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 El día que Churchill ordenó hundir la flota francesa aliada para «salvarla» de los nazis

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ariel
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MensajeTema: El día que Churchill ordenó hundir la flota francesa aliada para «salvarla» de los nazis   Mar 7 Ene 2014 - 17:43

El día que Churchill ordenó hundir la flota francesa aliada para «salvarla» de los nazis

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La batalla que más bajas francesas causó en la Segunda Guerra Mundial no tuvo lugar en los bosques de Alsacia ni en la defensa de París. Ni siquiera tuvo al ejército alemán como protagonista. El 3 de julio de 1940, una flotilla británica bombardeó al grueso de la Armada francesa en el puerto de Mers-el-Kébir, en la Argelia francesa. Hundieron el buque «Terre Neuve» y dañaron seriamente otros cinco navíos en sucesivas oleadas y persecuciones en alta mar. Murieron 1.297 marinos franceses, y 350 quedaron heridos. Winston Churchill, según un telegrama secreto que acaba de salir a la luz, se temió que Francia declarara la guerra a Gran Bretaña. [Puedes ver una galería de fotografías del ataque británico aquí]

En el verano de 1940, Francia se habían rendido ya a los nazis y París estaba controlada por el gobierno colaboracionista de Vichy. El alto mando británico temía que si la flota francesa se unía a la alemana la Royal Navy vería alterado peligrosamente el equilibrio en los mares y su capacidad de comunicarse con el Imperio y de abastecerse desde el Atlántico. Londres solicitó al gobierno francés garantías de que no ocurriría. Pero no se fiaron de las garantías ofrecidas por el almirante François Darlan, a pesar de sus promesas de que evitaría a toda costa que la Kriegsmarine se sumara la flota francesa.

«Fue algo muy polémico y antinatural, puesto que los franceses eran nuestros aliados, pero no nos fiábamos del almirante que aseguró a Gran Bretaña que hundiría los buques antes de que cayeran en manos alemanas, era fruto de un cálculo arriesgado basado en la creencia británica de que los franceses estaban tan desmoralizados que no harían nada», explica Terry Charman, historiador del Imperial War Museum de Londres, al diario «The Times». Churchill ordenó que la flota francesa, dispersa en distintos puertos británicos, en Toulon y en Argelia, se uniera a la Armada británica o fuera neutralizada. El Almirante James Somerville fue el encargado de lanzar desde Gibraltar un ultimátum a los franceses fondeados en Mers-el-Kébir. Podían unirse a la guerra naval contra Alemania, navegar a puertos británicos o a refugios más lejanos, como la Martinica, para su desmilitarización.

«Hundan sus barcos»
«Si rechazan estas órdenes justas, debo exigirle con profunda tristeza que hunda sus barcos en las próximas seis horas», advertía Somerville al comandante francés. Si no, sus órdenes eran el uso de la fuerza. Pero los posibles efectos de la llamada operación Catapulta preocupaban al primer ministro británico, que informó del ataque sobre los franceses a los jefes militares de las colonias británicas mediante un telegrama secreto. «Las fuerzas navales británicas solicitaron a las autoridades de la Armada francesa que tomaran ciertas medidas para impedir la caída en manos alemanas de un número importante de unidades francesas. Los franceses rechazaron tomar esas medidas. Siguieron fuertes combates entre unidades navales británicas y francesas, con fuertes -y muy dolorosas- pérdidas para los franceses», informaba el telegrama de Churchill.

«No podemos decir cuáles pueden ser las consecuencias, pero deben tomarse todas las precauciones en el caso de que Francia nos declare la guerra», advertía. Un familiar de uno de los destinatarios del cable, Sir John Dill, entonces jefe del Estado Mayor Imperial británico, subastó su copia del telegrama el pasado tres de noviembre en International Autograph Auctions, una casa de subastas especializada en documentos históricos. El documento, que llegaba con un precio de salida de 200 libras, fue vendido por 1.600 (unos 1.900 euros).

Churchill recibió fuertes aplausos en el Parlamento británico cuando anunció la acción. La desconfianza hacia Francia, un mes después de la evacuación de 338.000 soldados británicos desde Dunquerque, era muy elevada. El propio general De Gaulle, líder de la llamada Francia Libre en su exilio londinense, lamentó las pérdidas, pero defendió que las muertes y las bajas eran preferibles a que los buques franceses combatieran con Alemania.

Aun así, para muchos el ataque de Mers-el-Kébir es el Pearl Harbour francés. El propio Almirante británico Somerville confesaría haberse sentido «avergonzado» por la acción contra Francia. Pierre Laval, uno de los líderes políticos del gobierno de Vichy, ofreció a Alemania 500 pilotos franceses para ayudar a los nazis en la inminente batalla de Inglaterra. Berlín rechazó el ofrecimiento (y Laval fue fusilado tras la liberación de Francia en 1944 por firmar la orden que autorizaba la deportación de judíos franceses a los campos de concentración). Pero Francia quería una represalia. Y eligieron Gibraltar como blanco, puesto que de allí había partido la flota británica que atacó Mers-el-Kébir. Esta perdió solo dos hombres y seis aviones.

El Peñón jugó un importante papel estratégico para las operaciones británicas en el Atlántico y en el Mediterráneo. De hecho, sufrió varios ataques de fuerzas italianas y francesas y de agentes infiltrados españoles al servicio de Berlín. La invasión aliada del Norte de África en noviembre de 1942, conocida como operación Antorcha, fue coordinada desde Gibraltar y el general Eisenhower instaló su cuartel general allí durante la planificación de la operación. Días después del bombardeo en Argelia, el gobierno de Vichy autorizó un primer bombardeo del Peñón, con pocos daños. Pero los aviones franceses volvieron a bombardearlo dos veces a finales de septiembre, esta vez generando más destrucción.

El armisticio francés con Alemania e Italia  

           Contrariamente a los temores de la víspera, las condiciones de paz impuestas por Alemania no fueron especialmente onerosas, ya que Hitler, decidido a la conquista del “espacio vital” en el este, quería liquidar lo antes posible la partida en el frente occidental.

           La tarde del 21 de junio, las delegaciones francesa y alemana se reunieron en un claro del boque de Compiegne, cerca de la estación de Reahondes, en el mismo lugar donde al concluir la Gran Guerra, el 11 de noviembre de 1918, Alemania había firmado su rendición ante los aliados. Las condiciones de los alemanes eran innegociables, aunque, como ya se ha apuntado, su términos no resultaban inaceptables.

           Los franceses trataron de regatear en algunos puntos, pero en vista de que los alemanes se mantenían firmes en sus exigencias, el protocolo del armisticio fue firmado al día siguiente. Las cláusulas sustanciales fueron la ocupación alemana de las zonas septentrionales, incluido París, asi como de toda la franja costera atlántica. El resto del territorio francés quedaba bajo la jurisdicción del gobierno de Pétain, cuyas opiniones conocía Hitler.

           Acerca de la flota, auténtico “nudo gordiano” de la situación, las pretensiones alemanas fueron muy moderadas. El artículo 8, que se refería a los buques de Darlan, prescribía lo siguiente: “La flota de guerra francesa –con excepción de la parte que se deja a disposición del gobierno francés para salvaguardar sus intereses en el imperio colonial-, se concentrará en puertos que se establecerán y deberá ser desmovilizada y desarmada bajo el control de Alemania y de Italia. La designación de estos puertos se hará según la destinación de armamento de los buques en tiempo de paz. El gobierno alemán declara solemnemente al gobierno francés que no tiene la intención de utilizar durante la guerra, para sus propios fines, la flota de guerra francesa anclada en los puertos bajo control alemán, salvo las unidades necesarias para la vigilancia de las costas y el dragado de minas. Declara además, formal y solemnemente, que no tiene intención de formular reivindicaciones en lo que respecta a la flota de guerra francesa una vez firmada la paz. Con la excepción de la parte de la flota de guerra francesa todavía por determinar y que será destinada a la salvaguarda de los intereses franceses en el imperio colonial, todos los buques de guerra que se encuentren fuera de las aguas territoriales deberán retornar a Francia”.

           Los temores franceses se relacionaban también con las condiciones que pudiera poner Italia y que, según el artículo 23 del protocolo franco-alemán, hubieran podido someter a nueva discusión los puntos ya acordados. Sin embargo, estas dudas se demostraron infundadas, y el armisticio italo-francés fue firmado en Roma, a las 1915 del 24 de junio de 1940.

Pensaban los ingleses que Hitler podría romper su palabra y utilizar la flota francesa que por el momento permanecía bajo el mando de Vichy. Lo cierto era que Hitler necesitaba que Francia pudiera defender sus territorios de ultramar y en consecuencia le permitió  ésta mantener su flota intacta. El temor británico se basaba en que las flotas combinadas de Alemania, Italia y Francia compondrían una fuerza a la cual los británicos no podrían oponerse.

Un equívoco fatal

         
El drama que se abatiría sobre la armada francesa empezó a asumir unos contornos más precisos. Ya en la noche del 21 al 22 de junio, cuando la delegación francesa comunicó las condiciones alemanas, hubo un mal entendido entre el embajador británico, sir Roland Campbell, y el gobierno de Pétain. Los telegramas ya enviados el anterior 16 de junio por Winston Churchill al entonces primer ministro Reynaud, fueron remitidos nuevamente a Charles Roux, secretario general del ministerio, que se encargó de informar directamente al respecto al propio Pétain. A partir de este momento, las ideas acerca de la suerte de los buques de Darlan iniciaron una divergencia sustancial. En opinión de Campbell, los mensajes no dejaban abierta otra solución que no fuese la del envío de los buques a Gran Bretaña. Según los franceses, en cambio, la seguridad de su flota quedaba ya suficientemente garantizada por un puerto de Africa del Norte o bien de la zona libre, ello sin contar las anteriores garantías ya ofrecidas por Darlan y Pétain.

           Tal vez los acontecimientos hubieran podido asumir otros derroteros si los británicos hubieran tenido conocimiento de las últimas instrucciones que el 20 de junio, aprovechando por última vez el código cifrado de la marina, Darlan había enviado a los almirantes y comandantes de las regiones marítimas. Estas disposiciones, definidas por Darlan como “irrevocables”, contemplaban, si bien con matices diversos según las contingencias, un solo imperativo categórico: los buques debían seguir siendo franceses a cualquier precio, incluida la solución de su hundimiento por sus tripulantes.

El “Jean Bart”

Las relaciones anglo-francesas siguieron deteriorándose, debido sobre todo a los caóticos momentos por que atravesaba el gobierno Pétain, mientras la delegación francesa se sentaba ante la mesa de negociaciones. Así, cuando el general Huntziger informó telefónicamente a su gobierno sobre las condiciones alemanas, se produjo un incidente, todavía hoy no del todo aclarado, entre sir Roland Campbell, el embajador británico, y Paul Baudouin, nuevo ministro francés de Asuntos Exteriores. El diplomático británico aseguraría más tarde haber recibido la notificación de las condiciones alemanas para el armisticio después de haber autorizado el gobierno francés su aceptación, en tanto que por parte francesa se sostendría que Campbell fue puesto inmediatamente al corriente de la cuestión. A raíz de este incidente, el embajador Campbell partió hacia Gran Bretaña, la noche del 21 al 22 de junio, en una atmósfera preñada de sospechas y de recíproca desconfianza entre ambos países.

La operación “Catapulta”

           
A fin de conseguir la neutralización y/o captura de los buques franceses, los británicos planificaron la operación “Catapulta”, que quedó fijada para el 1º de julio.                      

En la primera fase de la operación Catapulta, los buques que estaban en los puertos británicos de Plymouth y Portsmouth fueron simplemente abordados la noche del 3 de julio de 1940. Unicamente en el más grande submarino del mundo, el “Surcouf”, que había buscado refugio en Potsmouth en junio de 1940, huyendo de la invasión alemana a Francia, la tripulación ofreció resistencia, resultando muertos dos oficiales ingleses y un marinero francés.

Entre los buques tomados se contaban los obsoletos acorazados “París” y “Courbet”, los destructores “Le Triomphant” y “Leopard”, ocho lanchas torpederas, cinco submarinos y otros buque menores, además del “Surcouf”, que en esos momentos era el submarino más grande del mundo. Los buques fueron utilizados por las fuerzas de la Francia Libre, algunos de los miembros de las tripulaciones adhirieron a estas fuerzas, mientras otros fueron repatriados a Francia. Otros 59 buques anclados en bases inglesas fueron confiscados, pese a la resistencia francesa.

El “Strasbourg”

Asimismo, se estableció que la fuerza “H” de Gibraltar, normalmente bajo la jurisdicción del comandante en jefe del Atlántico Norte, pasara a depender directamente del Almirantazgo. La Fuerza “H” se componía de los cruceros de batalla “Hood” (buque insignia), “Resolution” y “Valiant”, el portaaviones “Ark Royal”, los cruceros livianos “Arethusa” y “Enterprise”, y los destructores “Faulknor”, “Foxhound”, “Fearless”, “Forester”, “Foresignht”, “Escort”, “Keppel”, “Active”, “Wrestler”, “Vidette” y “Vortigen”.      

La Force de Raid del almirante Marcel-Bruno Gensoul, que en aquel momento se encontraba en Mers-elKebir, consistía en los buques de batalla “Provence” y “Bretagne”, los modernos acorazados “Dunkerque” y “Strasbourg”, transporte de hidroaviones “Commandant Teste” y seis destructores, “Volta”, “Mogador”, “Le Terrible”, “Lynx”, “Tigre”, “Kersaint”. En el vecino puerto de Oran, a las órdenes del vicealmirante Jarry, se encontraban otras unidades, entre ellas torpederos y submarinos.

           
La fuerza “H” llegó ante Mers-el-Kebir la noche del 2 al 3 de julio de 1940, e inmediatamente los aviones del “Ark Royal” procedieron a minar el único paso practicable frente a las redes de obstrucción. Por otra parte, las unidades francesas tenían las proas hacia tierra, posición que impediría al “Dunkerque” y al “Strasbourg”, cuya artillería principal estaba concentrada en la zona proel, combatir eventualmente el tiro enemigo.

A las 0705 el destructor “Foxhound” se distanció de la escuadra de Sommerville llevando a bordo al capitán Cedric Holland (comandante del “Ark Royal”), que tenía orden de entregar personalmente al almirante Gensoul un mensaje que subrayaba la oportunidad de que los buques franceses se unieran a la Royal Navy para proseguir la lucha contra alemanes e italianos. Gensoul no quiso recibir a Holland, pero accedió a enviar a bordo del “Foxhound” al teniente de navío Dufay, sabiendo que a éste lo unían vínculos de amistad con el oficial británico.

           Así, el almirante fue informado de las intenciones británicas, que podían resumirse como sigue: proseguir la lucha contra el eje, al lado de Gran Bretaña; zarpar con tripulaciones reducidas rumbo a un puerto británico o bien, en caso de no querer romper el armisticio con los alemanes e italianos, hacia un puerto de las Antillas, donde los buques pudieran ser desarmados. En caso de negativa, o bien la Force de Raid había de ser hundida por sus dotaciones, o bien los buques británicos utilizarían los medios necesarios para impedir que cayeran en manos enemigas. Ante estas condiciones, Gensoul procedió a informar por radio a Darlan, pero no logró ponerse en contacto con el ministro de Marina de Pétain. En cuanto a Sommerville, le envió un mensaje en el que, manifestando su intención de no entregar los buques a los alemanes o a los italianos, subrayaba asimismo que “a la fuerza se respondería con la fuerza”.

           El ultimátum de Sommerville expiraba a las 1400 horas, pero, debido a las presiones de diversos oficiales, los buques británicos no abrieron el fuego llegada esa hora. Por parte francesa, se accedió entonces a recibir al capitán Holland a bordo del “Dunkerque”. Tras mostrar las instrucciones secretas de Darlan, Gensoul manifestó su indignación por el minado de la entrada de la rada, aunque Holland tuvo la impresión de que el almirante estaba dispuesto, por voluntad propia, a conducir sus buques a la Martinico o bien a Estados Unidos. A Holland, esta proposición, que transmitió de inmediato a Sommerville, le pareció la solución idónea para evitar derramamiento de sangre.


Vista del ataque a la flota francesa en Mers-elKebir desde uno de los buques ingleses


El “Provence” en primer plano, detrás el “Strasbourg” y en llamas el “Bretagne”

El almirante británico, que probablemente habría aceptado la decisión de Gensoul, no podía obrar por su cuenta, ya que el gobierno de Londres seguía apremiándole para que entrara en acción, sobre todo después del mensaje del almirante Le Luc, jefe de estado mayor de la marina francesa, que ordenaba a todas las unidades situadas  en el Mediterráneo a concentrarse en Mers-elKebir. Este mensaje hizo que se precipitaran los acontecimientos, porque, interceptado por Londres, fue retransmitido a Sommerville con la orden perentoria de pasar a la acción. Entonces Sommerville hizo enviar a Gensoul un ultimátum que no admitía réplica: “A menos que se acepte una de mis proposiciones, a las 1730 (hora oficial inglesa) me veré obligado a hundir sus buques”.


En la cubierta del “Dunkerque” se alinean los cadáveres de los marineros muertos

A las 1657, la primera salva de los buques británicos cayó sobre las unidades francesas que, encerradas en su propia trampa, apenas podían reaccionar, pese a que Gensoul ya había hecho dar la orden zafarrancho de combate. El “Hood”, “Resolution” y “Valiant” apuntan sus baterías hacia los buques franceses y las baterías de tierra responden. Los buques franceses presentan lucha e intentan salir a la mar, pese a que la mayoría tenían apagados los motores. El tiro británico, efectuado desde una distancia de solo siete millas, enseguida resultó demoledor. A las 1703, el “Provence”, que distanciado del muelle había podido disparar una decena de salvas contra el “Hood”, fue alcanzado en las torres principales de popa, con el consiguiente incendio de los pañoles de municiones, y encalló en un banco de arena. El “Bretagne” recibió una lluvia de proyectiles que hicieron estallar la santabárbara y la sala de máquinas de popa; dos últimos impactos de grueso calibre en el combés significaron el fin del acorazado, que dio la banda y se hundió. Las pérdidas humanas ascendieron a 977 tripulantes, con solo 145 supervivientes.


foto tomada por George Daly, se ve la popa del HMS Valiant la izq., con el HMS Hood al fondo, recibiendo la respuesta de fuego de los buques franceses. No fue todo fácil, como lo demuestra esta foto. (Archivo Histarmar)

También el “Dunkerque”, alcanzado en la central de tiro y en la sala de calderas, se vió obligado a embarrancar. En 16 minutos apenas, la Force de Raid había perdido la casi totalidad de sus buques de batalla. Solo el “Strasbourg” y cinco destructores (“Volta”, “Le Terrible”, “Tigre”, “Lynx” y “Kersaint”), junto con el “Comandant Teste”, consiguieron romper el bloqueo británico y llegar a Tolón al día siguiente. El submarino británico “Pandora” hunde al aviso francés "Rigault de Genouilly” cuando éste pretendía salirpara Oran.

Las cuantiosas pérdidas francesas en hombres y material se vieron agravadas por una serie de incursiones de los aviones torpederos del “Ark Royal” que, a consecuencia de una imprudente comunicación por radio, según la cual el “Dunkerque” no habría sufrido daños importantes, trataron de asestar el golpe de gracia al acorazado. También esta vez la suerte se mostró desfavorable para los franceses, porque el patrullero “Terre Neuve”, que se encontraba junto al “Dunkerque” y estaba dotado con cargas de profundidad, fue alcanzado por un torpedo que, además de provocar su hundimiento, abrió una enorme brecha en un costado del acorazado. Este permanecería en reparación hasta principios de 1942, cuando finalmente logró llegar a Tolón.


El “Provence” y el “Bretagne” bajo fuego inglés (cuadro de Chris Mayger)

La acción británica no se redujo solo al ataque contra Mers-el-Kebir, sino que se extendió a todos los buques franceses, de guerra o mercantes, que se encontraban en otros puertos. El 13 de julio las unidades francesas ancladas en los puertos metropolitanos británicos (Portsmouth, Plymouth, Southampton) fueron capturadas. En Alejandría, debido a la amistad que unía a Andrew Cunningham con el almirante Rene-Emile Godfroy, la acción se desarrolló sin violencias, ya que se estableció un acuerdo por el cual se procedió a desembarcar de los buques franceses el combustible y todos los accesorios de combate (cierres de las piezas, etc.) así como a reducir progresivamente los efectivos de las tripulaciones.






http://www.abc.es/cultura/20131222/abci-churchill-hunde-flota-francesa-201312212048.html

http://www.histarmar.com.ar/InfGral-2/Mers-el-Kebir.htm


Bibliografía de referencia:

·         José Luis Infiesta Pérez, Revista de historia naval, (España), ISSN 0212-467X, Año nº 20, Nº 77, 2002 , pags. 53-64

·         Conozcamos la Historia, Editores Cultura Colombiana, Bogotá, 1972

·         La Marina, Gruppo Editoriale Fabbri, Milan, 1978

·         Universitas, Tomo 12, Salvat Editorial, Barcelona 1987

·         Plan  of the Mers-el-Kébir anchorage is available at http://www.hmshood.org.uk/reference/official/adm234/adm234-317.htm

·         Churchill's Sinking of the French Fleet (July 3, 1940)

·         "Battle of Mers-el-Kebir", by Irwin J. Kappes, MilitaryHistoryonLine.com

·         "http://en.wikipedia.org/wiki/Attack_on_Mers-el-K%C3%A9bir"


Última edición por ariel el Sáb 11 Ene 2014 - 21:54, editado 3 veces
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MensajeTema: Re: El día que Churchill ordenó hundir la flota francesa aliada para «salvarla» de los nazis   Mar 7 Ene 2014 - 20:25

Gran recuerdo de la historia traes Ariel!
 
Me siento directamente ligado a ella porque uno de mis abuelos estuvo ligado directamente a una de estas acciones. mi abuelo estaba destinado en el el Crucero Jean de Vienne y por circunstancias estaba en el Arsenal de Mourillon cuando un cuerpo de SS intento entrar a la fuerza en Toulon, y según el me contó, detuvieron por dos horas a la vanguardia alemana cuando escuchó las explosiones  y comenzó a autohundirse la flota (en noviembre de1942).
 
Tengo que aclarar que muchos franceses de la flota no eran Vichystas, de hecho mi abuelo tuvo problemas graves luego dado que al revistar en la flota en 1942 entro a ser investigado primero por el gobierno de Vichy y luego por el gobierno libre, que lo llevó a dejar Francia y terminar en Argentina en 1947.
 
En 1967 recibió un perdón total cuando su historial militar quedó limpio pues de hecho suministró armamento a los grupos comunistas de la IFF en la zona de Martigues, cuyos testimonios lo exoneraron de ser considerado un traidor (que no lo fue nunca)
 
sin Embargo el siempre se sintió injustamente acusado y jamas volvió a Francia, y ni siquiera se dignó a cobrar la pensión de guerra que se le adeudaba.
 
saludos!!

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Un pájaro inocente,/herido de una flecha/guarnecida de acero/y de plumas ligeras,/decía en su lenguaje/con amargas querellas:
/Más crueles que fieras,/con nuestras propias alas,/que la Naturaleza/nos dio, sin otras armas/para propia defensa,/forjáis el instrumento/de la desdicha nuestra,/haciendo que inocentes/prestemos la materia./Pero no, no es extraño,/que así bárbaros sean/aquellos que en su ruina/trabajan, y no cesan./Los unos y otros fraguan/armas para la guerra,/y es dar contra sus vidas
plumas para las flechas.»
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MensajeTema: Re: El día que Churchill ordenó hundir la flota francesa aliada para «salvarla» de los nazis   Mar 7 Ene 2014 - 20:58

Bashar me pusiste contento! Cuanto me alegro entonces, un saludo
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bashar
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MensajeTema: Re: El día que Churchill ordenó hundir la flota francesa aliada para «salvarla» de los nazis   Mar 7 Ene 2014 - 21:17

Una gran reflexión me lleva a pensar la calidad de los gobernantes en aquel momento en Francia... muchos de ellos como Labal y Petaín eran "héroes" de guerra...y terminaron siendo colaboracionistas... mi abuelo los definia así " les ladines" a Petain era le era mas molesto de todos porque se lo consideraba como un comandante sanguinario, que aprobaba la famosa lotería entre las compañías cuando estas eran castigadas... y la pena era el fusilamiento. hay una película de Kirk Douglas como actor principal que rememora las loterías francesas, durante la primera guerra mundial, y creo que estuvo unos años censuradas en Francia, hasta el fin del gobierno de de Gaulle...

saludos

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