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 En 1770 UK y España casi llegan a la guerra.

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BND



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MensajeTema: En 1770 UK y España casi llegan a la guerra.   Dom 26 Feb 2012 - 17:59

España y el Reino Unido estuvieron a punto de ir a la guerra en 1770 por la soberanía del archipiélago que hoy reclama Argentina.

Situadas a 770 kilómetros al noreste del cabo de Hornos, y con una extensión de 12.200 kilómetros cuadrados (ligeramente superior a la de Navarra), las islas Malvinas han reaparecido en las agendas de las cancillerías argentina y británica coincidiendo con el 30 aniversario de la guerra que enfrentó al Gobierno de Margaret Thatcher y la dictadura de Leopoldo Galtieri (los reclutas argentinos pusieron el pie en aquel confín del Atlántico Sur el 2 de abril de 1982). Buenos Aires ha trasladado el conflicto a los organismos internacionales, de donde nunca debió salir y donde sus diplomáticos continúan apelando a la historia. Sin embargo, como el pasado es un territorio resbaladizo, tanto la líder peronista Cristina Fernández de Kirchner como el premier conservador David Cameron pueden encontrar argumentos a favor y en contra, si bien sus tesis apenas disimulan los intereses económicos en juego (pesca y recursos energéticos). Lo cierto Fernández y Cameron transitan por un camino muy trillado: el rey español Carlos III y el británico Jorge III evitaron ir a la guerra por el archipiélago gracias a que entonces algunas mentes lúcidas se preguntaron si la cosa merecía la pena.

Una de esas mentes fue la del Doctor Samuel Johnson, figura señera de las letras inglesas, que en 1770 se enfrentó a los parlamentarios que hervían de indignación porque el Gobierno de Lord North había llegado a un arreglo con Madrid sobre las Falkland (así llaman los británicos a las islas desde que el capitán Strong las reconoció en 1690 y solo contempló pingüinos). En virtud del pacto, Londres recuperaba el puesto de Port Egmont, en la isla Trinidad, pero los españoles mantenían la reclamación de la soberanía sobre todo el archipiélago. "Hemos mantenido el honor de la Corona y la superioridad de nuestra influencia", recordó Samuel Johnson. "Aparte de esto, ¿qué hemos conseguido? Nada más que una triste y deprimente soledad, una isla apartada del uso humano, tempestuosa en invierno y árida en verano; una isla que ni los salvajes del sur se han dignado habitar, donde debe mantenerse una guarnición en un estado que contempla con envidia a los exiliados de Siberia, cuyo dispendio será perpetuo y su utilización solo ocasional, y que si la fortuna le sonríe a nuestros esfuerzos, puede convertirse en un nido de contrabandistas en tiempos de paz, y en tiempos de guerra, en el refugio de futuros bucaneros".

El Doctor Johnson se equivocó en la última parte de su panfleto: el contrabando y la piratería no arraigaron aparentemente en las Malvinas. Pero había muchas personas que, como él, se habían sentido desfavorablemente impresionadas cuando escuchaban relatos sobre las Falkland. Un sacerdote español lo había advertido en 1767, tres años antes del conflicto entre las coronas española y británica, cuando le enviaron al archipiélago después de que Francia lo vendiera a España (Malvinas viene de Malouines, ya que los colonos franceses procedían del puerto de Saint Malo). El religioso se estableció en Port Louis, al norte de la actual Port Stanley, en la isla Soledad, y escribió: "Me quedo en este desdichado desierto, sufriendo todo tipo de males por amor a Dios".

A 130 kilómetros de allí, en Port Egmont, el asentamiento británico de la isla Trinidad, el teniente de navío Thomas Coleman relató por aquella época: "Es el lugar más detestable en que he estado en mi vida... Se mire por donde se mire, hay terrenos baldíos". Durante dos años, los habitantes de Port Louis y Port Egmont marchitaron de aburrimiento, separados por el Estrecho de San Carlos, ignorantes de que había otros europeos en aquellos pagos.


Sin embargo, las cosas cambiaron en noviembre de 1769, cuando un balandro británico se encontró con una goleta española. Perplejas, ambas tripulaciones se exigieron mutuamente explicaciones, y así estuvieron varios meses hasta que el gobernador de Buenos Aires, Francisco Bucarelli, encomendó la conquista de Port Egmont a cinco fragatas. Unos disparos fueron suficientes para que los militares británicos se rindieran (eran trece en total) y España izara su bandera. Ocurrió el 10 de junio de 1770, y la Corona española añadió a sus riquezas un huerto de coles y 422 fanegas de carbón.
"Aparte de esto, ¿qué hemos conseguido?", subrayó el Doctor Johnson cuando Carlos III y Jorge III solucionaron provisionalmente el conflicto.
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: En 1770 UK y España casi llegan a la guerra.   Sáb 3 Mar 2012 - 22:21

Un poco de historia sobre estos eventos.

Por las representaciones de Byron en favor de la situación de Puerto Egmont, y la facilidad de obtener alimentos allí, los ministros ingleses determinaron fundar un establecimiento en aquel paraje; y Macbride fue inmediatamente enviado para el efecto, con cerca de cien personas, en la fragata Jasan, que llegó al puerto en enero de 1766. Los ingleses, con grandes esfuerzos, pudieron tener preparadas sus primera habitaciones antes del invierno; estaban sin embargo tan poco gustosos con su nueva morada, como los franceses lo habían estado con Berkeley Sound; y las descripciones de Macbride, referidas por Jhonson, nada menos eran que halagüeñas. (1)

Disputa entre la Gran Bretaña y España respecto á las Islas Malvinas

Así á principios de 1766, un establecimiento francés y otro ingles existirán en las Malvinas, cuya población reunida ascendía a dos cientos; el mayor número de personas que antes ó después de aquel año han habitado en tiempo alguno el archipiélago. El derecho de cada una de estas naciones á formar tales establecimientos sobre las islas en el Océano, no habitadas y muy distantes de las posesiones de ningún otro poder civilizado, apenas se cuestionarán actualmente; aunque los Franceses habrían citado precedentes en favor de su anterior ocupación. El gobierno de España, sin embargo, apegado á sus antiguas pretensiones, y recelando la invasión del Pacifico por sus rivales, determinó resistir sus tentativas á apropiarse estas islas á la entrada de aquel mar, y en consecuencia, el primer ministro Grimaldi representó á las cortes de Versalles y S. .James, contra la continuación de los establecimientos hechos por sus respectivos súbditos sobre los territorios de Su Majestad Católica.

El duque de Choiseul, por parte de la Francia, estuvo al principio determinado á no ceder á este requerimiento; y una irritante correspondencia se siguió entre los dos ministros, que al fin empezaron á hacer preparativos de guerra. Luis XV rey de Francia, se informó entretanto de lo que pasaba; y ansioso de pasar quieto el resto de su vida, prohibió á su ministro proceder mas adelante en la disputa, y escribió él mismo á su primo, Carlos III de España, declarando su disposición a apartar á sus súbditos de las Malvinas, con tal que recibiesen de España indemnización por sus perjuicios. A esto accedió prontamente el monarca español; y de consiguiente á la llegada de Bougainville á Francia, en el verano de. 1766, él mismo fue despachado por su soberano á Madrid, donde el 4 dé octubre siguiente, firmó un convenio para entregar Puerto Luis á España, recibiendo una suma igual á cerca de ciento y veinte mil pesos, siendo el monto de los gastos que desembolsó la compañía de San Malo, enfundar sus establecimientos intrusos en las Islas Malvinas pertenecientes a Su Majestad Católica.» En ejecución de este convenio enviándose buques á Puerto Luis, en que los colonos fueron llevados á Francia: los Españoles entonces tomaron posesión del puerto, cambiando su nombré con debida solemnidad en el de Soledad; se fijó allí una guarnición, y el establecimiento fue mantenido bajo la autoridad del gobernador de Bueenos Aires hasta 1808. Supón ése generalmente que Bougainville y sus colonos estuvieron contentos con este arreglo, pues había venido á ser evidente que la colonia no podía sostenerse, ó por agricultura, ó por tráfico, ó proveyendo víveres á los buques, ni de otro modo.

Los esfuerzos de la corte de Madrid para arrancar del gobierno británico el que separase sus súbditos de las Islas Malvinas no tuvieron buen éxito. De las discusiones entre ambas partes sobre la materia, nada está públicamente conocido, sino que tales discusiones tenían ciertamente lugar, aunque mas de un historiador británico ha declarado lo contrario. Hay sin embargo razón para creer que las representaciones del gobierno español eran tratadas con alta indiferencia, sino con desprecio, por el ministerio británico; y que España quedó en consecuencia reducida á la alternativa de ceder á la Gran Bretaña derechos que ella había negado ala Francia, ó de emplear la fuerza para vindicarlos. Al fin, cuando hubieron pasado tres años sin ningún prospecto de una conclusión pacífica de la dificultad, de un modo satisfactorio paira España, se determinó en Madrid que los Ingleses fuesen removidos de las Islas Malvinas á todo trance; y operaciones con aquel objeto fueron, en 1769, empezadas por don Francisco Bucareli, gobernador de Buenos Aires, dentro de cuya jurisdicción se supuso que las islas estaban situadas. Los sucesos que siguieron á esta determinación serán ahora presentados del modo que ocurrieron.

En noviembre 1769, el capitán Hunt, de la fragata inglesa Tamar, surta á la sazón en Puerto Egmont, observó una goleta ocupada en reconocer la entrada de aquel puerto, y la mandó salir. Pocos días después reapareció la misma goleta, trayendo un pequeño presente de refrescos del gobernador de Soledad, (el puerto español sobre el Souud Berkeley) al capitán Hunt, con una carta, en que el gobernador expresaba su sorpresa, de que un buque perteneciente á Su Majestad Católica hubiese recibido orden de salir de un mar español, y que súbditos de una nación amiga se hubiesen establecido en una isla española; concluyendo con intimaciones á los Ingleses, en lenguaje civil aunque positivo, de evacuar el punto. E1 capitán Hunt replicó en el mismo tono y modo; defendiendo el derecho de su propio soberano, fundado sobre descubrimiento y establecimiento, á la posesión de las islas, de que él intimó á los Españoles salir dentro de seis meses. Otras cartas al mismo efecto pasaron entre los dos oficiales, por medio de la goleta española; y al fin, en febrero de 1770, dos fragatas españolas aparecieron en Puerto Egmont, cuyo comandante repitió las intimaciones á los ingleses, y recibió las mismas contestaciones que habían sido dadas al gobernador de Soledad.

A la partida de estos buques, el capitán Hunt salió para Inglaterra, donde llegó el 3 de Junio, y comunicó lo que había ocurrido al Ministerio. En el curso del siguiente verano, se recibió también información de Mr. Harris, encargado de negocios ingles en Madrid, de que una actividad extraordinaria reinaba en los arsenales navales de España; y después como el 12 de setiembre se averiguó claramente y se admitió como cierto por el embajador español en Londres que había sido despachada de Buenos Aires una escuadra con el fin de desalojar á los establecidos en Puerto Egmont. Todas estas circunstancias se mantuvieron secretas por el ministerio británico: sin embargo rumores de la existencia de dificultades, y de prospecto de guerra con España, vinieron á ser corrientes por el reino, y miembros eminentes de ambas casas del parlamento, entre quienes estaba Lord Ghatbam, abiertamente expresaron su creencia, que iba á descargarse un golpe por España contra los ingleses en alguna parte del mundo.

Volvamos A las Islas Malvinas.

El 4 de junio de 1770, la fragata española Industria, mandada por don Juan Ignacio Madariaga, general de marina, entró en Puerto Egmont. y dos días después, otros cuatro buques de la misma clase y nación anclaron en el puerto delante de la pequeña ciudad. El único buque británico surto allí, era la corbeta de guerra Favorite, de diez y seis cañones, mandada por el capitán Malby, y las únicas fortificaciones en tierra eran un reducto y una batería de tapial, montando juntas cuatro cañones de á doce. El número de personas pertenecientes al establecimiento era como ciento veinte; la Favorite, sin embargo tenia á su bordo, en adición á su propia tripulación, la de la corbeta de guerra Swift que había naufragado poco antes sobre la costa Sud Americana; de modo que los ingleses habrían podido pasar revista á cuatrocientos ó quinientos hombres.

Luego que los buques españoles últimamente llegados hubieron anclado, el capitán Farmer. Gobernador en jefe de la colonia ordenó al capitán de la Favorite tomar posesión mas cerca de tierra, para la defensa de la ciudad, pero cuando éste intentó obedecer esta orden, se dispararon sobre él dos tiros de las fragatas y se vio por consiguiente obligado á estar quieto. Los capitanes ingleses escribieron entonces al comodoro español, pidiéndole partir después que tomase los refrescos necesarios; en contestación á lo cual recibieron una carta de Madariaga, informándolos,—que él había venido con una fuerza muy considerable, comprendiendo mil cuatrocientos hombres, además de la tripulación de sus buques, y con un amplio suplemento de artillería y municiones con orden de su gobierno para expeler á los ingleses de las islas y que á menos que se dispusiesen inmediatamente á partir, él los obligaría á hacerlo así; y ellos mismos serian responsables de las consecuencias. A estas intimaciones Farmer rehusó acceder, y continuó sus preparativos de defensa; al ver lo cual, Madariaga dirigió otra carta el 9, declarando que si dentro de quince minutos después de su recibo no daba prueba de abandonar las islas se comenzaría sobre él un ataque por mar y tierra. Los ingleses sin embargo, persistieron en su determinación de no ceder, hasta que los españoles; hubieron desembarcado y rompieron el fuego; cuando considerando vanas todas las tentativas de resistencia, Farmer propuso términos de capitulación á que el comodoro asintió; y el puerto fue de consiguiente ocupado por los españoles el 10 de junio. Los colonos se embarcaron á bordo de la Farorite, permitiéndoseles tomar consigo la propiedad que quisiesen llevar, dejando el resto bajo inventario en el almacén de aquel punto y concluido este asunto la corbeta de guerra zarpó para Inglaterra el 14 de julio.

Los historiadores ingleses han prodigado el ridículo sobre los españoles por enviar tan amplio armamento contra una fuerza tan chicaa como la de Puerto Egment. Pero en primer lugar, los españoles debieron razonablemente esperar encontrar una escuadra inglesa en el puerto; y sin embargo, era sustancial el evitar resistencia de parte de los colonos porque si se hubiese derramado sangre en esa ocasión, se habría inevitablemente seguido la guerra entre las dos naciones.

La Favorite, trayendo los colonos y las noticias de su expulsión de las islas Falkland, llegó á Inglaterra el 22 de Septiembre de 1770, y todo el pueblo de aquel reino cayó en una fiebre de indignación contra los españoles. El secretario de estado, Lord Weymouth, dirigió á la corte de Madrid demandas para la restauración instantánea de los colonos á Puerto Egmont, y reparación del insulto cometido contra la dignidad de la corona británica, por haber sido removidos de aquel lugar por la fuerza. A estas demandas la corte española dio al principio contestaciones evasivas esforzándose en cambiar la cuestión pendiente en otra relativa al derecho de soberanía sobre las islas. Lord Weymouth, sin embargo rehusó positivamente aquella ó ninguna otra cosa, hasta que se hubiese hecho la restitución y satisfacción que pedía, y los preparativos de guerra que habían ya comenzado, fueron proseguidos con vigor. Después de alguna ulterior correspondencia, el Príncipe de Masserano, embajador español en Londres, se declaró autorizado para decir en nombre de su soberano, que no se habían dado órdenes particulares al gobernador de Buenos Aires en aquella ocasión, aunque aquel oficial había obrado de acuerdo con sus instrucciones generales y juramento como gobernador, y con las leyes generales de Indias, en expulsar á los extranjeros dé los dominios españoles; y que estaba pronto á empeñarse por la restauración de los ingrésese á Puerto Egnont, sin ceder sin embargo ninguna una parte del derecho de S. M. Católica á las islas Malvinas; con tal que el rey de Inglaterra reprobase á su vez la conducta del Capitán Hunt en mandar salir á los Españoles de Soledad, lo cual, aseguraba él, había convenido á las medidas tomadas por Bucarelli. A esto el ministro inglés replicó sencillamente que su soberano no podía recibir, por una convención, y bajo condiciones la satisfacción á que se consideraba con justos títulos, por el ataque contra sus derechos y dignidad por parte de España, y después de esta contestación, quedó poca esperanza por una y otra parte de un acomodamiento de las dificultades.

Continuara...

(1)Encontró lo que él llama una masa de islas y tierras quebradas cuyo suelo no era sino un pantano con no mejor prospecto que el de estériles montañas batidas por tormentas casi perpetuas. Sin embargo este, dice él, es verano; y si los vientos de invierno guardan su proporción natural, los que están nada mas que á dos cables de dinstancia de la costa deben pasar semanas sin ninguna comunicación con ella. La abundancia que regaló á Mr. Dyron, y que podía haber sostenido no solo ejército, sino enjambres de Patagones, ya no se encontraba. Los gamos eran demasiado prudentes para permanecer cuando los hombres violaban sus guaridas: y la tripulación de Mr. Macbdde solo pudo matar uno que otro gamo cuando el tiempo lo permitía. Todos los cuadrúpedos que encontré allí eran zorras, que él suponía haber sido traídas por el hielo: pero de animales inútiles, como animales marinos y penguines, el número era increíble.
(Pensamientos sobre las islas Falkland, por el Dr. Samuel Jhonson Publicados en 1771)


Fuentes:

Esta nota se encuentra en “La Revista de Buenos Aires”
Año IV; Número 50
Fecha de edición junio 1867

Tengo dos versiones de ese libro la primera esta entre las paginas 517 a la 525 la dirección web
http://books.google.es/books?id=EvsvAAAAYAAJ&printsec=frontcover#v=onepage&q=&f=false

La otra versión esta entre las paginas 448 a la 454 la dirección web es
http://books.google.es/books?id=rF5FAAAAYAAJ&printsec=frontcover&dq=editions:PRNC32101073760157#v=onepage&q=&f=false


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MensajeTema: Re: En 1770 UK y España casi llegan a la guerra.   Dom 4 Mar 2012 - 1:13

quiero aportar algo sobre este interesante topic, con algunos textos del historiador Diego luis Molinari quien estudió en profundidad, en su texto Malvinas en tiempos de Carlos III

[...]Felipe Ruiz Puente, es el primer gobernador español de las islas, corría el 1 de abril de 1767.

En el lado ingles las cosas eran diferentes, estaban despechados por la forma gala, pacifica y comprensiva de derecho con las cuales se le entrego a España la tutela del territorio usurpado. Sin apoyo de la comunidad internacional, dependió solo de su artillería para fabricar sus garantías. Este es el nacimiento de una nueva “casus belli” (en latín; motivo de guerra) que de España a heredado Argentina.

Enfrentadas las potencias, España expide la Real Cedula del 25 de 1768, ordenando el desalojo inmediato de la isla Saunders. La tarea se cumple ante una férrea defensa de los ingleses. La tarea la realiza el mayor general D. Juan Ignacio de Madariaga con cinco navios y 1400 hombres en 10 de junio de 1770.

Los genes ingleses son indestructibles, desde el comienzo del juego los británicos reaccionaron igual. Después de este revés deshonroso, los periódicos ingleses agitaron la opinión publica (sic) fermentando el caldo patriótico. Como es de costumbre Inglaterra se ofende y pide un resarcimiento por la violenta afrenta en los mares del sur. Nada cambia, todo se transforma. Inglaterra acepta en un compromiso que se llamara la “Promesa secreta” de la evacuación de la isla Saunders. El 20 y 22 de mayo 1774 todos los inglese son deportados. Inglaterra tiene problemas mayores que ese punto geográfico. Los EEUU se encuentran en la cuenta regresiva de la emancipación, también se puede creer que ante una posible guerra no era conveniente abrir a demás otro frente mas, con España y secundariamente con Francia. Pero los jugadores furtivos de los intereses internacionales siempre tienen una carta para mostrarla en el momento justo y en el lugar indicado, una carta que sirva para un futuro, quizás lejano, pero prevenir es curar…

Para el año 1775 en una vuelta de rutina por el archipiélago Juan Pascual Calleja, subordinado del gobernador Francisco Gil y Lemos, encuentra en la puerta del torreón del Fuerte Egmont una placa fundida en plomo, venida de Inglaterra seguramente pues en la isla su manufactura era imposible que rezaba;

“Sea conocido por todas las Naciones que la isla Falkland con este fuerte, aduana, muelles, ensenadas, bahías y obras, pertenecientes a ella, son del inico derecho y propiedad de “Su Muy Sagrada Majestada Jorge III Rey de Gran Bretaña, Francia e Irlanda”. En testimonio de la cual se coloca esta Placa y los colores de Su Majestad Británica, se colocan flameando como señal de posesión por S.W Clayton comandante oficial de la Isla Falkland.”
(…)

Beresford, y la misión "secreta"
Corre el año 1806 Beresford se apodera de Bs As y una de las primeras cosas que hace, en misión secreta, es ubicar la placa, que desde 1780 se halla depositada en la capital del Virreinato, logrado el objetivo despacha inmediatamente a Inglaterra la evidencia de plomo. Pasaron 26 años desde que la placa estaciona en ese lugar y casi 31 desde su descubrimiento, ¿Por qué ese poderoso interés del conquistador de Buenos Aires sobre el documento?

El historiador Diego Luís Molinari obtiene una copia fotográfica de ella en 1961 por medio de “Public Record”, pone en relieve que se menciona en singular a la isla Falkland. Pues en un principio, la pretensión de los ingleses solo era sobre una de los archipiélagos, pues del otro lado se hallaba Puerto Soledad, bastión español.
.........................................................................................................

¿Pero que paso con la famosa placa? Ahora se entiende por que el documento se localiza en una dependencia del gobierno ingles. Cuando hablamos de planes a largo plazos aplicados metódicamente por Inglaterra principalmente, los ejemplos no abundan para documentar esto. Pero todo tiene su explicación, y las cosas no suceden por que si, las cosas suceden porque alguien quiere que así sea

El interrogante comienza a dilucidarse cuando acudimos a la redacción de los párrafos de aquella declaración de derecho, por el cual es el día de hoy que los queridos británicos continúan alegando soberanía sobre los archipiélagos. Como siempre el engaño y el fraude contienen los movimientos diplomáticos y militares de este pretencioso reinado. Los párrafos como antes leímos hablan en singular cuando reclaman soberanía, solo de una isla Falkland se nombra a Saunders únicamente. Esto ponía en tela de juicio la capacidad de Inglaterra para reclamar el conjunto de islas. Beresford se encargo de sacarla de circulación. Pero el gasto fue ocioso, pues existía en circulación un folleto, donde se encontraba la inscripción de la placa, y allí también se encuentra el nombre de la isla en singular. Un ejemplar de esta rarísima impresión sin tapas se encuentra en el Museo Mitre

Es así, pese al tiempo y las distancias que Molinari consiguió quizá la evidencia mas clara de nuestra "herencia" española siendo el unico que tuvo acceso a la famosa placa de puerto Egmont, donde los británicos sólo exigen su derecho sobre una Isla -la Saunders- y no sobre el resto, lo que nos pone juridicamente en ventaja.

saludos

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MensajeTema: Re: En 1770 UK y España casi llegan a la guerra.   Dom 4 Mar 2012 - 16:51

Y ahora el desenlace

Al principiar la siguiente sesión del parlamento el 13 de noviembre, el rey en su discurso declaró—que por el acto del gobernador de Buenos Aires, en apoderarse por la fuerza de una de sus posesiones, el honor de su corona, y la seguridad de los derechos de su pueblo, habían sido profundamente afectados; pero que él no había dejado de hacer una inmediata demanda de satisfacción, tal cual tenia derecho á esperarla de la corte de España, y de dirigir los preparativos necesarios para ponerlo en aptitud de hacerse á si mismo justicia, en caso que su requisición no la obtuviese de aquella potencia. En los debates sobre el voto de gracias en contestación á este discurso, parece haberse admitido como cierto, que los ministros habían aceptado ó aceptarían, la denegación por el rey de España de los actos del gobernador de Buenos Aires, como suficiente satisfacción del insulto á la corona de la Gran Bretaña: y la oposición sobre estos fundamentos comenzó un violento ataque contra el partido que estaba en el mando. Seria dificultoso producir una serie de invectivas mas amargas que las que componen la arenara de Lord Chatham sobre este asunto, pronunciada en la Cámara de Pares el 22 de noviembre. El ministerio, "dice su señoría" sin declararse explícitamente; se ha esforzado en poseer al público de la opinión, de que la corte española ha reprobado constantemente los procedimientos de su gobernador; y algunas personas han sido bastante desvergonzadas y atrevidas para aconsejar á Su Majestad el sostener y apoyar tal opinión, en el discurso del trono. Ciertamente nunca se pretendió imponer con más odiosa é infame falsedad á una gran nación. Ella degrada el honor del rey: es un insulto al parlamento. Repito que la tal denegación de la corte de España del acto de su gobernador, es una falsedad absoluta y palpable. El rey de España niega el robo, mientras lo deja impune, y aprovecha de él"—En seguida, el orador acusó al ministerio de incompetencia y traición, y vilipendió á toda la nación española como baja, hipócrita y desleal. No se tomó sin embargo ninguna resolución en la legislatura, calculada para ligar á los ministros, ó prescribir el curso que debiesen seguir.

Entretanto, el rey de España, después de la repulsa de la proposición hecha por su embajador, había apelado á su primo de Francia por auxilio, en virtud del Pacto de Familia, resistiendo las tentativas de los ingleses para privarle do un territorio que había sido previamente admitido por la Francia, pertenecerle. Como Luis XV intervenía solo raras veces en los negocios de su reino, esta comunicación fue transmitida al Duque de Choiseul, que abrió una comunicación confidencial con el ministro de estado inglés y se esforzó en prevalecer sobre él para ceder el punto en cuestión con España, del mismo modo que la Francia, en 1776. Sin embargo. Lord Weymouth positivamente lo rehusó, en virtud de lo cual, Choiseul se aventuró á declarar á la corte de Madrid, que la Francia, si fuese necesario, sostendría á la España, en una guerra con la Gran Bretaña. El rey Carlos IV, al recibir esta declaración, reunió un consejo de ministros el 27 de diciembre; y se determinó entonces, que la oferta ya hecha á la corte de Londres por el príncipe Masserano, fuese repetida, y que si este ultimátum era rechazado, se declararía inmediatamente la guerra.

Antes de aquel día, sin embargo, importantes cambios habían tenido lugar en la composición de los gabinetes de Londres y Versalles.

El 21 de diciembre Lord Weymouth. Después de esforzarse en vano en inducir á sus colegas en el ministerio á adoptar un giro decisivo para con España, resignó su puesto, y le sucedió Lord Rochford, que era inclinado á hacer sacrificios por conservar la paz. El mismo día, el Rey Luis XV habiendo sido completamente informado por las representaciones de su favorita Madame Dubarry, y los otros enemigos de Choiseul en Versalles, de que iba á sumirse en una guerra con Inglaterra, repentinamente dimitió y desterró á su ministro; y el 24 de aquel mes, despachó una carta autógrafa al rey de España, declarando su resolución de mantener relaciones pacíficas con las otras potencias, si posible fuese. El recibo de esta carta destruyó por supuesto toda idea de guerra de parte de S. M. Católica, que inmediatamente escribió al rey Luis, pidiéndole tomar toda la materia en sus propias manos, y obrar como si fuese en caso propio; “recordando solamente que tenia á su cargo el honor del monarca español.”

Estando así, el rey Luis completamente autorizado, renovó la negociación secreta con el gobierno británico: que fue conducida por M. Francois secretario de la embajada francesa en Londres, por parte de la Francia,(1) y por Mr. Stuart Mackenzie por la otra parte; y después que numerosas dificultades, sobre puntos de etiqueta diplomática, como sobre otros mas importantes, fueron removidas, el asunto quedó terminado el día de la reunión del parlamento en Londres.
Aquel día, el embajador español presentó al secretario de estado británico una declaración, á efecto de que, -Su .Majestad Católica, considerando el deseo de que se halla animado por la paz, y por el mantenimiento de la buena harmonía con su Majestad Británica, y reflexionando que la violencia cometida el 10 de junio anterior en obligar al comandante y súbditos de Su Majestad Británica á evacuar á Puerto Egmont, en las Islas Falkland ó Malvinas, podía interrumpir esta paz y buena harmonía,- ha visto con pesar la expedición que tendía así á turbarlas, y reprueba la dicha violenta empresa; y Su Majestad Católica se obliga á hacer que las cosas fuesen restauradas en Puerto Egmont al estado en que se hallaban antes del dicho 10 de Junio, y entregar aquel puerto y fuerte, con toda la propiedad tomada en él á la persona autorizada por Su Majestad Británica para recibirlos. El embajador sin embargo, al mismo tiempo, declara en nombre de su rey, que este compromiso de restaurar Puerto Egmont, no puede, ni debe de ninguna manera afectar la cuestión del derecho anterior de soberanía de las Islas Malvinas. Lord Rochford, al mismo tiempo, presentó al Príncipe Masserano una contra declaración, en que, -sin mencionar de ningún modo la reserva respecto á la soberanía de las Islas Falkland, contenida en el otro documento, recapitula simplemente los otros puntos tocados en él, y termina declarando en nombre de Su Majestad Británica, que mirará dicha declaración del Príncipe de Masserano, junto con el completo cumplimiento de dicho empeño, como una satisfacción por la injuria hecha á la corona de la Gran Bretaña."
Estos dos documentos, aunque cada uno iba firmado por una parte solamente, no pueden ser separados al razonar sobre su contenido; sino que deben ser considerados en efecto como una convención admitida por ambas partes. Por que no es de suponerse, que el embajador español entregase su declaración sin entero conocimiento de la contestación que iba á recibir; ó que uno y otro papel fuese firmado hasta que no hubiese sido completamente aprobado por las partes á quienes debía entregarse. Si se permitiese esta aserción, y el peso de la prueba de lo contrario debe ciertamente gravitar sobre los que se oponen á ello. -el silencio del ministro británico sobre la reserva hecha por los españoles, importa al menos un directo reconocimiento de que el hecho de la restitución de Puerto Egmont no era de considerarse como un abandono por la España, de su derecho de soberanía sobre las Malvinas, cuyo derecho debía permanecer el mismo que había sido antes de aquella restitución. Se mostrará mas adelante, que este designio del arreglo era cierta, aunque indirectamente sostenido por los ministros que lo concluyeron; mientras sus opositores consideraban que el derecho de la Gran Bretaña á cualquiera parte de las islas había sido virtualmente abandonado.

La declaración y contra declaración fueron comunicadas por los ministros ingleses al Parlamento el 25 de enero 1771; y debe aquí mencionarse, que fueron las únicas partes de la correspondencia entre las dos naciones sobre este objeto, que se han publicado alguna vez. Mientras disipaban los temores mantenidos por una gran masa del pueblo que estaba ansioso de la paz, se reprobaba por otra parte severamente á los ministros el arreglo, por muchas personas, tanto dentro como fuera del parlamento, que eran, ó preferían aparecer, excesivamente celosas del honor nacional. En la cámara de Pares, Lord Chatham declaró que toda la transacción "era un compromiso ignominioso, que no aseguraba ni satisfacción, ni reparación; "insistiendo en que:" el derecho no era seguro, y que aun la restitución era incompleta, pues Puerto Egmont solo era restaurado, y no las Isla Malvinas. Su Señoría sin embargo hizo moción, para que los jueces fuesen requeridos á declarar, si en su opinión la corona británica podía tener ningunas posesiones ó territorios de otro modo que por soberanía; y si la declaración del Rey Católico seria aceptada y ejecutada, sin derogar de la dignidad inherente y esencial de aquella corona. En la casa de Comunes, los S. S. Dowdeswell, y Pownal primeramente gobernador en sucesión de Nueva Jersey, Massachusett y Carolina del Sud, introdujeron resoluciones censurando á los ministros por su conducta, en todo este negocio; y las medidas del gobierno fueron examinadas y criticadas con aspereza por aquellos caballeros, como también por Burke y otros miembros de la oposición. Los ministros sin embargo por medio de gran mayoría en ambas cámaras, desconcertaron estas y todas las otras tentativas de sus opositores para embarazarles, é hicieron pasar una representación al rey, aprobando el arreglo, aunque una larga protesta contra él fue firmada por diez y nueve Pares.

Entre los ataques dirigidos contra los ministros con motivo de su arreglo con España, de fuera de las puertas del parlamento, el mas severo y celebrado, fue el contenido en una carta de Junius, datada el 30 de enero, de 1771. El Gran Incógnito puso en ella los resultados de la transacción en contraste con las determinaciones expresadas por los ministros en su principio, en los discursos del rey, y sobre los bancos de las cámaras legislativas; y el acusa á Lord North y sus colegas de traición, por no haber sacado ventaja, como pudieron, de la confusión de los negocios en Francia, y de la aversión del Rey Luis á la guerra, para acarrear la disolución de la unión entre aquella potencia y la España. Lord Rochford es desapiadadamente ridiculizado por el bárbaro francés en que la contra declaración está escrita; y se citan tres líneas de aquel documento, en que hay siete ejemplos de faltas gramaticales.

Por otra parte, el doctor Samuel Johnson publicó su panfleto, titulado Pensamientos sobre las últimas transacciones respecto á las Islas Malvinas; fue compuesto bajo la dirección de Lord North, con materiales suministrados por los ministros, y puso estas islas en conocimiento de millares de personas que de otro modo habrían ignorado su existencia: La obra contiene una descripción general de las islas, una narración casi correcta de los principales sucesos ligados con su descubrimiento y establecimiento, y una breve relación de la negociación recién concluida respecto á ellas, interpolada de reflexiones sobre las miserias ocasionadas por la guerra, y también con picantes invectivas contra los corifeos de la oposición, y su desconocido campeón Junius. El escritor se esfuerza en demostrar que las islas no eran de ningún valor para la Gran Bretaña, y que su derecho á ellas no era de ningún modo indisputable; que la satisfacción recibida de España era suficiente, y que habría sida injusto insistir sobre un compromiso directo, de parte de aquella nación para abandonar su título al territorio, lo cual vendría á ser un precedente para mas importantes espoliaciones por otros. El razonamiento no es siempre concluyente: y el tono general de aquel escrito es mas bien expositivo que argumentativo: y calculado mas para dejar contento al lector con lo que habían hecho los ministros, que para convencerle que habían hecho todo lo que podían ó debían. Está hermosamente escrito; y puede leerse con ventaja por todos. En los pasajes filipicos las preocupaciones del autor contra los enemigos de las prerrogativas monárquicas aparecen; pero cada línea del resto presenta los efectos de aquel espíritu de filantropía universal por el cual sus miras sobre todos los objetos eran principalmente dirigidas.

Como la obra arriba mencionada puede considerarse como un anuncio semioficial de las opiniones de los ministros que concluyeron el arreglo con España, algunos extractos de ella pueden ser introducidos con propiedad.

Después de recapitular la sustancia de la declaración y contra declaración. Johnson dice: -''Esto es todo lo que se pedía originariamente. La expedición se desaprueba y la isla es restituida. Los españoles han estipulado que la concesión de posesión no condonará la cuestión de prioridad de derecho; cuestión que probablemente no tendremos prisa en discutir; y derecho del cual nunca se requirió una formal renuncia. Esta reserva ha dado materia á mucho clamor, y quizá el ministerio inglés se habría complacido mas, si la declaración hubiese estado sin ella, Pero cuando hemos obtenido todo lo que se pedía, ¿porque nos quejaríamos de que no tenemos mas? cuando la posesión es concedida, ¿donde está el mal de que el derecho que aquella concesión supone ser meramente hipotético, sea referido á las calendas Griegas para su futura dilucidación?

"Llevar las ventajas demasiado lejos, no es ni generoso ni justo: si hubiésemos insistido sobre una concesión de derecho anterior no nos deja de convenir, como moralistas ó políticos, considerar lo que Grimaldi (el ministro Español) habría respondido. Hemos ya, podría él decir, concedidos todo el electo del derecho, y no os hemos negado el nombre. No liemos dicho que el derecho era nuestro antes de esta concesión, sino solamente que aquel derecho que teniarnos no es perdido por esta concesión.

"Que los ministros no podían equitativamente haber pedido mas, no es de cuestionarse. La mayor ostentación de derecho es siempre odiosa; y cuando los derechos no son fácilmente determinables, es siempre peligrosa. Pedimos todo lo que era necesario, y persistimos en nuestros primeros reclamos, sin bajo retroceso y sin desacordada tenacidad.
"La cuestión acerca del derecho era inexplicable y sin término. Los ministros la dejaron como estaba. Ser restaurados á actual posesión era fácilmente practicable: esta restitución ellos la requirieron y obtuvieron."

Estos pasajes, y muchos otros al mismo efecto pueden encontrarse en el panfleto de Jhonson -muestran concluyentemente que los ministros ingleses no negaron en 1771 que habían admitido la reserva del derecho hecha por los españoles en su declaración.

En ejecución de los compromisos contraídos en la declaración española se expidió una orden por la corte de Madrid, el 7 de febrero de 1771, para la inmediata restitución de Puerto Egmont, con toda la propiedad que había sido tomada allí en el año anterior, á las personas nombradas por el gobierno inglés para recibirlas, y de acuerdo con esta órden, la plaza fue formalmente entregada, el 16 de setiembre siguiente, por el comandante español Orduña, al capitán Stott de la fragata inglesa Juno, que había sido enviada con tres buques de guerra para reasumir la posesión.

Un rumor había entretanto llegado á ser corriente, y generalmente creído, de que á la conclusión del arreglo entre los dos gobiernos, los ministros ingleses se habían secretamente comprometido á devolver Puerto Egmont á España, ó al menos á retirar todas las fuerzas inglesas del punto dentro de un corto periodo después que hubiese sido formalmente restituido según los términos de la declaración. Una insinuación de la existencia de tal secreto convenio aparece en la carta de Junius arriba mencionada, y fue distintamente aducida como muy probable por Pownal, el 5 de marzo de 1771, en su moción de censura contra el Ministerio. Después de pasar en revista los títulos alegados por el gobierno español, y los reclamos y pretensiones aducidas en la declaración, Pownal insiste en que “permitir á la corte española razonar sobre tales fundamentos, -admitir tales datos en la negociación -no obviar por ninguna contravención o protestas á estas proposiciones y doctrinas -era, en cuanto estaba en el poder del ministerio, reconocer en efecto estos derechos y pretensiones (á la exclusiva soberanía de Sud América, y de las islas en los mares adyacentes, y á la exclusiva navegación de estos mares,) resignar el derecho á las Islas Falkland, y a renunciar á todo derecho nuestro para hacer cualquier establecimiento en aquellos parajes; y cualquiera que fuese la presente forma ostensible de la convención, marcaba bien el fin, -acabará por nuestra parte, ó en la actual cesión de la isla, ó en un abandono gradual de ella. Sin alguna idea como esta por ejemplo, -que tan pronto como se haga reparación á nuestro honor, por el modo violento y hostil en que fuimos arrojados de aquella isla, y que seamos puestos en situación de evacuarla, de nuestro motu propio queda tácitamente entendido que hemos de cederla, - sin alguna idea tomo esta, el todo de la negación es inexplicable é ininteligible, pero tomando este camino para arribar á un punto mutua mente entendido, toda ella es llana, definida, y susceptible solo de una interpretación.” A este cargo directo, hecho por un miembro influyente, no se dio contestación alguna por parte de los ministros, cuyo silencio en tal ocasión está ciertamente calculado para confirmar la sospecha, de que no era sin fundamento.

La creencia de que tal secreto compromiso para evacuar á Puerto Egmont fue hecho por el gobierno británico, en enero de 1771, ha sido distintamente afirmada por todos los historiadores ingleses y españoles,(2) Que han tratado de estas transacciones. Está sin embargo fuertemente confirmado por los hechos, que en 1772 la fuerza inglesa en las Malvinas fue reducida á un solo buque pequeño, con cerca de setenta y cinco hombres y que en 1774, las islas fueron enteramente abandonadas por los ingleses; y todavía mas adelante se confirma por Jhonson que, en una edición de su panfleto publicada después de este abandono, presenta una triste pintura de la isla y de las miserias sufridas por la guarnición durante su ocupación; añadiendo, "á todo esto el gobierno ha dado ahora amplio crédito, porque la isla ha sido desde entonces abandonada, y que fue solo conservada para aquietar clamores, con la intención, no entonces enteramente escondida, de abandonarla en breve tiempo."

Al revistar todas las circunstancias ligadas con estas transacciones, aparece no haber razonable motivo para dudar que el gobierno inglés prometió remover sus súbditos de las islas, dentro de un corto tiempo después que hubiesen sido entregadas por España, según sus compromisos. Por otra parte. Lord Palmerston, secretario británico de los negocios extranjeros, en una carta (mencionada abajo) sobre el asunto de las Malvinas, dirigida en 1834 al enviado de Buenos Aires en Londres, presenta un numero de extractos de documentos oficiales que permanecían en los archivos de su departamento, que, él concibe, presentan prueba concluyente de no haber existido tal secreta inteligencia. Las partes de esta carta relativas á la cuestión que ahora se examina serán noticiadas aquí.

Con respecto á los documentos citados por Lord Palmerston, se observará en primer lugar, que son, con excepción de la declaración, la contra declaración, y la orden de la corte de Madrid para la restitución de Puerto Egmont, meramente extractos de comunicaciones que pasaron entre los ministros ingleses y sus propios enviados ó agentes; y que entre todos, hay muy pocos que arrojan, ó se podía haber esperado que arrojasen luz alguna sobre la cuestión. No es fácil adivinar á que propósito su señoría habría citado los tres papeles arriba indicados, ó las tres líneas dirigidas al encargado de negocios inglés en Madrid, acompañando la declaración y contra declaración, inmediatamente después de su canje; ó la carta de Lord Rochford á los lores del almirantazgo, detallando los arreglos que deben observarse en la reocupación de Puerto Egmont; ó la exposición acerca de la conclusión de aquel asunto hecha por el capitán Slott al almirantazgo; ó el despacho del embajador inglés en Madrid, diciendo que él había dado la noticia de la restitución al ministro español que pareció bien complacido, pero no entró en conversación acerca do esto: ó la carta de los lores del almirantazgo á Lord Rochford informándole del reemplazo de los almacenes que habían sido removidos del establecimiento al tiempo de su captura por los Españoles. De estos papeles, los únicos importantes se habían presentado al mundo desde el día que fueron firmadas; y los otros meramente presenten detalles de ningún valor, respecto de asuntos que ninguno ignoraba.

Los otros documentos citados en la carta de Lord Palmerston, son todos extractos de despachos que pasaron entre Lord Rochford y los representantes diplomáticos de la Gran Bretaña y Madrid, desde febrero de 1771 á febrero de 1774. El 14 de febrero de 1771, Mr. Harris, encargado de negocios inglés en Madrid, escribe á Lord Rochford que los ministros españoles guardan la declaración tan secreta cuanto les es posible, y refieren que han recibido una segundad verbal de que las Islas Malvinas serán abandonadas por los ingleses dentro de dos meses. Lord Rochford, el 8 del siguiente mes, informa á Mr. Harris de los preparativos hechos para volver á tomar posesión de Puerto Egmont. que había ya comunicado al Príncipe de Masserano, él entonces continúa: "Creo propio informaros de que el embajador español me urgió á darle algunas esperanzas de nuestro convenio en un mutuo abandono de las Islas Malvinas, á lo que repliqué que me era imposible entrar en aquella materia con él, pues la restitución debía preceder á todo discurso relativo á estas islas. Os esforzareis en todas ocasiones en inculcar el absurdo de que la España tenga ningún recelo por el estado en que Puerto Egmont estaba antes de su captura, ó á causa de la fuerza enviada allí ahora, de la intención de S. M. de hacer uso de ella en perjuicio de sus establecimientos en el mar del Sud, y que nada puede estar mas distante del ánimo del rey, que sinceramente desea consevar la paz entre las dos naciones."

El 6 de marzo de 1772, Lord Rochford informa á Lord Crantham, embajador inglés en Madrid, "que S. M. había determinado reducir sus fuerzas sobre las Islas Malvinas á una pequeña Corbeta, con cerca de cincuenta hombres y veinticinco marineros en tierra; lo cual satisfará al fin de conservar la posesión, y al mismo tiempo debía remover todo recelo de la corte de España de que nuestro establecimiento en ellas les cause perjuicio;" y el último papel citado es un despacho del mismo ministro al embajador, datado á 11 de febrero de 1774, declarando la intención de su gobierno de remover todas sus fuerzas de las islas, "dejando allí las propias mareas y señales de posesión, y de que pertenecen á la corona de la Gran Bretaña”; y mandando al embajador que pusiese esta intención en conocimiento de la corte de Madrid, en donde indudablemente causaría placer, pues "era conveniente para alejar toda sospecha de designios, que ahora deben ver claramente, que nunca entraron en nuestro ánimo. Espero que no sospecharán; "continúa Lordd Rochford," ó sufrirán que se les pretenda hacer creer que esto fue hecho á solicitud, ó para satisfacer el mas distante deseo de la corte francesa; porque la verdad es que no es mas ni menos que una pequeña parte de un reglamento naval económico."

Por los papeles citados en los dos precedentes párrafos, viene á ser probable que los ministros ingleses no hayan informado á las personas con quienes tuvo lugar la correspondencia, de que habían prometido evacuar á Puerto Egmont inmediatamente después de su restitución; y cierta mente no era menester tal revelación si habían hecho la promesa, sino por el contrario era ciertamente esencial, para su continuación en el poder, que suprimiesen toda prueba de haber ellos tomado un compromiso que toda la nación inglesa habría mirado como deshonroso. No es ciertamente una novedad en diplomacia, que los enviados y agentes de un gobierno sean tenidos en ignorancia de asuntos entendidos ó en discusión entre sus propios ministros de estado y los del país cerca del cual están acreditados. La historia ofrece numerosos ejemplos de tales transacciones: y hemos visto que la negociación por la cual se arregló la disputa que ahora se agita, fue conducida por parte de la Francia por el secretario de su embajada en Londres, mientras su embajador misino no tenia conocimiento de ella. -Sabemos sin embargo positivamente por los papeles citados por Lord Palmerston que el gobierno español en marzo de 1772 instó por "el mutuo abandono de las Malvinas", y recibió la contestación de que "la restitución debía preceder á todo discurso relativo á ellas;" y debemos inferir que el gobierno francés expresó su deseo por la retirada de los ingleses di aquellas islas. El secretario británico de los negocios extranjeros debió ciertamente haber mostrado distintamente si tal discurso tuvo lugar ó no; y si lo tuvo cual fue el resultado; sobre estos puntos, sin embargo, nada aparece en su nota.

Lord Palmerston, también concibe que "la reserva contenida en la declaración española no puede admitirse que posea ningún peso sustancial, en cuanto no se hiciese mención alguna de ella en la contra declaración británica, con que fue cambiada..." Sobre este punto debe observarse, en adicción á lo que ya se ha expuesto que muy diferentes miras con respecto á reservas de derecho á territorios restaurados, fueron mantenidas por el gobierno británico en 1826; cuando la reserva que se aseguraba haber sido hecha, era en favor de la Gran Bretaña. Astoria un establecimiento en la boca del rio Columbia, que había sido tomado de los ingleses á los americanos durante la guerra en 1813. fue de acuerdo con el tratado de Gante restaurado á los Estados Unidos en octubre de 1818. Los únicos papeles cambiados entre los comisionados de las dos potencias en aquella ocasión fueron un acto ele entrega, y un acto de aceptación. Por el primero, el establecimiento es sencillamente restaurado, "en conformidad al primer articulo del tratado de Gante" y "en obediencia á las órdenes del Príncipe Regente, significadas en un despacho del Conde Bathursl; y es aceptada de !a misma incalificable manera; no conteniendo ninguno de los papeles la mas ligera alusión á ningún derecho ó reserva le derecho por la Gran Bretaña. Sin embargo ocho años después, en una exposición oficial presentada por los comisarios ingleses, los Señores Huskesson y Addengton. á Mr Gallatin, el plenipotenciario de los Estados Unidos en Londres, durante una negociación relativa al territorio así entregado, se asegura(3) que "se había tenido particular cuidado en la ocasión de la entrega de evitar toda mala inteligencia acerca de la extensión de la concesión hecha por la Gran Bretaña" y como prueba de este particular cuidado, se citan dos despachos de los ministros ingleses á sus propios agentes, nunca antes publicados ó comunicados de ningún modo al gobierno de los Estados Unidos. Uno de estos despachos es el de Lord Bathurst, mencionado en el acto de entrega, en que parece que Su Señoría había insertado en un paréntesis las palabras:" sin admitir no obstante, el derecho de aquel gobierno á la posesión en cuestión: el otro despacho es dirigido el enviado ingles en Washington, instruyéndole para sostener el derecho de la Gran Bretaña al mismo territorio; cuya instrucción, se dice, fue verbalmente ejecutada. "Los documentos arriba indicados, concluyen los comisionados ingleses "ponen el caso de la restauración del Fuerte Astoria en una luz demasiado clara para requerir ulterior observación. Así vemos al gobierno ingles en 1826, pronunciando válida una reserva, que si fue hecha por una parte nunca fue comunicada á la otra; y en 1834, negando la fuerza de una semejante reserva abiertamente inserta en un papel oficial, dirigida y formalmente recibida como suficiente por la otra parte.

Para concluir con respecto á la ocupación y abandono de Puerto Egmont por los ingleses: -Aquel establecimiento no fue probablemente fundado por ninguna otra razón, sino porque los franceses habían hecho un establecimiento en Puerto Luis; y nada sino el orgullo podría haber inducido á los ministros ingleses á mantenerlo tan largo tiempo á tan grandes expensas, después que su inutilidad había sido demostrada. Que prometieron á los españoles retirarse de él luego que hubiese sido restaurado, parece haber fuerte motivo para creerlo; y si así es, merecen ciertamente ser alabados censurados por obrar así. Todo el asunto del arreglo en disputa parece á la verdad haber sido una farsa diplomática, cuyo objeto era más bien la restitución del pueblo inglés al buen humor, que la restitución de Puerto Egmont al rey de Inglaterra. El punto fue restaurado solamente para que pudiese ser abandonado; los españoles reservaron su derecho á él con condición que el derecho de la Gran Bretaña no fuese cuestionado; y Bucareli cuyos actos habían sido repudiados por su soberano, fue luego recibido con distinción por aquel soberano en Madrid, y en 1775 fue elevado al virreinato de Méjico, uno de los mas altos y mas lucrativos puestos del imperio español.

1) . El Conde de Guisnes, embajador «le Francia en Landres, estaba al mismo tiempo empeñado en una correspondencia regular y ostensible sobre la materia con el ministerio británico, y se cree haber estado enteramente ignorante de la otra y "real" negociación seguida pon su secretario, quien agrega, se dice haber empleado la información que poseía en su propia ventaja personal, especulando ampliamente sobre lo fondos ingleses. -Véase. Anécdotas de la vida de Lord Chatham. Capítulo -muchas particularidades curiosas relativas á este negocio.

2) Véase las historias de Inglaterra por Belsihan, Miller, Coote, Hughes y Wade y las Anécdotas de la vida de Lord Chatham, en que se contienen muchas circunstancias curiosas relativas á la disputa. En la última obra, capítulo 39. encontramos- la siguiente relación de la conclusión del negocio.
"Mientras Lord Rochford estaba negociando con el Príncipe Masserano, Mr. Stuart Mackenzie estaba negociando con M. Francóis. Al fin, como una hora antes de la reunión del parlamento, el 22 de enero de 1771, una declaración fue firmada por el embajador español por órdenes francesas, y una indemnización francesa para restitución de las Islas Malvinas á Su Majestad Británica, pero la importante rendición por la cual se obtuvo esta declaración, no fue mencionada en la misma. -Esta condición era, que las fuerzas inglesas evacuasen las Islas Malvinas luego que fuese conveniente después de ser puestas en posesión del Puerto y Fuerte Egmont, y el ministerio inglés se obligó, como una prenda de su sinceridad, á guardar la promesa, de que serian el primero en desarmar.
"Estos hechos son confirmados por el Conde de Guisnes, en su memorial contra los señores Tort, Boger y Depelch, que le habían inculpado de jugar en los fondos ingleses.
"Durante olí mes de febrero de 1771, el ministro español en Madrid insinuó á Mr. llarris. (encargado de negocios de la Gran Bretaña,) la intención de la corte de España de requerir del ministerio inglés el cumplimiento de empeños, como estaban mutuamente entendidos. El despacho de Mr. Harris, conteniendo esta insinuación, fue recibido por el ministerio el 4 de marzo. Tres días después, llegó un mensajero español, con órdenes al Príncipe Masserano, para hacer una positiva demanda de la cesión de las Islas Malvinas al rey de España. El embajador español comunicó primero su aviso de estas ordenes al embajador francés, con la mira de saber si concurría con el en hacer la demanda. El 14 tuvieron una conferencia con Lorf Rochford sobre el asunto. La contestación de su señoría fue consonante con el espíritu que él había uniformemente mostrado. En consecuencia de esta contestación, se enviaron mensajeros a Paris y Madrid. La respuesta de España no alcanzó á Londres hasta el 29 de abril. Entre tanto, los ministros tuvieron varias conferencias con M. Stuart Mackenzie. El resultado de todo fue, que los ingleses dieron ejemplo de desarmar, y las Islas Malvinas fueron totalmente evacuadas, y han estado desde entonces en posesión de los Españoles

3) Documentos que acompañaban el Mensaje fiel Presidente Adams de 15 de marzo de 1828—pág. 57.


fuentes:
Esta nota se encuentra en “La Revista de Buenos Aires”
Año V; Número 48
Fecha de edición abril 1867
El texto esta entre las páginas 170 a la 186 la dirección web
http://books.google.es/books?pg=PA190&id=M_cvAAAAYAAJ#v=onepage&q=&f=false
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: En 1770 UK y España casi llegan a la guerra.   Lun 5 Mar 2012 - 17:24

No sé cuantos de ustedes han leído lo ocurrido entre Gran Bretaña y España en aquellos años a finales del siglo XVIII, pero no deja de ser interesante, pienso que uno tiene que aprender de sus errores pero también de los aciertos de otros, y este es un ejemplo a seguir, algo que todos tenemos que aprender.

Veamos lo que dice la historia, Gran Bretaña usurpa unas islas que no le corresponde, España la desaloja de la única forma que ellos entienden, por la fuerza, luego enérgicas protestas contra el gobierno español, están a punto de iniciar una guerra; pregunto ¿por las islas?, ¿por el honor?, o ¿por el prestigio político?. Cuando todo parece perdido España cede, Gran Bretaña vuelve a las Islas y luego de unos años la abandona, (cuando todos se olvidaron del incidente), tiempo después España recupera sus las Islas. Claro luego se sabe que existieron tratados secretos para que pasado el tiempo, en silencio, sin mucho ruido, Gran Bretaña devolviera el territorio a sus auténticos dueños. El honor, y el prestigio ingles se mantuvo intacto y ¿las islas?, en realidad en aquellos años ¿a algún británico le importo las Islas?.

No puedo evitar comparar esta historia con lo que nos ocurrió; porque dicen que la historia se repite, veamos, pasaron 200 años, Gran Bretaña usurpa una islas que no le corresponde, Argentina la desaloja de la única forma que ellos entienden, por la fuerza, luego enérgicas protestas.

Hasta ahora el argumento y el escenario es el mismo, los actores son otros, están a punto de iniciar una guerra; pregunto ¿por las islas?, ¿por el honor?, o ¿por el prestigio político?. Si ya lo sé, esto lo puse algunos párrafos antes, pero si la histórica es la misma no veo porque tengo que escribir algo distinto.

Sin embarco algo cambio, mientras buscaban una solución pacífica desde Gran Bretaña una fuerte armada partió hacia la isla, la diplomacia fallo, prevaleció la fuerza y… Ahora pregunto, si la historia se repite, cual fue la razón para un final distinto.

Veamos en 1770 las potencias mundiales eran España, Gran Bretaña y Francia, algo así como son hoy Estados Unidos, Rusia y China. Gran Bretaña sabía que España estaba dispuesta a usar las armas para defender su territorio y que un conflicto con una potencia daría un resultado incierto, lo que si era seguro que mucha sangre iba a correr.

Paradoja de la historia, el poder militar Español salvo muchísimas vidas.

A donde quiero llegar, la diferencia estaba en el poder, Gran Bretaña uso la fuerza por que Argentina parecía débil.
Sigue esta paradoja, la debilidad no evito la guerra, fueron muchas vidas perdidas solo porque uno de los bandos no era fuerte.

Hoy la disputa sigue, la historia se puede repetir, pero nosotros que camino seguimos la de España en el siglo XVIII, o el de la Argentina en el siglo XX. Personalmente pienso que diplomáticamente se está haciendo bien pero se necesita una fuerza militar que respalde estos trámites, y como todo lo pueden imaginar, este poder que los políticos le niega a la Argentina puede evitar un final conocido por nosotros. Flaps dijo por ahí que muchos nos leen, ojala entienda que cuando hablamos de rearme es solo para eso, para evitar una guerra.

Saludos Ricardo
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MensajeTema: Re: En 1770 UK y España casi llegan a la guerra.   Vie 9 Mar 2012 - 15:43

EL DIA QUE LA GUERRA CASI SE CONSUMA... ENTRE ESPAÑA Y U.S.



jajaja
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Quequén Grande
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MensajeTema: Re: En 1770 UK y España casi llegan a la guerra.   Vie 9 Mar 2012 - 17:08


I love you No la tomes a mal fissiondelta, lo digo de buena onda, pero yo soy de tomarme en serio ciertos foros.

Saludos.
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MensajeTema: Re: En 1770 UK y España casi llegan a la guerra.   Vie 9 Mar 2012 - 19:52

Quequén Grande escribió:
A donde quiero llegar, la diferencia estaba en el poder, Gran Bretaña uso la fuerza por que Argentina parecía débil.
Sigue esta paradoja, la debilidad no evito la guerra, fueron muchas vidas perdidas solo porque uno de los bandos no era fuerte.

Hoy la disputa sigue, la historia se puede repetir, pero nosotros que camino seguimos la de España en el siglo XVIII, o el de la Argentina en el siglo XX. Personalmente pienso que diplomáticamente se está haciendo bien pero se necesita una fuerza militar que respalde estos trámites, y como todo lo pueden imaginar, este poder que los políticos le niega a la Argentina puede evitar un final conocido por nosotros. Flaps dijo por ahí que muchos nos leen, ojala entienda que cuando hablamos de rearme es solo para eso, para evitar una guerra.

Alguna vez alguien dijo que al haber daseparecido la URRS, la mesa se quedó sin una pata. Creo que habla a las claras de lo que NO sucedió durante décadas gracias al equilibrio de fuerzas, lamentablemente esto tiene un costo enorme de solventar.

Saludos Ricardo
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MensajeTema: Re: En 1770 UK y España casi llegan a la guerra.   Vie 9 Mar 2012 - 21:35

FISSIONDELTA escribió:
EL DIA QUE LA GUERRA CASI SE CONSUMA... ENTRE ESPAÑA Y U.S.



jajaja

Solo tengo 2 palabras: MOOORR-TAAALLLL jajaja jajaja jajaja jajaja jajaja jajaja jajaja

Saludos

PD: creo que el porta era el USS Abraham Lincoln
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MensajeTema: Re: En 1770 UK y España casi llegan a la guerra.   Hoy a las 23:02

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En 1770 UK y España casi llegan a la guerra.
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