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 Un piloto se estrelló con su avioneta en Salta y sobrevivió para contarlo

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elperro



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MensajeTema: Un piloto se estrelló con su avioneta en Salta y sobrevivió para contarlo   Miér 2 Mar 2011 - 11:28


Un piloto se estrelló con su avioneta en Salta y sobrevivió para contarlo


02/03/11

H éctor Lóndero, cordobés, 28 años, descubrió que la eternidad puede durar una hora y media y que un monte serrano se puede convertir en una selva de la que no se puede escapar. Sin agua ni señal de celular y con su codo izquierdo fracturado, logró esquivar a la muerte. Se orientó con el sol y una brújula, tras sobrevivir a la caída del avión fumigador que piloteaba en la Estancia San José de Yatasto, en Metán, sur de Salta.

La tragedia ocurrió el jueves 17 a las 10.30. “De golpe vi que se incendiaba el avión”, cuenta Héctor a Clarín , que lo visitó en el Hospital San Bernardo. Aquella mañana, Héctor se levantó temprano, desayunó y fue hasta el avión: “Siempre le pego una chequeada pre vuelo. Veo si no tiene nada suelto y miro el motor. El avión estaba al pelo”, dice.

A las 6.45, Héctor voló hacia el oeste a fumigar 60 hectáreas de soja, de las 1.000 que tiene la estancia. “Esa parte del campo es complicada. Hay varias cortinas de árboles altos que hay que saltar en cada pasada con el insecticida en vuelo rasante, a dos metros de altura sobre el cultivo y a 180 kilómetros por hora”, explica Héctor, a quien le extrajeron desde su pierna derecha una arteria para hacerle un bys pas en el codo izquierdo.

A las 10, el avión ya había hecho tres pasadas al campo. Volvió a llenar la tolva con insecticida porque faltaban las cabeceras, paralelas a las cortinas de árboles. “La primer pasada la hago de oeste a este. Al ir por la segunda viro hacia la derecha y el avión me hace una ‘chanchada’, pierde potencia y no me levantaba la nariz. Estos aviones a nivel del mar vuelan bien. En los cerros no. Acciono la palanca de emergencia para soltar el insecticida y quedar más liviano, y nada. Vuelvo a accionar la palanca y no recuerdo más: el avión ya estaba en el suelo”.

Con las llamas en la trompa, Héctor se quitó el cinturón. Agarró su bolso de primeros auxilios y abrió la escotilla. “Ahí me di cuenta que tenía quebrado el brazo. Logré salir. Me paré. Vi el avión hecho pedazos. Corrí veinte metros y caí. Me quedé ahí porque vi que estaba a salvo por si explotaba la máquina”.

Al dolor por la quebradura, se sumó que Héctor no podía ver con su ojo izquierdo. Al caer el avión, le salpicó insecticida: “No soportaba el tremendo ardor”, recuerda. “Siempre llevo en el avión una botella con agua. Fui por ella. Cuando estaba cerca me dije ‘ya me salvé, no vaya a ser cosa que explote el avión y muera’. Entonces volví hacia atrás y aguanté el ardor”, dice.

A las 10,30, Héctor abrió su bolso de emergencia y buscó la brújula. Intentó llamar por su celular y no tenía señal: “Rato antes, había visto desde el aire a un grupo de peones y me dije qué hace esta gente en medio de la nada. Después les agradecí que me salvaron la vida”.

Brújula en mano, Héctor escuchó un avión. “Era mi jefe que me estaba buscando –recuerda–. Como las gomas ardían, corté como pude ramas verdes de los árboles y las puse sobre el fuego para que hagan humareda. Volví a sentir volar más cerca. Busqué otra rama y salí a un descampado y le hice señas a mi jefe”.

Con ganas de salir de ese infierno, Héctor miró la brújula y emprendió la retirada: “El monte se me convirtió en una selva impenetrable. No podía avanzar. Había muchas espinas”.

Sigue: “Vi un arroyo seco. Me puse cuerpo a tierra y me arrastré unos treinta metros. Vi que eran las 12 y el tiempo me parecía una eternidad. Sentí voces a lo lejos. Pensé que eran alucinaciones. Que ya me iba a morir”.

Cansado, Héctor se recostó. Volvió a escuchar voces y esta vez comenzó a gritar. “Un peón llegó a verme y gritó ¡Está vivo el piloto! Le pregunté su nombre y me dijo Manuel. Luego vino Juan Garay, el encargado de la estancia, y lo primero que le pido es un poco de agua. No tenía. Pero me alentó para que no baje los brazos”.

Cuando los peones sacaban al sobreviviente hacia el sembradío, los cruzó la Policía. “No tenían ni una gota de agua. Luego, me dicen que ya venía un helicóptero para llevarme a Salta. Un rato después consiguieron agua para darme”, concluyó Héctor.


Fuente: http://www.clarin.com/sociedad/estrello-avioneta-Salta-sobrevivio-contarlo_0_436756396.html
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