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 Midway: 70 años

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Wolfpack



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MensajeTema: Midway: 70 años   Mar 5 Jun 2012 - 2:06

Midway: 70 años




Hace exactamente 70 años tenía lugar uno de los combates más importantes de la Segunda Guerra Mundial, y que significaría un punto de inflexión en el teatro de operaciones del Pacífico. La victoria de las fuerzas estadounidenses en la Isla de Midway supo ser un revés que eliminó de súbito la aplastante superioridad aeronaval de los japoneses, factor esencial para poder continuar con éxito la guerra en los inmensos espacios del océano Pacífico.

Al perder más de la mitad de sus portaaviones y lo mejor de sus tripulaciones adiestradísimas, las fuerzas armadas de Japón se vieron forzadas a partir de ese momento a adoptar una actitud defensiva. La serie de victorias iniciales obtenidas por Yamamoto había acabado prematuramente. Después de Midway, la guerra entró en un período de estancamiento, durante el cual la producción norteamericana adquirió un ritmo arrollador, lo que, desde luego, ya había sido previsto por Yamamoto. El imperio del Sol Naciente había doblado el meridiano de su hora histórica más luminosa, encaminándose hacia su ocaso.




Los antecedentes:

El mando militar japonés conocía perfectamente que su potencia económica era claramente inferior a la de los Estados Unidos, y que por lo tanto, en una guerra de desgaste, prolongada en el tiempo, serían avasallados. Estaban obligados a tomar la iniciativa. Por ello, el ataque a la base estadounidense de Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1.941, tenía por objetivo acabar con la armada estadounidense basada en el Pacífico, dejando libre el camino a un plan de conquistas orientado a la obtención de recursos vitales como el petróleo, caucho y minerales, cuyas reservas estaban agotándose debido al bloqueo estadounidense, ya anterior al inicio de las hostilidades.

Esta clara determinación tuvo reflejo tanto en el ataque a Pearl Harbor, tal y como hemos mencionado, como en la eliminación de las fuerzas navales británicas en la zona, aniquilada en diciembre del mismo año 1.941. Una vez eliminada la oposición de los estadounidenses y británicos, los estrategas japoneses se enfrentaron a un dilema sobre sus futuras acciones. Existían dos posibles alternativas para Japón: conquistar más territorios insulares y establecer un anillo perimetral de defensa o bien avanzar agresivamente hacia el este y presionar a los Estados Unidos a una batalla decisiva.


Una de las conclusiones que extrajeron los propios japoneses de su ataque a Pearl Harbor poco después de que tuviera lugar, es que se equivocaron: Hawaii debería haber sido tomada, no sólo atacada. La hipotética conquista de las Hawaii por parte de los japoneses, habría eliminado la única base norteamericana del Pacífico Central, obligando prácticamente a capitular a los americanos en aquella zona.

Por otro lado, si algo puso de relieve el ataque a la base naval hawaiana, es que la época de los acorazados había pasado a la Historia y que se imponía otro tipo de armamento naval: el portaviones. Su movilidad y su capacidad de transportar aviación, capaz de atacar a larga distancia, se puso de manifiesto cuando el 18 de abril de 1942, los portaviones norteamericanos USS Enterprise (CV-6.) y el USS Hornet (CV-8.), este último llevando en cubierta 16 bombarderos B-25 Mitchell que iban dirigidos por el Coronel James H. Doolittle, se aproximaron a las costas de Japón y atacaron Tokio. El efecto material de este bombardeo fue puramente testimonial, pero psicológicamente el impacto fue muy duro para los japoneses, ya que demostraba la vulnerabilidad de sus defensas en casa y que esa nueva arma de combate, les llevaba la guerra hasta su propio país.




Almirante de la Flota Imperial Japonesa, Isoroku Yamamoto.

Trazando las líneas de acción.

El Almirante Isoroku Yamamoto comprendió que si no tomaba rápidamente la iniciativa, el efecto de la victoria en Pearl Harbor se diluiría inmediatamente. Por ello, encargó al Contralmirante Matome Ugaki el análisis de la situación y la determinación de las líneas de acción de la Marina Imperial Japonesa. Ugaki presentó sus conclusiones al poco, y consideró tres posibles líneas de actuación:

• Conquistar el territorio australiano.
• Conquistar las Islas Hawaii.
• Ocupar diversos sectores de la India.

Pero como paso previo a cualquiera de estas opciones, era imprescindible tomar las Islas Midway, lo que obligaría a los norteamericanos a enfrentarse con los japoneses en una batalla naval decisiva, ya que la eliminación del resto de la flota estadounidense en el Pacífico era de carácter urgente. La única razón por la que no se planteó la toma, ahora si, de las Islas Hawaii, era que la superioridad aérea norteamericana hacia del todo inviable tal posibilidad.


Contexto estratégico y planificación

Japón presentó sus credenciales de forma fulminante en el inicio de las hostilidades: en pocos meses se había hecho con Filipinas, Malasia y Singapur y había asegurado las vitales áreas de Java, Borneo e Indonesia. Parecía que su imparable avance era inevitable. Pero las diferencias entre la Armada Imperial y la Marina Imperial provocaron un serio retraso en la estrategia a seguir y no se finalizó el plan estratégico hasta abril de 1942. Fue en ese momento en que el Almirante Yamamoto venció el pulso diplomático que mantenía con sus adversarios políticos y pudo sacar adelante su concepto operacional, en detrimento del de sus adversarios.

Como la gran mayoría de los planes navales que llevaron a cabo los japoneses durante la guerra, el plan de batalla de Yamamoto era bastante complejo. Sin embargo, los informes de Inteligencia al respecto eran bastante optimistas, ya que indicaban que sólo dos portaviones norteamericanos estaban disponibles en aquellos momentos en el Pacífico: el USS Enterprise y el USS Hornet, que formaban la Task Force 16. Se pensaba que el Lexington había sido hundido y el Yorktown seriamente dañado en la reciente batalla del Mar de Coral. Por otro lado, los japoneses creían que el Saratoga se encontraba en dique seco, reparándose en la Costa Oeste de los EE.UU. tras recibir el impacto de un torpedo.




Almirante Chester W. Nimitz, Comandante en Jefe de las Fuerzas Navales del Pacífico.


El plan de conquista de las Midway, aprobado por los Almirantes Nagano y Yamamoto, consistía en primer lugar, en un ataque por sorpresa, dividido en dos partes: inicialmente se realizaría un bombardeo aéreo que debilitara la defensa de la isla; a continuación, seguiría un bombardeo naval de estas líneas defensivas por los cruceros. El último lugar, y como colofón, las tropas del ejército japonés desembarcarían en la isla. Según recogían los informes de Inteligencia, la guarnición americana en Midway no era especialmente poderosa, con lo que se esperaba una rápida y aplastante victoria. El factor sorpresa era esencial, pero los japoneses ignoraban que el denominado por los Aliados Código Púrpura, el código de cifrado japonés, había sido decodificado por los americanos. Además, a fin de despistar, Yamamoto planificó un ataque de distracción sobre las posesiones norteamericanas en las Islas Aleutianas, para ser exactos en Attu y Kiska.

Pero la sorpresa del ataque, se vendría abajo antes incluso de que este se produjera. La Inteligencia Naval de los EE.UU., en cooperación con los británicos y los holandeses, había estado descifrando los códigos de la Armada Imperial Japonesa, denominados JN-25, durante un tiempo, habiendo realizado progresos considerables sobretodo en su última versión, aparecida poco antes del ataque a Peal Harbor. Así, a primeros de mayo de 1942, los americanos ya sabían que los japoneses estaban preparando un ataque masivo sobre un objetivo, identificado como AF a primeros de junio. Las unidades de análisis de Nimitz en Pearl Harbor, estaban convencidas de que AF era Midway. Sin embargo, el superior de Nimitz en Washington, el Almirante Ernest King, así como la Unidad de Señales de la Inteligencia Naval, creían que AF era el código cifrado para las Aleutianas.

Para solucionar este problema, un miembro de la Estación Hypo de escucha de radio, Comandante Joseph J. Rochefort, propuso a Nimitz lo siguiente: mediante un canal seguro, al comandante de la base de Midway se le dijo que enviara un mensaje cifrado, pero que sabían que era conocido por los japoneses, en el que informara de la carencia de agua corriente en la isla debido al fallo de una de las plantas de agua. Poco tiempo después de que el comandante de la base de Midway enviara el mensaje, la Inteligencia Naval descifró un mensaje japonés en el que se informaba que “AF tiene problemas con el agua potable. El ataque continuará según lo acordado”. De ese modo, se confirmó que AF era Midway.




Comandante Joseph J. Rochefort, el autor de la estratagema que permitiría determinar el punto de ataque japonés.


Los preparativos de la batalla:

Una vez que el Comando Estratégico de la Marina de los EE.UU. tuvo en su poder toda la información necesaria, llegó a la conclusión de que la pérdida de Midway era prácticamente como perder Pearl Harbor, debido a su carácter estratégico en el Pacífico. El perder las Aleutianas, objetivo confirmado como el de distracción, no suponía ningún problema.

Para poder enfrentarse a una fuerza enemiga, que se sabía de forma anticipada estaba compuesta con unos 4 ó 5 portaviones, Nimitz necesitaba todas las cubiertas de vuelo disponibles. Ya disponía de los dos portaviones del Vicealmirante William Halsey (que no pudo participar en la batalla debido a una soriasis, por lo que fue reemplazado por el Contralmirante Raymond A. Spruance), y ordenó de forma precipitada la urgente presencia del Contralmirante Frank Jack Fletcher y su Task Force de Pacífico Suroeste, que llegó a Pearl Harbor con el tiempo justo para reaprovisionarse y zarpar a la batalla.




El USS Yorktown en el dique seco de Pearl Harbor en mayo de 1.942. Las obras de reparación del portaaviones norteamericano se llevaron a cabo en un brevísimo espacio de tiempo


El USS Saratoga se encontraba aún en el dique seco, reparándose, y el USS Yorktown, que fue seriamente dañado el la Batalla del Mar de Coral, estaba también en reparación en los muelles de Pearl Harbor, donde tuvo que ser reparado en el asombroso tiempo de tres días, gracias a unos al duro esfuerzo de 1.600 obreros de los arsenales de la Marina que trabajaron día y noche para dejar operativo al portaaviones, si bien la cubierta de vuelo estaba totalmente parcheada, secciones enteras de la sala de máquinas se extrajeron y se acoplaron otras nuevas o por ejemplo, se le dotó con nuevos escuadrones de combate, traídos del USS Saratoga. Nimitz se mostró horrorizado y en total desacuerdo en el procedimiento empleado para dejar listo al Yorktown, ya que los consideraba “poco fiables”. Y es que el mismo día que zarpó al combate, miembros del buque de reparaciones Vestal, continuaban las reparaciones a bordo…

La consigna de Nimitz era sencilla: había que "interceptar e inflingir al enemigo el máximo daño posible con una vigorosa táctica de castigo". Pero lo cierto es que las esperanzas de una victoria no eran halagüeñas, y solo contaban con que el enemigo no se enterara del envío de estas unidades al escenario de Midway.

Y es que los norteamericanos sólo disponían de los portaviones Enterprise, Hornet y Yorktown, 8 cruceros, 15 destructores y una patrulla de 20 submarinos. Indudablemente, la exigua fuerza que enviaba Nimitz rayaba en lo absurdo, en comparación con la gigantesca fuerza operativa japonesa, que lo superaba en número de aparatos aéreos, cañones y calidad de buques. Nimitz se jugaba todas las cartas en este ataque, que de fracasar dejaría a las Hawai y toda la costa oeste americana a merced de los cañones de Yamamoto. Sabiendo de la importancia del combate, sentenció: “Lo único que se interpone entre la costa americana y la flota japonesa, son solo estos tres portaaviones".




El "Akagi", portaaviones insignia de la Flota Imperial Japonesa.


Por otro lado, en el bando japonés, como resultado de su participación en el Mar de Coral, el portaviones japonés Zuikaku se encontraba en el puerto de Kure (cerca de Hiroshima) a la espera de un grupo aéreo que transportar, en sustitución de los que se perdieron. El Shokaku, seriamente dañado por el impacto de tres bombas en el Mar de Coral, estaba en reparaciones que iban a durar meses. De ese modo, en lugar de llevar a la batalla seis portaviones, Nagumo dispondría sólo de cuatro y encima una parte de ellos (sus tripulaciones) se encontraban al borde de la baja por fatiga, ya que desde el 7 de diciembre de 1941, cuando atacaron Pearl Harbor, habían estado constantemente participando en operaciones de combate.


**********


El 1 de junio, la fuerza de portaaviones japonesa navegaba hacia el noroeste en medio de una mar gruesa, con intensa lluvia y niebla muy densa. Cuando estuvieran a 1.000 millas de Midway, virarían el rumbo hacia el suroeste en dirección a estas islas, alcanzando el punto de reunión el día 2 de junio. Los americanos, por su parte, lanzaron desde el 3 de junio, una serie de reconocimientos aéreos en abanico, realizados por 23 PBY Catalina, que se disponían en un radio de 700 millas cubriendo el sector oriental de Midway. De este modo, cualquier buque que viniera por el noroeste, sería detectado.

El 3 de junio, a las 14:00 horas, la fuerza de combate de Nagumo se posicionó a 250 millas de la isla: tenían previsto lanzar el ataque desde el punto en que estuvieran a 150 millas. Cuando se encontraban a punto de alcanzar el punto de ataque, Nagumo ordenó el envío de una serie de aviones de exploración despegando desde los portaaviones y los cruceros de apoyo. De este modo despegaron seis aviones desde el Akagi, Tone y Mikuma, respectivamente, con la misión de recorrer un amplio semicírculo hacia el noroeste.

El avión de exploración del Akagi tenía por misión volar hacia el sur, en un radio de 300 por 60 millas y regresar, mientras que los del Mikuma y el Tone tenían la misma misión pero hacia babor del rumbo de regreso del Akagi. Pero los aparatos del Tone no pudieron salir a la hora convenida sufriendo un retraso, mientras que el del Mikuma regresó por avería de la radio a la mitad de su trayecto. Este impedimento fue fatal para Nagumo, pues la trayectoria del avión de exploración del Mikuma interceptaba a la fuerza operativa americana.




Chuichi Nagumo, Comandante de la fuerza de ataque de portaaviones, y Vicealmirante de la Flota Imperial Japonesa.


El Almirante Chuichi Nagumo, lanzó su ataque inicial a las 04:30h del 4 de junio. Éste ataque constaba de una primera oleada de 108 aviones, siete aviones de búsqueda y una patrulla de combate, encargada de velar por la seguridad de la flota japonesa. La preparación que dispusieron en lo referente al reconocimiento del campo de batalla, fue bastante endeble, con pocos aviones para cubrir las áreas asignadas, que para colmo se las tenían que ver con unas pésimas condiciones meteorológicas en el noroeste y el este de la fuerza de combate.

Y como el destino es caprichoso, quiso que por esas eventualidades del azar no fueran los japoneses los primeros en avistar al enemigo, sino un solitario PBY Catalina norteamericano pilotado por Jewell Reid que completaba su radio de búsqueda a eso de las 06:00h del 3 de junio, comunicando el avistamiento de 11 buques sospechosos a 700 millas al noreste de Midway. Reid creyó que esta era la fuerza de ataque principal y radió el mensaje a la base; pero lo que realmente había avistado era la fuerza de desembarco.




Tripulación del PBY-5A Catalina del Patrol Squadron 44 (VP-44) que avistó a la flota japonesa en las inmediaciones de las islas Midway.


A las 06:20h, los aviones japoneses bombardearon y dañaron muy seriamente la base norteamericana de Midway. Los pilotos de esta base, al mando de Grumman F4F Wildcat y obsoletos Brewster F2A, hicieron lo que pudieron por la defensa de la isla, sufriendo severas pérdidas. Mejor les fue a las defensas antiaéreas, que dañaron a bastantes aviones enemigos. El líder de la escuadra aérea japonesa, confirmando que la fuerza aérea americana había sido aniquilada, sugirió a Nagumo que lanzara otra oleada para neutralizar las defensas terrestres, antes de que las tropas japonesas desembarcaran el día 7.

Habiendo obviado el ataque japonés, los bombarderos americanos basados en Midway, se dedicaron a atacar la flota de portaviones japonesa. Componían esta escuadra seis TBF Avanger, en su primera operación de combate, y cuatro B-26 Marauder, equipados con torpedos. Lo cierto es que su intervención fue poco más que testimonial y los japoneses eliminaron a toda la escuadra de aviones norteamericanos excepto a tres.




Depósitos de la Isla Sand en llamas tras el ataque japonés a Midway en la mañana del 4 de junio de 1942.


Basándose en los preceptos tácticos japoneses sobre la navegación en combate de los portaviones, el Almirante Nagumo había mantenido a la mitad de su flota de aviones en reserva, que constaba de dos escuadrones de bombarderos y torpederos. Estos últimos, fueron armados con torpedos antibuque a fin de despegar en cuanto se localizara cualquier buque americano. Pero la recomendación del líder de la escuadra que atacó Midway de lanzar una segunda oleada, que se tomó como buena, obligó a rearmar a los aviones ya armados, puesto que se debían equipar con bombas de uso convencional, para ataque a objetivos en tierra. Este rearme les llevó a los japoneses un total de media hora, y estaban en este proceso cuando a las 07:40h uno de los aviones de reconocimiento detectó la presencia de una considerable fuerza naval norteamericana hacia el este. Nagumo revocó su orden de rearme de los aviones y ordenó al avión de reconocimiento, informar de la posición exacta de esa fuerza hostil americana.

Nagumo se encontraba ahora en una tesitura. El Contralmirante Tamon Yamaguchi, líder de la División de Portaviones 2 (compuesta por el Hiryu y el Soryu), recomendó a Nagumo atacar de forma inmediata con las fuerzas disponibles. Nagumo podría haber tenido la oportunidad de lanzar inmediatamente parte de sus fuerzas de reserva contra los buques americanos, pero debía reaccionar de forma inmediata, ya que la escuadra aérea que atacó Midway estaba de regreso y aterrizaría en breve, bajos de combustible y con hombres heridos, por lo que era obvia la necesidad que tenían de aterrizar cuanto antes. Poner a punto las cubiertas de vuelo y lanzar los aviones requería de, al menos, 30 a 45 minutos. Y lanzarlos tal cual estaban, obligaba a algunos de los aviones a despegar hacia la batalla sin el armamento antibuque apropiado. Se impuso pues la férrea disciplina japonesa, que prefería los ataques totalmente preparados, máxime en ausencia de una confirmación sobre dónde se encontraba la fuerza naval norteamericana exactamente: Nagumo decidió ser prudente y tomar la, a la postre, fatal decisión de esperar el regreso de la primera oleada de aviones para lanzar entonces la fuerza de reserva, que ya estaría armada de forma correcta.

Hacia las 08:25h, el balance es claramente favorable a los japoneses: ningún barco tocado, ningún avión de escolta derribado y los artilleros japoneses beben sake en sus puestos, gritando consignas victoriosas a su Emperador. El plan prosigue y Nagumo rebosa de alegría y confianza en el puente de su portaaviones insignia.

Mientras tanto, la fuerza norteamericana permanecía en el Point Luck, a 300 millas de Midway y Nimitz presionaba a los exploradores para determinar la ubicación de la fuerza de portaaviones enemiga, que aun no había sido localizada. Fue hacia las 5:30, cuando un PBY radió que había localizado a un portaaviones enemigo en demora 320° a 150 millas de Midway.




Aeronaves TBD-1 Devastator del Torpedo Squadron Six (VT-6) de la US Navy, preparadas para el despegue desde el USS Enterprise (CV-6) a las 07:30-07:40 hrs del 4 de Junio de 1942.


Los reveses del destino.

El Almirante Fletcher, a bordo del Yorktown, disponía ya de toda la información que necesitaba sobre los avistamientos de sus PBY Catalina. En base a ellos, ordenó a Spruance lanzar el ataque contra los japoneses tan pronto como fuera posible. Desgraciadamente para los norteamericanos, su pericia y preparación en las cubiertas de los portaviones, no era la mejor, con lo que poco a poco fueron lanzados los aviones desde sus buques, formándose diferentes grupos de ataque que no estaban compactados, lo que disminuía la efectividad de sus ataques y aumentaba sus bajas.

Los primeros ataques de los aviones embarcados norteamericanos contra la flota japonesa, se iniciaron a las 09:20h, atacando en primer lugar el Torpedo Squadron 8 (VT-8), seguido del número VT-6, sin ningún tipo de apoyo de caza. El resultado es que los aviones del VT-8 fueron totalmente aniquilados mientras que los del VT-6 estuvieron a punto de serlo y para colmo sin lograr ningún impacto. Sin embargo, a pesar de su vano sacrificio, los torpederos americanos obtuvieron dos importantes resultados: primero, mantener a los japoneses a la espera, sin que pudieran iniciar su contraataque. Segundo, sus ataques desubicaron a las patrullas de combate japonesas y las desplazaron de su posición, no en términos de altitud, sino de forma lateral, con lo que la cobertura sobre la flota japonesa no era la óptima. Además, la rápida aparición de una tercera escuadra de aviones torpederos norteamericanos, la VT-3, a eso de las 10:00h, desplazó a la patrulla aérea hacia el cuadrante sureste de la flota.

Por puro azar, al mismo tiempo que el escuadrón VT-3 era avistado por los japoneses, dos formaciones separadas (comprendiendo un total de tres escuadrones) de SBD Dauntless norteamericanos, se aproximaban a la flota japonesa desde el noroeste y hacia el suroeste. Estas formaciones, a pesar de haber tenido una enorme dificultad en localizar a los portaviones japoneses, habían llegado (en parte debido a un verdadero golpe de suerte y en parte por las buenas decisiones de los respectivos jefes de escuadrón) en una posición perfecta para atacar a sus objetivos. Los aviones de ataque japoneses llenaban las cubiertas de hangares en aquel preciso momento, las mangueras de repostaje se encontraban por doquier y debido a las órdenes y contraordenes al respecto del armamento de los aviones, las bombas y torpedos se encontraban en aquellas cubiertas, fuera del pañol de municiones. Así que ese momento, era de una extraordinaria vulnerabilidad para los portaviones.

Sin embargo, y a pesar de lo que hasta ahora se sabía de la batalla, recientes hallazgos han demostrado que los japoneses no estaban preparados para lanzar un contraataque contra los americanos en el justo momento en que fueron atacados. Debido a la constante actividad en las cubiertas de vuelo, relacionada con las operaciones de las patrullas de combate durante la hora precedente, los japoneses nunca tuvieron la oportunidad de preparar su fuerza de ataque para el despegue. Los aviones que se encontraban en las cubiertas en el momento del ataque, pertenecían a las patrullas de combate o bien, caso del Soryu, de aviones que se estaban preparando para engrosar las filas de las patrullas.




Un Douglas TBD-1 Devastator de la US Navy, probablemente del Torpedo Squadron 3 (VT-3) del USS Yorktown (CV-5), cargando un torpedo Mk. XIII torpedo, en ruta al ataque de la fuerza de portaaviones japonesa durante la mañana del 4 de Junio de 1942.


A las 10:22h, los aviones del Enterprise atacaban al portaviones Kaga, siendo atacado cuatro minutos después el Akagi. En el norte, los aviones del Yorktown atacaron el Soryu. Simultáneamente, la escuadra VT-3 hacía lo propio con el Hiryu, si bien los torpederos americanos no alcanzaron el blanco. No fue ese el caso de los bombarderos, que tuvieron más fortuna. En tan solo seis minutos, los Dauntless completaron su misión dejando seriamente dañados sus objetivos. El Akagi fue alcanzado de lleno por una bomba, que fue suficiente: penetró en la cubierta del hangar superior y explotó entre los aviones, armados y hasta arriba de combustible que allí se encontraban. Otra bomba más, explotó rozando el buque, bajo el agua, curvando la cubierta de vuelo hacia arriba, provocando un geiser de agua y serios daños en el timón. El Soryu recibió tres impactos de bomba en los hangares y el Kaga recibió, al menos cuatro o más. Con esto, los tres portaviones se encontraron en un momento fuera de combate.

Posteriormente a este ataque, el submarino norteamericano Nautilus, (SS-168), disparó varios torpedos a lo que su tripulación pensó que era el Soryu, pero que posteriores investigaciones han demostrado que era el Kaga. La tripulación del submarino reclamó que un torpedo impactó en el portaviones, provocándole una “tremenda explosión”. Sin embargo, la tripulación superviviente del Kaga informó de que ningún torpedo les alcanzó tras el ataque aéreo. De los cuatro torpedos disparados, uno no llegó a activarse, dos siguieron rumbos erráticos y el cuarto fue un impacto inútil en un buque de apoyo japonés, aunque lo partiera en dos.




El portaaviones USS Yorktown (CV-5), ardiendo luego de haber sufrido un ataque por parte de aeronaves japonesas durante la batalla de Midway.


El Hiryu, ahora único portaviones superviviente, tardó poco en pasar a la acción y contraatacar. La primera oleada de bombarderos japoneses, en cuanto estuvieron localizados los objetivos, dañaron muy seriamente al Yorktown, si bien la eficacia y rapidez de sus ingenieros y mecánicos en reparar la nave fue tal, que la segunda oleada japonesa de bombarderos lo confundieron con un portaviones intacto.

A pesar de que las esperanzas japoneses se centraban en eliminar dos portaviones en dos oleadas, el Yorktown soportó ambos ataques, ya que como hemos mencionado, los pilotos japoneses pensaron que se trataba de otro portaviones, en concreto el Enterprise. Estas dos oleadas, lo dejaron fuera de combate, pero su sacrificio propició que los dos portaviones de la Task Force 16 salieran indemnes. Poco tiempo después (el 7 de junio) y a pesar de los esfuerzos por mantenerlo a flote, los torpedos de un submarino japonés, el I-168, hundieron de forma definitiva al malogrado Yorktown.

El ataque norteamericano no se hizo esperar y a las 17:00, un grupo de aviones del Enterprise atacaron justo cuando el portaaviones Hiryu se colocaba proa al viento para lanzar sus aviones. Inmediatamente, los aviones de la patrulla aérea japonesa se lanzaron a la defensa y derribaron 3 Dauntless. El Hiryu, a máxima velocidad, intentó evadir el ataque tomando personalmente el timón su comandante, el capitán Takeo Kaka. En un primer momento, el Hiryu pareció esquivar hábilmente los torpedos lanzados contra él, pero finalmente le alcanzaron 4 bombas de picado, de las cuales, una estalló en el puente y las otras entre los aviones que estaban despegando, desatándose un infierno en el Hiryu, que tuvo que detenerse. Una de las bombas penetró bajo el ascensor de proa y lo hizo saltar por los aires, provocándole un grotesco boquete y exponiendo toda la estructura interna. En ese momento aparecieron los acorazados Harina y Kirishima a fin de cubrir al Hiryu, pero no había nada que hacer: el Hiryu se hundía. Se fue a pique a las 08:00 del 5 de junio y únicamente se pudieron rescatar a 35 hombres.




El portaaviones japonés Hiryu ardiendo en la mañana del 5 de junio de 1942. Poco después de tomarse esta fotografía, se iría a pique.


El Almirante Spruance se encontraba ahora en el comando táctico de las fuerzas norteamericanas, ya que el Almirante Fletcher se había visto obligado a abandonar el agonizante Yorktown. Spruance sabía que habían logrado una gran victoria, pero aún no estaba seguro de que los japoneses estuvieran del todo sometidos, con lo que determinó salvaguardar Midway y sus portaviones. Consecuentemente, decidió retirarse hacia el este durante la noche, desestimando realizar ninguna acción durante la noche en previsión a las posibles fuerzas de superficie japonesas que rondaran por el área. Ya a al despuntar el alba, viró al oeste a fin de encontrarse en posición para cubrir Midway en caso de producirse una invasión del atolón esa misma mañana.

Por su parte, Yamamoto inicialmente decidió continuar con su esfuerzo por acabar con los norteamericanos y ordenó a la totalidad de la fuerza principal avanzar en zig zag a la máxima velocidad hacia Midway con el objetivo de destruir con fuego artillero la isla y sus instalaciones y además emboscar a las fuerzas norteamericanas. Añadió, además, la orden de acudir al lugar a las fuerzas que se habían destinado al ataque de distracción en las Aleutianas
Yamamoto intentó buscar una batalla decisiva al acercar sus acorazados y cruceros a Midway, sin embargo, el almirante Spruance hizo retirar prudentemente su fuerza más hacia noreste para evitar caer en una emboscada artillera nocturna, que era la especialidad japonesa. Al no haber detectado a la flota estadounidense en el amanecer del 5 de junio, Yamamoto tuvo que reconsiderar su línea de acción. Los cruceros se situaron en el horizonte de Midway y empezaron a bombardear sistemáticamente las instalaciones de la isla.

Cuando Spruance supo que la isla estaba siendo cañoneada, ordenó a sus fuerzas, en la tarde del 5 de junio, aproximarse al sector para impedir un desembarco. El contralmirante Ugaki del estado mayor de Yamamoto se encerró con el almirante en la sala de mapas del Yamato, y entre ambos, se reconsideró el bombardeo que se efectuaba en ese instante, Ugaki no tenía clara la situación estadounidense, y convenció a Yamamoto de abortar su plan de conquista de Midway sobrestimando el potencial estadounidense. Así, el 6 de junio a la 01:00, Yamamoto dio la orden de retirada.
Para colmo de males, los japoneses aún sufrieron otro revés. Durante la maniobra de retirada, los cruceros pesados Mikuma y Mogami, se embistieron mutuamente debido a la espesa niebla reinante. Este accidente provocó que tuvieran que reducir su velocidad (debido a los daños sufridos) y junto a su escolta de destructores, fueron alcanzados por los aviones del Enterprise en la mañana del 6 de junio. El resultado del ataque norteamericano fue el hundimiento del Mikuma y provocar severos daños al Mogami, que a duras penas consiguió llegar a su base en Truk.




El crucero pesado Mikuma de la Flota Imperial Japonesa, momentos después de haber sido bombardeado por aeronaves provenientes de los portaaviones USS Enterprise (CV-6) y USS Hornet (CV-8.). La foto fue tomada por un SBD Dauntless del Enterprise.


Las consecuencias.

Tras la clara victoria, los norteamericanos se retiraron. Japón había perdido cuatro de sus portaviones, con lo que únicamente quedaban operativos el Zuikaku y el Shokaku, provocando el frenazo a la expansión japonesa en el Pacífico. Esto permitió, por primera vez en el conflicto, que los norteamericanos tomaran la iniciativa ofensiva.
A pesar de ello, los japoneses no disminuyeron su ferocidad en combate y pasaron muchos meses antes de que la U.S. Navy pudiera pasar de un estado de paridad, al estado de superioridad naval con respecto a sus adversarios, si bien sólo dos meses después, los norteamericanos atacaron Guadalcanal, cogiendo a los japoneses por sorpresa y pudiendo asegurar, de este modo, las líneas de suministro a Australia y el Océano Índico y provocando, a la vez, efectos que a la larga, tendrían repercusiones en el transcurso de la guerra. Sin ir más lejos, la defensa por parte de los británicos del Canal de Suez, en Egipto, contra el Afrika Korps alemán, fue reabastecida mediante transportes aliados provenientes de las rutas del Océano Índico.

Por otro lado, si bien Midway no fue causante de la destrucción de la aviación naval japonesa, si es cierto que provocó un serio castigo entre sus filas, que se tradujo en un duro revés para la fuerza aérea. Y es que los programas prebélicos de entrenamiento habían tenido sus frutos, brindando excelentes remesas de pilotos de combate, pero en un promedio de hombres muy bajo.

Esta pequeña élite de aviadores, combatió en Midway, llegándose a perder en un solo día tantos pilotos de élite como se habían formado en los programas de entrenamiento durante un año. De este modo, en posteriores combates como Guadalcanal, las Salomón o Santa Cruz, los pilotos japoneses, formados ahora con mucha mayor rapidez, en detrimento de la calidad, eran mucho más novatos e inexpertos, con lo que fueron presa fácil para los pilotos norteamericanos. Y la idiosincrasia de los mandos nipones, inició una rueda que a la postre, acabaría con cualquier vestigio de superioridad aérea nipona: los pilotos veteranos y expertos, fueron enviados al combate, con lo que en los programas de entrenamiento, poco a poco fueron desapareciendo los que mejor podían dirigir dichos programas. Muy al contrario que en el bando estadounidense, donde los mejores pilotos eran enviados a casa a formar nuevas hornadas de aviadores de combate.

Aún peor fue la pérdida, irremediable, de cuatro portaviones. Éstos, no pudieron ser completamente reemplazados hasta principios de 1.945, cuando ya era demasiado tarde para que pudieran desequilibrar la balanza en favor de Japón. Y es que en ese mismo lapso de tiempo, la U.S. Navy comisionó más de dos docenas de portaviones de flota y de tipo ligero, así como numerosos portaviones de escolta.
Así pues, se puede afirmar que la batalla de Midway, marcó efectivamente el punto de inflexión en la guerra del Pacífico, dando pie a lo que se hubo de convertir en el principio del fin del Imperio nipón, que poco a poco se vería abocado al abismo del fracaso.





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