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 Ciencia argentina, repatriacion de científicos

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MensajeTema: Ciencia argentina, repatriacion de científicos   Mar 22 Oct 2013 - 6:35


Los aciertos de diez años de política científica y tecnológica. Investigaciones y testimonios. Verónica Perera, la repatriada Nº 1.000. Los desafíos.



Conquista. SAC-D Aquarius, satélite hito de la tecnología espacial argentina desarrollado por la CONAE. A la derecha, Cecilia Schneider, Marcelo Amable, Leticia Marrone y Verónica Perera.



Cuando medio centenar de científicos se acercaron en 2007 al consulado argentino en Nueva York para conversar con la entonces candidata Cristina Fernández de Kirchner, muchos tildaron la reunión de demagogia de campaña. Y cuando a fines de ese mismo año, ya presidenta, decidió crear el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, sus críticos lo vieron como marketing político o un espacio ideal para que los oportunistas de siempre consiguieran subvenciones injustificadas. Sin embargo, a seis años de aquella decisión de impulsar el desarrollo científico en el país –y a diez de la intención manifiesta de Néstor Kirchner al crear el programa Raíces (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior)–, la estrategia parece funcionar y muestra logros impensados. Por citar algunos: Indear, centro de investigación biotecnológica público-privado, logró transferir el gen de girasol resistente a sequías a plantas de maíz, soja y trigo, lo cual puede incrementar las cosechas hasta un 40 por ciento en tiempos sin lluvia. Investigadores del Conicet y otras instituciones públicas lograron enormes avances en el área médica, con vacunas para enfermedades como cáncer. Los subsidios gubernamentales apoyaron el desarrollo de hormonas de crecimiento en la leche de vacas clonadas, y nuevos y mejores métodos de sondeo para yacimientos petrolíferos. Y un dato nada menor en esta estructura: a través de Raíces repatrió a más de mil científicos que se encontraban investigando en el exterior. Ninguno de los programas ha sido sospechado de corrupción y ninguno de los investigadores repatriados ha manifestado arrepentimiento por su decisión de regresar.


Hace apenas una semana, el vicepresidente Amado Boudou y el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao, presentaron a la repatriada Nº 1000, la socióloga María Verónica Perera. Es un número simbólico y Perera lo sabe: de hecho, ya se sumaron cuatro científicos más a la nómina. Pero tiene un peso significativo: mil cerebros formados para investigar en diversas áreas que ahora trabajan para fortalecer su país de origen en lugar de engordar las arcas de instituciones o empresas extranjeras.


Entre ellos, el de Vanesa Gottifredi, una de las primeras en regresar, en 2003 y desde Nueva York, para incorporarse al Instituto Leloir. Es jefa del laboratorio de Ciclo Celular y Estabilidad Genómica y su equipo descubrió una nueva función de la enzima Chk1 que actúa en los mecanismos de tolerancia al cáncer y que permitiría perfeccionar las terapias contra los tumores malignos. Otro ejemplo, Gabriel Briones, bioquímico doctorado en Biología Molecular y Biotecnología, que retornó en 2009 para investigar el desarrollo de vacunas recombinantes orientado a solucionar cuestiones locales, como el síndrome urémico hemolítico.


Podrían citarse muchos otros casos que cubren la clásica idea de científicos de guardapolvo blanco en un laboratorio, pero la repatriación cubre disciplinas que hasta hace poco estaban en discusión acerca de si se consideraban ciencia o no. Como la sociología.


“Las ciencias sociales son importantísimas para la buena salud de una sociedad –afirma Verónica Perera, “la número mil” en la jerga de repatriados, a Veintitrés–. Creo en la idea de Jürgen Habermas: la sociología es una reflexión sistemática del presente con intenciones prácticas. Volví porque creo que eso se puede hacer en el país. Las universidades, el Conicet y otras instituciones tienen grupos pensando temas como memoria, sexualidad, medios, relación entre gobiernos y medios, entre Estado y mercado. Son importantísimos para vivir bien y para ser una sociedad con buena salud”.


Perera volvió al país en julio de este año para insertarse en la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav), conformando equipo con Cecilia Schneider, Marcelo Amable y Leticia Marrone, todos repatriados y todos sociólogos que además de dictar cátedra investigan diferentes temas. Para profundizar en eso de la “buena salud”, Veintitrés conversó con los cuatro profesionales acerca de sus investigaciones y de cómo colaboran con la idea de desarrollar la ciencia en el país.


Perera tiene a su cargo dos cátedras, una de grado, sobre Memoria, Derechos Humanos y Ciudadanía Cultural, y una de posgrado, sobre Activismo, Memoria y Derechos Humanos en la Argentina. Ambas incursionan en terrorismo de Estado, la crisis de 2001 y análisis de neoliberalismo, con fuertes componentes de expresiones culturales, como la producción cinematográfica posdictadura. Además, la ciudadanía como proceso de construcción y la democracia como modos culturales de relación. Pero además, lidera un equipo de investigación que hace puente con las ciencias ambientales, otro de los temas que trabajó durante su estadía en la New School for Social Research, de Nueva York, donde realizó un master y un doctorado en su materia. La línea que sigue es la de justicia ambiental, ya que “los daños, la contaminación, no se distribuyen espacial y socialmente parejos, hay territorios y grupos sociales que suelen aguantar lo peor. Es pensar el ambientalismo no como cosa prístina sino como conjunto de relaciones entre distintos tipos de seres y prestar atención a cómo se distribuyen los daños. La Argentina ha sido pionera en derechos ambientales, pero al mismo tiempo se chocan con industrias y modelos extractivos que son importantes en la economía global y nacional, como la minería a cielo abierto. Avellaneda es un lugar muy problemático, quiero empezar a trabajar en esto”.


Leticia Marrone, Magister Internacional en Cooperación Internacional, repatriada número 954 y responsable del área de Cooperación Internacional de la Undav, también divide su tiempo entre cátedras e investigación. Ese es uno de los cambios notables producto de la política científica: la revalorización y fomento de la figura de docente investigador. En el caso de Marrone, dicta clases de Estado, sociedad y derechos humanos en la Tecnicatura de intervención sociocomunitaria, en tanto la investigación que lidera apunta a “conocer los trayectos educativos de los estudiantes extranjeros dentro de la Undav. Como tenemos muchos alumnos latinoamericanos, nos propusimos conocerlos más. Antes era común que vinieran a realizar el posgrado, pero ahora vienen a hacer la carrera. La primera fase es de investigación cualitativa, pero luego seguiremos con el porqué de la migración y por qué esta universidad, que indudablemente les resulta cercana en todo sentido”.


Además, desde su departamento, Marrone se ocupa de tender lazos con universidades del exterior para firmar convenios marco –por ejemplo, de doble titulación en diseño industrial con la Universidad del Extremo Sur Catarinense, de Brasil– y avanzar en programas de intercambio. “La política del área es fortalecer lazos con universidades de la región, preferentemente públicas. Para construir intercambios trabajamos con proyectos de redes”, explica.



Marcelo Amable, doctor en Salud Pública y Ecología Humana, repatriado número 511, director del Departamento de Producción y Trabajo de la Undav y colaborador de la universidad Pompeu Fabra de España, investiga las desigualdades en salud laboral. La cuestión es que durante su estadía en España investigó un mercado de trabajo flexibilizado, pero al regresar al país, en 2008, encontró un mercado que “en los últimos años dejó de ser flexibilizado para ser uno regularizado, con derechos. Por eso el concepto de precariedad tal como lo veníamos trabajando no nos servía. Tuvimos que adaptar la escala de medición al concepto cultural, social y político de aquí para utilizarla en estudios epidemiológicos. Pero siempre apuntamos a la importancia de la regulación del trabajo y los derechos de los trabajadores como un factor protector de la salud”.


En España, el equipo de investigación en el que participaba Amable logró resultados distintos de los que se venían midiendo con otros indicadores, como inestabilidad laboral. Pero no se trata de indicadores biológicos, sino de medición de salud mental y autopercibida a través de estudios transversales y encuestas. “Encontramos dos resultados importantes: que no siempre estar desempleado tiene peores indicadores de salud y que a medida que se suman indicadores de precariedad laboral aumentan los resultados negativos en salud”.


Amable participó en 2008 en la comisión de desigualdades en salud que emitió el informe de la Organización Mundial de la Salud. La conclusión fue que los resultados diferenciales de salud son consecuencia de la desigualdad social y no sólo de la pobreza extrema. “Las sociedades más saludables no son las más ricas sino las más igualitarias. Esa línea nos interesa explorar, profundizar y trabajar en la Argentina”, señala el científico.


Los resultados podrían aplicarse en políticas públicas porque, tal como remarca Amable, “cuando se hace epidemiología o salud pública, la investigación debe orientarse a la intervención. La identificación de factores de riesgo y de protectores de la salud tiene que ver con la traducción del conocimiento en medidas concretas de políticas públicas”.


Cecilia Schneider, doctora en Teoría Social y Política, repatriada número 562, es Profesora Investigadora Adjunta con dedicación exclusiva en el Departamento Transversal de Ciencias Sociales y asesora de la Secretaría de Investigaciones de la Undav. Lidera un equipo que investiga Democracia local y participación ciudadana institucional en la Argentina. “Primero buscamos hacer un mapa de qué tipo de participación ofrecen los gobiernos locales –explica–. Lo centramos en las capitales provinciales y las nueve localidades del primer cordón del conurbano bonaerense, más Rosario, que tiene características particulares. Sobre 33 elegidos, obtuvimos respuesta de 22, una tasa bastante alta. Lamentablemente la ciudad de Buenos Aires, que estudié mucho y formó parte de mi tesis, no respondió”. El segundo paso será analizar en qué medida el contexto político incide en que los gobiernos promuevan la participación ciudadana. Y el tercero intentará ver en qué medida las personas entienden o actúan políticamente en sus mundos cotidianos. Los resultados de su investigación van a estar ligados a la gestión de gobiernos, al diseño, análisis y evaluación de políticas públicas.


En cuanto a la repatriación, Schneider asegura que “Raíces se encarga muy bien de mantener un lazo entre nosotros, pero igual creo que me debo algo como pensar una red o un proyecto en conjunto. Todos volvimos con una riqueza enorme y en un momento impensado del país. Hay tantas cosas por hacer: contactos, intercambio de alumnos o de docentes investigadores, posgrados en conjunto. No digo que no exista, pero no conozco a nadie que haya vuelto y esté arrepentido, que no esté contento. Y además, los que vienen de afuera se quedan fascinados con esta realidad. Para mí, que viví la etapa rica y próspera de España, es un placer”.

En cuanto a los cambios que registraron en el país al regresar después de muchos años, Marrone destaca “el rol de la juventud. Pasé mi adolescencia en los ’90 y cuando me fui había mucha desesperanza, ya nos habían privatizado el país. Era el fin de la historia de la que hablaba Francis Fukuyama. Ahora los jóvenes retomaron la idea de que todo es posible, se juntan para armar un centro cultural o hacer cualquier otra cosa. Es un cambio radical, porque si un país tiene jóvenes sin esperanzas está todo perdido”.

Perera elige mencionar tres cuestiones que “hablan de distintas dimensiones de la democracia: matrimonio igualitario, lo público, y la asignación universal por hijo”, y se explaya en la cuestión de lo público. “Cuando me fui, a fines de los ’90, lo público había desaparecido, no sólo por las empresas privatizadas en tres años, sino también por los barrios cerrados y las plazas que empezaban a cercarse. Se vivía lo paradigmático del neoliberalismo: que un sujeto de derecho a la salud pública, por ejemplo, pasara a ser un cliente de las prepagas. Catorce años más tarde eso se modificó. No sé si se ha revertido totalmente y creo que es muy válida la pregunta de cuáles son las continuidades del neoliberalismo, qué sobrevive, y los investigadores debemos tomarla muy en serio. Pero si puede haber continuidad también hay una clara ruptura. Lo público se ha revalorizado, hay un Estado presente en muchas áreas y lo público vuelve como político, como posibilidad, en el discurso y en el imaginario”.


Son apenas cuatro testimonios sobre más de mil científicos repatriados que están dispuestos a impulsar el desarrollo del país. Y de un área que no suele ganar primeras planas. Una muestra pequeña de los grandes logros de una política de Estado que apunta a diseñar una nación inserta en la sociedad del conocimiento.

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Líneas de repatriación





El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva contempla tres formas de financiamiento para la repatriación de científicos y tecnólogos argentinos en el exterior: Proyectos de Investigación y Desarrollo para la Radicación de Investigadores (PIDRI), de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica; Becas de reinserción, del Conicet, y Subsidios Retorno, del Programa Raíces, convertido en ley y política de Estado en 2008 y dirigido por Águeda Menvielle desde el Departamento de Relaciones Internacionales del ministerio.

Hace unas semanas organizó el seminario “30 años de democracia, contribución a la ciencia, tecnología, innovación y los derechos humanos”, del que participaron redes de investigadores argentinos en el exterior que no tienen pensado volver pero sí desean trabajar por el país.

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Una realidad numérica




1.004 científicos fueron repatriados en la última década.


60 por ciento son hombres.


4800 científicos argentinos todavía están radicados en el exterior.


4 mil millones de pesos es el presupuesto destinado al sector científico para 2013.


Fuente: http://veintitres.infonews.com/nota-7667-sociedad-Mas-de-mil-logros.html
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MensajeTema: Re: Ciencia argentina, repatriacion de científicos   Mar 22 Oct 2013 - 6:59

Sin dudas es apostar al futuro. Una Argentina independiente. Hoy sembras mañana tendras sus frutos. Como esto empezo rapidamente, los frutos esta apareciendo ahora. Buena decision.
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