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 Un 25 de Mayo cualquiera... (Artículo de la VOZ DEL INTERIOR y sobre el Hundimiento del Atlantic Conveyor)

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MensajeTema: Un 25 de Mayo cualquiera... (Artículo de la VOZ DEL INTERIOR y sobre el Hundimiento del Atlantic Conveyor)    Dom 25 Mayo 2014 - 21:19

Un 25 de mayo cualquiera


El ataque al Atlantic Conveyor durante la Guerra de Malvinas, contado por uno de sus protagonistas.


Fuente: LA VOZ DEL INTERIOR


El regreso. La misión se cumplió con éxito. El Atlantic Conveyor fue inhabilitado y los pilotos vuelven sanos y salvos. En la foto, Barraza con un asistente (Fotografías gentileza Julio Barraza).


Por Julio Barraza (especial)

El sol del 25 viene asomando tímidamente en Purmamarca. Los cerros van despertando y recuperando poco a poco su colorido y majestuosidad. Don Manuel Arredondo ya tomó mate, ensilló el zaino y se prepara para ir al pueblo, a la ceremonia del 25. Ya viene clareando en Villa Mercedes, y Gabriela Ponce, maestra de segundo grado, plancha su guardapolvo para la ceremonia del día patrio. El sol ya despuntó en Monte Longdon. Jorge y sus compañeros de pelotón ya pueden ver claramente hacia el oeste desde su posición.

En Río Grande, el 25 de mayo amaneció gris y con la niebla típica de esta época del año. El frío se sentía en la cara y en las manos. Sin embargo, había un frío diferente que calaba en lo más profundo de cada uno: el frío de saber que la muerte está rondando. “El Pelado” García y sus huestes –los mecánicos y los de Armamento– madrugaron para reagrupar los aviones en la plataforma frente al hangar, prepararlos y dejarlos en condiciones de vuelo.

Hacía ya varias noches que corrían rumores de ataques de comandos ingleses. Y no era para menos: esa pequeña base en la isla grande de Tierra del Fuego albergaba un puñado de aviones que provocaban nerviosismo y ansiedad en los británicos: los Super Etendard. Sabían que los ingleses querían dejar fuera de combate a los Super en tierra porque representaban la mayor amenaza para su fuerza de tareas, así es que todas las noches se desparramaban por distintos lugares de la base para tratar de ofrecer un blanco disperso en caso de que fueran atacados en tierra.

Los estoicos patriotas de Armamento eran los encargados de sacar los misiles Exocet de los contenedores presurizados y colocarlos en los dos aviones preparados para volar ese día: el 2-A-203 y el 2-A-204. Luego, desplegaban sus maletitas negras y realizaban toda una secuencia de pruebas electrónicas para dejarlos en condiciones operativas.

Toro y Mate (*) ya sabían para ese entonces que eran la pareja que debía salir ese día y, lógicamente, se vistieron para la ocasión: calzoncillos largos, camiseta “strindex”, medias gruesas y, encima de todo eso, el ponderado traje antiexposición o “goma”, como se lo conocía en la jerga aeronaval. Se suponía que la goma permitiría prolongar la supervivencia en las heladas aguas del Atlántico sur, escenario sobre el que volarían, una hora más. En realidad, seguramente, era mucho menos.

En la salita improvisada de Operaciones ya se respiraba adrenalina. Repasaron procedimientos de vuelo, de ataque y de emergencias, y actualizaron información del enemigo. El vuelo se iba a realizar en total silencio electrónico y de comunicaciones.

Se encaminaron hacia los aviones y no escaseaban los saludos y deseos de suerte y de éxito en la misión que iban a ejecutar aquel 25 de mayo. Hacen la inspección visual externa alrededor de cada avión y se montan.

El mecánico los ayuda a amarrarse al asiento eyectable. Ponen en marcha, cierran las cabinas y comienzan a preparar los aviones para iniciar el carreteo, pero nadie da la señal. Expectativa e intriga. Veinte minutos de espera en plataforma y les ordenan apagar motores.

Desensillan y bajan con todo el equipo. En la salita de Operaciones, Colombo, su comandante, les comunica que el tanquero KC-130 de la Fuerza Aérea Argentina que tenía que reabastecerlos en vuelo a 20 mil pies de altura y a 200 millas al este de Puerto Deseado no estaba disponible en esos momentos. Ya era casi mediodía y les ordenan ir a comer y estar listos para salir lo antes posible.

Cuarenta minutos después, volvieron al hangar, se subieron a los aviones, pusieron en marcha, y esta vez sí, los mecánicos les hicieron la seña de iniciar el rodaje. Se alzaron los brazos y se iluminaron los rostros de aquel puñado de hombres de la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque que ponían todo de sí para contribuir al éxito de una misión. Alivio, al menos, de saber que se daban los primeros pasos, pero ansiedad e incertidumbre por todo lo que quedaba por delante.

Listos para el despegue en cabecera. Señas con las manos y potencia al máximo. Afuera, el trueno de dos nobles turbinas. Adentro, el galope de dos corazones valientes. Sueltan los frenos y pronto levantan vuelo.

No parece una guerra

Mar y cielo. Cielo y mar. Inmensa masa gris azulada, uniforme y apacible. No parece ser el escenario de una guerra. Lo que sigue salió como tenía que salir, ya que lo habían practicado cientos de veces. Se encontraron con el KC-130 y se reabastecieron, uno de cada lado. Descendieron suavemente hacia el este y comenzaron la fase de ataque. Perfil bajo para evitar ser detectados y acercarse sigilosamente a un punto que supuestamente se encontraría a unas 50 millas de un blanco. Blanco que había sido designado indirectamente por información del radar de Puerto Argentino: se detecta una concentración de actividad de despegue y aterrizaje de aviones y helicópteros a unas 100 millas al nordeste.

El mar, apenas encrespado con suaves olas, y un pálido sol austral a sus espaldas. Repaso de la lista de chequeo. Preparación final para el lanzamiento del misil.

A muy baja altura, dos saetas descuentan distancia aceleradamente. Cuando llegan a las 50 millas previstas, con un doble pulsado del botón de radio, sincronizan un ascenso hasta unos 300 pies, lo suficiente como para permitir aumentar el horizonte radar y confirmar el blanco. Dos barridos del radar y no podían creer lo que estaban viendo. Tantas veces habían deseado vivir ese momento que les parecía estar soñando. En pantalla aparecieron tres ecos: uno grande en el centro y dos chicos, uno arriba y otro abajo. Toro rompió el silencio diciendo: “Al más grande”. Por un segundo, pensaron que podía ser el Invencible… y que tal vez podían llegar a cambiar el curso de la guerra. Una gota de sudor corre por la frente de Mate y se le mete en el ojo izquierdo.

Los radares quedaron enganchados tras un gatillazo, y a partir de allí fue cuestión de seguir los procedimientos previstos, oprimir el botón de lanzamiento y esperar. Esperar y seguir esperando, y es que, a pesar de que el corazón latía agitadamente, el tiempo pareció detenerse... Tres segundos que parecieron una eternidad. Con el rabillo del ojo, Mate ve salir el misil de Toro y en ese momento oye un estampido y siente un fuerte sacudón: su dardo letal dejó la nave madre, cayó unos metros, inicialmente, y se aceleró rápidamente dejando una estela blanca.

En Plaza de Mayo, todas las palomas remontan vuelo alrededor de la plaza y se oyen las campanas de San Ignacio dar las 4.30 de la tarde.

Los misiles se encaminan raudamente hacia el blanco. Toro y Mate giran cerradamente hacia la izquierda buscando el rumbo opuesto a toda velocidad.

Mar dorado. Cielo púrpura. El sol del 25 ya viene bajando. La flota inglesa sabe que es atacada. El capitán Ian North subió al puente hace menos de cinco minutos y espera, pero la suerte está echada: él y 11 tripulantes del Atlantic Conveyor tienen una cita con el Eterno.

El sol del 25 sigue bajando. Juan Carlos se apura para llegar pronto a su casa en Caleta Olivia. Su hijo le pregunta si los soldados ya habrán recibido el paquete con chocolates que prepararon en la escuela. Las sombras del 25 van acentuándose en Yapeyú. Marcelo termina su cigarrillo mientras piensa en su hermano Daniel. En Isla Borbón ya casi es de noche. Daniel levanta los ojos al cielo y, antes de rezar un Padrenuestro, piensa: “Ojalá que este no haya sido un 25 de Mayo cualquiera…”.

(*) “Toro” es Roberto Curilovic; “Mate”, Julio Barraza.
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oscarlivy



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MensajeTema: Re: Un 25 de Mayo cualquiera... (Artículo de la VOZ DEL INTERIOR y sobre el Hundimiento del Atlantic Conveyor)    Dom 25 Mayo 2014 - 22:17

Que golpe al pirata, el de mayor trasendencia por lo logistico . Feliz dia de la Patria! Tiembla el pirata.
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