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 El Cruce de Los Andes

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MensajeTema: El Cruce de Los Andes   Dom 29 Jul 2012 - 7:58

El Cruce de Los Andes


En su Historia de San Martín, Bartolomé Mitre dice que la gran cordillera argentino-chilena sólo es accesible por pasos precisos, llamados boquetes o portezuelos, de los cuales los más conocidos y que se relacionan con nuestra historia son: al centro, los de Uspallata y Los Patos, frente a Mendoza y San Juan; al norte, el portezuelo de la Ramada y el paso de Come-Caballos, que ponen en comunicación a La Rioja con Coquimbo y Copiapó; y por último, al sur, los del Planchón y del Portillo, que conducen a los valles de Talca y Maipu, y a Santiago de Chile.

Estos caminos transversales, cuyas cumbres en la prolongación del eje del cordón principal de la cordillera se elevan entre 3.000 y 3.700 metros, quedan obstruidos con las nieves del invierno y sólo son transitables con el rigor del verano.
Hasta 1817, sólo habían sido cruzados por pequeños destacamentos militares o caravanas de arrieros, por senderos en los que únicamente podía pasar un hombre a mula.

El paso de un ejército numeroso a través de sus desfiladeros se consideraba imposible, y no había sido proyectado siquiera —dice Mitre antes que San Martín lo intentara.

Los problemas a resolver por San Martín para invadir Chile eran muchos. Por esos precipicios había que llevar artillería de batalla, trasmontar las cumbres sucesivas con 5.423 hombres, llevar, además de las municiones y del armamento de repuesto, los víveres necesarios para la travesía, y las mulas y los caballos con sus forrajes para el transporte del personal y del material.

Asimismo, esas tropas debían llegar concentradas, en son de guerra, al territorio enemigo, para calcular los movimientos combinados y lograr una doble victoria: sobre la naturaleza y el enemigo.

El paso de los Andes fue una verdadera proeza, una empresa difícil penosa y peligrosa, de la que muchas están lejos de imaginar lo arduo y sobrehumano que fue aquel cruce, único en los anales de la historia argentina y casi de la universal.
Para comprender el cruce de los Andes hay que eliminar la idea de la amplia carretera que existe en actualidad, suprimir la mayoría de los puentes y prescindir del túnel que usan los trenes y los autos.

En el siglo XIX no había carretera sino un camino, de 30 a 50 centímetros de ancho, desigual y pedregoso, apto para las muías. Las tropas de la patria tuvieron que viajar al paso de estos animales y, por eso, el cruce duró 20 días.

Vencer dificultades

La escasez de agua era un problema a pesar de que abunda en la cordillera y que los caminos costean ríos de buen caudal. San Martín conocía esta realidad y planeó las jornadas del viaje según, las posibilidades de conseguir agua. Haciendo la travesía por jornadas, según los sitios donde había agua para saciar la sed de más de 5.000 hombres y más de 10.000 animales.

No había entonces, ni hay ahora, pasto adecuado para los animales ni leña para los fogones, por eso el ejercito tuvo que llevar a lomo de mula, todo el forraje necesario para alimentar a 10.000 animales durante 20 días. Desgraciadamente, la previsión no resultó suficiente y muchas mulas desfallecieron de puro flacas.

También hubo que llevar la leña para hacer fuego y disponer de la comida para más de 5.000 hombres.
Como en la cordillera no hay arbustos, para hacer fuego se juntaba bosta seca de muías, que siempre quedaba en la senda.

Todos los comestibles fueron llevados desde Mendoza por la misma tropa a lomo de mula o en las mochilas y condimentados con grasa y ají picante.

Con la sola adición de agua caliente y harina de maíz tostado se preparaba un potaje tan agradable como sustancioso.
Sobre las mulas cargueras se llevaban 3.000 arrobas de charque -carne salada y seca-, además de galletas de harina, maíz tostado, vino, aguardiente, ajos y cebollas. Estos tubérculos también eran utilizados para combatir el apunamiento.
Las provisiones de 15 días para 5.423 hombres ocuparon 510 mulas y las cargas de vino para ración diaria, 113. Según el general Guillermo Miller, el número de vacunos en pie llegaba a 483.

Paso lleno de peligros

Iniciada la marcha, las columnas que llevaban los víveres iban detrás.

El ajo y la cebolla eran utilizados para contrarrestar el apunamiento o soroche. Los ajos se restregaban en las narices de las mulas que padecían el soroche.

Todos, desde San Martín hasta el último soldado, tuvieron que dormir a lo arriero no una, sino muchas noches y usar por cama la montura, el poncho y el jergón -similar a un colchón de lana-, puestos sobre el duro suelo de la zona.
Para defender a sus soldados del frío, San Martín adoptó dos medidas extraordinarias: proporcionarles zapatos que abrigaran bien los pies y distribuir entre ellos una buena cantidad de alcohol, que llevara calor al organismo.

También les dio ponchos forrados, muy abrigadores, pero creyó que lo más importante era un buen calzado, para caminar por caminos pedregosos y para defenderse del frio. San Martín manifestó que ello era necesario "por cuanto la salud de la tropa es la poderosa máquina que bien dirigida puede dar el triunfo, y el abrigo de los pies es el primer cuidado".

También se proveyó de protección a los animales. Caballos, mulas y vacas llevaban la llamada enjalma chilena, un abrigo forrado en piel. San Martín desechó los abrigos forrados en paja, por el peligro de que las bestias se los comieran, a falta de otro tipo de alimento.

Como arrastrar la artillería era una tarea muy complicada por las características de los caminos, San Martín hizo cubrir todas las piezas con cueros vacunos. Buscó que no se deterioraran por caídas y golpes, y de facilitar su sujeción con cuerdas y sogas.

Para cruzar los ríos colmados de agua, el ejército llevó un puente que podía armarse y desarmarse. Era un puente de maromas -cuerdas gruesas, generalmente de fibras vegetales- de 40 metros de largo.

El Ejército de los Andes durante el cruce de la cordillera

CUARTEL GENERAL
Comandante jefe del ejército: Gral. José de San Martín
Comandante del cuartel gral: Gral. Bernardo O'Higgins
Secretario de guerra: Tte. Cnel. José Zenteno
Secretario particular: Capitán Salvador Iglesias
Auditor de guerra: Dr. Bernardo de Vera
Capellán general castrense: Dr. Lorenzo Güiraldes
Edecanes: Cnel. Hilarión de la Quintana, Tte. Cnel. Diego Paroissien y sargento mayor Alvarez Condarco.
Ayudantes: Capitanes Juan O'Brien, Manuel Acosta, José M. de la Cruz y Tte. Domingo Urrutia.

ESTADO MAYOR
Jefe del estado mayor: Gral. Miguel E. Soler
2º jefe del estado mayor: Cnel. Antonio Luis Berutti
Ayudantes: Sgto. mayor Antonio Arcos, capitán José M. Aguirre y Tte. Vicente Ramos
Oficiales Ordenanzas: Alférez Manuel Marino, tenientes Manuel Saavedra y Francisco Meneses y subteniente Félix A. Novoa.
Comisario general de guerra: Juan Gregorio Lemos
Oficial 1ª de comisaría: Valeriano García
Proveedor general: Domingo Pérez
Agregado al esta mayor: Tenientes coroneles A. Martínez, Ramón Freiré y José Samaniego, y sargentos mayores Enrique Martínez y Lucio Mansilla.

FUERZAS DE LINEA
Batallón Nº 1 de Cazadores Comandante, teniente coronel Rudecindo Alvarado; Sargento Mayor, José García de Zequeira; 27 oficiales y 543 de tropa
Batallón Nº 7 de Línea Comandante, teniente coronel Pedro Conde; Sargento Mayor, Cirilo Correa; 26 oficiales y 741 de tropa
Batallón Nº 8 de Línea Comandante, teniente coronel Ambrosio Crámer; Sargento Mayor, Joaquín Nazar 26 oficiales y 767 de tropa.
Batallón Nº 11 de Línea Comandante, coronel graduado Juan Gregorio de las Heras; Sargento Mayor Ramón Guerrero; 26 oficia y 579 de tropa.
Batallón de Artillería Comandante el teniente coronel graduado D. Pedro Regalado de la Plaza, y sumaba 15 oficiales y 226 de tropas.
Regimiento de Granaderos a Caballo Comandante, coronel graduado José Matías Zapiola; 2do. Comandante del 3er escuadrón, teniente coronel José Melián; Sargento Mayor y comandante del 2do. Escuadrón, Manuel Medina. Comandante accidental del 4to. escuadrón, capitán Manuel de Escalada en sustitución de su titular, sargento mayor Mariano Necochea que estaba a cargo del Escuadrón Escolta; 37 oficiales y 640 de tropa.

SERVICIO Y TROPAS AUXILIARES
Cuerpo de barreteros de minas 120 hombres
Destacamento de baqueanos 25 hombres
Escuadrón de milicianos (custodia de bagajes) 1200 hombres.
Sanidad (hospital volante) 47

Según estudios del historiador Guillermo Furlong, el total del ejército era de 5.423 hombres, cifra que se descompondría en:
Soldados combatientes 3.778
Auxiliares 1.892
Oficiales 207 de los cuales 28 eran jefes y 3 generales
Empleados civiles 15

El engaño a los realistas

En las instancias previas al cruce de los Andes, San Martín montó un servicio de inteligencia, espionaje y guerra de zapa para saber cuál era la fuerza del enemigo que debía enfrentar y engañar a los realistas acerca del lugar y forma en que llevaría a cabo su empresa.

La intención de San Martín era hacer creer al enemigo que la expedición se dirigiría al sur de Chile, cuando, en realidad, su plan ofensivo se proponía realizar la invasión por el medio del macizo cordillerano. Así, engañó a los realistas con falsas comunicaciones y fingidas confidencias a amigos y enemigos. Y guardó el secreto hasta el último momento.

Para terminar de convencer al capitán general de Chile, Francisco Marcó del Pont, del falso plan, llevó a cabo un original ardid de guerra, novedoso y digno de su genio: el llamado Parlamento con los indios pehuenches.

Como gobernador de Cuyo, San Martín tenía relaciones amistosas con los indios pehuenches -dueños de las tierras ubicadas en las faldas orientales de la cordillera, al sur de Mendoza- para brindar paso libre a sus agentes secretos de Chile y, a la vez tenerlos de su parte en caso de invasión del enemigo.

Mientras concentraba su ejército en el campamento de El Plumerillo se propuso renovar las relacione, con el doble objeto -dice Mitre- de engañar al enemigo sobre sus verdaderos planes y dar mayor seguridad a las operaciones secundarias que planeaba por los caminos del sur.

Mientras en el otro lado de la cordillera…

La llamada Patria Vieja chilena (1810-1814) vivió en paz hasta la llegada, en 1813, de la expedición que fue enviada por el virrey del Perú, José Fernando de Abascal.

Su misión: acabar con la revolución chilena.

A principios de ese año llegó a la isla de Chiloé el brigadier de la Armada española José Antonio Pareja, al mando de una expedición reconquistadora.

En poco tiempo recluto un ejército con una fuerza de 2070 hombres teniendo su primer combate el 26 de abril de 1813 en la zona de Yerbas Buenas.

El brigadier Pareja muere por causa naturales tomando el mando el brigadier del ejército Gabino Gainza, enviado desde Lima, quien desembarcó el 31 de enero de 1814.

Tras sufrir algunos reveses militares, es reemplazado por el coronel de artillería Mariano Osorio este estaba acompañado por el Regimiento de Talavera al mando del coronel Rafael Maroto, esta unidad recién llegada de España era reconocida por su crueldad.

En los días 1 y 2 de Octubre de 1814 derrotan a las tropas Chilenas provocando el final de la patria vieja y la emigración a Mendoza de Bernardo O’Higgins.

Una vez tomada la ciudad de Santiago el Virrey de Perú envío en reemplazo al general Francisco Casimiro Marcó del Pont
En 1817 parece que la primera resolución adoptada en los Consejos de Marcó Del Pont, luego que ya no hubo duda de la próxima venida de la expedición restauradora, había sido que tan pronto como la aproximación del verano dejase transitables los caminos de la Cordillera, el ejército realista cruzase ésta y se anticipase a atacar al adversario en sus propios hogares. Pero este proyecto, inspirado por el Padre Martínez, no tardó en ser abandonado por otro que consistía en esperar la invasión dentro del reino. El historiador Torrente ha inculpado a Marcó por ese abandono, y se muestra persuadido de que, si el primer acuerdo se hubiese llevado a ejecución, muy distinto habría sido el resultado de la campaña próxima a emprenderse.

Dice el historiador chileno Salvador Sanfuentes -Por mi parte abrigo una opinión totalmente contraria. Pensaren llevar la guerra a Mendoza, dejando a Chile enteramente desguarnecido o con muy poca fuerza para su custodia, equivalía a correr a una ruina segura en aquellas circunstancias. Tan aventurada determinación pudiera haber contado con algunas probabilidades de buen éxito, si Marcó no se hubiese hallado dominando un país en que el poder que representaba era ya generalmente aborrecido, y cuyo estado de insurrección le denunciaban demasiado las guerrillas que veía brotar por donde quiera. Pero en presencia de estos síntomas, ¿qué otros resultados podía prometerse de su temeridad, sino un levantamiento simultáneo así que hubiese vuelto las espaldas, y que atacado tal vez por todas partes en el territorio que con mil desventajas invadía, se hubiese consumado bien pronto su sacrificio por él mismo buscado con tanta imprudencia?-

El consejo, pues, adoptado últimamente por Marcó, era el más acertado en aquella coyuntura; pero el grande e imperdonable error de su plan consistió en haber intentado cubrir a la vez el inmenso espacio que media entre Concepción y Coquimbo, para atender a cualquier punto por que se le acometiese. Desde este momento debía ya contar como inevitable su derrota.

Muy distinta pudiera haber sido su suerte, si en la incertidumbre del punto fijo por donde iba a efectuarse la invasión, y consiguiente imposibilidad de estorbarla, hubiese concentrado su florido ejército en Santiago, aguardando que el enemigo se hallase con todas sus fuerzas de este lado de la Cordillera, para acudir entonces a librar la posesión de Chile a la decisión de una batalla.

De Mendoza a Chile por seis rutas distintas


Seis fueron las rutas y columnas que, siguiendo el plan trazado por San Martín, cruzaron los Andes, entre enero y febrero de 1817.

Dos de ellas fueron las llamadas columnas primarias o principales, que incluían al grueso del Ejército de los Andes y que luego harían las operaciones principales.

Las otras cuatro fueron las columnas secundarias, pero muy importantes para la estrategia global, pues todas ellas colaboraron en la victoria final y cumplieron las misiones encomendadas por el Libertador.

Los datos sobre el avance de estas seis columnas provienen del estudio realizado por coronel Leopoldo Ornstein, el más profundo y detallista historiador de quienes estudiaron la campaña de San Martín.

Las columnas principales

El grueso del ejército formó una columna fraccionada en tres escalones, que quedaron a cargo de San Martín, O'Higgins y el general Miguel Estanislao Soler.

Esta columna principal tomó la ruta conocida como de Los Patos y fue la última en salir de El Plumerillo, entre el 20 y el 24 de enero de 1817.

El 2 de febrero cruzó la cordillera por el paso de las Llaretas. Esta división tuvo muchas dificultades: atravesó 4 cordones montañosos.

La otra columna principal fue la división de Las Heras, que siguió por el camino de Uspallata y el valle del río Mendoza..
La columna de Las Heras

Partió desde El Plumerillo el 18 de enero 1817. Llevaba como segundo jefe al sargento mayor Enrique Maitínez y a las 11.30 de ese día comenzó la marcha entre las aclamaciones de una muchedumbre que había ido a despedir a las tropas.
San Martín decidió que toda la artillería pesada y parte de la artillería liviana, conducida por fray Beltrán, siguiera a la retaguardia ya que por el paso de Uspallata sería más fácil el traslado de las piezas pesadas que por Los Patos.
El primer tramo que realizó esta columna fue hasta Uspallata, por Cañota, acortando camino en dirección a la cordillera y atravesando la sierra de los Paramillos. El 18 y el 19 de enero, permaneció en Cañota. Reanudó la marcha al día siguiente, cuando, por la noche, alcanzó el valle de Uspallata, donde instaló su campamento en espera del movimiento de la otra columna principal.

Como ambas divisiones debían actuar en simultáneo, las tropas de Las Heras aguardaron a las de Soler hasta el 29 de enero.

Primeros enfrentamientos

Combate de Pichueta
El sargento mayor realista Miguel Marquelí, con 200 cazadores de los batallones de Talaver y de Chiloe, entró por el camino a Uspallata, llegó el 24 de enero al Paramillo de las Vacas y, la vanguardia de este grupo con 50 a 60 hombres (según distintas fuentes), rodeó el fuerte Picheuta y lo atacó, tomándolo por sorpresa, en él se encontraban 14 hombres (un cabo, 5 soldados de línea y 8 milicianos) tomando en el combate a 7 prisioneros, huyendo él resto que llevaron la noticia a Uspallata.

Combate de Potrerillos
Las Heras, en conocimiento de los hechos ocurridos en Pichueta, envió al sargento mayor Martínez, con una compañía compuesta por 113 hombres, 83 del Batallón N° 11 al mando de Francisco Aldao y 30 granaderos a caballo, a perseguir a los enemigos. Al llegar a Picheuta, supo que los realistas se habían ido al río Las Vacas y que estaban apostados al norte y al sur del Camino Real, entre el cerro de Las Cañas y la confluencia de los ríos Las Vacas y Mendoza.
Al avanzar los patriotas, formados en tres columnas, los realistas abrieron fuego, y la columna de Martínez, que iba por el centro, fue detenida. Pero el contingente militar que estaba más al norte pudo avanzar y sobrepasó a los realistas. Advertido de la situación, Marquelí mandó guerrillas para detenerlos.

En tanto, la columna sur cruzó el río Las Vacas y atacó a los realistas, pero fue repelida por una guerrilla que la obligó a retroceder.

La columna patriota ubicada al centro no podía avanzar. Martínez decidió suspender el combate y replegarse bajo el fuego enemigo, volvió a cruzar el río y se refugió en el Paramillo para defenderse. Los realistas levantaron a sus heridos y se retiraron, con rapidez, hacia las cumbres. Esta actitud dio ánimo a Martínez que ordenó su persecución. Llegó a dejar avanzadas en Potrerillo y Picheuta y regresó a Uspallata el 26 enero. Sus bajas: 12 heridos, mientras las bajas realistas fue de 16 hombres.

Reinicio de la marcha
El 29 de enero, la columna de Las Heras reinició la marcha y llegó a Picheuta a la media tarde para pasar la noche. El 30 siguió hasta Polvaredas y el 31, hasta el arroyo Santa María, donde se destacó una partida de exploración que informo haber visto tropas realistas.

Las Heras decidió que cruzaría las altas cumbres esa misma noche. Ordeno no desensillar, repartir vino y galleta y no encender fuego. También dividió a sus tropas en tres escalones, para usar simultáneamente los dos pasos de esa ruta, el Bermejo y el Iglesia, azotados por fuertes vientos.

El primer escalón (15 granaderos y dos compañías del Batallón N° 11) pasaría por el Bermejo y atacaría a la guardia realista. El segundo escalón (15 granaderos y otras compañías del Batallón N° 11), al mando de Martínez, cruzaría por Iglesia y cortaría la retirada de los enemigos. El tercer escalón, con el resto de la columna y la artillería, al mando del sargento mayor Román Deheza, cruzaría por detrás.

A medianoche y bajo la luz de la luna, contra el viento y el frío, los soldados ascendieron las cumbres. Al llegar vieron que las fuerzas realistas se habían ido. Por eso, el siguiente cruce del cordón fronterizo fue más tranquilo: las tropas subieron de 2.800 hasta 3.800 metros al recorrer 18 kilómetros sin mayores contratiempos. El 2 y 3 de febrero los pasaron en espera y el 3 llegó un chasque de San Martín, con órdenes para que se detuvieran dos días, para poder maniobrar en conjunto con el grueso del ejército.

Las Heras envió partidas de exploración para detectar al enemigo.

Combate de Guardia Vieja
Un destacamento con granaderos y tropas del Batallón N° 11 fue hasta el caserío de Guardia Vieja, en el valle del río Juncal, al percatarse de que allí había 106 realistas componentes de la guardia de los Andes. Los patriotas capturaron a tres de ellos y se los enviaron a Las Heras. Este ordenó que marcharan en apoyo 150 fusileros montados en mulas y 30 granaderos, al mando de Martínez.

El 4 de febrero Martínez llegó y comprobó que el enemigo se había hecho fuerte en un parapeto natural. Dividió a sus tropas en dos partes iguales y lanzó a la compañía de cazadores, por la orilla del río, bajo un vivo fuego de los realistas.
Mientras tanto, la otra fracción rodeaba la altura por el sur y lograba ocupar un flanco favorable sobre los enemigos, iniciando un ataque envolvente. Los realistas se replegaron hasta el caserío pero fueron derrotados por la arremetida patriota.

Perdieron 25 hombres, hubo 43 prisioneros y otros soldados huyeron a Santa Rosa, perseguidos por granaderos. Después de destruir el fuerte e incendiar el caserío, los patriotas se replegaron a Juncadillo, ya que la división de Las Heras no debía llegar a Santa Rosa hasta el 8 de febrero.

Con ello, la misión de esta columna quedaba cumplida satisfactoriamente. Había recorrido 320 kilómetros en ocho días y sólo le restaba esperar las órdenes de San Martín. Mientras entraba en Santa Rosa, Las Heras recibía las noticias de la columna principal y enviaba las suyas. Todo salía según lo planeado.

La columna de San Martín

En tanto, seguía el avance de la división principal, dividida en tres escalones: la vanguardia, a las órdenes de Soler y dividida en dos subescalones; el centro, al mando de O'Higgins, y el último escalón, o retaguardia, al mando de San Martín.

La columna inició su marcha desde El Plumerillo, el 19 de enero. La vanguardia estaba formada por el batallón de cazadores, las compañías de granaderos y cazadores de los batallones N° 7 y 8, y los escuadrones de granaderos N° 3 y 4. Llevaba cinco piezas de artillería, con 50 hombres.

El 19 (aquí los historiadores difieren en las fechas. El mejor estudio dice del 19 al 23) inició la marcha el primer escalón de la vanguardia al mando del coronel Juan Melián; al día siguiente partió el segundo escalón, con el teniente coronel Rudecindo Alvarado a la cabeza.

Marcha firme

El 21 fue el turno del grueso del ejército, al mando de O'Higgins y con dos subescalones. El primero estaba formado por el resto del Batallón Nº 7, dos piezas de artillería y 30 soldados. El segundo, que partió el 22 de enero, incluía al resto del Batallón Nº 8 y a la escolta de caballería de San Martín.

El 23 inició la marcha la retaguardia con los escuadrones 1 y 2 de granaderos y los hospitales de campaña, como primer subescalón. Luego iba el resto de la artillería, parque (municiones) y maestranza.

El 25 de enero, el primer escalón hizo el recorrido entre Las Cuevas y Yaguaraz, y el 27 desde Uretilla hasta el río Los Patos. El 29, llegaron a Manantiales. Allí se juntaron los dos escalones que habían seguido la misma ruta de la vanguardia. El 1° de febrero las columnas (en la ruta de Los Patos) salvaron el cordón cordillerano de El Espinacito por el paso del mismo nombre, a una altura de 5.000 metros. Estaban a una legua y media (alrededor de 8,3 kilómetros) de la vanguardia, que había llegado a Los Portillos. El 2 de febrero Soler avisó que acampaba cerca del Mercedario y que enviaba patrullas en busca de los enemigos, que, al parecer, ignoraban el arribo de los patriotas. El grueso del ejército mientras tanto, llegaba a Quebrada Ancha, donde pasó la noche.

El 3, Soler llegó a Los Piuquenes desde donde mandó ocupar la garganta de Achupallas y fortificarla por orden de San Martin, que al saber del combate de Potreríllos sostenido por Las Heras, temía que los realistas pudieran evitar la concentración del ejército tras el cruce.

Combate de Achupallas
El 4 de febrero el sargento mayor Antonio Arcos, siguiendo órdenes de Soler, avanzó hacia Achupallas con el fin de facilitar el pasaje del grueso de las tropas, noticioso de su aproximación, el Comandante militar de Sao Felipe marchó a atacarle con 100 veteranos y milicia que pudo reunir. Antonio Arcos sin saber que los realistas preparaban una emboscada en las faldas valle, sobre el caserío. Cuando hacía su entrada, advirtió la maniobra enemiga, rápidamente emplazó a sus soldados en el caserío y ordenó al teniente Juan Lavalle que cargara con 25 granaderos. Los realistas se lanzaron al ataque y fueron recibidos por una descarga de los patriotas, mientras Lavalle los ponía en fuga, pese a su superioridad numérica.

Los realistas huyeron, siendo perseguidos por más de dos leguas. A las 12 de la noche el mayor Arcos enviaba al jefe de la vanguardia el parte de la victoria y le hacía saber que el Valle de Putaendo se encontraba en su poder.
Mientras esto sucedía, el grueso del ejército cruzaba las cumbres con gran esfuerzo, el 4 llegaba al Portillo y se juntaba con la vanguardia de Soler. Los granaderos de la escolta fueron destacados en San Felipe, al mando de Mariano Necochea, y el 6 la vanguardia entraba en Achupallas.

Combate en los Cerros de las Coimas
En Santa Rosa de los Andes, se hallaba el coronel realista Miguel de Atero, comandante del valle del Aconcagua. Al conocer las derrotas de sus avanzadas en Achupallas y Guardia Vieja, creyó que era atacado e inició el repliegue. Sus víveres y material bélico pasaron a Las Heras.

Las tropas del coronel De Atero marchaban hacia el sur cuando, el 5 de febrero, en Chacabuco, se encontraron con el coronel Quintanilla, que llegaba con dos escuadrones de carabineros en su apoyo. Con este refuerzo, este grupo realista tenía 400 jinetes, 300 infantes y dos cañones.

Decidió volver hacia Santa Rosa y enfrentar a los patriotas. Como los realistas no encontraron a Las Heras fueron por la columna de Soler y el 7 de febrero llegaron a Las Coimas, Soler, avisado de la maniobra, dispuso que el comandante José Melián saliera del cuartel general con la mayor parte de los escuadrones N° 3 y 4 de Granaderos a Caballo y 2 compañías de infantería, en refuerzo de Necochea.

Pero Necochea no esperó y marchó contra los realistas sólo con 140 granaderos a caballo de la escolta del general San Martin.

Los realistas estaban en los cerros de Las Coimas con aproximadamente 700 hombres. Parecían dominar el valle. Necochea comprendió que su escuadrón era insuficiente para la acción e ideó un plan. Dividió a sus tropas en tres secciones, envió una a que simulase un ataque por el flanco izquierdo de los realistas al mando del capitán Manuel Soler, mientras la otra lo hacía por la derecha al mando del ayudante Ángel Pacheco. En tanto, con su sección, fue hasta una arboleda.

La maniobra consistió en acercar ambas secciones de granaderos por los flancos y a la vista de los realistas, simular verlos recién en ese momento y hacer una veloz retirada, forzándolos a perseguirlos. Los 400 carabineros realistas salieron en su persecución.

Una vez que los granaderos salieron del área de fuego de la infantería, volvieron a agruparse y cargaron al galope, a lo que se sumó la fracción de Necochea. El choque de las fuerzas desarticuló a los realistas que, en la huida, arrollaron a su propia infantería, en completo desorden.

Dice el historiador chileno Salvador Sanfuentes – Mariano Necochea espero con la mayor sangre fría y sin disparar un tiro hasta verle a la distancia de media cuadra: entonces, mandando poner sable en mano a los suyos, le da una carga tan furiosa, que lo deshace completamente, le mata sobre 30 hombres, le toma cuatro prisioneros heridos y le persigue acuchillándolo hasta el cerro de las Coimas.

De Atero se retiró a Santiago y dejó la tropa al mando de Marquelí, quien se dirigió hacia las casas de Chacabuco el 8 de febrero.

En tanto, el grueso del ejército llegó a San Andrés de Tártaro y el 8 ocupó San Felipe. Y también la división de Las Heras.

Las fuerzas se reunieron el 10 de febrero de 1817 en la cuesta de Chacabuco: la batalla por el cruce de la montaña había pasado.


Columnas secundarias del Norte

Las primeras columnas en salir fueron las secundarias. Debían hacer trayectos más largos para operar en simultáneo con las columnas principales. Su misión consistía en engañar al enemigo sobre el verdadero arribo del grueso del ejército, distraerle fuerzas; controlar puntos vitales y dejar incomunicados a los distintos cuerpos realistas.

Columna del Teniente Coronel Juan Manuel Cabot
Para realizar estas tareas en la provincia chilena de Coquimbo, partió de Mendoza, el 9 de enero de 1817 un destacamento a las órdenes del teniente coronel Juan Manuel Cabot con tres oficiales y 60 hombres líneas de los batallones Nº 1 de cazadores, N° 8 y un grupo de ganaderos a caballo, que fue reforzado con ochenta milicianos de caballería en San Juan. El 12 inició la marcha, tomó por Talacasto, Pismanta y escaló la cordillera por el paso de Guana a principios de febrero. Cuando los realistas de La Serena supieron de la llegada de Cabot, se dieron a la fuga, por lo que la población se pronunció por la patria. El 15 de febrero, luego de arrollar a los realistas que presentaron pelea y tras recorrer 540 kilómetros en 32 días, la columna entró en Coquimbo.

Columna de Francisco Zelada
El Ejército del Norte, acuartelado en Tucumán y dirigido por Manuel Belgrano, ayudó con un destacamento de 50 infantes, al mando del teniente coronel Francisco Zelada. En La Rioja sumaron a 80 milicianos del capitán Dávila.
Reunidos en Guandacol, el 5 de enero, salieron por la quebrada del Zapallar y la laguna Brava. Cruzaron la cordillera el 1° de febrero por el paso de Come-Caballos, bajaron hacia el río Turbio el 11 de febrero y sorprendieron a las avanzadas realistas.
El 13 de febrero, la ciudad de Copiapó cayó en manos patriotas. Siete días después, el grupo se contactó con la columna dirigida por Cabot.

Columnas secundarias del sur

Columna del Capitán de Caballería José Lemos
El capitán de caballería José León Lemos, comandante del fuerte de San Carlos, debía entrar con sus blandengues por la quebrada de Chacales y controlar el camino del paso del Portillo.

Debía sorprender, el 4 de febrero, a la guardia realista ubicada en San Gabriel para hacerle creer al enemigo que todo el ejército marchaba por ese lugar y distraerle fuerzas. Esta columna, la más pequeña de todas con solo 25 soldados del Cuerpo de blandengues y 30 milicianos del sur de la provincia de Mendoza avanzó por el Arenal, Piedras Coloradas y el Portillo Mendocino; descendió por el valle del Tunuyán e hizo el cruce de la cordillera por el boquete de Piuquenes. Su objetivo era sorprender a la guardia del fuerte de San Gabriel, la que se componía de 6 fusileros y 20 milicianos realistas. San Gabriel se encontraba en el Cajón del Maipo, a pocas leguas al sur de Santiago, la capital de Chile. Las malas condiciones del tiempo le impidieron copar a la fuerza enemiga y ésta pudo escapar. Tras soportar tormentas de nieve, Lemos se reunió con el resto del ejército.

Columna del teniente coronel Ramón Freire
El 14 de enero salió de Mendoza, hacia el sur, un destacamento al mando del teniente coronel chileno Ramón Freiré para cruzar por el paso del Planchón. Iba con cuatro oficiales, 80 infantes de los batallones 7, 8 y 11, y 25 granaderos a caballo. Siguieron por el camino de Lujan de Cuyo, y los fuertes de San Carlos y San Rafael. El 1" de febrero llegó al paso del Planchón por el que franqueó la cordillera.

Su misión: hacer creer a los realistas que dirigía la vanguardia del ejército y en fomentar una insurrección en el sur de Chile, dentro del territorio chileno logro reclutar unos 2000 voluntarios. Llegado a las cercanías de Talca, en el caserío de Cumpeo, Freiré tuvo un encuentro con el enemigo que duró casi un día: fue derrotado. Luego, se replegó ante el avance de una fuerza mayor que llegaba desde Curicó. Tras pelear en Quechereguas, volvió a Cumpeo e hizo circular el rumor de que esperaba al grueso de la columna de O'Higgins.

Sus acciones costaron a los realistas la distracción de 1.000 hombres que no pudieron estar en Chacabuco. Su misión fue cumplida como San Martín había previsto.

Fuentes
Las Batallas de San Martin. Tomo II El cruce de los Andes. Arte gráfica Editorial Argentino edición S.A. 2007
Las Batallas de San Martin. Tomo III Chacabuco un paso clave. Arte gráfica Editorial Argentino edición S.A. 2007
Chile desde la batalla de Chacabuco hasta la Maipú. Por Salvador Sanfuentes Edición Santiago 1850
Mapas: Google maps.


Última edición por Quequén Grande el Sáb 22 Sep 2012 - 16:12, editado 2 veces
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Marcelo R. Cimino
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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Dom 29 Jul 2012 - 9:19

Una imagen:



Y un fragmento:

"Pero Necochea no esperó y marchó contra los realistas sólo con 140 granaderos a caballo de la escolta del general San Martin.

Los realistas estaban en los cerros de Las Coimas con aproximadamente 700 hombres. Parecían dominar el valle. Necochea comprendió que su escuadrón era insuficiente para la acción e ideó un plan. Dividió a sus tropas en tres secciones, envió una a que simulase un ataque por el flanco izquierdo de los realistas al mando del capitán Manuel Soler, mientras la otra lo hacía por la derecha al mando del ayudante Ángel Pacheco. En tanto, con su sección, fue hasta una arboleda.

La maniobra consistió en acercar ambas secciones de granaderos por los flancos y a la vista de los realistas, simular verlos recién en ese momento y hacer una veloz retirada, forzándolos a perseguirlos. Los 400 carabineros realistas salieron en su persecución.

Una vez que los granaderos salieron del área de fuego de la infantería, volvieron a agruparse y cargaron al galope, a lo que se sumó la fracción de Necochea. El choque de las fuerzas desarticuló a los realistas que, en la huida, arrollaron a su propia infantería, en completo desorden.

Dice el historiador chileno Salvador Sanfuentes – Mariano Necochea espero con la mayor sangre fría y sin disparar un tiro hasta verle a la distancia de media cuadra: entonces, mandando poner sable en mano a los suyos, le da una carga tan furiosa, que lo deshace completamente, le mata sobre 30 hombres, le toma cuatro prisioneros heridos y le persigue acuchillándolo hasta el cerro de las Coimas."


Este es nuestro verdadero linaje!
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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Dom 29 Jul 2012 - 9:50

unas anécdotas de color:

Desde la campaña de Liberación de Chile, se generalizó el uso de "argentino" para referirse a los habitantes de nuestro país, dado que la mayoría, eran de la zona platense. Hay una discusión si había mas soldados del interior o de Buenos aires y actual Prov. de Buenos Airesy de Litoral, pero es muy probable que fuera en terminos generales, exeptuando a las tropas chilenas que integraban el Ejército, en terminos numéricos, de un numero equilibrado,respecto de las otras provincias. con algunos datos:
  • el Número 8 estaba integrado por afroargentinos, del litoral, mientras que el 7 de la zona cuyana. Cuando se conformó el Batallón "Río de la Plata" para la Campaña al Perú, la mayoria de sus hombres -los que sobrevivieron- se quedaron en el Perú.


Los Granaderos tambien eran en su mayoria de la zona del Litoral y Buenos aires, y fué uno de los pocos cuerpos que "retorno" a su base, en buenos aires, en un número no mayor a la treintena. tambien es sabido que lo integraron oficiales y tropa provenientes de Uruguay y Paraguay. Explico esto porque hay un mito que Buenos aires "abandono" a San Martin a su suerte, y con los recursos de Cuyo, cosa que no es cierto, dado el permanente apoyo que Pueyrredón le dió a San Martín, que tambien incluyo hombres, y no sólo material, como se ha hecho universal en la famosa carta.

[list][*] El cuerpo de Cazadores Del los Andes estaba compuesto en su mayoria de Cuyanos, San Juan y San Luis aportaron la mayoria de sus componentes. en un combate contra los montoneros del ya célebre Facundo quiroga, derrotaron en 20 minutos a la caballería del Gran Caudillo riojano, cuando este invadió San Juan, lo que demuestra la capacidad de esta tropa en la batalla. Unos años Antes, cuando el propio Facundo intentó incorporarse a la Campaña de los Andes, fue enviado detenido a San Luis, por indisciplina, donde colaboró circunstancialmente con el aplastamiento de la rebelión de los prisioneros realistas en San Luis.

Barcala, fué uno de los soldados de los batallones Afro Argentinos, el Uníco Oficial Afroargentino que ascendió a grado de Oficial, iniciando su carrera militar como suboficial en en Ejército de los Andes.

saludos
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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Dom 29 Jul 2012 - 12:05

Marcelo R.Cimino escribió:
Una imagen:



Y un fragmento:

"Pero Necochea no esperó y marchó contra los realistas sólo con 140 granaderos a caballo de la escolta del general San Martin.

Los realistas estaban en los cerros de Las Coimas con aproximadamente 700 hombres. Parecían dominar el valle. Necochea comprendió que su escuadrón era insuficiente para la acción e ideó un plan. Dividió a sus tropas en tres secciones, envió una a que simulase un ataque por el flanco izquierdo de los realistas al mando del capitán Manuel Soler, mientras la otra lo hacía por la derecha al mando del ayudante Ángel Pacheco. En tanto, con su sección, fue hasta una arboleda.

La maniobra consistió en acercar ambas secciones de granaderos por los flancos y a la vista de los realistas, simular verlos recién en ese momento y hacer una veloz retirada, forzándolos a perseguirlos. Los 400 carabineros realistas salieron en su persecución.

Una vez que los granaderos salieron del área de fuego de la infantería, volvieron a agruparse y cargaron al galope, a lo que se sumó la fracción de Necochea. El choque de las fuerzas desarticuló a los realistas que, en la huida, arrollaron a su propia infantería, en completo desorden.

Dice el historiador chileno Salvador Sanfuentes – Mariano Necochea espero con la mayor sangre fría y sin disparar un tiro hasta verle a la distancia de media cuadra: entonces, mandando poner sable en mano a los suyos, le da una carga tan furiosa, que lo deshace completamente, le mata sobre 30 hombres, le toma cuatro prisioneros heridos y le persigue acuchillándolo hasta el cerro de las Coimas."


Este es nuestro verdadero linaje!
P#ta si esto no es combustible suficiente para ser una nación integra y poderosa.
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Un abrazo Ricardo.

y... un monumento


Monumento al Generall Mariano Necochea ubicado en la plaza de la ciudad (mi querida ciudad) de Necochea

Un abrazo Marcelo, y seguro que continua.
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Quequén Grande



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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Dom 29 Jul 2012 - 13:35

bashar escribió:
unas anécdotas de color:

Desde la campaña de Liberación de Chile, se generalizó el uso de "argentino" para referirse a los habitantes de nuestro país, dado que la mayoría, eran de la zona platense. Hay una discusión si había mas soldados del interior o de Buenos aires y actual Prov. de Buenos Airesy de Litoral, pero es muy probable que fuera en terminos generales, exeptuando a las tropas chilenas que integraban el Ejército, en terminos numéricos, de un numero equilibrado,respecto de las otras provincias. con algunos datos:
  • el Número 8 estaba integrado por afroargentinos, del litoral, mientras que el 7 de la zona cuyana. Cuando se conformó el Batallón "Río de la Plata" para la Campaña al Perú, la mayoria de sus hombres -los que sobrevivieron- se quedaron en el Perú.


Los Granaderos tambien eran en su mayoria de la zona del Litoral y Buenos aires, y fué uno de los pocos cuerpos que "retorno" a su base, en buenos aires, en un número no mayor a la treintena. tambien es sabido que lo integraron oficiales y tropa provenientes de Uruguay y Paraguay. Explico esto porque hay un mito que Buenos aires "abandono" a San Martin a su suerte, y con los recursos de Cuyo, cosa que no es cierto, dado el permanente apoyo que Pueyrredón le dió a San Martín, que tambien incluyo hombres, y no sólo material, como se ha hecho universal en la famosa carta.

[list][*] El cuerpo de Cazadores Del los Andes estaba compuesto en su mayoria de Cuyanos, San Juan y San Luis aportaron la mayoria de sus componentes. en un combate contra los montoneros del ya célebre Facundo quiroga, derrotaron en 20 minutos a la caballería del Gran Caudillo riojano, cuando este invadió San Juan, lo que demuestra la capacidad de esta tropa en la batalla. Unos años Antes, cuando el propio Facundo intentó incorporarse a la Campaña de los Andes, fue enviado detenido a San Luis, por indisciplina, donde colaboró circunstancialmente con el aplastamiento de la rebelión de los prisioneros realistas en San Luis.

Barcala, fué uno de los soldados de los batallones Afro Argentinos, el Uníco Oficial Afroargentino que ascendió a grado de Oficial, iniciando su carrera militar como suboficial en en Ejército de los Andes.

saludos

Bashar espero que este pequeño resumen de cómo se formo el ejército de los Andes aclare un poco el tema.

Cuando San Martin llego a Mendoza solo existía dos único núcleo de tropa, por un lado el cuerpo de auxiliares de chile, al mando del coronel Gregorio de Las Heras que había llegado a Mendoza luego de la derrota de Rancagua en 1814 y las milicias cívicas de la provincia, agrupadas en dos batallones de infantería de cívicos blancos y cívicos pardos que existían desde la época colonial, para atender la defensa del territorio el general San Martin implanto una especie de servicio militar obligatorio el 8 de noviembre de 1814 se creó el regimiento nº 11 de infantería de Línea con los restos de los veteranos auxiliares de Chile y a ello se sumo un escuadrón de caballería.

En diciembre llegaron de Buenos Aires dos compañías del batallón nº 8 formados por negros y libertos de Buenos Aires y la Banda Oriental que presentaban servicios militares a cambio de su libertad, de allí deriva su nombre y una compañía de artillería formando un total 400 hombres y 4 cañones.

En febrero 1815 se incorporaron más tropas de artillería.

El 26 de julio llegaron los escuadrones 3º y 4º de sus granaderos a caballos estos ademán había llegado con vestuario y armamentos para 400 hombres.

El 14 de agosto San Martin recurrió a los voluntarios, con los que obtuvo algunos contingentes apreciables.
Con respecto a la situación de los emigrados chilenos, los distribuyó entre los cuerpos según sus grados ya que no eran suficiente para formar una unidad independiente y además estaban divididos políticamente entre carrrerinos y o´higginistas.

Como le faltaba 130 hombres para completar los escuadrones de granaderos, publico el célebre bando: “Tengo 130 sables arrumbado en el cuartel de granaderos a caballo, por falta de brazos que los empuñen”.

Para octubre de 1815 el ejército contaba con unos 1600 soldados de infantería, 1000 de caballería del líneas y 220 artilleros, con 10 cañones.

A comienzo de 1816 San Martin mando a Manuel Ignacio Molina a Buenos Aires por 1600 hombres, ganado y dinero y solo recibió algo de dinero para adquisición de armas.

En marzo pidió la incorporación de los otros dos escuadrones de Granaderos a Caballos que estaban en el ejercito del Alto Perú, los que llegaron el mes siguiente y al pasar por la rioja reclutaron otros 100 hombres.

En agosto el regimiento de infantería nº 11 fue dividida en dos batallones la nº 11 y el batallón nº 1 de Cazadores de los Andes.

En noviembre San Martín propuso la formación de una compañía independiente de zapadores barreteros y minadores, soldados especialistas en abrir caminos y allanar el paso del ejército. Pero el gobierno autorizo en su lugar la creación de plazas de gastadores (zapadores) en cada regimiento de infantería y un cuerpo de barreteros de minas que se agregó a la artillería.

Los granaderos a Caballo, única unidad de caballería con que contaba, quedaron organizados en cuatros escuadrones de 145 hombres cada uno. Y un quinto escuadrón, formado con personal seleccionado, paso a ser un Escuadrón de Cazadores como acompañamiento personal del General en jefe.

Finalmente con los artilleros que se enviaron desde Buenos Aires se creó un batallón de Artillería de 241 hombres con 18 piezas de diversos calibres.

Un abrazo Ricardo.
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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Dom 29 Jul 2012 - 18:12

Estimados, realmente un lujo contar con informes como este, especialmente en el excelente trabajo que se tomó el amigo Quequén Grande.

Solo quería hacer un aporte a unos comentarios del amigo Bashar:

bashar escribió:
Hay una discusión si había mas soldados del interior o de Buenos aires y actual Prov. de Buenos Airesy de Litoral, pero es muy probable que fuera en terminos generales, exeptuando a las tropas chilenas que integraban el Ejército, en terminos numéricos, de un numero equilibrado,respecto de las otras provincias.

bashar escribió:
Explico esto porque hay un mito que Buenos aires "abandono" a San Martin a su suerte, y con los recursos de Cuyo, cosa que no es cierto, dado el permanente apoyo que Pueyrredón le dió a San Martín, que tambien incluyo hombres, y no sólo material, como se ha hecho universal en la famosa carta.

Respecto a esto, mi estimado, transcribo la respuesta de San Martín a una carta del Gral. Guillermo Miller del 30 de junio de 1827 (recordemos la obsesión del General por los detalles):

Citación :
Respecto a los soldados, el Ejército denominado de los Andes no tuvo por base más que 180 hombres del batallón nº 11. Ocho meses antes de emprender la expedición a Chile fueron remitidos por el gobierno el batallón nº 7 con 450 plazas y 220 granaderos a caballo; el resto fué reclutado en Mendoza, cuyo patriotismo y sacrificios en esa época excede toda ponderación.

Creo que las cifras de la carta de San Martín a Miller no son exageradas, por cuanto en esa época se necesitaban cuantiosos recursos para sostener al Ejército del Norte, y otros tantos para contener a una eventual expansión del artiguismo, y sus partidarios desde la Banda Oriental (sobre todo después de la intervención de Lecor), lo cual llevó a la burguesía porteña a ponderar como prioritaria esta amenaza postergando los recursos necesarios para sostener otras expediciones militares.

Al respecto, Ricardo Rojas afirma que, hacia 1817 el Ejército de los Andes pasaba de 5.000 hombres, de los cuales un 80% provenía de las "provincias interiores". Este autor coincide con B. Mitre en que el aporte de los hombres provenientes de Chile permitió formar los cuadros de 2 regimientos de infantería, 1 de caballería y 1 batallón de artillería, aparte de una partida de dragones denominada "Legión Patriótica del Sud".

Aparte de los batallones de negros libertos (los que obtenían su libertad a cambio del servicio militar), del aporte de chilenos y de hombres procedentes de distintos rincones de las Provincias Unidas, hasta llegó a participar un pequeño número de milicianos ingleses, a los que San Martín veía como un gesto apropiado para tratar de ganar para la causa la simpatía de las élites de la sociedad de Santiago y Valparaiso.

Si bien Pueyrredón, como miembro de la Logia y "hermano" de San Martín, trató de darle el apoyo necesario para la campaña de los Andes, la presión de la alta sociedad porteña conspiró contra estas intenciones, inclusive negándose a aportar esclavos para la formación de otro batallón de infantería. La mayor parte de los recursos dinerarios se habían gastado en las campañas del Norte y de la Banda Oriental, y los comerciantes -fuertemente ligados a los intereses ingleses, que contaban con más de 40 casas comerciales y financieras- disminuyeron fuertemente los aportes para el sostenimiento de los cuerpos militares.

Esta situación se agravó una vez realizado el cruce cordillerano, en donde la amenaza prioritaria para esta élite (y también, en una buena parte, para los intereses de la Logia) comienzan a ser los caudillos federales (sobre todo Lopez y Artigas), y se le esquivan a San Martín los elementales recursos para sostener el Ejército Unido Argentino-Chileno que debía proseguir la expedición al Perú -objetivo estratégico de la causa libertadora-, sea por esta situación e Buenos Aires, así como por la situación en Chile, ocupado su gobierno en consolidar la independencia, sofocar los reductos realistas y financiar esto pese a la falta de colaboración de una parte de la aristocracia local hacia el gobierno de O'Higgins.

Luego vendrá la expedición al Perú y la discusión si ese ejército era chileno o no (en base al Acta de Rancagua), pero esa es otra historia.

Por lo demás, no creo que nadie que conozca la cordillera y tenga alguna idea de logística, en su sano juicio, niegue la epopeya que constituyó el cruce cordillerano por parte del Ejército de los Andes.

Saludos
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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Mar 31 Jul 2012 - 17:19


Tam agento, gracias por sus comentarios y aporte.

Un abrazo Ricardo
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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Mar 31 Jul 2012 - 19:00

Buenas tardes:
Excelente trabajo Ricardo. Y arrimo una observación. La dieta que consumía la tropa durante el cruce de los Andes fue hecha por el médico ingles James Paroissien. Esta consistía, como mencionas, en un guiso de alto valos protéico a base de charque, pero que era pobre en vitaminas, en especial la C, la cual era indispensabla para combatir el escorbuto. Esto lo sabían los ingleses como muchos otros navegantes. Y la forma de incorporar esta vitamina era a traves del limón y, justamente, el ajo y la cebolla, que debían comerse crudas.

Como veran, San Martín planificó el cruce de su ejército hasta el último detalle.

Saludos
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Quequén Grande



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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Miér 1 Ago 2012 - 4:56


Hola Diego, me alegra que te haya gustado el trabajo, lo que comentaste no lo sabía.

Un abrazo Ricardo.

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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Miér 1 Ago 2012 - 6:32

Ya esta archivado el enlace, para las cosas del colegio de los chicos. Seguramente en estos días estén pidiendo algo de esto. Muy bueno el trabajo, y gracias Ricardo por los enlaces que me pasastes el otro día, de 10.

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Marcelo R. Cimino
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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Miér 1 Ago 2012 - 7:40

Este topic es un ejemplo de laburo y colaboración constructiva, siendo el mejor homenaje
en el mes de nuestro padre de la patria muchachos!!
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ilam22



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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Dom 3 Mar 2013 - 11:08

Algunos datos que he recolectado sobre el tema.


Sobre la parte económica del Ejército de los Andes.

El gobierno de Buenos Aires, según lo testimonia Espejo auxilió a la tesorería de Mendoza con un contingente mensual de $ 500.- que recibía el Dr. Hipólito Villegas, agente del gobierno de Cuyo en Buenos Aires. En los últimos seis meses del año 1816 estos contingente subió a la suma de $ 20.000 mensuales.-

El 11 de Septiembre de 1816 Puyrredón le dice a San Martín que a fines de ese mes tendrá prontos los $30.000, que le pidiera para la caja militar. Esta suma enviaba en onza y en oro en sucesivas oportunidades según cómo lo iría recaudando.-

Mulas, caballos, arneses, armas, cañones, fusiles, sables, municiones, calzados, vestuario para la tropa, frazadas, tiendas de campaña, parque de artillería, hospitales militares, medios de transporte, ya para salvar la pampa, ya para salvar las hondonadas cordilleranas, amén de todo abastecimiento que reclamaba el combate y amén al forraje necesario para el ganado caballar y mular todo fue provisto por las Provincias Argentinas, es decir, por el Directorio que tenía su sede en Buenos Aires y por el gobierno e intendencia de Cuyo que tenían su sede en Mendoza.-



Los pueblos de Cuyo, a pesar de su pobreza, sintieron exaltado su patriotismo, lo que permitió a San Martín organizar y encauzar la economía provincial para poder cubrir al máximo las necesidades. Durante el año 1815, las minas de Pismanta y Huayaguaz proveyeron 27 quintales de plomo y gran cantidad de azufre y las de Uspallata produjeron igualmente plomo y algo de plata. De este modo se lograron extraer de Cuyo los elementos para la fabricación de pólvora y los metales para alimentar las fraguas de fray Luis Beltrán. La absoluta necesidad de aumentar los ingresos del fisco, dada la insuficiencia de la ayuda del Gobierno de Buenos Aires, indujo a San Martín a ampliar el régimen tributario de la provincia y crear diversos arbitrios: la contribución extraordinaria de guerra o impuesto directo sobre los capitales, a razón de 4 reales por cada 1.000 pesos, que también incluyó a los comerciantes exportadores y de tránsito; el impuesto a la carne de consumo corriente, que produjo unos 6.000 pesos anuales; la contribución patriótica, que aportó 8.700 pesos; la contribución basada “sobre el pie sólido de los producidos por las fincas rústicas”, y otra, extraordinaria, de la que consta una recaudación de 9.000 pesos. Se recurrió a las donaciones voluntarias en dinero, ganado y elementos directa o indirectamente útiles al ejército. Los traficantes en vinos y aguardientes abonaron, por propia iniciativa, un derecho de extracción calculado en 2.300 pesos mensuales; el gremio de carreteros aportó una contribución voluntaria de un peso por cada viaje de carreta y la cofradía de Nuestra Señora del Rosario efectuó un donativo en metálico que, sumado al de algunos españoles simpatizantes con la causa de la independencia, alcanzó los 3.940 pesos.

San Martín dispuso que ingresen al tesoro público los capitales de propiedad del convento de las monjas de La Buena Esperanza; la recaudación de los capitales a censo de las diversas cofradías fundadas en las iglesias y la limosna colectada por la comunidad de la Merced para la redención de los cautivos cristianos. En concepto de ingresos eventuales se recurrió a la disminución del sueldo de los empleados públicos prometiendo el reintegro a quienes no lo cediesen voluntariamente; se aceptaron préstamos voluntarios y forzosos; se dispuso el secuestro y confiscación de bienes de los europeos y americanos enemigos de la revolución y de los prófugos en Perú, Chile y otros lugares. El renglón de multas produjo ingresos considerables; se procedió a la venta de tierras públicas y se creó una lotería, que el gobierno administraba en el territorio de su jurisdicción. Al iniciarse la campaña, San Martín había pedido al Gobierno nacional la aprobación de la hipoteca de 44.000 pesos hecha de los fondos generales de hacienda de la provincia en favor de los prestamistas, de los que 24.000 erogó Mendoza, 18.000 San Juan y 2.000 la Punta de San Luis. También obtuvo del comercio de Mendoza un préstamo adicional de 20.000 pesos. Fue así como, al conjuro del Gran Capitán, surgieron todos los recursos para organizar, armar, equipar y mantener un ejército.
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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Dom 3 Mar 2013 - 11:11

En octubre de 1814 sólo había en Mendoza 200 soldados, aparte de milicianos.
Llegaron 708 chilenos (según Carrera), pero fueron trasladados a Buenos Aires, Santa Fe y al ejército del Alto Perú.

Ante los sucesos de Chile (Reconquista) se envía desde Buenos Aires (ese mismo octubre) 50 artilleros con 4 cañones y dos compañías del Nº 8 (240 hombres).
El 18 de noviembre se decreta la formación del 11º de infantería, que en 4 meses completó su dotación en Cuyo (sólo con argentinos).

En 1815 llegan sólo los escuadrones 3º y 4º del Granaderos a Caballo (415 hombres), unos cuantos artilleros con 8 cañones. 200 fusiles, vestuario, pólvora y municiones.
A fines de ese año había en Mendoza 1.543 soldados de línea y 4.344 milicianos.

En 1816 el 11º había sido elevado a regimiento, pero se baja nuevamente a batallón. Con su segundo batallón se forma el Cazadores de los Andes. Ambos cuerpos completan su dotación en San Juan.
A fines de septiembre de 1816 llega el resto del regimiento Nº 8, con otros 900 soldados. Una vez completo, se divide y se forman los batallones Nº 7 y Nº 8.
A principios de noviembre llegan los escuadrones 1º y 2º del Granaderos a Caballo. Se completan en San Luis.
Se forma un 5º escuadrón de 100 hombres, como Escolta de San Martín.

Al 1º de enero de 1817, el ejército contaba con:

Batallón de Artillería, con 258 hombres (todos enviados desde Buenos Aires).
Bat. Nº 1 Cazadores de los Andes, con 594 hombres. (Todos de la región cuyana).
Bat. Nº 7, con 802 hombres.
Bat. Nº 8, con 814 hombres. (El 7º y 8º sumaban 1.616 hombres. De ellos, 1.140 había llegado de Buenos Aires (o cercanías de la capital) y 476 de la región cuyana).
Bat. Nº 11, con 718 hombres (todos de la región).
Reg. Granaderos a Caballo, con 801 hombres. (Entre 500 y 600 enviados por Buenos Aires. Resto de San Luis).



Como verán, unos 2.000 hombres fueron enviados por Buenos Aires. San Luis, San Juan y Mendoza contribuyeron con otros 2.000 y tanto.
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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Dom 3 Mar 2013 - 11:15

Lo que posteo ahora es sobre la participación de chilenos en el ejército de los Andes, HASTA la batalla de Chacabuco. No después.

"Cuadros chilenos.

Pensose crear los de un Regimiento de Infantería y otro de Caballería, más el de un batallón de Artillería; los jefes debían ser nombrados por San Martín y los oficiales por una comisión chilena compuesta de 5 coroneles (Benavente, Villar, Hermida, Vial y Escanilla) ; por falta de personal estos cuadros sólo quedaron en bosquejo. Los nombrados fueron: coronel Juan de Dios Vial, teniente-coronel Joaquín Prieto, mayores: Enrique Campino, Hilarión Gaspar y Pedro N. Vidal; ayudantes mayores: Agustín Casanueva y Miguel Álvarez; capitanes: Félix A. Vial, Gregorio Sandoval, José A. Fernández, Antonio del Río, José María de la Barra, José María Soto y Judas T. Reyes; tenientes 1º José Vicente, Francisco Sotomayor, Agustín Soto, Ramón Allendes, Nicolás Maruri, Tomás Rengifo y Manuel A. Vial; tenientes 2º Dámaso del Río, Jacinto del Río, Agustín Elizondo, Francisco Melo, Miguel Díaz y Pedro J. Rivera; subtenientes: Bernardo Gómez, Pedro Silva, Juan Díaz, José María López, Eugenio Torres y Pedro A. Riveros.

Agregados, capitanes Martín Prats y Francisco Molina; ayudantes: Lorenzo Ruedas (pasó a serlo de O’Higgins); tenientes: Mateo Campos, Francisco Ibáñez, José Santos Mardones, Pedro López, José María Valdovinos, Pedro J. Rivera, Pablo Silva, Fco. Melo, Mateo Campo e Isidoro Mora.



El coronel Francisco Calderón pasó agregado a la 2ª división, y los capitanes Bernardo Cáceres y Juan de Dios Rivera pertenecían a la dotación de “Cazadores de los Andes” y por consiguiente se encontraron en Chacabuco.

El coronel Hermida fue nombrado jefe de todas las arrías, arrieros y caballos.

Entre jefes, oficiales y soldados chilenos no se incorporaron más de 30 en las filas del Ejército de los Andes: este era, pues, netamente argentino.



Los cuadros chilenos marcharon detrás del ejército y no tomaron parte en Chacabuco; quedaron con la artillería de campaña en Uspallata, con Beltrán. “Al Intendente de Mendoza.—He dispuesto que los cuadros de oficiales de artillería e infantería del Ejército del Estado de Chile sigan la marcha del Ejército, el primero al día siguiente y el 2º, a los 3 días de la salida de aquel. Lo prevengo a V.S. para que se sirva auxiliarlos con las cabalgaduras de silla y carga, capataces, mozos, monturas y víveres que necesitaren para efectuar la marcha.—Dios gue. a V.S. muchos años..—Cuartel General de Mendoza, 20 de enero de 1817.—José de San Martín”. (Archivo de San Martín.—II.—Pág. 175).



Donde los chilenos prestaron importantísimos servicios fue en las columnas auxiliares, especialmente en las de Cabot y Freire; estas columnas eran chilenas casi en sus tres cuartas partes, sin incluir, naturalmente, a la tropa de línea.

Aparte. De los muertos en la batalla de Chacabuco, hubo tres chilenos que servían en el Granaderos: soldados Bernardino Peña, José M. Enrique y Pedro Juan Vargas.

Esta era la versión que se manejó siempre en el ejército chileno, hasta que empezaron los problemas con Argentina. Y ya en 1978, la verdad histórica había sido falseada totalmente. Lo malo es que mucha gente todavía cree esa versión.
Yo aplico eso de "En historia no se debe decir nada falso, y no omitir nada verdadero".
El hecho claro es que ese ejército era totalmente argentino.
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ilam22



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MensajeTema: Re: El Cruce de Los Andes   Dom 3 Mar 2013 - 11:18

Los datos los he encontrado en un libro muy bueno, de 1929 aprox. Se llama Las Fuerzas Armadas de Chile, Album Histórico. Es muy completo. La parte del ejército de los Andes y batalla de Chacabuco es un completo estudio del general en retiro Pedro J. Muñoz Feliú. General chileno. Y muy viejo ya en ese año. Tuvo la ayuda de poder conversar con alguna gente que participó en los hechos que nos ocupan, y acceso a datos del ejército de comienzos del siglo XIX.

Lástima que no está en PDF o digitalizado, para evitarme el tener que transcribirlo. En una de esas, contrato una secretaria...
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El Cruce de Los Andes

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