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 El hundimiento del Belgrano y el rescate de los náufragos

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MensajeTema: El hundimiento del Belgrano y el rescate de los náufragos   Sáb 27 Ago 2011 - 12:35

El hundimiento del Belgrano y el rescate de los náufragos

Por Marcelo Pozzo


Mi nombre es Marcelo Pozzo y era Conscripto Clase ‘62. Mi función inicial cuando fui destinado luego de la instrucción era de “chafa”, es decir, marinería general. En Febrero ‘82 pasé a la División Máquinas, dpto. Control de Averías, desarrollando funciones de furriel en tiempo de paz; cuando fuimos para el sur, cumplía guardia de control del tablero de alarmas, pero en zafarrancho de combate, era camillero/bombero en un grupo de control de averías (se llamaban “trozos”).

IMPACTO DE LOS TORPEDOS Y NAUFRAGIO


En mi caso particular, yendo de lleno a la experiencia vivida: a las 16:00 hs. del 2 de mayo de 1982, dejé la guardia que cumplía en (por suerte) el interior del buque, en la central de Control de Averías, y me tiré a hacer una siestita hasta la cena, ya que tomar la guardia nuevamente a las 00:00 hs. Me tiré vestido sobre la colcha de la cucheta y en el preciso momento que cerré los ojos, sentí un impacto muy fuerte desde abajo que me hizo golpear en la cucheta de arriba. Cuando caí, me envolvió una ola de calor, parecida a cuando abrís el horno prendido de la cocina, y solo atiné a cerrar los ojos y gritar.

Esto habrá durado un par de segundos, y en ese momento vi pasar mi vida en imágenes, como fotos (¡como en las películas!), impresionante. Cuando pasó el lío, me paré y escuché gritos y un silencio muy particular. Después me di cuenta de que era el silencio del buque: en navegación todos los buques mantiene un rumor (de las máquinas) que les da cierta vida. Llegué a la salida a cubierta y vi que desde cubiertas más bajas subía gente, ¡en forma ordenada y tranquila!; lo que en ese momento no entendí era que todos me cedían el paso y me alentaron a salir.

Así que accedí y cuando salí a cubierta esperaba ver algo destruido, pero parecía que todo estaba en orden. El temor que corría entre colimbas eran los Exocet; durante varias noches el tema de sobremesa era cómo reaccionaría el barco ante un misil y las fantasías que corrían eran típicas de la edad. Cuando me doy vuelta veo que por el tambucho (escotilla) por donde salí yo salió un amigo mío, bastante quemado, y le pregunté qué había pasado a lo que me respondió “nos torpedearon, bolu...”. Después, cuando compartimos la sala del hospital me contó su experiencia, y es un milagro que él también la cuente... Volviendo a lo mío, miré el piso y vi un charco de sangre y me dije “zas! alguien salió herido!” y cuando presté atención, el herido era yo: me sangraban los pies por haber caminado descalzo sobre los vidrios rotos hasta la escalera, me faltaban las media de nylon con las que me había acostado (sólo quedaba el elástico) y tenía la piel hecha jirones desde la rodilla hasta la planta del pie; tenía el antebrazo derecho hasta la mano totalmente quemados y un ampollón desde la muñeca hasta el dedo meñique; como me vi lastimado, y te aclaro que no sentí nada, creo que un poco por el frío que hacía y otro poco, me dijeron después, por los gases de la explosión, me fui para la enfermería. Te aclaro que hasta acá lo llamativo era el orden que reinaba entre todos: la oficialidad daba las órdenes a viva voz, porque como no había energía no había sistemas de comunicación, todo el mundo obedeciendo: Control de Averías en su tarea, tratando de mantener el buque a flote, los enfermeros atendiendo a los heridos y el resto entrando y saliendo del interior del buque en busca de gente atrapada, con varios focos de incendio que se anunciaban por un humo negro y espeso que salía del interior. Pero lo más importante fue la sangre fría y el autocontrol que teníamos todos: como yo era Control de Averías, cuando llamaron a cubrir funciones salí corriendo a mi puesto, pero un suboficial me vio y me ordenó ir a la enfermería.

Este es uno de las primeras enseñanzas de nuestra experiencia: sabemos que cuesta mucho y cada uno responde de diferentes maneras ante la misma situación, pero es fundamental mantener la calma y la claridad mental, no dejarse llevar por el momento y asignar las prioridades debidas a cada problema. Por otro lado es importante el entrenamiento: nadie quiere, ni siquiera piensa, que su embarcación puede naufragar ; es necesario estar preparado, simulando en los ratos de ocio a bordo como sucedería y como debería reaccionar ; al menos, tener muy claro (memorizando si es necesario) donde está cada elemento de supervivencia a bordo y transmitirlo a los tripulantes / acompañantes. Sí, es un plomo, pero nadie está exento. Mi abuelo decía “nunca digas nunca...”.

ABANDONO DEL BARCO

Acá vamos con el relato: cuando el zumbo me mandó a la enfermería hacia allá me dirigí. En el camino encontré a los enfermeros, que llevaban en andas a los internados (había 2 recién operados de apendicitis) acercándolos al puesto de abandono, y me mandaron directo al mío. Hasta ahí, como si nada: el único temor que tenía era clavarme alguna astilla de la teca de cubierta por andar descalzo, cosa que obviamente no sucedió. Mi puesto de abandono y la balsa a la que estaba asignado estaba “colgada” a estribor de la torre 5, la torreta de cañones ubicada mas a popa. Mi balsa era la N° 63, así que como en ese momento andaba por el medio del buque me encaminé hacia la popa. En el camino seguí viendo a mis compañeros de Control de Averías tratando de encender unas bombas de achique portátiles. En el camino me cruzó otro colimba que venía con una montaña de mantas con un tajo al medio, tipo poncho, que usaban los que hacían guardia en cubierta (para protegerse del superfrío que hacía) y al verme desabrigado me ofreció una; ¡qué rescatable! el barco se hundía y a un tipo se le ocurrió repartir mantas entre los compañeros desabrigados; a partir de eso estoy superconvencido que a la gente uno llega a conocerla SÓLO en los momentos límite.

Siguiendo el hilo, me puse el poncho y seguí caminando a popa. Para ubicarte, te cuento que el “Belgrano” tenía 182 m de eslora, así que todo quedaba lejos, ¿no? Cuando llego a mi puesto veo con sorpresa que la balsa 63 no estaba colgada; parece que con el sacudón del torpedo se saltó de la cama y cayó al mar. Te imaginarás mi cara de sorpresa y la de mis compañeros de balsa, así que disciplinadamente, pedimos autorización al jefe de la balsa de al lado para embarcar en cuando se dé la orden; en ese momento, escuchamos el grito de “Abandonen el barco”, feísimo! la escora era ya bastante pronunciada y costaba un poco mantenerse en pie; pegué un último vistazo a mi alrededor y vi varias imágenes impactantes: 1) había varias balsas ya infladas y en el agua, 2) la borda de babor estaba en el agua y la gente accedía a las balsas dando un pequeño saltito, 3) vi gente muy quemada, totalmente negros, calcinados, 4) el grupo de buzos tácticos armando un gomón con motor, 5) el 2° comandante parado en el puente, gritando con las manos cerca de la boca (a modo de bocina) la orden de abandono, 6) el orden y tranquilidad que reinaban.

El suboficial a cargo de mi nueva balsa me sacó de esa escena, algo surrealista, y me indicó que por estar herido, me cedían el paso para descender a la balsa. La cosa por estribor se puso algo más complicada, ya que el buque escoraba a babor y el casco asomaba bastante por la banda contraria.

Alguien colgó un cabo para descender, así que empecé a bajar (descalzo!) tipo Batman, hasta que hice pie en un ojo de buey; como el resto venía bajando conmigo, me apuraron a tirarme; el mar columpiaba la balsa en ondas de unos 15 m, de un lado a otro, así que calculé la trayectoria, me encomendé a Dios, y me tiré; con suerte caí en el techo de la balsa y salté como resorte para meterme adentro; me acurruqué y sentí como caían uno a uno mis compañeros. Algunos le erraron (¿o va con hache?) y cayeron al agua y solo pudimos rescatar con vida a 2 de ellos: los otros 3 murieron en poco tiempo, por hipotermia: luego de chapotear algunos minutos quedaban duros, con el chaleco salvavidas (¡qué ironía!) inflado, flotando. El petróleo que había en el agua hacía muy difícil recuperar al que erraba a la balsa, se resbalaban y no podíamos agarrarlos de ningún lado y como la balsa era casi redonda, el movimiento y gobierno de la misma par a ir a buscarlos se hacía muy difícil.



Cuando no vimos a nadie más en cubierta decidimos cortar el cabo de amarre; en ese momento el buque estaba casi volcado sobre babor: veíamos perfectamente el fondo, el eje de una de las hélices, los planos antirrolido, las incrustaciones calcáreas. Como la porta de acceso a la balsa era muy pequeña, me metí y dejé al resto que remara para separarnos del barco. En un momento, comenzaron a gritar “¡Se hunde!” y ¡estábamos a 5 m del casco! El silencio que se hizo confirmó que todos pensábamos en lo mismo: nos chupa la succión y no contamos el cuento; un cabo primero que tenía a mi lado me abrazó llorando, y lo imité. En ese momento vi nuevamente mi vida en imágenes y algo más extraño: vi la situación desde otro ángulo de vista, como si estuviera 15 m por arriba. Muy extraño. Me sacudieron de esta situación los gritos de mis camaradas: “¡viva la patria!”, “¡viva el Belgrano!” y todos comenzamos a rezar. Creo que Dios nos escuchó, porque en ese momento aparecieron los buzos tácticos que con su gomón trataban de separar las balsas una a una (otra actitud rescatable, ¿no?); nos alejaron unos metros pero igual sentimos el movimiento de la balsa hasta quedar sobre el lugar donde se hundió. Sentimos algunas explosiones submarinas y nos preparamos a pasar la noche. Ni nos imaginábamos por la que nos tocaría pasar de ahí en adelante...

SUPERVIVENCIA EN LA BALSA

Como sabrás, el Belgrano terminó de hundirse a eso de las 17:00 hs. del domingo 2 de mayo de 1982. Ya que en esas latitudes a las 18:00 hs ya es de noche y si le sumas que casi siempre está nublado, no pintaba nada lindo para el resto del día. Al poco tiempo se levantó una tormenta de aquellas: había olas de casi 10 m, con “carneritos” y viento de 100 Km/h, que bajaba la temperatura externa a varios grados bajo cero. El baile que nos pegaba el mar era impresionante: de repente la balsa subía la ola hasta que el “carnero” nos pegaba en las espaldas, haciéndonos volar hasta la otra banda de la balsa, y luego caíamos interminablemente, con una sensación a montaña rusa que te revolvía las tripas. El esfuerzo era doble cuando teníamos que volver rápidamente a nuestra posición para mantener el equilibrio de la balsa. Además, las portas no cerraban bien permitiendo el ingreso de agua cuando rompía la ola; con esa situación, la balsa mantenía siempre un fondo de 3 cm de agua que a pesar de los esfuerzos por achicar, nunca podíamos dejarla seca.

Como no me sentía muy bien (la deshidratación de las heridas empezaba a notarse) me acurruqué cubriéndome con la manta que me dieron antes del abandono y creo que legué a dormir un rato. No obstante, siempre me despertaba ya sea por una ola o por los constantes vómitos. Cuando venían las náuseas, el cabo primero que tenía a mi lado me sacaba el gorrito naval de la cabeza y me lo ponía en la cara; cuando terminaba, lo pasaban hasta el que estaba en la porta, lo enjuagaban y me volvía a la cabeza.

Algo parecido ocurría cuando incesantemente teníamos ganas de orinar; me voy a extender un poco en esto porque creo que resulta kafkiano: cuando teníamos ganas, debíamos sentarnos en el tubo lateral de la balsa y, haciendo más fuerza que cuando vas de cuerpo, embocar el chorrito en el recipiente ad-hoc (utilizábamos el envase de las bengalas, parecido al tubo de pelotas de tenis); luego el cilindro se pasaba de mano en mano hasta la porta, dándole el mismo tratamiento que a mi gorrito. Te aclaro, era una maniobra bastante complicada ya que teníamos que erguirnos para sentarnos y aguantar las olas directamente en el lomo, abrir la bragueta, ENCONTRAR AL AMIGO (nunca creí que podría desaparecer como lo hizo), hacer el esfuerzo para orinar (terrible) y embocar en el tubo derramando lo menos posible, todo en medio de los sacudones que nos pegaba el mar. Te aclaro que esto les pasaba a todos; al principio, los que estaban cerca de la puerta, de finolis, nomás, orinaban hacia afuera pero en la segunda o tercera vez empezaron a desistir ya en que la maniobra arriesgaban la vida del amigo, por la temperatura a la que lo exponían. Se llegó a montar “guardia de porta”, para mantener a mano lo más cerrada posible las mismas; a pesar de que se usaban dos pares de guantes, la temperatura no permitía que se aguante más de 10 o 15 min.

Siguiendo con el tema de las heridas, al poco de comenzar “la navegación en balsa” protegí instintivamente mi mano / antebrazo lastimado contra mi pecho pero como supuraba se me pegó a la camiseta y en un sacudón de la balsa se me “despegó” y comenzó a sangrar. En ese momento pedí Pancután o algo parecido del botiquín para ponerme y me vacié el pomo en la zona quemada; después me ayudaron con un vendaje que evitaría que se pegue a la ropa nuevamente.

Como te dije, el piso de la balsa mantenía siempre un fondo de agua, que estaba muy fría y que me hacía perder la sensación en la punta de los dedos del pie, así que empecé a moverlos metódicamente, para evitar el famoso pie de trinchera; por suerte, gracias a esto, ¡zafé!

Hasta ahí pasábamos el tiempo en silencio, aunque el suboficial a cargo de la balsa se esforzaba en mantenernos despiertos, cantando o rezando. El sentimiento general que reinaba a bordo era de tranquilidad y esperanza, al punto de que en los pocos comentarios que se hacían se relacionaban a cómo nos avistarían o con qué medio nos rescatarían.

RESCATE

Por suerte, la mañana siguiente amaneció con mejor clima, permitiéndonos ver el sol de a ratos y dándonos esperanzas en cuanto a la proximidad del rescate. La mañana pasó sin novedad, creo que dormí un poco hasta que a eso de las 13:00 hs. un avión Neptune pasó rasante saludando con sus alas al mejor estilo película de Hollywood. Te imaginarás la desesperación que teníamos por hacerle señales para que nos vea: tratamos de encender las bengalas (con instrucciones ¡¡EN INGLÉS!!!) y fallamos en las que disparan, pero tuvimos éxito en las de mano. Desesperados, pensando que éramos los únicos sobrevivientes ya que no veíamos a nadie cerca. Después nos dimos cuenta que los vecinos más cercanos estaban a menos de 100 m; el problema era que la profundidad de las olas hacía que las balsas “desaparecieran” en sus senos y cuando nosotros subíamos, apenas divisábamos una o dos balsa en la lontananza.

Seguían los comentarios, algo más animados. Al poco tiempo, apareció otro avión, creo que un F28 de la ARA y otra vez empezamos con los gritos, aullidos, viva la patria y todas esas cosas que son en realidad más para adentro que para afuera. El rescate no podía tardar. Lo extraño para mí en toda esa situación era que no conocía a ninguno de los que me acompañaban. A algunos era la primera vez que los veía, pero el sentimiento y la comunión que había sobraban para nombrar los “amigos de toda la vida”.

Poco rato después se hizo de noche nuevamente y así pasó el lunes; nadie lo expresaba, pero todos teníamos miedo de otra “nochecita” como la anterior, así que las guardias en la porta eran permanentes y más con intención de ver el rescate que de cumplir la función específica. A pesar de los avistajes del mediodía, recién a medianoche empezamos a ver los reflectores de los buques de rescate, que poco a poco se iban agrandando; recién a las 04:00 hs. del martes un reflector se fijó en nuestra balsa y acompañó la maniobra hasta que abarloamos y tomamos contacto. En nuestro caso, fue el Aviso Gurruchaga el que nos rescató; maniobraba con dificultad, por el estado del mar, bastante movido todavía y que tenía otro pronóstico de tormenta para esa noche, que por suerte venía demorada.

Para abordar la instrucción fue que rompiéramos el techo de la balsa, cortándolo con las navajas marineras que teníamos en nuestro poder. Cuando mis compañeros lo hicieron pensé que sería un problema volver a usarla con el techo así: pensé que ¡ése era mi barco! algo loco, ¿no? Siguiendo las instrucciones, pidieron que subieran los heridos primero. Parece que yo era el único a bordo, así que me paré y me prendí de la escala de desembarco que colgaba de la banda de babor del Gurruchaga; subí un par de escalones hasta que mirando para arriba les grité: “suban que no doy más!”. Me subieron a bordo y en el preciso instante en que dos marineros me abrazaron, mi cuerpo se desconectó; literalmente, estaba consciente, podía ver la cubierta por donde me arrastraban pero no podía mover un músculo, ni siquiera podía mantener la cabeza erguida. De ahí me llevaron al interior, me desnudaron, me hicieron las primeras curaciones y me cubrieron solo con una manta. Todavía mis compañeros me cargan cuando nos vemos porque, cuando recuperé las fuerzas, me paseaba en bolas por el barco, saludando a todos, hasta al Capitán, que en ese momento me abrazó.

EN TIERRA

Bueno, la cosa siguió así: cuando llegamos a Ushuaia me llevaron al Hospital Naval y me hicieron las curaciones correspondientes; me trataron bárbaro, la gente te daba mucha fuerza, enfermeros, médicos, la gente de la ciudad venía al hospital y nos atendían y te daban charla; ahí me junté con otros cuantos que estaban quemados o sufrieron el frío. Se rescataron varios cadáveres de gente que abandonó en balsas donde la cantidad no superaba los 5 tripulantes; se rescataron un par de balsas dadas vuelta, una con un par de cadáveres, la otra vacía. El agua en el piso provocó varios “pie de trinchera”, pero todos estos casos se salvaron de mayores (amputaciones).

De ahí me llevaron en un avión sanitario al Hospital Naval de Puerto Belgrano, junto con el comandante: nos daba mucha fuerza el viejo y nos alentaba constantemente con frases como “¡fuerza, mis conscriptos!” o “¡vamos, marino!” ¡Un kilo, se pasó! No obstante, en la camilla arriba de la mía estaba un cabo ppal. que no aguantó y falleció, así que todos rezamos por su descanso en ese momento.

Cuando llegué al hospital me metieron en una sala de terapia intensiva. Vino un capitán médico con una palangana y un cepillo de cerda, de esos para lavar la ropa, y me dijo: “¿qué preferís: lavandina o jugo de limón?”. No entendía nada, pero por las dudas elegí lavandina, ya que me acordaba que de chico, cuando te caía jugo de limón en alguna lastimadura te ardía mucho; el tipo llenó la palangana con lavandina, cazó el cepillo y me dijo: “gritá todo lo que quieras, pero si me tocás, ¡te pongo un bollo!” y empezó a cepillarme las heridas de las piernas; los gritos míos se escuchaban hasta en la Antártida.

Después me explicó que para evitar que la herida se infecte, el método más efectivo era ése. Cuando terminó con las piernas siguió con el antebrazo y con la mano y hasta ahí llegue; cuando terminó me desmayé. De más está decirte que las heridas por quemaduras son muy dolorosas, no solo por el tratamiento, sino por la recuperación; zafé de los injertos, a pesar de tener quemaduras de 1°, 2° y 3° grado en un 25% de mi cuerpo.

Lo más grande fue cuando un par de días después, el jueves, del lado de afuera de la ventana de la habitación aparecieron mis viejos: mi mamá, como todas las madres, se largó a llorar (¡y no paraba!) y mi viejo hacía algunos chistes (malos, por cierto) aguantando las lágrimas. Ellos no tenían noticias mías desde el hundimiento así que estaban desesperados; mi vieja se coló en un pasillo y nos vimos justo cuando me llevaban a terapia para las curaciones: ¡ahí me di cuenta de lo jodido que estaba! lo noté en su cara que apenas alcanzó a darme fuerzas...

Bueno, saliendo de esto, que me estoy poniendo algo melancólico, pasé 30 días internado y después me redestinaron a Bs.As., para seguir haciendo la colimba! hasta octubre del 82. Por suerte caí en el Apostadero Naval de Dársena Norte y fue bastante liviano, ya que en los 4 o 5 meses de colimba que pase ahí hice una guardia de imaginaria y otra apostado. ¡Claro! era el furriel que confeccionaba las listas de guardias, así que te imaginarás, todo el mundo venía al pie a la hora de los problemas...

A partir de ahí parece que todos los que vivimos esa situación tenemos un mensaje común: existe un solo problema que no tiene solución y se trata de la muerte. Todo lo demás es solucionable o pasajero.

Es algo así como que se necesita una vivencia tan profunda para entender la verdadera escala de valores. Y todos coincidimos en lo mismo; salvo contadas excepciones, la mayoría de nosotros, oficiales, suboficiales y colimbas hemos salido adelante laboral y/o profesionalmente, formando nuestras familias y creciendo humanamente. Pero nunca perdimos, más bien mantenemos y reafirmamos el espíritu de cuerpo: seguimos viéndonos periódicamente, donde nunca faltan las anécdotas de aquella época; pero el sentido más importante que motiva estas reuniones es resaltar el honor y el orgullo de haber pertenecido a aquella dotación del Crucero General Belgrano. Y como misión nos hemos impuesto honrar a los 323 compañeros, héroes, que quedaron en el sur dando su vida por una causa justa, por la Patria.


Marcelo Pozzo
mpozzo@bigfoot.com


http://www.informadorpublico.com/1111211.html

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“Tengamos ideales elevados y pensemos en alcanzar grandes cosas, porque como la vida rebaja siempre
y no se logra sino una parte de lo que se ansía, soñando muy alto alcanzaremos mucho más”.

Bernardo Alberto Houssay
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MensajeTema: Re: El hundimiento del Belgrano y el rescate de los náufragos   Sáb 27 Ago 2011 - 13:48

IMPRESIONANTE y al mismo tiempo CONMOVEDOR, los relatos de este Héroe del ARA - GRAL BELGRANO.

EXCELENTE APORTE JAS... aplausos

Abrazo
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INVITADO



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MensajeTema: Re: El hundimiento del Belgrano y el rescate de los náufragos   Sáb 27 Ago 2011 - 14:55

Emotivo y ejemplar.
Excelente aporte Diego.

aplausos aplausos aplausos aplausos aplausos aplausos aplausos aplausos

Saludos
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mario venditto



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MensajeTema: Re: El hundimiento del Belgrano y el rescate de los náufragos   Sáb 27 Ago 2011 - 18:53



Por Dios que momentos...dijo una gran verdad, nunca se sabe a quien tenes al lado...llegado el momento de la verdad, ese companero que se comia los chicos crudos...resulta que ahora arruga como el mejor y aquel muchacho por el que nadie daba un mango...resulta ser el heroe que nadie imagino....casos como este escuche de boca de suboficiales estacionados en el portaviones durante Malvinas...donde, segunn ellos, hasta los oficiales pasaban por estas experiencias de miedos y angustias...y los maringotes recogian el guante y hacian la contencion de estos companeros...el rango..? bien, gracias..!!
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MensajeTema: Re: El hundimiento del Belgrano y el rescate de los náufragos   Lun 2 Abr 2012 - 8:46

La foto robada que hizo historia


16.25: el casco estaba inclinado a 20° y sumergido 7 metros. A causa del viento, las balsas tenían dificultades para separarse.

Un enorme animal prehistórico agonizante y silencioso, ése era el aspecto del crucero General Belgrano en aquellas fotos borrosas tomadas momentos antes de que se fuera a pique. Cuando las proyectaron, nuestra reacción fue la sorpresa y el silencio. Nadie sabía que esas imágenes existían. Ni quién las había tomado. Las vimos por primera vez la tarde del 8 de mayo de 1982, en la antigua redacción del diario The New York Times, a pasos de Times Square. Seis días antes, dos torpedos disparados por el submarino británico Conqueror habían condenado al Belgrano a su último destino, un valle montañoso en el oscuro abismo marino que se extiende más allá de la plataforma continental, a cuatro mil metros de profundidad.

El azar y la generosidad de un colega norteamericano me permitieron estar ese día en la redacción del Times y ser testigo de una de las trágicas primicias de la Guerra de Malvinas: la foto de la catástrofe que más vidas costó en el conflicto. Al día siguiente, la imagen del barco, escorado a babor, con la proa amputada por el primer torpedo, los cañones inútiles apuntando al cielo, convertido en el ataúd de centenares de marinos, fue la noticia dominante en los periódicos y las pantallas de todo el mundo, y quedó para siempre como una cicatriz en la memoria de los argentinos.

Un diálogo al pasar, mientras se diseñaba la portada histórica, fue la primera señal de que algo no encajaba en aquellas fotos. Todo indicaba que eran auténticas, pero no había manera de confirmarlo, ni con quién. Mostrar en medio de una guerra inconclusa el documento de un ataque que había costado 323 vidas resultaba demoledor para el gobierno militar, para quienes todavía combatían en las islas y para millones de argentinos esperanzados con la causa de Malvinas. La decisión final del diario fue que la foto llevara sólo el crédito de Gamma, la agencia que la había vendido. Pero no habría mención alguna del fotógrafo. Vista en perspectiva, resultó una medida premonitoria: cuando las rotativas empezaron a imprimir la edición del domingo 9 de mayo, ya circulaba en la redacción el rumor de que las fotos habían sido obtenidas mediante el pago de un soborno de varios miles de dólares. El rumor mencionaba a un oficial de la Armada como el supuesto destinatario del dinero. En las antípodas de las trincheras, un nuevo escándalo se ponía en marcha.

Llamé a Buenos Aires para alertar al director de la revista Siete Días , de la cual era corresponsal, y su respuesta me recordó de inmediato el clima de temor, censura y paranoia extendida en que se ejercía el periodismo bajo el gobierno militar, situación que se había agudizado con el conflicto. Escuchó la historia y pidió dos o tres precisiones sobre la foto del Belgrano. Después lanzó la pregunta: "¿Vos también vas a colaborar con el servicio de inteligencia inglés?." Era el típico caso de argumentación precoz: la noticia no podía ser otra cosa que una operación del enemigo, un montaje con el que la prensa norteamericana hacía su aporte a la Task Force. El origen espurio de las fotos era, según él, la confirmación de que se trataba de un caso de fotos fraguadas. Fin de la conversación.

Las tres llamadas que recibí más tarde fueron, en ese orden, de la Secretaría de Información Pública de la Presidencia, de la Misión Argentina ante las Naciones Unidas y de la embajada en Washington. Las consultas, que parecían calcadas, revelaban el nerviosismo del gobierno por el impacto que tendría la noticia, pero también exponían una enorme ingenuidad. ¿Existe alguna posibilidad de que The New York Times acepte postergar la publicación de esas fotos?

La hermandad del mar

El teniente de fragata Martín Sgut sintió rabia al ver las fotos del Belgrano en la tapa de La Nacion. En realidad, era rabia y humillación lo que sentía. Eso fue lo que le confesó a su familia.

El 2 de mayo, a las 16.01, cuando el primer torpedo del submarino Conqueror impactó en el crucero y arrancó de la estructura del barco más de quince metros de proa, el teniente Sgut subió como pudo hasta la cubierta, entre el humo, las explosiones y los gritos. La cubierta parecía un campo de batalla por el que deambulaban sin rumbo los heridos. En el momento en que escuchó la orden de abandonar el barco, Sgut reconoció entre los caídos al cabo Escobar, que yacía inmóvil, con quemaduras graves. Bajó entonces otra vez a la cabina, se puso un anorak y tomó una manta para abrigar a Escobar.

Sgut quedó al mando de una balsa salvavidas ocupada por cinco hombres moribundos y otros seis con golpes menores y quemaduras. Acomodó a su lado a Escobar para evitar que se durmiera y, al hacerlo, sintió el bulto de la cámara de 35 milímetros en uno de los bolsillos. El peso de Escobar le impedía moverse, pero alzó la cámara como pudo y tomó las primeras fotos del crucero. Observó como, a unas 150 yardas de distancia, el barco se balanceaba sobre las olas enormes y oscuras mientras seguía escorándose entre las balsas de color naranja. Sgut alcanzó a ver cómo algunas de las balsas, empujadas por el viento, se estrellaban contra las planchas de acero del Belgrano y se desgarraban.

Volvió a tomar la cámara y esta vez alcanzó a distinguir en el visor la pequeña silueta de dos hombres de pie sobre la cubierta. Días más tarde, al ser rescatado, supo que se trataba del comandante del Belgrano, el capitán de navío Héctor Bonzo, y de un suboficial de apellido Barrionuevo. El suboficial había recibido una orden extraña: saltar al mar con Bonzo si éste se resistía a abandonar el barco. No fue necesario. Cristina, la esposa de Sgut, recuerda, aún hoy, las palabras exactas con las que su esposo describió la escena: "Bonzo fue el último, se zambulló de palomita".

El Belgrano se hundió a las cinco de la tarde, una hora después de ser alcanzado por los torpedos. La larga noche de espera sobre las balsas, para muchos, no fue otra cosa que una forma diferente de encontrar la muerte. El teniente Sgut ejerció el mando en la balsa con el rigor que imponían las circunstancias. A falta de morfina, se propuso aliviar al cabo Escobar haciéndole ingerir una pasta que improvisó moliendo los analgésicos que había en la balsa. Pero fue inútil. Escobar dejó de respirar a la madrugada. También ordenó a sus hombres orinar sobre las cantimploras para poder descongelar el agua potable. Cada tanto, estiraba la pierna y golpeaba con la bota al conscripto Chaparro para que no se durmiera. En medio de la oscuridad, cuando la fuerza de las olas empezó a desgarrar las balsas, golpeándolas y encimándolas unas contra otras, tomó la decisión más difícil: cortó las cuerdas que las mantenían unidas y las liberó a su suerte.

Al desembarcar en el puerto de Ushuaia junto con otros sobrevivientes, Sgut tanteó en el bolsillo del anorak para saber si la cámara seguía allí. Estaba sana y al parecer, seca. Era un modesto milagro después de la odisea en la balsa en uno de los mares más hostiles del mundo. No se separó de ella hasta llegar a la base naval de Puerto Belgrano, donde se la entregó en mano a su superior, el comandante Héctor Bonzo. El teniente Sgut no sabía, no podía saberlo, cómo las imágenes que había tomado le cambiarían la vida para siempre. El comandante Bonzo pidió revelar el rollo en la mayor confidencialidad y lo dejó en custodia de técnicos del Servicio de Inteligencia Naval. Se trataba, después de todo, de material sensible tanto en el plano militar como en el de la acción psicológica.

La primicia de The New York Times, seis días después del hundimiento del Belgrano, había disparado toda clase de recriminaciones dentro de la Armada. La Junta de Comandantes pidió que se investigara el episodio como lo que era, la violación de un secreto militar y una burla a las Fuerzas Armadas.

El orgullo herido del teniente y la falta de una respuesta oficial lo impulsaron a hacer su propia pesquisa. Contrató un estudio de abogados en Nueva York, en 1984, e inició acciones legales por 2.750.000 dólares contra The New York Times, Newsweek, Associated Press y la agencia Gamma-Liasson. Un año antes, The Best of Photojournalism, uno de los referentes mundiales de la fotografía periodística, había dedicado las dos primeras páginas del catálogo a la foto del Belgrano. El crédito de la foto era una sola palabra: anonymous.

Al ser interrogado por el juez, en una corte de Nueva York, el teniente aclaró que había cumplido con el deber moral al entregar el rollo a sus superiores, pero se había sentido burlado al reconocer sus fotos en los diarios argentinos. "Hice las tomas con una cámara de aficionado y son el único documento que tenemos del hundimiento. Mis superiores me devolvieron los negativos, es cierto, pero nunca aceptaron hablar de lo sucedido", le explicó al juez.

En su declaración, afirmó que no tenía ningún interés económico en las fotos. El juez debe de haberle creído. Falló a su favor, pero por una suma de 20.000 dólares y le reconoció sus derechos como autor de las fotos. Cristina, la esposa, recuerda muy bien qué pasó con el dinero. "Diez mil dólares fueron para los abogados, tres mil para gastos y con los siete mil restantes compramos un Taunus de segunda mano", dice. Desde el juicio, todo lo que se recauda por los derechos de publicación de las fotos es donado por la familia a la Asociación de Amigos del Crucero General Belgrano".

La Armada, sacudida por el escándalo en pleno conflicto bélico, ordenó investigar el affaire hasta dar con el responsable. El capitán de corbeta José Garimaldi fue juzgado, encontrado culpable y dado de baja por haber duplicado los negativos de las fotos y haberlos vendido sin autorización. Murió en 1994.

El capitán de fragata Martín F. Sgut falleció el 4 de enero de 2010. Fue, obligado por las circunstancias, tal vez el mejor corresponsal de guerra que haya tenido la marina en sus filas.

Por Héctor Horacio D'Amico | LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/1461073-la-foto-robada-que-hizo-historia

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MensajeTema: Re: El hundimiento del Belgrano y el rescate de los náufragos   Vie 20 Abr 2012 - 21:29

Esperando el milagro
Al exconscripto pampeano Jorge Gaitán le tocó sobrevivir al hundimiento del crucero "Belgrano", pero las últimas horas del naufragio casi lo derrotan. Lo salvó la fe y la vivencia le dio fortaleza para afrontar el futuro.


"El crucero fue mi casa", dice Gaitán.


Jorge Gaitán es juez de Paz en General Pico, La Pampa, su ciudad natal. Pero hace 30 años integró la Compañía de Artillería del crucero ARA "General Blegrano", durante la guerra de 1982 con Gran Bretaña por las islas Malvinas.

Era un conscripto de 20 años cuando llegó al buque, el mismo día que iba a partir al teatro de operaciones: "Llegué a la dársena de Puerto Belgrano y el crucero me impactó por su hermosura. Fue un amor a primera vista", recuerda.

Ese día era un martes 13 de abril. Llovía torrencialmente. El crucero zarpó en medio del temporal pero en la boya de acceso al canal de entrada a la dársena tuvo que volver a su apostadero habitual por desperfectos en las máquinas de popa. Finalmente, zarpó rumbo a Ushuaia el jueves 16.

Como artillero, Gaitán se desempeñó en las Torres 1 y 3 y en Antiaérea de babor, lugar donde había estado haciendo guardia el 2 de mayo, horas antes del ataque al "Belgrano".

"Al mediodía nos dieron orden de ir a descansar. Sólo quedó el grupo de gente al que le correspondía hacer guardia en ese horario —cuenta—. A mí me tocaba entrar a las 20, entonces me fui a dormir a mi sollado, que estaba cerca de proa entre las Torres 1 y torre 2."

En el momento en que impacta el primer torpedo del submarino británico, Gaitán estaba durmiendo: "Me despertó una gran explosión, el barco se detuvo en el instante y un gran silencio nos invadió por unos segundos. Oscuridad. Me pude largar de mi cama gracias a que un compañero iluminó con un encendedor."

Con lo poco que llevaba puesto y una frazada empezó a subir las escaleras, cuando desde proa se sintió una nueva explosión que hizo escorar al buque. Era el segundo torpedo que lanzó el HMS "Conqueror".

A lo último, la fe

En cubierta se encontró con mucha gente con menos ropa que él. Había un suboficial con el torso desnudo: "Le di mi frazada y me quedé en camiseta, calzoncillos y medias".

Y aunque en su balsa eran 18, suficientes para mantener la temperatura, el mal tiempo arreciaba: "El frío se había apoderado de nosotros y sólo un milagro como el que sucedió nos podía salvar". El mar los sacudía con violencia y Gaitán apenas podía leer un Testamento, alumbrándose con una linterna.

"Nuestra moral estaba muy caída. Sólo quedaba esperar —ya habían pasado 36 horas a la deriva y el temporal no aflojaba—. Mis últimas palabras fueron 'Señor, en tus manos estamos'. Nos sentíamos muy débiles, sin haber comido ni bebido nada". En esas condiciones, no sabe qué hubiese pasado si el naufragio se hubiera extendido unas horas más.

Los rescató el aviso ARA "Gurruchaga", el martes 4 de mayo, a las 2 de la madrugada.

"Fue increíble ver las luces de nuestros barcos que venían a salvarnos. La alegría se apoderó de nosotros y fui el primero en ser rescatado, a pedido de mi jefe". Gaitán estaba congelado y no podía caminar.

En el "Gurruchaga" buscó a sus compañeros de La Pampa. No encontró a ninguno: "Sentí mucha tristeza por nuestros hermanos muertos".

"¿Qué me dejó el crucero? Amigos, hermanos, padres, hijos... El 'Belgrano' fue mi casa —asegura—. Me enseñó a ser solidario y me dio mucha fortaleza para encarar el futuro."

"El crucero nada me quitó. Y a los héroes los recordaré hasta el último día de mi vida".

Gaitán se guarda para sí el mejor recuerdo del "Belgrano": "El compañerismo que existió y existe entre su tripulación".

Para él, el "Belgrano" vive.

Por Gustavo Pereyra
http://www.gacetamarinera.com.ar/nota.asp?idNota=3946&idSec=20

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MensajeTema: Re: El hundimiento del Belgrano y el rescate de los náufragos   Dom 12 Mayo 2013 - 21:22

Las penurias de los sobrevivientes del crucero General Belgrano

Un año atrás quedó confirmado que fue la ex primer ministra Margaret Thatcher, recientemente fallecida, la que decidió hundir el crucero General Belgrano, tragedia en la que murieron 323 de sus 1093 marinos. Además, los británicos siguen rebatiendo el fuerte cuestionamiento internacional por haber atacado un buque fuera de la zona de exclusión, y que ello fue un crimen de guerra.

Hoy, 31 años después de aquella tarde en la que dos torpedos del submarino Conqueror alcanzaran el ARA Belgrano, Clarín publica un documento de la Armada argentina nunca antes visto y que aún conserva el carácter de "Secreto". Se trata de los resultados de la llamada "Comisión de Análisis de Acciones de Combate- Equipos y Elementos para Supervivencia en el Mar", que evalúa de manera bastante crítica las condiciones encontradas a la hora del rescate y refiere a la "penosa experiencia de la supervivencia para los hombres de la dotación que pudieron abandonar el buque".

De la lectura del documento queda claro que, de haber estado mejor preparados, podrían haberse salvado más vidas. Los 323 muertos del Belgrano son más de la mitad de los 649 que tuvo en total la Argentina en los 74 días de guerra con el Reino Unido de 1982.-

El informe obtenido por este diario lleva la firma del presidente de la Comisión, contralmirante Angel M. Rodríguez, y podría compararse –aunque con sus matices y diferencias- a otras evaluaciones sumamente críticas de la logística militar de la guerra por el lado argentino, resumidas por ejemplo en el llamado Informe Rattenbach.

La Comisión tomó los informes del ARA Bahía Paraíso, del ARA Piedrabuena, del ARA 25 de Mayo y del ARA Hércules, que trabajaron en el rescate.

El Belgrano comenzó a hundirse una hora después del ataque –informa la comisión- las tareas de rescate debieron realizarse bajo una fuerte tormenta en un mar y en una zona de por sí adversas.

Y comienza diciendo: Las balsas del buque "no contaban con pantallas reflectoras radar, lo que hacía imposible su detección". Las luces de los techos exteriores de la balsas "eran tan débiles que no se podían ver y algunas casos ni se activaron". Las palamentas (el conjunto de los remos en la embarcación) eran tan frágiles que se rompían remos y cuchillos". Pero además, sostiene la Comisión,las balsas tampoco tenían amarres lo suficientemente fuertes como para resistir el trabajo de las cuerdas al buque con mar gruesa. "Los náufragos no pudieron embarcar por sus propios medios con escalas de gatos, cabos o salvavidas por lo que tuvieron que ser izados abordo con el riesgo que ello implicaba". Dice el trabajo que la red de rescate no pudo ser utilizada por la peligrosidad de la maniobra en esas condiciones marítimas. Y concluye: "El mayor número de muertos congelados por el frío se produjo en las balsas con escaso número de tripulantes", es decir "menos de cinco hombres".

A manera de sugerencia, queda claro que ni a nivel de equipo personal los marinos estuvieron preparados. Y "sólo precisan "un bolso con salvavidas, ropa de abrigo, linterna estanca, un mínimo de alimentos y un botiquín individual". Como ha contado uno de los más famosos sobrevivientes del Belgrano, el consagrado tenor Darío Volonté, él y sus compañeros estuvieron hasta 29 horas y media en alta mar a bordo de una balsa. Eran 22 en una balsa para no más de 12.

Del informe efectuado a la Comisión por el ARA Hércules se supo que para el caso de abandono del buque, los marinos del Belgrano no contaron tampoco con equipo para contrarrestar el frío y las mojaduras en caso de quedar expuestos al agua. Así, las cosas.

Fuente:
http://www.clarin.com/politica/penurias-sobrevivientes-crucero-General-Belgrano_0_911909201.html
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MensajeTema: Re: El hundimiento del Belgrano y el rescate de los náufragos   Dom 12 Mayo 2013 - 21:32

Cuanto me recuerda el informe Rattenbag , y cuanto odio de la bestia (pirata), Dios tenga a los marinos fallecidos con el y a la bestia en el lugar que le tenga reservado.
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MensajeTema: Re: El hundimiento del Belgrano y el rescate de los náufragos   Hoy a las 7:10

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