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 EXPEDICIÓN AUXILIAR DE LA RIOJA A COPIAPÓ

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MensajeTema: EXPEDICIÓN AUXILIAR DE LA RIOJA A COPIAPÓ   Sáb 7 Mayo 2011 - 14:27

Consideraciones Militares

Las referencias a las Expediciones auxiliares contenidas en la extensa bibliografía que existe sobre el paso de los Andes, son escasas e incompletas.
Es posible que la omisión sea originada por el reducido efectivo de las columnas y por el natural interés que despierta la marcha de la masa del Ejercito, con la cual se libra la batalla de Chacabuco. Pero el valor de las acciones secundarias en la guerra no debe medirse por los efectivos puestos en juego, sino por la forma en que concurren a favorecer el éxito de la acción principal; desde este punto de vista la importancia de las expediciones auxiliares es innegable y trascendente.
Estas expediciones, que realizaron lo que en la terminología militar se llaman “pasajes secundarios”, tenían misiones militares y políticas en coordinación con las correspondientes a la masa del Ejército que efectuaba el pasaje principal.
La misión militar fundamental consistió en ocultar durante el mayor tiempo posible la verdadera dirección del avance principal e inducir al adversario a diseminar sus tropas en un extenso frente. La doctrina establece que para conservar el secreto de una operación de franqueo, es indispensable velar los preparativos en el lugar principal y desorientar al adversario con demostraciones en los lugares secundarios, confundiéndolos, al mismo tiempo, con informaciones y rumores falsos.
No otra cosa hizo San Martín mediante las direcciones de marcha y los objetivos fijados para las expediciones auxiliares y con ingeniosa guerra de zapa, en la cual se destaca el pintoresco parlamento con los indios Pehuenches.
Para el pasaje de un obstáculo, es indispensable la formación de varias columnas, con el objeto de aprovechar en toda su amplitud la red de caminos y de abreviar el período de crisis que la operación representa.
Si bien las dificultades de la conducción se aumentan en proporción directa a la extensión del frente, solo el empleo de las tropas del ataque en amplio frente puede inducir al adversario a diseminar sus fuerzas y crear, en consecuencia, condiciones favorables para la irrupción.
De ahí también la necesidad de organizar varias columnas, sin que esto importe descuidar la obligación fundamental de constituir una masa o centro de gravedad, con la cual debe estar asegurada la cooperación de todas las columnas mediante un plan perfectamente coordinado.

Organización de la Columna Expedicionaria

La expedición estuvo planificada por el general José de San Martín, cuando decidió invadir Chile, para posteriormente, vía marítima, liberar Perú.
Para ello, pensó en el armado de seis columnas que llegarían simultáneamente a territorio chileno; tres por Mendoza, por El Portillo, El Planchón y Uspallata, dos por San Juan, por Los Patos, por donde iría el propio San Martín acompañado por Bernardo O`Higgins y por Aguas Negras. Finalmente, la expedición que se realizó por la cordillera riojana, por el Paso de Comecaballos



Con anticipación se puso de acuerdo con el General Manuel Belgrano, a efectos de que, al emprender la campaña sobre Chile, le ayudara con un destacamento de infantes de línea mandados por un oficial de capacidad. Llegó la oportunidad y ese destacamento pasó a La Rioja a las órdenes del Teniente Coronel don Francisco Zelada, quien en ese momento se encontraba estacionado con el Ejército del Norte en Tucumán, ya que el general estimaba que en La Rioja no habría la suficiente cantidad de hombres para el acompañamiento.
En agosto de 1816, el Teniente Coronel Benito Martínez se hizo cargo de la Provincia como gobernador, nombrado por Decreto del Director Supremo de fecha 22 de Julio de ese mismo año.
Es muy probable que el nombramiento obedeciera a instancias de San Martín, bajo cuyas órdenes sirvió Martínez en el Ejercito del Norte, y que necesitaba en La Rioja, como ya tenía en San Juan y San Luis, un Gobernador totalmente identificado con sus planes militares a fin de asegurar la máxima cooperación de la Provincia.
El Gobernador Benito Martínez solicitó al Comandante de Armas del oeste riojano, Nicolás Dávila, quien se encontraba en Famatina, que reclutara un contingente de hombres, consiguiendo Dávila, ciento cincuenta personas.
A los voluntarios de Famatina y el norte, Nicolás Dávila, les había dado alguna instrucción militar usando elementos de madera que se asemejaban a fusiles. Además, como ocurría en todas las tropas de los ejércitos patrios, la mayoría eran negros, mulatos, pardos, zambos y mestizos. Algunos suboficiales eran negros o indios, como el sargento primero, Domingo I. del Sacramento, sargento segundo, Bernardino del Sacramento (ambos esclavos de la iglesia matriz de la Rioja); o el sargento segundo, Mateo Miranday, y el cabo Santos Moreta, indio del oeste riojano.
A su vez, Martínez se contactó con el mismo propósito con el Comandante de Armas de Los Llanos, Fulgencio Peñaloza, quien recibió colaboración para esto de Juan Facundo Quiroga, llegando a juntar doscientos llanistas aproximadamente.

Reunión de los distintos contingentes

El contingente de 200 hombres de los Llanos (no hay indicación precisa del lugar donde se formó) marchó sobre Chilecito, llegando a esta villa el día 15.
En el mismo lugar se encontraban los dos escuadrones que Dávila había reclutado por orden del Gobernador Martínez.
La agrupación reunida en Chilecito avanzó el 16 sobre Guandacol, a órdenes de Dávila.
Por la cuesta del Totoral, Zelada al frente de 12 soldados del Ejército del Norte (otros historiadores hablan de 50 soldados) ingresó a Catamarca y desde allí se desplazó hasta el pueblo de Chumbicha, cruzo la quebrada de la Cébila, paso por Arauco, Los Sauces, Famatina y Cuesta de Miranda, hasta llegar a Guandacol.
Gran sorpresa debió llevarse Zelada cuando se enteró que los más de 300 riojanos que mandaría eran milicianos, es decir voluntarios con casi nula instrucción militar, de profesiones arrieros, labradores, mineros, domadores, criadores, baquianos, rastreadores, vestidos con sus pilchas gauchas y armados con lo que tenían.
El 20 de Enero de 1817 se encontraba reunido en Guandacol todo el personal destinado a formar la columna expedicionaria.
Al día siguiente llegó también el Gobernador Martínez y después de revistar y proclamar a los expedicionarios, hizo reconocer a Zelada como jefe de la expedición y a Dávila como segundo, e impartió las instrucciones generales para reglar la conducta política y militar de acuerdo con las órdenes y directivas que, a su vez, había recibido de San Martín.
Con el objeto de dar seguridad al lugar de reunión de las tropas y de impedir posibles incursiones de fuerzas realistas situadas al oeste de la Cordillera, el Teniente Coronel Zelada ocupó con pequeños destacamentos los portezuelos de Leoncito y Peñón, que interceptan los dos caminos que bajan de Comecaballos.

Directivas particulares impartidas por San Martín al Jefe de la Expedición

Las “directivas” son el medio que dispone Comando para coordinar las operaciones cuando éstas se realizan en escenarios cuya amplitud y características geográficas dificultan o imposibilitan la recepción oportuna de órdenes y la conducción centralizada.
Al igual que las demás columnas, la de La Rioja las recibió también pero, por desgracia, no han aparecido y cabe la posibilidad de un extravío definitivo.
No cabe duda que también la Expedición auxiliar de La Rioja las recibió oportunamente, como se comprueba en forma inequívoca con testimonios del propio San Martín y otros igualmente fehacientes.
El testimonio más determinante es el oficio de San Martín al Jefe de la Expedición, Teniente Coronel Zelada, fechado el 4 de marzo de 1817, expresándole su satisfacción “por haber llegado a Huasco con la fuerza que consecuente a mis órdenes debía penetrar por este punto”.
Con fecha 26 de febrero de 1817 el Gobernador Martínez comunica al Director Supremo haber recibido el parte de la ocupación de Copiapó enviado por Zelada, a quien titula comandante de la fuerza que sobre Copiapó y Huasco “por orden del Señor Capitán General del Ejercito de los Andes”.
El parte de Zelada, a que se refiere la comunicación anterior dice al respecto “…emprendí mi marcha hacia la Villa de Copiapó según las instrucciones que recibí del Teniente Gobernador de la Rioja comunicadas por el señor Capitán General don José de San Martín”.
Finalmente con fecha 18 de noviembre de 1817, el Estado Mayor del Ejército, al evacuar con opinión favorable la consulta sobre la solicitud de Zelada para que se declarase comprendido a todo el personal de la Expedición en los beneficios de las recompensas morales otorgadas a los vencedores en Chacabuco, dice:
“Por el oficio satisfactorio del Capitán General del Ejercito de los Andes que original acompaña el Teniente Coronel suplicante, lo mismo que por el contenido del que adjunta del General en Jefe del Ejército auxiliar se evidencia haber llenado los objetos a que se lo comisionó con destino a la ocupación de los pueblos de Copiapó y el Huasco, puntos que entraron en la combinación de la gloriosa empresa de la restauración de Chile”.

Instrucciones que debe observar el Comandante de la fuerza de La Rioja, destinada a la restauración de la Provincia de Atacama, en el Estado de Chile.

• Graduará las marchas de manera de encontrarse antes del 14 de febrero en posesión de los objetivos que se le indican.
• Arreglará el avance a los conocimientos que tenga del terreno y punto más a propósito para entrar a Chile.
• Mantendrá en su tropa la más exacta disciplina; al paisanaje se tratará con dulzura y moderación; quien desordene en esta será castigado con un modo ejemplar.
• Objeto de la Expedición: Tomar dos puntos principales del territorio chileno; la Ciudad de Copiapó cuya importancia residía en ese entonces por la minería que allí se desarrollaba y el puerto de Huasco, en la región de Atacama, donde se encontraban fuerzas militares realistas.
• Luego de haber tomado posesión de la Capital y del puerto, buscará contacto con la columna que al mando Cabot marcha sobre Coquimbo, a cuyas órdenes quedará.
• Tan pronto logre sus objetivos, hará reconocer por Gobernador de la Provincia y a nombre del Estado de Chile a ciudadano que libre y espontáneamente resulte elegido, con quien guardará la más exacta armonía, dejando exclusivamente a su cargo todo lo gubernativo.
• Propagará por todos los medios a su alcance las ideas de libertad e independencia, buscando la activa cooperación de los habitantes e inclinándolos a nuestra justa causa.
• Sostendrá el orden y las nuevas autoridades que se constituyan.
• De acuerdo con el Gobernador elegido, se nombrará una comisión de hombres buenos, de conocimientos y patriotismo probados, para la investigación de los enemigos del sistema.

El avance de la columna expedicionaria. Efectivos. Los rastreadores riojanos. Sorpresa de Castaño (La Guardia). Características generales del terreno hasta Copiapó. El espíritu público.

No hay referencias exactas sobre la fecha en que la columna inició la marcha hacia el Norte, pero puede tomarse como dato absolutamente seguro que para el 25 de enero habían abandonado ya Guandacol “tomando la Quebrada del Zapallar”, que es por donde corre el camino de los Guandacolinos. El límite entre la Argentina y Chile fue franqueado por el paso Comecaballos.
Es muy probable que las etapas de la marcha fueran las siguientes, que coinciden con los lugares de aguadas y recursos: día 25, puesto Zapallar; día 26, finca Tambillos; día 27, Puesto del Leoncito; día 28, Pastos Largos; día 29, Pucha-Pucha; día 30, Paso Comecaballos.
La marcha por territorio argentino se realizó sin incidencias ni inconvenientes. Después de transponer el límite, la columna se internó en territorio chileno, en dirección NNO, remontando el curso del Río Cachitos, que nace en proximidades del Paso Comecaballos, hasta su desembocadura en el Río Turbio.
Este punto, que fue alcanzado el 1° de febrero por toda la columna. Allí se encontraba apostada una guardia realista con la misión de observar los caminos de la cordillera, a fin de descubrir posibles movimientos de tropas patriotas.
Zelada se propuso atacar al destacamento enemigo, pero éste, que había advertido el avance patriota, se retiró hacia el Norte.
Los rastreadores riojanos, cuyos servicios fueron sumamente valiosos, establecieron el rumbo y otros detalles interesantes del repliegue.
Localizado nuevamente el destacamento en el lugar llamado Castaños, en el Valle del Río Turbio, fue comisionado el Capitán Miguel Dávila para atacarlo por sorpresa. La acción se realizó con éxito, y todo el personal enemigo (1 cabo y 4 soldados) cayó prisionero sin que los expedicionarios sufrieran ninguna baja.
El nombre de Castaños fue reemplazado por el de La Guardia, que conserva hasta hoy, en memoria de este episodio, cuya importancia radica en que eliminó la observación de los realistas y permitió ocultar totalmente el avance de la columna expedicionaria.
Siguió ésta avanzando, hacia el NO, y el 10 de febrero llegó a la confluencia de los ríos Turbio y Jorquera, la cual se encuentra a 20 leguas al SSE de la ciudad.
Desde la confluencia de los Ríos Turbio y Jorquera, dos caminos de senda conducen a Copiapó. Uno llamado “camino de la Cuesta del Carrizalillo”, es el más corto; remonta los ásperos cerros que se interponen entre los ríos Jorquera y Copiapó, entre ellos el Carrizalillo, que da su nombre a la cuesta y al camino, siguiendo por estrechas quebradas conduce directamente a Copiapó. El otro camino considerablemente más largo, describe un gran arco hacia el sur, siguiendo los valles de los ríos Jorquera y Copiapó.

Avance de Dávila por la Cuesta del Carrizalillo y Ocupación de Copiapó.
Los Capitanes Larrahona y Villafañe


Desde allí fue adelantado el Capitán Nicolás Dávila al frente de un destacamento de 80 hombres, por el camino de la cuesta del Carrizalillo, con la misión de apoderarse por sorpresa de Copiapó.
El resto de la columna, al mando directo de Zelada, debía continuar la marcha por el camino de los ríos Jorquera y Copiapó para abordar la Ciudad por el Sur y asegurar definitivamente su posesión, dando cumplimiento a las instrucciones de San Martín.
Entre los oficiales que acompañaron a Dávila en esta empresa, figuran los capitanes Villafañe y Larrahona. Este último era natural de Copiapó y conocía muy bien las sendas y caminos, razón por la cual fue designado para guiar la marcha por el fragoso y difícil terreno de la cuesta.
En las primeras horas del día 12 de febrero todo el destacamento se encontraba reunido en las cercanías de Copiapó.
A indicación de Dávila se inició el avance sobre el centro de la Villa. Cuando apenas amanecía, la vanguardia de Larrahona penetraba en las calles desiertas y silenciosas y llegaba hasta la plaza a galope tendido dando gritos atronadores de VIVA LA PATRIA.
En cumplimiento del audaz y bien concentrado plan de Dávila, el Cuartel de la guarnición militar fue atacado por sorpresa y en forma simultánea por el Capitán Villafañe que lo hizo frontalmente al mando de 15 soldados y por el Alférez Julián Fernández que al frente de 10 soldados irrumpió por la retaguardia.
Mientras tanto, el Teniente José Pérez se posesionó de una de las esquinas del edificio y el Capitán Larrahona ocupó la plaza.
El resto de la fuerza al mando directo de Dávila avanzó velozmente hasta la plaza, en donde ya se encontraba Larrahona.
Toda la acción se desarrolló en perfecta armonía y con extraordinaria rapidez, al extremo de que cuando Dávila llegó a la plaza ya el Cuartel estaba en poder de Villafañe.
Alrededor de 40 soldados que en ese momento se encontraban en el Cuartel fueron tomados prisioneros. También cayeron en poder de los expedicionarios los documentos del archivo militar de la Villa y 500 fusiles que constituían el total de armas de la guarnición.
Poco después fue hecho prisionero el subdelegado de las autoridades realistas.

Contactos de reacción. Lentitud del avance de Zelada.
Enérgicas medidas militares y políticas de Dávila.


La irrupción del Destacamento de Dávila en la Villa resultó una verdadera sorpresa.
Inmediatamente después de posesionarse del cuartel, Dávila impartió instrucciones y órdenes precisas para reglar la conducta de los habitantes; además, ocupó los edificios públicos y la fábrica de pólvora y estableció estrecha vigilancia sobre los caminos provenientes de Huasco y Coquimbo, por los cuales podían avanzar refuerzos realistas.
Cumpliendo las instrucciones referentes a la gestión política que expresamente le estaba encomendado, Dávila designó Gobernador interino de la Provincia, en nombre del Estado de Chile, al ciudadano copiapino Don Miguel Gallo, “vecino respetable y prestigioso”.
Inexplicablemente, el grueso de la columna expedicionaria que marchaba a las órdenes de Zelada, demoró 4 días en llegar a la Villa, creando un ambiente de incertidumbre y desconcierto que favoreció a los realistas no resignados a la nueva situación.

Difícil situación de Dávila. Zelada alcanza Copiapó. El espíritu público. Constitución definitiva del nuevo gobierno.

Como consecuencia de la demora de Zelada la situación era realmente crítica, ya que de un momento a otro podían llegar tropas españolas desde el Sur para reconquistar la Ciudad, en tanto que a ellos les era absolutamente imposible conocer los resultados de la expedición Cabot sobre Coquimbo, que dista más de 120 leguas de Copiapó.
Con excelente sentido político y prudente energía, Dávila dominó la situación tan difícil que le creaba el retraso de Zelada.
Fueron sin duda, cuatro días de angustias los que mediaron entre el 12 y el 16. Por fin, el 15 se supo que Zelada llegaría al día siguiente; ese mismo día se tuvo informaciones sobre el éxito de Cabot en Coquimbo y sobre el pronunciamiento de Huasco por la causa de la independencia.
Estas noticias dieron un vuelco total a la situación y alejaron el peligro de tentativas reaccionarias.
En medio de entusiastas aclamaciones entró Zelada a Copiapó el día 16, siendo recibido triunfalmente por todos los habitantes y por las autoridades constituidas bajo el amparo de Dávila.
Consolidada la situación por obra de las medidas tomadas a partir el día 12 y por la confianza y el respeto que inspiraba la conducta de las nuevas autoridades y de los oficiales y la tropa que ocupaban la Ciudad, todos los sectores sociales rivalizaron en la expansión de sus sentimientos patrióticos.


Ocupación de Huasco. Tentativa realista frustrada. Dávila organiza el nuevo gobierno.

Las directivas particulares impartidas por San Martín a la columna de Cabot, lo autorizaban a poner bajo su dependencia a las fuerzas de la Expedición auxiliar de La Rioja, una vez que hubiesen cumplido su misión en Copiapó y Huasco.
En cumplimiento de las instrucciones impartidas por San Martín marchó hasta Huasco con el objeto de hacer efectiva la posesión del lugar.
Allí a los pocos días de ocupar la Villa de Huasco, arribó al puerto una escuadra realista fugada de Valparaíso, desembarcando más de cien hombres con destino a saquear el pueblo y cargar con todo lo útil que allí había.
Este propósito resultó frustrado por la presencia de las tropas riojanas. Los realistas se reembarcaron con precipitación al primer movimiento que hicieron nuestras partidas, dejando en tierra pasados a nosotros 40 soldados, 17 de éstos con fusiles sin conseguir la aguada que también solicitaban.
Una vez restablecido el orden y la tranquilidad, Dávila, que había recibido de Cabot la misión de constituir las autoridades civiles, convocó a los habitantes para elegir gobernador, siendo designado por sufragio general don Francisco Bascuñan y Aldunate.

Misión cumplida. Regreso a La Rioja

La misión militar y política encomendada a la columna expedicionaria de La Rioja, puede ser resumida en los dos puntos siguientes:
1. Ocupación de Copiapó y Huasco;
2. Constitución de nuevas autoridades en nombre del Estado libre de Chile.

Ambos puntos quedaron totalmente cumplidos al término de la comisión confiada a Dávila en el Puerto de Huasco.
Con esto termina prácticamente la actuación de la fuerza expedicionaria del Ejercito de los Andes. Algunos oficiales quedaron incorporados al Ejército o decidieron radicarse en Chile, pero la Expedición Auxiliar en su carácter de fuerza militar orgánica y regular, regresó a La Rioja inmediatamente después de haber cumplido con los objetivos que constituían su misión.

Fuentes
• Manual de Historia y Geografía de La Rioja I – Historia. Compañía Editora Riojana. La Rioja, 1969.
• www.lariojacultural.com.ar -
• www.culturalarioja.com.ar
• www.revisionistas.com.ar
• www.sanmartinianovdr.org.ar

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MensajeTema: Se reedita el Cruce de Los Andes: VI Edición del Hito Nacional por Comecaballos   Dom 4 Ene 2015 - 23:28

Bajo un imponente escenario de cerros y montañas cubiertas de nieve eternas, el Gobierno riojano viene desarrollando esta cabalgata cuyo objetivo procura instalar en la escena nacional la revalorización de una gesta que involucra valentía y sagacidad hasta llegar a Copiapó, tal cual se inscribe en la historia. Comienza el próximo 24 de Enero.

El Gobierno de La Rioja se apresta a recrear la histórica proeza de la Expedición Auxiliadora Zelada y Dávila, el próximo 24 de Enero de 2015, aquella que en 1817 el comprovinciano Nicolás Dávila y el uruguayo Francisco Zelada, encabezaran la milicia de 350 valientes en la gesta nacional encomendada por el General José de San Martín, cruzando la cadena montañosa hasta Copiapó (Chile), por el hito de Comecaballos en la Cordillera de los Andes, a más de 4800 metros sobre el nivel del mar.

Al igual que años anteriores, esta reedición desplegará la logística coordinada que involucrará a la Gendarmería nacional, Defensa Civil, Bomberos Voluntarios, Cuerpo Adiestramiento Policía Especial para alta montaña y personal de Salud, entre otros, y cerca de 50 vehículos. Además de los baqueanos de la zona, que brindarán su apoyo con el aporte de los animales y su excelso conocimiento de la zona y valiosa experiencia, indispensables, para que la travesía transcurra satisfactoriamente al promediar la anteúltima semana de enero del 2015.

El programa oficial contempla la llegada de los expedicionarios al paraje cordillerano Barrancas Blancas, durante las primeras horas del 24 de enero, para luego emprender viaje hacia Comecaballos; tras lo cual se habrá cumplido la primera etapa del viaje en el cruce de Río Salado, y la segunda en Refugio Comecaballos, dando cumplimiento al objetivo de arribar al hito propiamente dicho, e inicio del acto protocolar que reunirá autoridades provinciales, departamentales y de la Tercera Región de Atacama.

La continuidad verano a verano desde el 2010, pone de manifiesto el trabajo del Estado Provincial en concretar la decisión política sobre diferentes acciones que sume voluntades de autoridades riojanas y de la Tercera Región de Atacama, trabajando en forma mancomunada en proyectos institucionales, socio-culturales y productivos entre otros aspectos gubernamentales.

Prueba de ello fue la reciente inauguración del puesto aduanero binacional en el paraje cordillerano argentino de Barrancas Blancas, donde funcionan -entre otros controles-  la AFIP y  migraciones.

Esta histórica ceremonia estuvo presidida por el primer mandatario riojano Luis Beder Herrera y el intendente de la III Región de Atacama-Chile, Miguel Vargas Correa, quedando  abierto hasta abril el paso Internacional de Pircas Negras que une a esta provincia con el país trasandino.

Esta medida ratifica una vez más la férrea decisión del Gobierno de promover la llegada del turismo en general, potenciando la particular belleza en suelo riojano, un  viaje a los orígenes como se presenta a la provincia tanto a nivel nacional como extranjero, fortaleciendo el trabajo de los sectores público y privado en el  compromiso de posicionarla año a año.

CUANDO LA HISTORIA HABLA

El 12 de febrero 1817, se logra la exitosa hazaña; tomando Copiapó (Chile), la principal población norteña y el puerto de Huasco, punto donde desembarcaban los realistas que bajaban del Alto Perú. Desde la localidad riojana de Guandacol, partieron cerca de 350 milicianos, que demoraron dos días en transitar los 160 kilómetros que los separaban del refugio de Comecaballos.

Para concretar la liberación de Chile José de San Martín planificó la organización de seis columnas. Las principales cruzaron por Uspallata (Mendoza) y por los Patos (San Juan). Las restantes, por otros pasos de Mendoza, San Juan y La Rioja.

A pesar de estar lejos del camino real y el puerto, La Rioja fue protagonista directa. De las mil ochocientas mulas, con las que contaba la provincia, en aquel entonces, novecientas se destinaron a la expedición. Además, de los cañones que se llevaron a la misión y que en parte, se fundieron en la fábrica de pólvora de La Rioja. Una de las dos fábricas de pólvora que había en el país, la otra estaba en Córdoba.

La crónica histórica señala que los coroneles Dávila y Zelada partieron desde Nonogasta junto a ciento cincuenta hombres, a los que se sumaron doscientos más, que concurrieron desde Los Llanos, enviados por Juan Facundo Quiroga y los doce del Ejército del Norte, aportados por Manuel Belgrano.

Los 350 milicianos carecían de preparación militar y entregaron su cuerpo a la misión. Salieron desde Guandacol y luego de cruzar la Cordillera de Los Andes se dividieron y tomaron sus objetivos de manera simultánea. Redujeron a la guardia realista en plena Cordillera camino a Chile y liberaron Copiapó.

El gobierno de Copiapó se conformó con vecinos del lugar, y Miguel Gallo fue elegido su gobernador.  La liberación de ambos puntos, se logró sin una sola baja, ni disparar un solo tiro.


FUENTE: NOTICIASNOA.COM
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