompañada de un ultimátum y expresaba que el Gobierno de Su Majestad esperaba ser informado de la conclusión del programa científico. La decisión pasó entonces a los argentinos quienes reforzaron su presencia en la Isla hasta ser desalojados definitivamente el 20 de junio de 1982. Los británicos no hicieron ningún anuncio público y la existencia de la estación fue hecha pública recién en mayo de 1978, pero el tema no fue expuesto públicamente en los próximos 5 años (21). El Informe Franks afirma que los argentinos habían preparado un plan de contingencia en caso de que los británicos hubieran decidido desalojar la estación. El plan consistía en tomar represalias contra el grupo británico de investigación antártica en las Georgias del Sur y así escalar hasta ocupar las Malvinas en una operación argentina conjunta de la Armada y la Fuerza Aérea acompañada de acciones diplomáticas en las Naciones Unidas (22). Olivieri López rechaza esta versión:

Si esta hipótesis fuera cierta, más lógico hubiese sido instalar una base en las Georgias. En realidad el objetivo que el autor conoce fue producir un hecho posesorio en un archipiélago que por derecho pertenece a la Argentina (23).

Para un analista como Kinney, el incidente de la Isla Morrell es significativo y paradójico. Por un lado, la reacción británica demuestra su moderación en las negociaciones por las Malvinas. Pero por otro lado, como demostración de su voluntad política de hacer valer sus derechos fue pobre (24). Durante todo esta proceso, Gran Bretaña intentó mantener controlada la situación para evitar adoptar la política de la "Fortaleza de las Falkland" que le resultaría mucho más onerosa (25).
Mientras esto sucedía en el Atlántico Sur, Lord Shackleton había convencido al Gobierno británico de adoptar las recomendaciones de su informe respecto de buscar la cooperación o participación argentina para el desarrollo de los recursos en las aguas circundantes a las Malvinas. Como consecuencia de ello el Secretario de Estado del Foreign Office, Anthony Crosland, publicó el 2 de febrero de 1977 una declaración en la que expresaba su apoyo a las recomendaciones de Lord Shackleton. Afirmó, además, que el temario sobre el futuro de las Islas era amplio pero que su principal preocupación eran "las posibilidades de cooperación" entre ambos países. El texto finalizaba con las conocidas reservas sobre el tema de la soberanía en la cual el Gobierno de Su Majestad no veía su posición perjudicada, que cualquier cambio debía ser aceptado por los isleños y que se los consultaría continuamente (26).
A mediados de febrero, Crosland envió a Edward Rowlands a las Islas y también a Buenos Aires para conocer la opinión y tratar de convencer a los isleños acerca de las ventajas de esta política del Gobierno. De este modo, el gobierno británico esperaba que los isleños y los argentinos acordaran ciertas bases para negociar sobre cooperación económica (27). En las Islas, Rowlands no encontró apoyo por parte de los isleños para quienes el concepto de "desarrollo conjunto" utilizado por el funcionario les generaba desconfianza. El funcionario del Foreign Office también se reunió con el Canciller Guzzetti el 15 de febrero. Luego de dos días de conversaciones, ambos informaron que las conversaciones sobre las Islas pasarían a tener el rango de negociaciones y que los respectivos embajadores serían repuestos en las respectivas capitales (28).
Recién el 19 de abril de 1977, se emitió un comunicado de prensa conjunto en el que se anunciaron negociaciones "que se refieren a las futuras relaciones políticas incluyendo la soberanía, con relación a las Islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur y a la cooperación económica con respecto a dichos territorios en particular y al Atlántico Sudoccidental en general". La Argentina y Gran Bretaña elaborarían conjuntamente "una solución pacífica a la disputa existente entre los Estados sobre la soberanía y al establecimiento de un marco para la cooperación económica argentino-británica" (29). Al retornar de su visita a las Malvinas el 22 de febrero, el Secretario Rowlands expresó en Comodoro Rivadavia su predisposición para discutir el tema de la soberanía y que esto sería tratado en las próximas negociaciones (30). Este cambio de actitud pública por parte de un funcionario del Gobierno británico respondía a que según Rowlands, el Gobierno de las Islas había "aprobado la intención del Gobierno británico de intentar establecer las bases para negociaciones con el gobierno de la Argentina" (31). En este caso no significaba que la posición el gobierno isleño fuera congruente con la de los habitantes de las Islas. En general los Gobernadores nombrados tendieron a apoyar la cooperación económica, si esas eran las directivas del Foreign Office (32).
A su regreso a las Islas Británicas, Rowlands fue recibido fríamente por una prensa cuyos titulares anunciaban "Miedo en las Falkland a ser rematadas" y los miembros del Parlamento criticaron su fácil predisposición para discutir sobre la soberanía (33).
Al mismo tiempo, desde la Argentina se intentó comprar la Compañía de las Islas Falkland (Falkland Islands Company). Pero la venta se frustró cuando el Gobierno británico prohibió semejante operación (34).
A pesar de todo, el 26 de abril fue dado a conocer un comunicado conjunto anglo-argentino donde ambos gobiernos informaron que habían alcanzado un acuerdo sobre los términos del mandato para las negociaciones sobre las islas,

Los Gobiernos de la República Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte han acordado mantener negociaciones a partir de junio o julio de 1977, las que se referirán a las Islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur, y a la cooperación económica con respecto a dichos territorios en particular y al Atlántico Sudoccidental en general. En estas negociaciones serán tratadas las cuestiones que afectan el futuro de las Islas, y las negociaciones se dirigirán a la elaboración de la solución pacífica a la disputa existente entre los dos Estados sobre soberanía, y al establecimiento de un marco para la cooperación económica argentino-británica, la que contribuirá substancialmente al desarrollo de las Islas y de la región en general.

Un objetivo importante de las negociaciones será lograr un futuro estable, próspero y políticamente duradero para las Islas, cuya población será consultada por el Gobierno del Reino Unido durante el transcurso de las negociaciones.

El acuerdo de celebrar estas negociaciones, y ellas mismas, no perjudican las posiciones de uno u otro Gobierno relativas a la soberanía sobre las Islas.

El nivel de representación de las negociaciones, y las fechas y los lugares donde se llevarán a cabo, serán determinados por el acuerdo entre los Gobiernos. Si resultare necesario, se podrán establecer grupos de trabajo especiales (35).

El mismo día, el nuevo Secretario de Estado, David Owen, sostuvo ante el Parlamento que el objetivo de las negociaciones estaría

dirigido a alcanzar una solución pacífica a la disputa existente entre los dos estados por la soberanía, y el establecimiento de una estructura para la cooperación anglo-argentina que contribuirá sustancialmente al desarrollo de las Islas, y de la región en su totalidad (36).

Se ve claramente que mientras que para el Reino Unido las negociaciones deberían enfatizar la cooperación económica; para la Argentina, por el contrario, deberían enfatizar la soberanía (37).
Poco antes del comienzo de la primera ronda de negociaciones a llevarse a cabo en Roma, julio de 1977, el Secretario Owen, presentó un documento al Comité de Defensa. El mismo es importante porque sintetiza la posición del Gobierno británico frente a una situación en la cual debía considerarse tanto la negociación internacional como el frente político interno. Sobre el mismo dice el Informe Franks:

[El documento] sostenía que eran necesario mantener negociaciones serias y sustantivas para mantener a la Argentina entretenida, dado que las Islas eran militarmente indefendibles, salvo que se hiciera una enorme, costosa e inaceptable desvío de recursos. El Comité opinó que era probable que el Gobierno sería forzado finalmente a adoptar alguna solución del tipo arrendamiento junto con un programa conjunto de cooperación económica. El objetivo sería mantener en marcha las negociaciones con el Gobierno argentino lo que permitiría disponer de mayor tiempo para llevar adelante la educación de la opinión pública nacional y de las Islas. En líneas generales, la estrategia del Gobierno sería retener la soberanía tanto como fuera posible, si fuera necesario haría concesiones con respecto a las Dependencias y recursos marítimos en el área, al tiempo que reconocía que, en última instancia, sólo a través de algún arreglo de arrendamiento probablemente se satisfaría a la Argentina...[durante las negociaciones] los británicos propusieron que la soberanía de las Dependencias deshabitadas pudiera considerarse separadamente de la soberanía de las Islas Falkland propiamente (38).

Pese a todo, las negociaciones prosiguieron. De acuerdo con lo acordado en abril, la siguiente ronda de conversaciones se llevó a cabo en Roma los días 13 y 14 de julio de 1977. Allí, el subsecretario de la Cancillería argentina, Gualter Allara, fue notificado que el Foreign Office había reemplazado a Rowlands por Hugh Cortazzi, un funcionario de menor jerarquía (39). El 15 de julio se informó en un Comunicado Conjunto de Prensa que se había realizado "un amplio intercambio de puntos de vista con el objeto de convenir un procedimiento para identificar las materias comprendidas en las negociaciones" (40). Durante las reuniones en Roma, los británicos presentaron un papel donde expresaban respecto del tema de la soberanía que no aceptarían la posición argentina por la cual el principio de autodeterminación no era aplicable a los isleños, "nada que sea inaceptable para los isleños puede ser aceptable para el gobierno británico" (41).
En los meses finales de 1977, la atmósfera diplomática con Gran Bretaña se hallaba bastante deteriorada. Durante ese año los argentinos habían disparado contra un buque británico, habían retirado su embajador en Londres y habían solicitado a ese país el retiro del suyo, y se habían reinstalado en la Isla Morrell. Esta última acción, fue calificada por los británicos como una "violación de su soberanía". Además, el Gobierno argentino, a través de su agregado naval en Londres Capitán Anaya, había informado al británico que estaba dispuesto a interceptar y eventualmente hundir a cualquier intruso en aguas territoriales argentinas en los alrededores de las Malvinas (42). Ante esta lista de incidentes, el Gobierno británico decidió el 21 de noviembre enviar secretamente a las Malvinas unidades de la Royal Navy. La fuerza naval estaría integrada por el submarino nuclear HMS Dreadnought y buques de superficie (43). Estas naves se mantuvieron estacionadas en las aguas próximas a las Islas durante diciembre, conforme proseguían las negociaciones en Nueva York (44). El Gabinete británico decidió no informar del envió del submarino para evitar que los argentinos se sintieran empujados a invadir las Islas. Además, el propósito del envío de la fuerza naval al área fue el de poseer una opción en caso de que las cosas empeoraran y, no emplearla como una ficha de negociación diplomática. Con posterioridad a los hechos, tampoco hicieron público la presencia del submarino en la zona para no herir el orgullo argentino y evitar acusaciones de mala fe. Sin embargo, para muchos analistas, esta decisión tuvo consecuencias no queridas. Aunque por una parte, el mantener el secreto pudo ser considerado acertado en ese momento, el costo de esa decisión fue que la Argentina no fue disuadida militarmente al no enterarse de la presencia de tan potente fuerza naval. Así ni siquiera tomo conciencia de los posibles costos de una invasión o del compromiso británico de defender las Islas, por lo tanto su opinión pública y la opinión de su elite no fueron afectados (45).
Entre 1977 y diciembre de 1981 continuaron los encuentros entre los representantes del Reino Unido y de la Argentina. Estos tuvieron lugar en Nueva York, 13 y 14 de diciembre de 1977; Lima, 15 y 16 de febrero de 1978; Nueva York, 14, 15, y 29 de septiembre de 1978; Ginebra, 18 y 19 de diciembre de 1978; Nueva York, 21 al 23 de marzo de 1979 y 28 de septiembre de ese año; y también en Nueva York el 28 y 29 de abril de 1980; otra vez en Nueva York, 23 y 24 de febrero de 1981; y París, 15 de junio. En todos ellos se intentó buscar una conciliación cada vez más difícil entre las posturas de cada parte, cooperación y soberanía.
El comunicado conjunto luego de las reuniones en Nueva York de diciembre de 1977 expresó que durante las mismas se abordaron "las futuras relaciones políticas incluyendo soberanía", y también "temas de cooperación económica" (46). Al mismo tiempo, se anunció que se establecerían dos grupos de trabajo conjuntos que tendrían por objeto ampliar los temas de soberanía y de cooperación económica. Un resultado de este encuentro fue la disminución de la tensión bilateral. A causa de ello, los británicos consideraron innecesaria la permanencia en las Malvinas de la fuerza naval enviada el mes anterior.
Al término de las reuniones en Lima del año siguiente (1978) no hubo un comunicado conjunto en razón de las diferencias que surgieron durante las mismas. La novedad de esta ronda de encuentros fue que, según se había acordado en la ronda anterior, ambos países enviaron dos comisiones, una para tratar los temas de soberanía y otra para cooperación económica. Durante las últimas sesiones de trabajo, terminaron por reunirse sólo los delegados de las comisiones de cooperación económica (47).
La siguiente ronda negociadora en Ginebra, estuvo precedida de un diálogo en las Naciones Unidas entre el canciller argentino en ese momento, Oscar Montes y su par británico, David Owen. Este encuentro así como la reunión de Ginebra aportaron poco. Sin embargo, el 20 de diciembre de 1978, Rowlands y Allara anunciaron que se había llegado a un principio de acuerdo para la cooperación científica en las Georgias y Sandwich del Sur. Con posterioridad, este acuerdo fue rechazado por la parte británica, dado que el Consejo Legislativo de las Islas se opuso y, por lo tanto, el Gobierno británico también lo rechazó. Los isleños no aceptaban al mismo, a menos que sólo se refiriera a la isla Morrell, alegando que de otro modo lentamente podrían perder la soberanía sobre el territorio principal (48).
Las elecciones en Gran Bretaña de mayo de 1979 dieron la victoria a un gobierno conservador. Margaret Thatcher fue nombrada Primer Ministro, Lord Carrington asumió el cargo de Secretario del Foreign and Commonwealth Office. Como Subsecretario se hizo cargo Mr. Ridley. Este cambio de gobierno (de laboristas a conservadores) significó el inició de un nuevo ciclo de negociaciones.
Como un paso previo el nuevo Gobierno británico decidió enviar a Ridley a la Argentina y a las Islas Malvinas para tener un conocimiento directo de las posiciones sostenidas en ambos lugares. El 12 de junio, Ridley se encontró con el comodoro Carlos Cavándoli, Subsecretario de Relaciones Exteriores. Durante el mismo quedaron claras, una vez más, las visiones divergentes entre ambos gobiernos. Mientras que el británico enfatizó la cooperación económica con la Argentina, Cavándoli señaló que requeriría que el tema de la soberanía fuera parte de cualquier negociación (49). Al mes siguiente, Ridley visitó las Malvinas. Allí discutió con los isleños sobre las ventajas de la cooperación con la Argentina, aunque dejó en claro que el Gobierno no aceptaría ningún arreglo que no contara con la aceptación de los isleños. Las preferencias de los isleños estaban claramente por un largo "congelamiento" de la disputa y la idea de arrendamiento generó muy poco entusiasmo (50). Al regresar de las Islas, Ridley se entrevistó con Cavándoli en Buenos Aires y acordaron reponer a los respectivos embajadores ausentes desde enero 1976 en ambas capitales. Los argentinos presentaron a Ridley un aide memoire en la cual expresaban su deseo de retornar a los acuerdos de cooperación alcanzados de Ginebra, reiterando que estaban dispuestos a tener en cuenta los intereses de los isleños y que no los aceptarían como tercera parte en las negociaciones (51). La respuesta de Ridley reiteró que el Gobierno británico no aceptaría ningún arreglo que no respetara los deseos de los isleños (52).
En octubre de 1979, Lord Carrington presentó al Primer Ministro y al Comité de Defensa un memorándum donde recomendaba proseguir las conversaciones a nivel ministerial con la Argentina con el fin de explorar, "sin compromisos y sin apurar el asunto", soluciones políticas y económicas. En caso contrario, afirmaba, la Argentina podría recurrir a medidas más severas hasta llegar incluso al uso de la fuerza. Y en ese momento, según el documento, |a Argentina tenía la capacidad para capturar las Islas (53). Sin embargo, el Gobierno británico decidió posponer cualquier discusión sobre las Malvinas dado que se hallaba avocado a otros temas internacionales.
A pesar de ello, en enero de 1980 Lord Carrington insistió en la necesidad de reiniciar las negociaciones con la Argentina. Para fines de ese mes, el Comité de Defensa aceptó la propuesta de Carrington, pero acordó que los términos de referencia alcanzados por el Gobierno anterior del 26 de abril de 1977 deberían ser modificados.
El 28 y 29 de abril de 1980, se llevaron a cabo en Nueva York la primera ronda de conversaciones. La delegación británica, encabezada por Ridley, incluía un miembro del Consejo Legislativo de las Malvinas. El encuentro fue exploratorio, pero se alcanzó cierto grado de acuerdo. A pesar de las diferencias de opinión respecto del tema de la soberanía ello no debería entorpecer a las otras discusiones sobre cooperación en la conservación de recursos en el Atlántico Sur (54).
Durante el verano de 1979/80 había tomado fuerza dentro del Foreign Office la idea de proponer una solución de arrendamiento como la opción más viable y mutuamente conveniente (55). A través de este mecanismo, la Argentina obtendría la soberanía formal mientras que la administración de las Islas quedaría a cargo de Gran Bretaña por un tiempo limitado a ser negociado (56).
En junio de 1980, el ministro argentino Martínez de Hoz expresó en Londres que sería conveniente para ambos países que elaboraran planes conjuntos para la extracción de petróleo y que compartieran los derechos pesqueros en el área de Malvinas al mismo tiempo que discutían sobre la soberanía. Al respecto afirmó

Se ha hecho algún progreso y hay una pequeña luz en el horizonte...y creo que el lado económico puede ayudar. Tenemos dos intereses comunes, que son petróleo y pesca. Al mismo tiempo que puedan continuar algunas discusiones sobre soberanía, podríamos alcanzar algún acuerdo para la exploración petrolera o pesca conjunta que sería el inicio de una aproximación (get-together) en ese tema. Queremos que los británicos se apuren y sean socios en nuestro desarrollo económico (57).

Gustafson sostiene que si esta diplomacia paralela más pragmática hubiera tenido éxito, Martínez de Hoz hubiera apartado a los argentinos de posiciones absolutistas respecto de la soberanía y de la restauración de la integridad territorial. Pero eso no sucedió, y la Argentina adoptó un política de cooperación con empresas petroleras no británicas (58).
A pesar de ello, para julio de 1980, el Gobierno británico decidió finalmente intentar la resolución de la disputa a través del mecanismo arriendo. El funcionario encargado de llevar adelante la propuesta fue Ridley, quien visitó Puerto Stanley entre el 22 y el 29 de noviembre de 1980. En esa oportunidad, Ridley trató de convencer a los isleños sobre este posible cambio en la política del Gobierno. En el Town Hall del pueblo, se congregaron unas 300 personas para participar de la reunión con Ridley. Allí presentó una lista con cuatro alternativas a su auditorio. La primera, la fórmula de arrendamiento; la segunda, satisfacer la totalidad de las demandas argentinas y transferir la soberanía; en tercer lugar, congelar totalmente el tema de la soberanía por un período de alrededor de 25 años; finalmente, rechazar de plano cualquier discusión sobre soberanía. El funcionario subrayó que la primera opción era la preferida por Whitehall. Las ventajas de ésta estaban en que mientras nominalmente se satisfacían los requerimientos argentinos de soberanía, en tanto que los isleños podían conservar su modo de vida. Al mismo tiempo, se proveía de una base para acuerdos de cooperación y desarrollo económicos para la región, especialmente en los temas de hidrocarburos y pesca. Según la visión de Ridley, al hablar ante los miembros de la Asociación de Criadores de Ovejas de las Falkland (Falkland Islands Sheepowners' Association), "su modo de vida [el de los isleños] no será cambiado y habrá nuevos beneficios a partir de la explotación de la pesca, turismo, y petróleo, que comenzarían tan pronto como sea posible después del cambio".
Un vocero del Comité de las Islas Falkland informó que los Criadores prefirieron el status quo (59). Más aún, los isleños al escuchar de boca de un funcionario del Gobierno la sola mención de una alternativa que contemplaba la transferencia de soberanía a la Argentina produjo una fuerte reacción por parte de ellos. Su sensibilidad les impidió entender el verdadero mensaje del funcionario. Los miembros del Falkland Island Committee (Lobby) inmediatamente sonaron la alarma en Londres. El 26 de noviembre, el Times de Londres publicó un artículo en la primera página reproduciendo un informe de B. G. Frow, perteneciente al Comité de las Islas, quien había presenciado la reunión. El artículo se iniciaba con la siguiente frase: "Gran Bretaña sugiere que la soberanía de las Islas Falkland sea transferida a la Argentina". A continuación, denunciaba que "el Sr. Ridley sugirió que sería en el mejor interés de los isleños si acordarán la transferencia de la soberanía", implicando que Ridley presionó a los isleños en esa dirección (60). Sin embargo, el artículo proseguía diciendo que "la solución del arriendo...era la preferida por Whitehall". Pero la sensibilidad de los isleños y el del Lobby era tal que la sola mención de una opción que contemplase transferencia, se confirmaba que esas eran las intenciones reales del Gobierno. La respuesta del Foreign Office a las afirmaciones de Frow fue inmediata:

El Gobierno ha estado considerando desde las conversaciones exploratorias con la República Argentina de abril [1980] como alcanzar la mejor solución aceptable para todas las partes a este difícil problema. Mr. Ridley esta ahora consultando a los isleños para establecer sus puntos de vista en las bases de futuras conversaciones con los argentinos...Lo importante son los deseos de los isleños. Si ellos están de acuerdo, podremos explorar las bases para una solución. Sin embargo, ninguna solución es alcanzable sin el respaldo de los isleños y del Parlamento (61).

La rápida reacción del Lobby puso al Gobierno británico a la defensiva. Al día siguiente, Lord Carrington afirmó, en una entrevista de la BBC, que "la Argentina tiene un reclamo de soberanía sobre las Islas Falkland que nosotros refutamos, y ese reclamo no va a prosperar..." y agregó que nada se haría que fuera contrario a los deseos de los isleños. La prensa británica apoyó la postura de Carrington. El editorial del Times afirmó que,

Ni siquiera puede pensarse en la posibilidad de entregar a [los isleños] a la Argentina en contra de su voluntad. Esto es así no importa la clase de gobierno que tenga el poder en la Argentina, y es particularmente cierto en vista del sangriento historial del presente régimen militar (62).

De vuelta a Gran Bretaña y bajo este agitado clima, el Ministro Ridley se presentó el 2 de diciembre ante los Comunes para informar acerca de sus actuaciones en las Malvinas. En la Cámara Ridley fue vituperado al igual que a su partida de las Islas (63). El ministro fue recibido por una inusual rechifla (drubbing) que partía desde todos lados de la Cámara. Ante las explicaciones de Ridley, los parlamentarios sostuvieron que encontraban una aparente contradicción entre las afirmaciones del ministro acerca de que el Gobierno no tenía dudas de la soberanía británica sobre las Islas por un lado, y por otro, su propuesta para hallar una solución a la disputa si los isleños aceptaban intercambiar la soberanía por un largo arrendamiento a Gran Bretaña.
Más aún, el vocero en asuntos extranjeros de la Oposición, Peter Shore sostuvo, en apoyo de los isleños, que "la propuesta para un arreglo de leasing debilitaría nuestra posición sobre la soberanía de las Islas. El hecho de hacer semejante propuesta de una manera tan específica y pública solo serviría, probablemente, para endurecer la política argentina al respecto y debilitar la confianza de los isleños" (64). De las filas de su propio partido, el conservador Julien Amery dijo que la propuesta de Ridley era "profundamente perturbadora". A lo que otro conservador, el Vizconde Cranborne agregó que hallaba la postura de Ridley inquietante, y que induciría a lo isleños a pensar que "que no contaban con el apoyo que se merecían de la madre patria (home country)". Se podrían agregar numerosas observaciones con connotaciones similares (65). La experiencia de Ridley mostró que el en el Parlamento era posible alcanzar la unanimidad cuando se trataba de sostener una línea dura respecto de las Malvinas (66). Lo sucedido durante el debate lleva Beck a sostener que:

Los Comunes simpatizaban claramente con un pequeño pueblo amenazado por un vecino más grande, especialmente si la forma de gobierno de la Argentina y su sociedad no sólo no estaban libres de críticas sino también, amenazaba la forma de vida británica que hasta el momento se disfrutaba en las Islas Falkland (67).

Durante su visita a las Malvinas, Ridley respondió a un periodista que "las Islas son británicas...". También agregó que "el tema de la soberanía sigue siendo sensible a discusión" y de inmediato aclaró que por ahora no existían negociaciones, sino simplemente reuniones (68). El contacto en el lugar con los isleños mostró también que la mayoría "se mantenía en su deseo de permanecer dentro del Imperio Británico", es decir, que no aceptaba el cambio en el status quo (69). Sin embargo, respecto de la postura de los isleños frente a la posibilidad de llegar a un arreglo que contemplase el arriendo, existe entre los analistas opiniones divergentes. El Informe Franks afirma sobre esa visita que "acerca del arriendo, la opinión de los isleños estaba dividida, con una sustancial minoría opuesta a ella y con la mayoría indecisa" (70). Para Beck, la propuesta británica de noviembre de 1980 "representa una transformación significativa en la disputa", dado que el gobierno de ese país "indicó públicamente su deseo de considerar una solución que incluya la adquisición de soberanía sobre las Islas". Este hecho indicaba una "alteración radical" en la actitud que adoptara hasta ese momento Gran Bretaña frente a los reclamos argentinos (71)). La propuesta llevada adelante por Ridley parecía la única política racional y viable para alcanzar un acuerdo, en oposición a una postergación del tema que sólo sirvió para incrementar la polarización internacional (72).
Poco después, el 25 de enero de 1981, durante una gira de visita a Jamaica, Ridley afirmó que "las Islas Falkland serán las únicas perjudicadas por el tiempo que tarde en solucionarse el conflicto que mantienen el Reino Unido y la Argentina sobre ese territorio". Además sostuvo que creía firmemente en la autodeterminación, y que no veía "la razón para negarle la independencia al Archipiélago", y que los 1.700 habitantes se resistían al control argentino; y predijo que si aquellos se hicieran cargo de las Islas todos sus habitantes las abandonarían (73). En el mismo mes, pero el día 6, el Consejo Legislativo de las Islas votó en favor de congelar el tema de la soberanía y por el rechazo a cualquier intento de solución o acercamiento con la Argentina y el Parlamento secundó esta decisión (74).
Al poco tiempo, el 9 de febrero, se anunció en forma sorpresiva simultáneamente en Buenos Aires y en Londres que el próximo 23 de febrero se reanudarían en Nueva York, las negociaciones sobre el futuro de las Islas (75).
En aquella oportunidad, y hasta el 24 de ese mes, Ridley se reunió con el representante argentino, comodoro Cavándoli. Para esa ocasión, la delegación británica incluyó dos miembros del Consejo Legislativo de las Islas. Durante el encuentro, la política inglesa le impuso a Ridley tantas restricciones con respecto a las Malvinas que no le permitió desarrollar una estrategia de negociación más viable, ni siquiera le permitió proponer mecanismos de dilación. Por lo tanto, el representante británico no tuvo más remedio que proponer un congelamiento del tema de soberanía mientras se continuaría el diálogo sobre los temas de cooperación (76).
En la reunión informó sobre las actividades que desarrolló en su visita a las Islas y la reacción de los isleños sobre sus opciones, que fue la de mantener el status quo (77). Por lo tanto, la propuesta concreta británica que formuló consistió: congelar las negociaciones sobre soberanía por un cierto número de años, y que, en el transcurso de este tiempo, las Partes mantendrían sobre la soberanía sus respectivas posiciones. Para los negociadores británicos, esto facilitaría la creación de un clima de confianza entre el territorio continental argentino y las Islas, en tanto se desarrollarían proyectos conjuntos de desarrollo económico alrededor de las Islas (78). Por otra parte, la delegación argentina ofreció maximizar las condiciones económicas y sociales en las Islas. Las concesiones a los isleños incluirían la existencia de administración, leyes, sistema de educación y vida social, diferenciadas y continuas para ellos, haciendo de las Islas, la región "más mimada de la Argentina" (79). Esta ronda tan poco productiva fue cerrada con un comunicado conjunto de prensa fechado el 26 de febrero en donde se informó que "ambas Delegaciones decidieron informar de lo tratado a sus respectivos Gobiernos, y acordaron la realización de próximas negociaciones a la brevedad". Como era de esperar, el 6 de marzo se dio a conocer el rechazo argentino a la propuesta británica. La Cancillería argentina reafirmó su constante énfasis en el tema de soberanía emitiendo otro comunicado donde manifestaba que "la posición argentina con respecto a la demanda de restitución de soberanía, no sólo no se ha modificado, sino que rechaza en forma absoluta y sistemática cualquier propuesta que no acuerde este derecho en forma prioritaria" (80). Al respecto, una vez más, la opinión de los analistas diverge. Mientras que Beck opina que el gobierno británico se veía cada vez más atraído por la opción del arriendo porque parecía ser la más viable por sus ventajas inherentes y porque las consecuencias de las otras eran peores por la intransigencia argentina por la soberanía (81); por el contrario, Kinney sostiene que a esta altura ni Gran Bretaña tenía algo para ofrecer en materia de soberanía, ni siquiera poder continuar [ongoing] la discusión sobre el tema (82).
Tal es así que antes de iniciarse las reuniones de febrero, Ridley había declarado a la prensa que "estaremos para ganar tiempo, sólo para ganar tiempo" (83). En lo que si fue exitoso Ridley fue que logró que los delegados argentinos aceptaran tratar directamente con los isleños que componían su delegación. Kinney sostiene que la Argentina aceptó ese riesgo como parte de su política de cortejo a los isleños (84).
A partir de marzo de 1981, los isleños se incorporaron formalmente a las negociaciones con la presencia de dos miembros del Consejo Legislativo de las Islas en la mesa de negociaciones, (a pesar de las protestas Argentinas) (85).
A pesar de que la ronda de negociaciones no había resultado como los británicos lo esperaban, Lord Carrington informó a su Gobierno que éstas habían sido beneficiosas en un aspecto. Tanto argentinos como isleños habían tomado contacto y aproximado sus divergencias. Sin embargo, previno que si los isleños persistían en su posición pro status quo, Gran Bretaña debería prepararse para enfrentar un deterioro en las relaciones con la Argentina (86). De la lectura de fuentes británicas, se observa que durante estos meses el Gobierno estaba claramente presionado y encerrado entre la posición intransigente de los isleños, su cometido a respetar sus deseos y la percepción de que en la Argentina, sectores claves se estaban impacientando (87). Una señal de que la ansiedad argentina estaba creciendo fue el discurso del Comandante en jefe del ejército, General Leopoldo Galtieri, el 29 de mayo de 1981,

Nadie podrá decir que no hemos sido extremadamente calmos y pacientes en el manejo de nuestros problemas internacionales, que de ningún modo surgen de las apetencias territoriales de nuestra parte. Sin embargo, luego de un siglo y medio, ellos se han vuelto más y más insoportables (88).

http://www.argentina-rree.com/12/12-08.htm
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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Lun 16 Mar 2015 - 16:21


Las relaciones bilaterales durante el "Proceso", 1976-1981

Parte 2

El 15 de junio, Ridley mantuvo un encuentro en París con el diplomático argentino Enrique Ros. En esa ocasión los argentinos parecieron dispuestos a esperar el resultado de las elecciones legislativas que tendrían lugar en octubre de ese año en las Malvinas (89).
En junio de 1981, visitó la Argentina y las Islas otro funcionario de la Foreign and Commonwealth Office, J. B. Ure (Subsecretario de Estado para América del Sur) con el objeto de informar a los primeros de la voluntad de su Gobierno de hallar una solución al mismo tiempo de convencerlos de que era mejor no forzar el ritmo del proceso. A los segundos intentaría convencerlos de acelerar su decisión acerca de como querían que continuara el proceso de resolución del conflicto (90).
El día 30 de junio, se llevó a cabo una reunión el Foreign and Commonwealth Office encabezada por Ridley y con la presencia de otros funcionarios relacionados con el tema, además del embajador en Buenos Aires y del gobernador de las Islas con el objeto de revisar la política gubernamental hacia las Malvinas. Respecto de la Argentina, Ure presentó en esa reunión un memorándum preparado a su regreso de la misión. En el mismo informó que había encontrado a los funcionarios de la Cancillería más predispuestos a continuar con las negociaciones y para aceptar la idea del arriendo. Mientras que halló a los líderes militares "menos pacientes y que podrían exigir una política más `enérgica' en cualquier momento". En las Islas, el funcionario británico, no encontró una fuerte oposición en contra del arriendo, pero recomendó que para llevar adelante esa política el Gobierno debería realizar una campaña de información pública (public education). Al término de la reunión se acordó continuar las negociaciones con la Argentina para ganar tiempo y persuadir al nuevo Consejo de las Islas que no las obstruya, que se preparara una campaña de educación pública y, al mismo tiempo, que se preparasen planes de contingencia civiles y militares (91).
Es importante destacar que llegado este punto, muchos observadores opinan que al mismo tiempo que parecía que el Lobby de las Malvinas y sus apoyos en el Parlamento habían puesto a la defensiva a quienes dentro del Foreign Office trataban de hallar una salida que les permitiera la convivencia con la Argentina, otros departamentos gubernamentales también tomaron decisiones que resentirían aún más la capacidad negociadora de aquel organismo frente a la Argentina (92). En efecto, debido a una aguda necesidad de recortar gastos, el Ministerio de Defensa británico presentó en junio de 1981 el Libro Blanco. En él se decidió que la Royal Navy, encargada de la defensa de las Malvinas, prescindiría de los portaaviones y que en sus funciones serían reemplazados por los más económicos destructores y fragatas (93). También se propuso eliminar los buques de asalto, especializados en el desembarco de tropas, con que contaba la Royal Navy: el Fearless y el Intrepid. Más importante aún, se decidió retirar del servicio al patrullero antártico Endurance una vez que concluyera su campaña por el Atlántico Sur en marzo de 1982 (94).
En este caso se trataba del único buque con capacidad para operar en aguas antárticas y no se tenía previsto ningún reemplazo. Esta decisión generó inmediatamente una ola de protesta entre aquellos interesados en un futuro de las Islas ligado a Gran Bretaña. Su voces convocaron a conservar al "guardián de las Islas Falkland" y "única presencia de la Royal Navy en el Atlántico Sur". A pesar de ello, la decisión fue confirmada por el Parlamento el 30 de junio (95). Más tarde, desde la oposición, el ex-Primer Ministro Callagham criticó la decisión de retirar al patrullero y dijo a Luce que "algún tipo de invasión será probable en cuanto se sepa en la Argentina el retiro del Endurance" (96). En efecto, tan pronto como se informó en el Parlamento que el buque sería desguazado, un funcionario de la embajada argentina en Londres telefoneó a Lord Shackleton preguntándole si esta decisión significaba que Gran Bretaña había perdido el interés en las Islas. A lo que el británico respondió que no sabía (97).
Al mismo tiempo que se discutía el tema de defensa, llegó al Parlamento un proyecto para una nueva Ley de Nacionalidad Británica pratrocinada por el Home Office. Su objeto era clarificar el status de los ciudadanos coloniales británicos y, por razones raciales, evitar que aquellos emigraran a Gran Bretaña. Como claro destinatarios estaban los habitantes chinos de Hong Kong. Sólo se admitiría con ciudadanía plena a aquellos que tuvieran al menos a un abuelo nacido en las Islas Británicas. El problema fue que no protegió a los pobladores blancos de tercera o cuarta generación nacidos en colonias como Gibraltar y las Malvinas. Se levantaron muchas protestas en favor de estos. La ley fue finalmente reformada pero sólo se incluyó con ciudadanía plena a los habitantes de Gibraltar. El resultado en las Malvinas fue que aproximadamente 800 isleños no calificaban como Británicos según esa ley (98).
Algunos coinciden en afirmar que estas decisiones del Gobierno británico que respondían a requerimientos de política general y de otros Departamentos no fueron tomadas pensando específicamente en las Malvinas, pero que tuvieron como consecuencia el afectar el contexto de negociación entre las partes. Por un lado, la decisión de británica de apegarse estrictamente a los deseos de los isleños y mantener la situación colonial y, por otro, daba la impresión de abandonar esos compromisos al debilitar a las fuerzas navales capaces de intervenir en el área y retirar la ciudadanía a quienes decía proteger.
Para los argentinos, que observaban muy atentamente cualquier cambio en la política británica, estas decisiones mostraban señales ambiguas que podían dar lugar a malinterpretaciones (como de hecho sucedió) (99). Mientras que en Gran Bretaña, por las mismas razones, el Foreign Office perdió recursos de negociación y credibilidad.
Cuando estos eventos sucedían en Gran Bretaña, la Argentina comenzó a presionar para acelerar el ritmo de las negociaciones. El 27 de julio, el Ministerio de Relaciones Exteriores hizo llegar al embajador británico en Buenos Aires una nota firmada por el Canciller Oscar Camilión que expresaba la preocupación de su gobierno por la falta de progresos en las negociaciones desde el último encuentro en febrero de ese año. Luego de diez años desde los Acuerdos de Comunicaciones, la Argentina creía que no era posible,

posponer aún más una discusión seria y profunda sobre los componentes esenciales de las negociaciones, soberanía y cooperación económica de un modo global y simultáneo con la expresa intención de alcanzar en el corto plazo resultados concretos. Por lo tanto, deben darse a las negociaciones un impulso más resuelto. La próxima ronda de negociaciones no puede ser otro ejercicio exploratorio sino, debe señalar el comienzo de una etapa decisiva hacia la culminación definitiva de la disputa (100).

El informe Franks también extracta del comunicado que el apurar las negociaciones sobre las Malvinas se había convertido en prioritario para el Gobierno argentino y que mantenía su determinación de proseguir negociando "con un espíritu eminentemente realista y con la certeza plena de que existen soluciones racionales alcanzables". Agregaba también que no era posible diferir esta cuestión por más tiempo porque afectaba a "la integridad territorial y al dignidad nacional" (101).
Ante esta presión argentina, se discutió en el Foreign Office qué actitud tomar. A pesar de percibirse la necesidad de hallar una solución y de recomendarse llevar adelante un activa campaña de información pública para aproximar la actitud de los isleños y del público británico a la del Gobierno, Lord Carrington decidió no llevar a cabo esta política por considerarla contraproducente para el Gobierno (102). Para algunos observadores, con esta decisión Gran Bretaña cedió la iniciativa en las negociaciones que hasta el momento había tratado de mantener, "ya no existía política alguna, salvo esperar ver qué pasaba y entonces asumir medidas de contingencia" (103).
El próximo encuentro se llevaría a cabo en la próxima reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York entre Lord Carrington y el Canciller Camilión. Como preparación para el mismo, el primero elaboró una minuta para circular dentro del Gobierno. En la misma expresaba su convicción de que la opción del arriendo continuaba siendo no sólo la mejor sino, la única solución viable a la disputa. No obstante, las posibilidades de alcanzar tal acuerdo con la aprobación de los isleños habían disminuido, por lo tanto, no quedaría más remedio que mantener las negociaciones con la Argentina y proponerle invitar al gobierno argentino hacer propuestas constructivas. Lord Carrington reconoció que era consciente del rechazo argentino a esta propuesta y que, por lo tanto, se hacía necesario elaborar planes de contingencia, pero que era claro que suplir y defender a las Islas sería difícil y costoso (104).
El 22 de septiembre el Canciller argentino habló ante la Asamblea General refiriéndose en términos muy duros a la marcha de las negociaciones (ver arriba). Al día siguiente, Carrington y Camilión se reunieron. El británico expresó a su par argentino los deseos de su Gobierno de continuar con las negociaciones y que trataría de convencer a los isleños para que aceptaran llegar a buenos términos con las negociaciones. Pero que no intentaría coaccionarlos para que aceptaran la decisión de su Gobierno. Por último, conforme lo había informado a su Gobierno, Carrington invitó a la Argentina a hacer propuestas cuando las negociaciones se reabrieran. La respuesta de Camilión fue terminante, la cuestión central continuaba siendo la de la soberanía que la Argentina y Gran Bretaña debían tratar, y que no se debería permitir a los isleños que vetaran estas negociaciones (105).
Mientras tanto, el 22 de octubre, el embajador británico en Buenos Aires, Williams, criticó la decisión de su gobierno de no llevar adelante la campaña de información pública e informó que la paciencia de la Argentina se estaba agotando (106).
En septiembre de 1981, Ridley había abandonado el Foreign Office y había sido reemplazado por Richard Luce, a quien los argentinos veían como un representante del Lobby.
En Buenos Aires, se reunieron el 14 de octubre, el canciller argentino y el embajador británico, Anthony Williams, con el propósito de preparar la siguiente ronda de negociaciones. Según los informes de Williams, Camilión sostuvo que entendía que las negociaciones serían largas y difíciles. Esto indicó al Gobierno británico que el gobierno argentino, a pesar de mantener como primera prioridad de la política exterior el recuperar la soberanía de las Islas, estaría más dispuesto a un largo diálogo que una confrontación (107).
Sin embargo, un nuevo nubarrón se presentó en el horizonte de la negociación. En efecto, el 14 de octubre de 1981 se realizaron las elecciones para renovar el Consejo Legislativo de las Islas y, como se esperaba, reflejaron un endurecimiento en la posición de los isleños. Los candidatos más "pro statuquista" fueron electos. A pesar de ello, el nuevo Consejo decidió mantener el diálogo y enviar representantes a la nueva ronda de negociaciones en tanto la soberanía no estuviera en la agenda (108).
Las negociaciones acordadas para realizarse originariamente en diciembre fueron pospuestas por el cambio de gobierno en la Argentina, primero y luego, por la imposibilidad del Ministro Luce de asistir que debía atender otros problemas (109). Por lo tanto, las nuevas negociaciones se aplazaron para fines de febrero de 1982.

***

El año de 1982 significó el inició de nuevas rondas de negociaciones que como todo nuevo intento conllevaba cierta grado de optimismo. Sin embargo, la intransigencia de las partes llevó a la percepción de que las soluciones diplomáticas se agotaban rápidamente y comenzaron acumularse los negros nubarrones de una crisis en ciernes. El Gobierno británico iniciaba las negociaciones con nada nuevo para ofrecer a los argentinos. Por otra parte, éstos que iniciaron las negociaciones en 1965 con expectativas de una rápida solución a su favor, se hallaban cada vez más impacientes por llegar a esa solución y no otra (110).

NOTAS

El nuevo gobierno militar que derrocó a la presidente María Estela Martínez de Perón se autodenominó como "Proceso de Reorganización Nacional".

Franks, 13.

Kinney, 54. A partir de abril de 1976, el gobierno británico pasó a manos de los Laboristas con el ex-Secretario de Foreign Office, James Callagham, como Primer Ministro.

1982, 40.

1984, 59. Ver también Quellet y, en menor medida, Lanús.

Beck 1982, 40.

La delegación argentina estuvo compuesta por el subsecretario de Relaciones Exteriores, capitán de navio Gualter Allara, el embajador Julio Barberis y el encargado de negocios de la Embajada Argentina en Londres, Rafael Gowland y asesores. La británica estuvo formada por Robin Edmonds (Subsecretario Asistente del Foreign Office para Asuntos Latinoamericanos), Hugh Carless (Director del Departamento de América Latina) y Hugh Adrian Sindall (Subdirector de ese Departamento) (Lanús, 484).

Ibid. 484.

Ibid., no precisa fecha ni fuente.

Ibid. 484/85.

Ibid. 485.

Gustafson, 95.

Al respecto Gustafson informa que el 22 de julio de 1976, el Canciller argentino, César Guzzetti, sostuvo que "la soberanía es la prioridad en las Malvinas". Las opiniones de Guzzetti claramente divergían de las del Ministro de Economía. Ello muestra que el gobierno de Videla "estaba tan dividido como los gobiernos anteriores lo habían estado con respecto al tema de la soberanía" (96).

The Times, 21-7-76 en Gustafson, 95.

Ibid. 95-96.

Beck 1982, 47.

En Adolfo Silenzi de Stagni (1982): Las Malvinas y el petróleo. Buenos Aires, El Cid Editor. Volúmenes 1 y 2 citado por Gustafson, 96.

Las fuentes anglosajonas designan a ésta como Southern Thule.

Destefani, 129-30.

Kinney, 55. Una vez inaugurada la estación fue evacuada, pero a partir de la campaña de 1977/78 fue ocupada en forma permanente hasta su expulsión en 1982 (Destefani, 130).

Ibid. 55.

Franks, 14-15 y Kinney, 55-56.

1992, 233 n. 23.

Kinney, 56. No obstante para ese autor, a pesar de su débil reacción, Gran Bretaña dejó bien en claro que la presencia argentina en Tule, aunque distante y casi insignificante, era una violación de sus derechos soberanos.

Grove, 358.

Gustafson, 98; Franks, 15 y Olivieri López 1992, 97.

Gustafson, 99.

Según fuentes británicas, en este momento temían un incremento de la presión militar argentina. Por lo tanto, el Gobierno informó a Rowlands que un se había constituido un Grupo de Despliegue (Group Deployment) compuesto por el crucero HMS Tiger, el submarino nuclear HMS Churchill, y cinco buques de escolta que podían ser enviados al área inmediatamente en caso de ser necesario. Debido a la marcha de las negociaciones no lo fue (Grove, 358). Estas disposiciones son una muestra más que Gran Bretaña estaba dispuesta a defender su posición en las Malvinas.

Lanús, 485.

Gustafson, 99. Quellet sostiene que este comunicado alcanzó un valor inédito en la disputa con Gran Bretaña porque, según afirma, "por primera vez en la historia diplomática de ambos países, la Gran Bretaña reconocía oficialmente y por escrito la existencia de negociaciones, y también admitía, de manera concreta, la posibilidad de una discusión sobre soberanía" (87, énfasis agregado) Pero decir que se acepta discutir soberanía no es igual a renunciar a ella.

Gustafson, 99-100.

Ibid. 100.

Ibid.

El empresario argentino Héctor F. Capozzolo tentó a un importante inversor de la Compañía a través de un banco de París para que venda su parte. De este modo, se debilitaría el Lobby de las Falkland al perder su principal fuente de apoyo, la Falkland Islands Company (Gustafson, 100). Esta compañia era el principal interés económico y el principal empleador de las Islas.

Citado en Quellet, 162; Franks, 16.

Hansard citado por Gustafson, 103.

El 8 de junio la declaración fue comunicada a las Naciones Unidas por los representantes de ambos países. Dado el contenido del documento. A pesar de la salvaguardia del paraguas invocado por las partes, Olivieri López afirma que este documento es muy significativo respecto de la voluntad negociadora y del reconocimiento británico a los derechos argentinos. Prueba de ello es que el futuro Gobierno conservador resolvió desconocerlos (Olivieri López 1992, 98-99 y 234 n.27).

Franks, 17.

Quellet, 88.

Lanús, 485.

Ibid.

Ya se habían interceptado y disparado sobre buques pesqueros rusos y búlgaros. Sobre este respecto ver Informe Franks, 17.

El Dreadnought fue el prototipo de los posteriores submarinos de ataque nucleares británicos. Su principal fortaleza residía en su casi ilimitada capacidad para navegar sumergidos por largos períodos de tiempo a grandes profundidades y a una velocidad de 30 nudos. Ello hace que estos buques sean casi indetectables, más aún por los rudimentarios dispositivos con que disponía la Armada Argentina. Con posterioridad, un buque similar a éste (HMS Conqueror) adquirió fama al hundir al crucero argentino ARA General Belgrano durante el conflicto de 1982. Acompañaron al Dreadnought las fragatas HMS Phoebe (2.450 toneladas), HMS Alacrity (2.750 toneladas) y dos escoltas menores.

El submarino permaneció sumergido próximo a las islas. Las fragatas, en cambio, permanecieron "más allá del horizonte" a mil millas al norte. Los buque tenían claras órdenes de combate previa autorización superior (rules of engagement): el establecimiento de una zona de identificación marítima de cincuenta millas alrededor de las Islas. Dentro de ella, cualquier nave de guerra argentina debería dar explicaciones de su presencia. Bajo ciertas circunstancias el submarino estaría autorizado a lanzar sus torpedos (Grove, 359).

Kinney, 57. Según la teoría, la capacidad de disuasión depende de la presencia de tres elementos: capacidad, credibilidad, y comunicación. La ausencia de alguno de alguno de ellos anula la posibilidad de aplicar una exitosa política de disuasión. En este caso, al no informar Gran Bretaña de su decisión de enviar a una unidad naval tan poderosa falló la comunicación (Hastedt & Knickrehm, 268-273). Si la intención británica hubiera sido disuadir a la Argentina de una posible agresión la decisión de enviar un submarino de ataque nuclear tampoco fue la correcta. Debido a que éste permanece siempre sumergido no es el mejor instrumento de disuasión.

Quellet, 88.

Ibid.

Ibid. 89; Franks, 19 y Lanús 486. Para Gustafson, el deseo de los británicos de correr el riesgo de mencionar el tema de soberanía en las negociaciones les había resultado bien dado que éstas habían avanzado en términos de cooperación económica y que la Argentina había acordado la exploración petrolera conjunta (106).

Franks, 20.

Ibid.

Ibid.

Ibid. 22.

Ibid. 21.

Ibid.

No era la primera vez que en el Reino Unido había surgido la idea del arrendamiento. Ya había sido sugerida en 1930 y nuevamente en 1940. En general, esta idea era favorecida por todos aquellos preocupados por las relaciones con la Argentina y América Latina (Kinney, 58).

Respecto de la cantidad de años que duraría el acuerdo existen divergencias en las fuentes y varían entre los 25 y los 999.

The Times, 13-6-1980 citado por Gustafson, 108.

Gustafson, 109.

The Times, 27-11-1980 citado por Gustafson, 111.

Citado en Gustafson, 110.

The Times, 26-11-1980 citado por Gustafson, 110.

28-11-1980 citado en Gustafson, 110.

Relato basado en Beck 1982, 43; Gustafson, 111 y Kinney, 59.

Gustafson, 111.

Para ver el texto completo del debate consultar el Informe Franks Anexo F pp. 101-105.

Gustafson, 111.

Beck 1982, 43. Otros argumentos señalados por Beck fueron, por supuesto, el énfasis en el principio de autodeterminación, la situación estratégica y económica de las Islas y las responsabilidades imperiales de Gran Bretaña (ibid.)

Quellet, 92. Quellet agrega que este diálogo "erizó la piel del Gobierno argentino (cuando señaló que nuestro país podía aprender del sistema isleño, donde no hay nadie que esté detenido por cuestiones política, y los derechos humanos son respetados)" (ibid.).

Beck 1982, 42. Para confirmar la postura negativa hacia una política de acercamiento, la crónica de la visita de Ridley a las Islas informa que su partida estuvo acompañada de abucheo y de las estrofas de "Rule Britannia" (ibid.; Kinney, 58.

p. 23. Ver también Quellet, 90 y Olivieri López 1992, 109-110.

Beck 1982, 41, énfasis original.

Kinney, 58.

Quellet, 93.

Franks, 23; Gustafson, 113.

Quellet, 93.

Gustafson, 113.

Kinney, 59; Franks, 24.

Quellet, 94; Gustafson, 113.

Kinney, 59; Gustafson, 113.

Quellet, 94; Beck 1982, 45.

Beck 1982, 44-45.

Kinney, 59.

The Times 23-2-1981 citado en Gustafson, 113.

Kinney, 59.

Ibid.

Franks, 24.

A principios de mayo, el embajador británico en Buenos Aires solicitó enérgicamente al Foreign Office que para evitar el deterioro de las relaciones con la Argentina era necesario realizar, por lo menos, una nueva ronda de conversaciones que incluyeran la discusión sobre soberanía (Franks 24, par. 87).

Traducción del informe Franks, 24-25. [buscar los diarios locales de la fecha]

Franks, 25.

Ibid. 24.

Franks, 25-26.

Gustafson, 114-15; Hastings & Jenkins, 42-43; Freedman & Gamba-Stonehouse, 10-11.

A este documento se lo considera más drástico que el elaborado en febrero de 1966, luego que Gran Bretaña decidió retirarse de sus responsabilidades imperiales al Este de Suez (para una mayor información sobre este documento ver Grover, 277). Los portaaviones que se retirarían de servicio eran el HMS Hermes, que sería desguazado y el de última generación HMS Invincible, que sería vendido a Australia. Como se verá luego, ambos cumplieron un papel central en la recuperación por parte de Gran Bretaña de las Islas en 1982.

Esta decisión había sido resistida desde 1978 por el Gobierno Laborista y su mantenimiento en el Atlántico Sur fue establecido en base a una renovación de año por año (Grove, 359).

El Consejo Legislativo de las Islas envió un mensaje a Lord Carrington que expresaba,

El habitantes de las Islas Falkland deplora en los términos más enérgico la decisión de sacar de servicio al HMS Endurance. Expresan su extrema preocupación de que Gran Bretaña parece estar abandonando la defensa de sus intereses en el Atlántico Sur y la Antártida al mismo tiempo que otras potencias están reforzando su posición en ellas. Sienten que el retiro debilitará aún más la soberanía británica en esta área ante los ojos no sólo de los isleños sino también del mundo. Urgen que se tomen todos los recaudos posibles para revertir esta decisión (Franks, 33).

Gustafson, 115.

Un informe de la Embajada Británica en Buenos Aires al Foreign Office indicó que los periódicos de aquella ciudad habían aludido al tema resaltando que "Gran Bretaña abandona la protección de las Islas Malvinas" (Franks, 34).

Hastings & Jenkins, 43-44.

La teoría de la percepción demuestra que los individuos tienden a aceptar más fácilmente (acríticamente) aquello que desean.

Franks, 28. [ver comunicado a la prensa el 27 o 28 de julio]

Citado en Ibid. 28.

Franks, 28. Parecería que los motivos de esta decisión estuvieron fundados en consideraciones a restricciones de la política doméstica (ibid.).

Hoffmann y Hoffmann, 157.

Franks, 28-29.

Franks 29.

Ibid. 29-30.

Ibid. 30.

Ibid.

El 23 de diciembre de 1981, el comandante en jefe del ejército, general Leopoldo F. Galtieri, se hizo cargo del gobierno, desplazando como Presidente al general (RE) Roberto E. Viola.


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MensajeTema: Re: Conversaciones por Malvinas antes de la Guerra.   Miér 8 Jul 2015 - 15:51

Capítulo 58: Las relaciones anglo-argentinas después del conflicto de Malvinas, julio 1982-julio 1989

Introducción

A partir del 2 de abril de 1982, la Argentina inició un período inédito en su historia. El gobierno argentino, por causas que aún se discuten, decidió recurrir a la fuerza para resolver la disputa (1). Por lo tanto, tropas argentinas desembarcaron en las islas y luego de reducir al pequeño destacamento de Royal Marines hizaron la bandera argentina en las islas Malvinas por primera vez desde 1833. Y así, sin haberlo previsto, el país se hallaba en guerra con la tercera potencia militar del mundo (2). Durante 74 días, los argentinos experimentaron por primera vez en este siglo una situación de conflicto bélico.

La llamada "crisis por las Malvinas" se desarrolló tanto a nivel diplomático y como a nivel militar. Las Naciones Unidas fueron el ámbito donde se libraron extenuantes batallas diplomáticas. Allí, Gran Bretaña logró su primera victoria al lograr casi de inmediato la aprobación de la resolución 502 del Consejo de Seguridad que había sido confeccionada por ella. Esta demandaba a la Argentina el retiro inmediato de las fuerzas de ocupación y solicitaba a ambos gobiernos que buscaran una solución diplomática a sus diferencias y respetaran en su totalidad los objetivos y principios plasmados en la Carta de las Naciones Unidas. Al mismo tiempo, Gran Bretaña alistó las tropas y organizó una importante fuerza naval, la más grande desde la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, la Junta Militar reforzó la guarnición de las islas. Mientras la fuerza naval británica navegaba desde las islas Británicas y hasta el desembarco de sus tropas en las islas se produjeron sucesivos intentos de mediación, primero por los Estados Unidos, luego por el presidente del Perú, Belaúnde Terry y por último por el Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuellar. Las tres fracasaron. Pero al abandonar la mediación, los Estados Unidos pasó a apoyar abiertamente al Reino Unido abasteciéndolo, proveyéndolo de inteligencia y facilitándole el uso de sus instalaciones militares, especialmente las de la isla Ascensión. El conflicto armado culminó cuando las tropas británicas recuperaron Puerto Argentino el 14 de junio de 1982 y se produjo un alto el fuego. Cuando la crisis quedó atrás y los cañones se silenciaron, la guerra pareció continuarse en el plano de la diplomacia. Existe consenso acerca de que el conflicto armado que finalizó con el alto el fuego en Puerto Argentino no había resuelto la disputa por la soberanía que efectivamente había sido el origen del conflicto entre ambos países (3).

A la Argentina no le quedó otro remedio que recurir nuevamente a la diplomacia para intentar reparar el predicamento en que se encontraba al terminar el conflicto. Pero las repercusiones de éste tuvieron al menos tres consecuencias bien claras. En primer lugar, en la Argentina, el fin del conflicto aceleró el proceso de transición a la democracia y ayudó a la instauración de un gobierno constitucional en un plazo corto. Otro efecto no buscado por los argentinos fue para los isleños. El conflicto transformó por completo la vida de los malvinenses. Su status se elevó por razones económicas y por la obtención de reconocimiento internacional para ellos y su causa (4). Por último, en Londres no quedaron dudas de que las islas eran "británicas" y para disgusto de los argentinos, el gobierno de Londres decidió finalmente solventar la defensa de las islas e invertir para promover su desarrollo económico y social (5). Además, debido a la mejora en la economía británica y al acto temerario de los argentinos, el gobierno conservador pudo invertir 0.34% del gasto público y 3% del gasto de la defensa en las Malvinas entre 1982 y 1987 (6). Además la relación entre ambos países se retrotajo después de la guerra a la situación de "no negociación en absoluto" imperante entre 1833 y 1966. Bajo estas nuevas condiciones, la política exterior Argentina pareció a algunos abocarse casi exclusivamente a la recuperación de las Malvinas (7).

Durante todo ese tiempo, la Argentina continuó insistiendo sobre sus derechos sobre las Malvinas, en tanto que el gobierno británico pareció querer enviar un mensaje distinto al que se había dado en el período 1965-1982: ahora, no contemplaba en absoluto la posibilidad de negociaciones por la soberanía del archipiélago. Al término del conflicto, Gran Bretaña se mostró claramente interesada en la normalización de las relaciones bilaterales pero no en conversaciones sobre las islas (8). Un observador resumió la situación de la siguiente manera: mientras que el Reino Unido buscaba un tratado de paz luego de haber ganado la guerra, la Argentina buscaba, en cambio, reabrir la disputa después de haber perdido una batalla (9). Las posturas de ambos gobiernos permanecieron más o menos estables a lo largo del período y por lo tanto, las negociaciones no mostraron ningún progreso visible. En un período inicial prácticamente no hubo intercambios entre ambos gobiernos, excepto por los contactos y visitas no oficiales entre representantes políticos de ambos gobiernos (10).

Más tarde, hacia el final de la década de los 80 y luego de numerosas marchas y contramarchas, los gobiernos de la Argentina y de Gran Bretaña llegaron a un entendimiento sobre el modo de restablecer las relaciones diplomáticas normales interrumpidas a partir del 2 de abril de 1982. Este acuerdo pudo realizarse porque ambos gobiernos acordaron reiniciar las relaciones diplomáticas sin discutir soberanía. Este tema fue puesto bajo un "paraguas" que reconocía la existencia del litigio y los reclamos de soberanía de ambas partes en tanto se dejaban para más tarde negociaciones concretas al respecto. Sin embargo, si bien el gobierno del presidente Alfonsín había avanzado hacia un acuerdo con Gran Bretaña, la percepción general era que las negociaciones se habían estancado (11). Le correspondió al gobierno del presidente Menem, inaugurado el 9 de julio de 1989, poner en práctica este mecanismo con la firma de los Acuerdos de Madrid de febrero de 1990.

A continuación se desarrolla, en primer lugar, una cronología que abarca los hechos más importantes en la relación entre los países. En segundo lugar se explican algunas de las cuestiones alrededor de las cuales discutieron ambos países. Por último, se presentan las conclusiones que resumen el desarrollo de la relación entre la Argentina y Gran Bretaña y se presentan, también, algunas reflexiones sobre la conducción de la diplomacia y el futuro de la disputa.

   NOTAS

   Sobre las causas del conflicto la bibliografía es numerosa. Una de las explicaciones más aceptada atribuye el conflicto fundamentalmente a problemas de percepción y comunicación (Freedman y Gamba-Stonehouse, 1991). El argumento es el siguiente: si los argentinos hubieran sabido que los británicos estaban dispuesto a pelear por recuperar el territorio, y si, previamente, los británicos hubieran transmitido las señales correctas y no hubieran subestimado las intenciones beligerantes de los argentinos, entonces el conflicto no se hubiera producido. Otra explicación que cuenta con un consenso apreciable es la que sostiene que el gobierno argentino dispuso la ocupación de las islas como una "operación de salvataje" para el tambaleante régimen militar del Proceso de Reorganización Nacional. Es decir que la guerra ocurrió por motivos de política doméstica argentina. Esta explicación, por ejemplo, es sostenida por Lebow (1985) y Levi y Vakili (1991). Sin embargo, estos trabajos sirven como hipótesis para explicar el evento, pero aún no se ha escrito la obra definitiva que ayude a resolver el debate acerca de las causas reales del conflicto.

   El enfrentamiento entre la Argentina y Gran Bretaña por las Malvinas es un caso de "conflicto asimétrico" en donde los que inician la guerra es la parte más débil de la díada (Paul 1994). Una indicación de que los militares argentinos decidieron llevar a cabo la operación con la expectativa de que no deberían pelear por ellas es la carencia de un plan de contingencia para el caso en que Gran Bretaña decidiera recurrir a la fuerza para desalojar a los argentinos del territorio insular.(CAERCAS 1988; Middlebrook 1989 y Piaggi 1986)

   Beck (1988), 169.

   Beck (1988), 169; Ellerby (1992), 101.

   Beck (1988), 170.

   Makin (1992), 226.

   Kinney (1989), 259.

   Es decir que Gran Bretaña buscó restablecer relaciones, en lo posible cordiales, con la Argentina al mismo tiempo que no discutía el tema de la soberanía (Gustafson 1988, 188).

   Gustafson (1988), 181.

   Makin (1992), 228.

   Floria (1991), 100.


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