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 El día 25 de Mayo, Cuando nos estábamos cambiando.......

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MensajeTema: El día 25 de Mayo, Cuando nos estábamos cambiando.......   Vie 25 Mayo 2012 - 23:44

EN EL DIA DE LA PATRIA

Por el Comodoro Marcos Rafael Carballo
del libro "HALCONES SOBRE MALVINAS"

El día 25 de Mayo, Cuando nos estábamos cambiando dije a mis numerales"—Espero que podamos celebrar este aniversario como corresponde—" y gracias a Dios fue así, aunque tuvimos el dolor de sufrir la pérdida de nuestro Oficial de Operaciones, caído heroicamente en combate.


25 de Mayo de 1982. Este fue un día muy especial por muchas causas. La primera porque era un aniversario más de nuestra Patria y lo podíamos celebrar de la mejor forma: defendiendo la bandera más linda del mundo. La segunda era que una serie de noticias adversas habían hecho decaer la fe de muchos. La tercera que ya el mundo comenzaba a hablar de los pilotos argentinos y ello era un estímulo más para nosotros.

Una misión con aviones A-4B salió a la madrugada, con reabastecimiento nocturno. Uno de ellos no regresó, el Capitán Hugo Ángel Del Valle Palaver, el más antiguo de nosotros, ejemplar en todas sus actitudes, supo dar testimonio hasta en la muerte. Cayó un 25 de Mayo, ofrendando su vida por la Patria. Su indicativo de ese día era "Marte". La orden para nosotros también había llegado, emanada de aquellos que tenían la dificilísima misión de planearlas, darles forma, ver sus aptitudes y factibilidades y, por último, de ordenar su cumplimiento sabiendo que quizás muchos de quienes las cumplieran no regresarían nunca más a sus hogares.

Estos conductores, muchas veces cuando hablan de sus pilotos y del coraje que tienen, lo hacen con lágrimas en los ojos; ellos, el Brigadier Crespo, el Brigadier Camblor, El Brigadier Tomás Rodríguez, el Brigadier Correa Cuenca, el Brigadier Juliá y sus colaboradores, son los que tuvieron la parte más triste y anónima de esta campaña y también son en parte responsables del inmenso éxito de la Fuerza Aérea Argentina. Blanco: dos buques, piquetes de radar, o sea que controlaban el tránsito de aviones en ese sector, los que se encontraban unos 30 kilómetros al norte de la Isla de Borbón. Cantidad de Escuadrillas: dos, de tres aviones cada una, la del Primer Teniente Velasco y la mía. Nuestros indicativos eran ese día "Zeus" y "Vulcano".

Antes del despegue, uno de mis numerales, el Alférez Carmona, tuvo fallas que lo mantuvieron en tierra, por lo que despegamos solo cinco aviones. Cada Escuadrilla hacía su propia navegación, o sea que íbamos al mismo blanco por distintas rutas. Era un hermoso día, o por lo menos así lo veía yo, que me sentía eufórico y con ganas de entrar en combate. El ya familiar contorno de las islas comenzó a dibujarse a lo lejos cuando una capa de sal comenzó a formarse en mi parabrisas delantero. Esto ya anteriormente había ocurrido en otras misiones y fue solucionado por el Primer Teniente bioquímico Haggi el que encontró una solución que evitaba dicho problema. Inmediatamente recordé al Suboficial Escobar, un mecánico que con todo cariño había limpiado el parabrisas de mi avión y me preguntó si estaba satisfecho con su trabajo. En ese gesto amable desapareció el elemento protector y comenzaron mis penurias. Pensé que debería regresar, pues no solo se me hacía difícil volar rasante y ver hacia el frente, sino también me había quedado sin mira de tiro, por lo cual solo podría tirar calculando el momento de disparo, pero decidí seguir igual.

Llegué al primer punto de notificación, que era Puerto Ruiseñor en la Gran Malvina e hice mi primer contacto con el "Rayo", (nuestro avión de apoyo), indicativo tras el cual operaban normalmente entre otros el Vicecomodoro Pereyra y el Mayor Medina. Ellos nos indicaban si nuestro blanco se habían movido o si debíamos cambiar nuestra ruta a fin de evitar patrullas aéreas enemigas a las que denominábamos PAC (Patrulla Aérea de Combate). Pronto descubrí que no podía cumplir lo que me decía la orden: ir en vuelo rasante sobre tierra desde Puerto Ruiseñor hasta la Isla Rasa, al oeste de la Isla Borbón, en línea recta, pues tenía totalmente disminuida mi visión y terminaría chocando contra algún promontorio del terreno. Coloque entonces cierto apartamiento a mi ruta original. Comencé a bordear por el agua, que no tiene más desniveles que las olas, hacia el norte de la Gran Malvina. A mi izquierda y levemente atrás y abajo, casi tocando el mar, volaba mi "numeral de Hierro" como le decía yo, el Teniente Rinke. Súbitamente con urgencia escuché al "Ranquel" (Vicecomodoro Arturo Pereyra) que mecomunicaba: —¡Atento que hay un PAC de Harriers entrando a sur por el estrecho de San Carlos!." 

Di el comprendido y entendiendo que podía llegara mi blanco sin que lograran interceptarme, decidí seguir. Luego me contaría este oficial, que la patrulla de aviones enemigos habían estado volando sobre las fragatas hasta ese momento en que se alejaron, solo tres minutos antes de que atacáramos, habiendo dos PAC más en las proximidades. Una vez que di la vuelta a la parte más alejada de la isla, puse rumbo Este para disminuir el apartamiento y coloqué luego el rumbo que debí haber llevado desde un principio.

La nariz de mi avión fue buscando en el horizonte el lugar en donde debía visualizar a mi blanco. Efectivamenteallí estaban. No se porqué pero me acordé de una frase que siempre repetía Pepe Biondi: "Que suerte que tengo para las desgracias"... Eran dos puntos negros, dos fragatas imponentes que se recortaban en el horizonte, rodeadas de una suave neblina, lejos de la costa, muy adentro del mar, y yo me dije:-¡Esta vez viene muy dura la mano, pues vamos a estar mucho tiempo expuestos a su artillería! Eran una CL-42 y una CL-22, las más modernas y poderosas de toda la flota inglesa. Di potencia a mi turbina, apreté el pulsador de mi VHF, dije: —O.K. chicas, estoy a la vista, ¡Viva la Patria!, ¡A pleno (dar toda la potencia)!, ¡A la de atrás (a la fragata del oeste)!, — e inicié mi corrida final de tiro. Recuerdo que me sentía muy insignificante cuando entraba con mi "numeral de hierro" como única compañía, atacando a esas moles de acero que empezaron a tirarnos apenas entramos al agua desde la Isla Rasa, pese a que aún no estábamos en distancia de tiro, a fin de hacernos desistir de nuestro propósito.

Sus impactos al principio pegaban muy adelante nuestro; el agua saltaba en grandes chorros y en el aire había explosiones que formaban una franja que tenía vida mientras los dos buques se cubrían de humo a cada nuevo lanzamiento. Me pareció estar en el medio de una película de batallas navales... Pensar que tan sólo tres meses atrás yo ni siquiera hubiera soñado estar viviendo esa terrible y al mismo tiempo emocionante experiencia. La cortina de fuego era realmente muy densa y los dos tiraban con todos los medios de que disponían, por lo que la sal en el parabrisas en parte me evitaba ver lo cerca que estaban pegando. El parabrisas tiene tres divisiones de izquierda a derecha, y solo se llena de sal la del medio, o sea que por los costados se puede ver.

Mi numeral me preguntó: —¿¡A cual le tiramos señor!?— "—¿Vamos a la de atrás que está menos defendida!—", le dije. Los dos buques habían comenzado a acelerar rápidamente, formándose en sus proas altos bigotes de espuma, con rumbo hacia el Este, separados entre ellos por una distancia aproximada a los doscientos metros, uno detrás del otro. Cuando apareció a ambos lados de mi nublado parabrisas la mole del navío, oprimí el disparador de mi bomba y lo "solté", como decimos nosotros, tomándome un margen algo mayor que el de costumbre por mi escasa visión. Recuerdo que en el momento en que lanzaba mi bomba la otra nave aún me estaba tirando. Inmediatamente pregunté:—¿pasó, dos?—". Primero se hizo rogar un poco pero luego escuché con inmensa alegría su grito: —¡si señor, aquí estoy detrás suyo y a la vista!". Casi instantáneame nte escuché otra voz en la frecuencia que decía: —¡No veo nada yo!—", era el 1er Teniente Velasco que llegaba. Le grité : -¡Están justo, del punto -(Isla Rasa)- al Norte, Vamos, Vamos!, y el Alférez Barrionuevo dijo: --Okey. A la izquierda las tenemos El "Cobra" y el "Pampa" iniciaron su ataque.

El Teniente "Jaguar" había regresado al aterrizaje por problemas en su avión. El buque que habíamos atacado nosotros se había detenido, aparentemente tocado por nuestras bombas, con su proa apuntando hacia el este, mientras el otro, en gesto digno de destacar se volvió a cubrirlo, quedando delante de él y con su proa apuntando al oeste. Una explosión levantó una columna de agua cerca de mi avión cuando me tiraron con algo enel alejamiento. Dije: -Me dieron, creo que me dieron porque sentí varios golpes abajo ( al aterrizar vería que solouna esquirla había dado en mi ala derecha. Nosotros dos, debido a que toda la atención delenemigo se centró en los atacantes, tuvimos la oportunidad de ver que ocurrió mientras nos alejábamos en un suave viraje.Con una agilidad increíble, más rápido de lo que nadie se pueda imaginar, la Coventry viró hacia los aviones de la Sección que entraba apuntándoles con su proa, de pronto vimos una llamarada y disparó un misil Sea Dart, que dejó un denso humo blanco en la cubierta el que empezó a viborear buscando orientarse, pasándoles por arriba y a la izquierda sin que ellos se inmutaran, y luego lo perdí de vista, mientras escuchaba a mi numeral gritar:

—¡El misil!, —¡El misil!—" era el primero de este tipo que yo veía y realmente impresionaba; dicen que su costo es igual al de un avión.; luego les presentó el costado, que es donde tiene su mayor capacidad de fuego, ymcomenzó a cañonearlos. Un segundo después escuchaba a Velasco preguntar el consabido —¿pasó, dos?—", y este le contestaba —Si señor, dio perfecto usted, y era una CL-42, la vi clarito, casi me como uno de sus Domos (protectores del radar), vi impactar a sus bombas contra el casco del buque y también vi en el otro, a la altura de la línea de flotación salir una columna de humo negro—!" Comenzamos a gritar todos al mismo tiempo mientras a ellos aún les estaban tirando, aunque las columnas de agua se veían muy atrás. Gritábamos vivas a la Patria, sapukays e insultos hasta que una voz, estimo que la del Vicecomodoro "Duro" Pereyra, en el "Rayo", nos llamó al orden diciendo —¡hacer silencio en la frecuencia!—" Sé que no voy a poder expresar lo que se siente normalmente en el vuelo de regreso, y menos en un día tan especial como ese, con la alegría de haber cumplido y sabiendo que estamos vivos por un día más.

Es una sensación parecida a la gloria, a la plenitud. Al regreso, que hacíamos por separado, escuché a mi numeral que informaba que su velocímetro no funcionaba, pensé preocupado que le sería imposible atravesar la gruesa capa de nubes que teníamos en frente. Le pedí a Dios que le ayudara, pues lo único que le quedaba era eyectarse cuando, por tiempo, considerara que estaba sobre tierra. Comencé a buscarlo por todo el cielo, y de pronto descubrí una estela de condensación, atrás y a mi izquierda; era él. Le ordené, alabeando, reunirnos y cuando estaba agradeciendo ese milagro y mirando su avión para ver si tenia daños, observé una segunda estela; al consultar el Teniente Rinke —alertado por mis señas— supe que no era de un avión amigo, por lo que iniciamos un rápido descenso y entramos en el manto blanco que teníamos abajo. Un oficial muy querido por todos nosotros, el Mayor "Mike" Sánchez, quién vivió constantemente tratando de hacernos sentir a gusto, cómodos y confortables en nuestra Base de asiento, decía, si no me equivoco, que nosotros debíamos burlar a la muerte cuatro veces; la primera cuando cruzábamos el charco, sabiendo que si caíamos más allá de los trescientos kilómetros nadie nos rescataría; la segunda, en el tramo al blanco, acechados por los Harriers; la tercera, en el ataque final y la cuarta, en el regreso con probables averías sobre ese mismo solitario mar.

A lo lejos vi la pista, pulsé el botón de mi equipo de radio y dije: —"En e/ día de la Patria, con la pista a la vista!—" a "nuestros ojos", los vigías del radar; también les dije —¡regresando todos y con la misión cumplida!—". Escuché al "Tala" que decía: —¡Nunca pensé que la visión de una pista me parecería tan hermosa!— -¡Señor- me pidió- hagamos un pasaje en formación por encima de la Base!, a lo que contesté: -"Usted está loco, nos salvamos de los ingleses y usted quiere que nos bajen los nuestros" Apenas aterrizamos nos trajeron los primeros resultados de nuestro ataque. Desde tierra vieron que dos minutos después de que salimos habían llegado cuatro aviones Harrier y se quedaron orbitando sobre los buques; poco tiempo después también arribaron helicópteros provenientes de Puerto San Carlos para rescatar los náufragos, pues la fragata atacada por Mariano se hundió rápidamente, mientras la otra se alejaba lentamente, evidentemente averiada. Se llamaban "Coventry" y "Broadsword".

De acuerdo con todo lo que sabíamos, el Capitán Palaver aparentemente había caído sobre tierra, por lo que presumíamos que estaría bien. Desgraciadamente, cuando pasó el tiempo comprobamos que no fue así. Esa noche nos invitó a cenar el dueño del restaurante del A.C.A., donde nos trajeron el libro de oro para que firmáramos todos los pilotos, y mi jefe de Escuadrón me pidió que escribiera algo previo a nuestras firmas en nombre de todos; allí puse: de los que viven "Con Dios en e/ alma y un Halcón en el corazón", un día 25 de Mayo, en plena guerra, fresca aún, la alegría de la victoria y la incertidumbre por el destino del Halcón caído.

VIVA LA PATRIA CARAJO!!!


Slds
Juancho


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MensajeTema: Re: El día 25 de Mayo, Cuando nos estábamos cambiando.......   Sáb 26 Mayo 2012 - 1:37

Excelente aporte Juancho.
VIVA LA PATRIA!!!!!!
Saludos
Diego

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“Tengamos ideales elevados y pensemos en alcanzar grandes cosas, porque como la vida rebaja siempre
y no se logra sino una parte de lo que se ansía, soñando muy alto alcanzaremos mucho más”.

Bernardo Alberto Houssay
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