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 Reportaje a Exequiel Martínez 08/2012

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MensajeTema: Reportaje a Exequiel Martínez 08/2012   Jue 30 Ago 2012 - 11:12

“NO SOY EX COMBATIENTE. TODAVÍA SIGO COMBATIENDO”



El reconocido pintor Exequiel Martínez, que recuerda a sus compañeros durante el Conflicto de Malvinas a través de sus cuadros, asegura que seguirá pintando hasta sus últimos días

Por Laura Pereyra

Tras la ceremonia del Centenario de la Aviación Militar Argentina y mientras se desarrollaba el Vino de Honor en el Cuerpo de Cadetes de la Escuela de Aviación de Córdoba, el pintor y esta cronista ingresaron a la Sala de Malvinas donde las paredes están colmadas de sus cuadros. Los 36 oficiales de la Fuerza Aérea que murieron en la guerra, retratados en esas pinturas, eran nuestros espectadores. La entrevista comenzó. “Los pinté por pedido de ellos y lo voy a seguir haciendo”, manifestó categórico mientras los miraba.

Exequiel Martínez nació en la provincia de Chaco y luego de terminar sus estudios secundarios ingresó a la Escuela de Aviación Militar (EAM) donde egresó como piloto de helicóptero Bell 212. La Base Aérea Mar del Plata, la I Brigada Aérea de El Palomar y la VII de Moreno fueron algunos de los destinos donde cumplió funciones. Tras alcanzar el grado de capitán, en 1971 se retiró de la Fuerza Aérea pero siguió con su pasión por volar en el ámbito civil.

Once años después, al enterarse de que el Conflicto de Malvinas había empezado, se ofreció para sumarse a las filas de los soldados argentinos y con su propia aeronave integró el “Escuadrón Fénix”, compuesto por pilotos civiles que operaron voluntariamente desde la Base San Julián.

“Tenía unos cuarenta años y era capitán de la reserva. Mi función fue rescatar a los pilotos, muchos de los cuales eran camaradas que conocí por mi paso en la Escuela de Aviación. Al volver de sus misiones compartíamos juntos almuerzos, cenas y tardes de mates y charlas. Pero un día, en esos encuentros, vi una mirada en sus rostros que yo no entendía. Cuando fui al comedor preguntando por un compañero que me iba a contar un relato personal, todos nos dimos cuenta que su silla estaba vacía, que no había regresado. Ahí entendí el pedido que él me había hecho: ‘Exequiel, no sabemos qué va a pasar con nosotros, por eso te pido que si no vuelvo, no permitas que todo quede en vano’”.

Y ese pedido tan profundo, como Martínez lo define, fue el motor para su vida. Sus manos pudieron reflejar lo que en carne propia experimentó en Malvinas y, aunque en cada trazo derramó una lágrima, valió la pena remover esos momentos en su conciencia para dar a conocer al mundo el legado que dejaron los 55 caídos de la Fuerza Aérea. “Yo no estudié pintura, soy autodidacta y hago lo que puedo. Creo que ellos recurrían a mí en un esfuerzo por vivir después de la muerte y considero que lo logré. En cada cuadro hay pintura, cariño y dolor”.

Durante el Conflicto, Exequiel -que era conocido como el pintor de la Fuerza Aérea que retrataba aviones- pasó sus días con una cámara fotográfica con la que registró imágenes individuales de cada uno de sus compañeros -junto a los aviones que operaban- y momentos específicos de la guerra que más tarde reflejó en sus acuarelas. Al material recaudado sumó croquis que los oficiales hicieron a mano en servilletas sobre los distintos ataques; recibió fotos desde otras bases y el capitán Pablo Carballo -actual comodoro (R)- también hizo su aporte.

“Apenas se apagó el eco del último tiro en Malvinas empezó otra guerra en la que yo peleé con doce pintores ingleses que mandó la Reina para contar cómo era la historia (…) Realmente, soy un privilegiado: estuve en el momento oportuno, pude pelear por las Islas y ser testigo directo y combatir mediáticamente contra los ingleses hasta el día de hoy. Por eso, no soy ex combatiente, sigo combatiendo”, afirmó el artista.

HOMENAJE

“Cuando estuve en la EAM conocí gente maravillosa. Lo que se amamanta en los cuatro años de formación es algo increíble. El sacrificio y amor por la Patria sale de esta Escuela de Aviación, de la extraordinaria educación que nos ha enseñado a no ser ‘soldados a sueldo’ y nos ha transmitido un sentimiento muy fuerte que se llama Patriotismo”.

Hace unos meses, su promoción cumplió las Bodas de Oro y, en ese instituto de formación se realizó un acto para celebrarlas. El grupo de oficiales recorrió las instalaciones recordando sus años de cadetes y al llegar a la Sala de Malvinas, el director, brigadier Eduardo La Torre, le pidió unas palabras al autor de los cuadros que componen el recinto. Al mirar a sus camaradas les dijo: “Yo quiero hablarles a ustedes. Hace 30 años me dieron un encargo y lo cumplí. Lo que ustedes hicieron se conoció en todo el mundo. Hoy, yo les pido que vayan calentando el agua porque en cualquier momento seguimos la mateada”, contó con la voz entrecortada.

LA GUERRA Y SU OBRA

Durante el Conflicto, como cuenta Martínez, los aviones civiles del “Escuadrón Fénix” actuaron como señuelos: se ubicaban a la altura de los bombarderos y al llegar a las Islas, cuando los radares británicos los detectaban, inmediatamente enviaban a sus aeronaves Sea Harrier para interceptarlos. Cuando salían del lóbulo del radar regresaban a la Base e ingresaban a escena los verdaderos bombarderos para iniciar los ataques.

“La aviación número 33 del mundo combatió con la tercera flota, pero fue tan bueno el desenvolvimiento de la Fuerza Aérea que yo comparo a nuestros pilotos con Leónidas. Para mi, cada uno de mis camaradas es como ese soldado espartano luchando con coraje y valentía en la Batalla de las Termópilas contra los Persas (…) Nosotros tenemos que unirnos a la causa Malvinas y recordarlos por ese sacrificio que hicieron”, pidió el pintor.

Producto del realismo y de la excelencia de sus trazos, su obra está presente no sólo en nuestro país sino que ha recorrido el mundo. “Autoridades del país indio de Sri Lanka me ha pedido permiso para publicar mis cuadros; en el museo de guerra de Moscú y en toda Europa hay cuadros míos. Hasta en la casa del general San Martín, en Boulogne sur Mer, Francia, porque a los pilotos argentinos se los compara con los Granaderos a Caballo que con lanzas y boleadoras le ganaron a los mejores cuadros militares europeos. Y una cosa es muy cierta y lo digo con conocimiento de causa: la Fuerza Aérea no perdió la guerra ni se rindió; la Fuerza Aérea ganó la batalla aeronaval”, afirmó orgulloso.

Tras haber cedido los derechos de autor sin cobrar dinero alguno por sus cuadros, el pintor reconoce que su obra nunca tuvo un tinte económico y que durante estos años no ha recibido más que satisfacciones. Con los ojos vidriosos, contó que “es muy emocionante todo lo que he vivido y me resulta muy difícil describirlo, pero me gustaría contar dos anécdotas que me marcaron. Hace varios años, en el edificio Cóndor, entregué un cuadro de un compañero, Ibáñez y en medio del acto una señora chiquitita pidió darme un beso y me dijo: ‘señor Martínez, mi hijo cayó en el mar y su cuerpo nunca apareció, nunca pude visitarlo en un cementerio y hablar con él. Pero hoy, usted lo ha traído y ahora yo puedo traerle un ramo de flores para él”.

Y continúa: “Cuando sacamos nuestro primer libro con el capitán Carballo, recaudamos muchísimo dinero que donamos a las viudas de los caídos. En agradecimiento, muchas personas nos han mandado cartas y en una de ellas, escrita con letra redondita y poco clara, la mamá de un soldado me decía: ‘Gracias señor Martínez porque ha permitido cumplir con la promesa que mi hijo me hizo antes de ir a la guerra. Él me dijo que cuando regresara iba a arreglar nuestra casa; la iba a pintar, iba cambiar las chapas del techo y poner un cerco. Con la plata que recibí pude pintar mi casa, cambiar las chapas y poner un cerco’”. Hace un silencio y sigue: “esos son los pagos que yo tengo por mis cuadros”.

EL PINTOR HOY

Tras haber sufrido recientemente un elevado pico de presión, con sus más de 70 años Exequiel Martínez vive aislado en Unquillo, “la ciudad de los pintores”, para cuidar su salud. Reflexivo y sensibilizado manifestó que “al retratar a mis camaradas y traerlos a la vida, todos me agradecen, pero el agradecido soy yo por haberme permitido hacer algo por ellos y devolverles un poco todo lo que han hecho por nosotros al dar la vida. Yo pude congelar y transmitir la historia, pero la historia la hicieron ellos (…) Es muy importante para mí haber cumplido su pedido y estar vivo para celebrar hoy los cien años de la Aviación Militar. Ya estoy hecho, me puedo morir tranquilo”.

Fuente: noticiasenvuelor

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Un grande de verdad aplausos

Saludos
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