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 El virrey de los enigmas

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Quequén Grande
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MensajeTema: El virrey de los enigmas   Sáb 3 Mayo 2014 - 5:53

En un viejo libro, “La revista de Buenos Aires, historia americana, literatura y derecho” editada en Enero de 1864 encontré esta curiosa historia que tiene como protagonista al virrey del Perú Fernando Abascal, este oficial español fue quien inicia la guerra con la recién formada junta del virreinato del Rio de la Plata en 1810.

Firmada por Ricardo Palma, un escritor nacido el 7 de febrero de 1833 en Miraflores, Lima, romántico, costumbrista, tradicionalista, periodista y político peruano, famoso principalmente por sus relatos cortos de ficción histórica reunidos en el libro Tradiciones peruanas. Cultivó prácticamente todos los géneros: poesía, novela, drama, sátira, crítica, crónicas y ensayos de diversa índole.

No sé cuál es la veracidad de estos relatos, pero por su originalidad me parecierón interesantes, espero que también sea de su agrado.

Un abrazo Ricardo.


El virrey de los enigmas


Fortuna de Dios

Cuentan que don Fernando de Abascal era en sus verdes años un hidalgo segundón, sin más bienes que su gallarda figura y una rancia ejecutoria que probaba siete ascendencias de sangre azul sin mezcla de moro ni judía. Viéndose un día sin blanca y aguijado por la necesidad, entró como dependiente de mostrador en una famosa sastrería de Madrid, contigua á la puerta del Sol, hasta que su buena estrella le deparó el conocimiento con un bravo teniente del real ejército, constante parroquiano de la casa, quien brindó á Fernandico una plaza en su compañía. El mancebo no echó la promesa á puerta ajena, y después de gruesas penurias y de dos años de soldadesca consiguió plantarse la jineta, y tras de un gentil sablazo recibido y devuelto en el campo de batalla, la clase de alférez. A contar de aquí empezó la caprichosa fortuna á sonreír á don Fernando, tanto que, en menos de un lustro ascendió á capitán como una loma.

Una tarde en que á inmediaciones de San Isidro disciplinaba su compañía, acertó á pasar la carroza en que iba de paseo Carlos IV, y por uno de esos caprichos frecuentes, no solo en los monarcas, sino en los mandones republicanos, hizo parar el carruaje para ver evolucionar á los soldados. En seguida llamó al capitán, le preguntó su hombre, y sin más requilorio, le ordenó regresar al cuartel y constituirse en arresto:

Débase de calabazadas nuestro protagonista inquiriendo en su magín la causa que podría haberlo hecho incurrir en el real desagrado; pero cuanto mas se esforzaba, mas se perdía en extravagantes conjeturas. Sus camaradas huían de él como de un apestado, que cualidad es de las almas mezquinas abandonar al amigo en la hora de la desgracia, viniendo por ende á aumentar su zozobra el aislamiento á que ya por días se veía condenado.

Pero como no queremos hacer participar al lector de la misma angustia, diremos de una vez que todo ello era una amable chanza del monarca, quien, vuelto á Madrid, llamó á su secretario y abocándose con él:

—sabes; le interrogó, ¿si está vacante el mando de algún Teniente?
—Vuestra Majestad no ha nombrado aun al jefe que ha de encargarse del que se organiza en Guadalajara.
—¡Guadalajara! Paréceme que hablas de Méjico?
—Precisamente, señor.
—Pues extiende un nombramiento de coronel para el capitán don José Fernando de Abascal, y confiérele ese mando.

V Su Majestad salió dejando cariacontecido á su ministro.

Caprichos de esta naturaleza eran sobrados frecuentes en Carlos IV. Paseando una tarde en coche se encontró detenido por el Viático que marchaba á casa de un moribundo. El rey hizo subir en su carroza al sacerdote, y él, con vela en mano, acompañó al Sacramento basta el lecho del enfermo. Era este un abogado en agraz, que restablecido después de su enfermedad, fue destinado por Carlos IV á la Audiencia de Lima, en donde el zumbón y epigramático pueblo lo bautizó con el apodo de el Oidor del Tabardillo. Sigamos con Abascal.

Cuarenta horas después salía de su arresto rodeado de las felicitaciones de los mismos que poco antes le huian cobardemente. Solicitó luego una entrevista con Su Majestad, en la que tras de darle las gracias por sus mercedes, se avanzó á significarle la curiosidad que le aquejaba de saber lo que motivara su castigo. El rey sonriéndole con aire paternal le dijo:

—¡Caprichos, coronel, caprichos!

Abascal se apresuró á terminar sus preparativos de viaje á América, diciendo para su camisa:

—Pongamos mar de por medio antes que volviéndome á ver, le venga en antojo, fusilarme para tener el gusto de ascenderme á brigadier después de muerto.

Algunos años permaneció en Méjico don Fernando, sorprendiéndose cada día más del empeño que el rey tomaba en el adelanto de su carrera. Cierto es también que Abascal prestaba importantes servicios á la corona. Baste decir que al ser trasladado al Perú con el título de virrey, hizo su entrada en Lima por retiro del excelentísimo señor don Gabriel de Avilés, á fines de julio de 1806, anunciándose como mariscal de campo, y que algunos años después fue nombrado marqués de la Concordia, en memoria de un Regimiento que fundó con este nombre para calmar la tempestad revolucionaria, y del que por honrarlo, se declaró coronel.

Los tres saquitos

El virrey que se encontraba hacía algún tiempo en lucha abierta con los miembros del Cabildo y con el alto clero, se burlaba de los pasquines y anónimos que publicaban, no solo en las calles sino hasta en los corredores de palacio. La grita popular que amenazaba tomar las fatales proporciones de un motín, tampoco le inspiraba serios temores; porque su excelencia que á no tener tan restringida su autoridad habría sido un tiranuelo, contaba con dos mil quinientos infantes para resguardo de su persona, con cuerdas nuevas de cáñamo para colgar racimos humanos en una horca.

….

Una mañana al acercarse el marqués de la Concordia á su mesa de escribir, vio sobre ella tres saquitos, los que mandó arrojar á la calle después de examinar su contenido. Su excelencia se encolerizó, dio voces borrascosas, castigó criados y aun es fama que se practicaron dos ó tres arrestos. La broma probablemente no le había llegado á lo vivo hasta que se repitió á los quince días. Entonces no alborotó el cotorro sino que mohíno y cabizbajo, anunció á la Real Audiencia, que no sentándole bien los aires de Lima y necesitando su salud de los cuidados de su hija la hermosa Ramona Abascal, se dignase apoyar la renuncia que iba á dirigir á la corte. En efecto, por el primer galeón que zarpó del Callao para España envió el consabido memorial, y el 7 de julio de 1816 entregó el mando á su favorito don Joaquín de la Pezuela, que tan ingratamente le correspondió después.

La curiosidad se pena.

Ahora saquemos del limbo al lector. El contenido de los saquitos que tan gran resultado produjeron, era:

SAL—HABAS—CAL

Su excelencia sin ayuda de arte mágica ni de consultar brujas, adivinó que esto quería decir: Sal, Abascal.

Vio por otro lado que la nube de la independencia se venía encima, y antes que ser arrastrado por ella, creyó preferible, como hombre cuerdo, retirarse con todos sus laureles. El escribió á uno de sus amigos esta profética frase:

"No quiero que el Perú se pierda para España entre "mis manos: harto he hecho por atajar el torrente y es inútil luchar cuando el triunfo es imposible". Pensó en fin, y muy juiciosamente por cierto, que cuando hasta su cuarto de dormir se introducía una amenaza disfrazada en saquitos, era más fácil y hacedero que si continuaba reacio en gobernar, lo sorprendiese el puñal del asesino.

He aquí porque tomó el tole para España el excelentísimo señor don José Fernando de Abascal y porque es llamado el virrey del Acertijo.

RICARDO PALMA

Fuentes consultadas:
Revista de Buenos Aires Ano I nº 9 editado en 1864
http://books.google.es/books?pg=PA117&id=Vo44AAAAMAAJ&hl=es#v=onepage&q&f=false
Wilkipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Palma

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MensajeTema: Re: El virrey de los enigmas   Sáb 3 Mayo 2014 - 15:31

Pastor Servando OBligado, hijo del Gobernador del Estado Pastor obligado tiene uno similar, llamado Tradiciones Argentinas, donde hizo algo similar... es él quien escribe  las aventuras de Benigno Villanueva "Villanokoff" y la historia de romances pintorescos como Liniers y la Perichona, el asunto de los Granaderos Pardo y Morillo y sus romances con Remedios de Escalada.. en fin... un libro que mas de uno le interesaría leer...se los recomiendo

saludos

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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
Samaniego, Félix Mª de
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