ÍndiceÍndice  PortalPortal  CalendarioCalendario  FAQFAQ  BuscarBuscar  MiembrosMiembros  Grupos de UsuariosGrupos de Usuarios  RegistrarseRegistrarse  ConectarseConectarse  

Comparte | 
 

 El ejemplo australiano

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
INVITADO



Mensajes : 14687
Fecha de inscripción : 12/05/2010
Edad : 51

MensajeTema: El ejemplo australiano   Vie 10 Dic 2010 - 8:39

El ejemplo australiano
Jueves 09 de Diciembre de 2010
Por Luis DE MEDINA

"Lo más costoso en el mundo son unas fuerzas armadas baratas". Carl Vinson.

Es muy conocida la cita del congresista estadounidense Vinson, pero es en momentos de seria crisis económica, como el que actualmente atravesamos, cuando hay que tenerla más presente. Reducir a la mínima expresión la dotación económica asignada a las Fuerzas Armadas es una seria tentación para los gobiernos occidentales. Sin embargo, justamente son estas tribulaciones económicas de donde con demasiada frecuencia nacen grandes conflictos.


En épocas de vacas flacas es cuando los gastos en Defensa deben ser mucho más minuciosamente analizados. Se debe rentabilizar al máximo la inversión que se haga, como la necesaria para mantener actualizada tecnológicamente una fuerza naval. Un ejemplo muy llamativo de cómo lograrlo es la modernización de las fragatas clase Adelaida, de la Royal Australian Navy (RAN). El origen de estas unidades en Australia hay que buscarlo ya en 1973, cuando la RAN abandonó definitivamente el Proyecto de Destructor Ligero Australiano, tras casi una década sin progresos importantes.

Un año después, el Gobierno laborista de Gough Whitlam aprobó la compra de dos fragatas O.H. Perry. En 1976 se dio el visto bueno definitivo a la adquisición, añadiendo un tercer buque al año siguiente, ampliándose el pedido con una cuarta unidad más tarde. Los cuatro fueron construidos en los diques de Todd Pacific Shipyards, de Seattle, originalmente para la US Navy, antes de ser transferidos a la RAN. Cada vez más convencidos de lo acertado de su decisión, en 1980 se contratan otros dos de este tipo, esta vez a AMECON, en Williamstown Naval Dockyard, de Victoria. El primero, que daría nombre a la serie, la FFG-1 Adelaide, entró en servicio en 1980. Los otros son los Canberra, Sydney, Darwin, Newcastle y Melbourne, que sería la última en ser entregada, en 1993.

Para conocer mejor el alcance de la modernización, es necesario un repaso previo a las capacidades originales de las FFG. Recordemos que este modelo surgió en la década de los setenta, cuando la US Navy experimentó la era Zumwalt, en honor a un CNO (Chief of Naval Operations(1)) que, en el campo de la construcción naval implantó la estrategia High-Low, por la que coexistirían unidades de primera línea, como portaaviones de la clase Nimitz, cruceros Ticonderoga y Spruance o submarinos nucleares, con un elevado número de unidades de segunda. De este último grupo saldría el concepto de fragata de patrulla, un buque escolta ligeramente armado y que fuese capaz de superar los 20 nudos, con un coste inferior a 50 millones de dólares.

A ese segundo grupo se ajusta a la perfección, incluso superándolo, la clase Oliver H. Perry: casco de acero, desplazamiento de 3.600 ton., 453 pies de eslora y 47 de manga, planta propulsora basada en dos turbinas LM2500 de General Electric, 20.000 CV de potencia, un solo eje con su correspondiente hélice de paso variable, capaz de proporcionar velocidades que superan los 29 nudos y armada un poco para todo. Actualmente, fragatas de este tipo están en servicio en diversos países, más o menos adaptados a los requerimientos de cada uno de ellos. Tal es el caso de España, Egipto, Taiwan, Turquía o, el que ahora nos atañe, Australia.

La fragata, con los recortes presupuestarios de la época(2), montó un lanzador de misiles monorraíl Mk-31, un one-armed bandit que se recarga tras cada disparo, apto tanto para misiles Harpoon como para Standard. También, por motivo de las limitaciones económicas, no se le dotó de un radar aéreo tridimensional, sino del SPS-49 de exploración aérea, lo que le convirtió en el único escolta de la US Navy que sólo obtenía demora y distancia, no altura, del blanco. Para calcular la altitud está la dirección de tiro Mk-92.

Siguiendo con la tónica de ahorro, en lugar de un sonar de última generación, emplea el AN/SQS-56 MF, relativamente poco capaz, si bien el sistema LAMPS MK-III le convirtió en un excelente escolta antisubmarino oceánico, misión principal a desempeñar en algunas marinas occidentales, gracias al sonar remolcado pasivo TACTAS. El resto lo constituye un montaje artillero Oto-Melara MK-75 de 76 mm., dos triples Mk-32 lanzatorpedos y un sistema de defensa de punto Mk-15 Vulcan Phalanx.

Hay que añadir aquí un equipo de guerra electrónica, el AN/SLQ-32. Este campo se completaba con los cuatro montajes de morteros SRBOC para el lanzamiento de reflectores de radar (chaff) y bengalas. En resumen, un diseño estadounidense, muy eficaz en el campo antisubmarino, que cuenta con una cierta capacidad añadida en guerra sobre la superficie.

Génesis del Programa
El sostenimiento de esta clase de buques y su posible modernización se convirtieron ya en materia de discusión en fechas tan tempranas como 1987, cuando todavía no se habían entregado todas las unidades. El Defence White Paper australiano de aquel año anunciaba que la RAN debería expandirse hasta constituir una fuerza de 16 a 17 escoltas. Más tarde, el Force Structure Review de 1991 reconocía que la fuerza de superficie estaba disminuyendo demasiado en número (ya se hablaba de 10), indicando la intención de sustituir los destructores de la clase Adams por unidades derivadas de la ANZAC, añadiendo a su vez que podrían emplearse para sustituir a las cuatro primeras FFG. El documento iba más allá, al asegurar que la experiencia con el programa de modernización de media vida para sus destructores había demostrado que, por su gran extensión en el tiempo y sus costes, no era rentable.

A pesar de tales aseveraciones, motivos inherentes al propio sostenimiento de la clase Adelaida, junto con el hecho que, desde la Operación Tormenta del Desierto, dichas fragatas desempeñaban misiones en escenarios cada vez más peligrosos, decidieron a las autoridades australianas a iniciar el FFG Upgrade Project(3) en 1993, bajo la denominación de SEA 1390. Relacionado con ello, entre ese año y 1997, se realizó un profundo estudio por el Ministerio de Defensa sobre la fuerza de superficie de la RAN, tomando, como referencia las capacidades de las clases ANZAC y Adelaida (ocho y seis buques en cada una, respectivamente). Concluyó que catorce sería un número adecuado de escoltas, de acuerdo a las necesidades que tenían, si bien se hacía necesaria una inversión especialmente importante con vistas a mejorar la capacidad antimisil y otras actualizaciones para tales buques.

Siguiendo el hilo de esta contradictoria secuencia, el Defence White Paper del año 2000 no hace referencia al número de escoltas, pero sí que indica que las seis FFG deberán ser reemplazadas por al menos tres buques con capacidad de defensa aérea, punto donde entrarían los buques contratados a Navantia, similares a las F-100 españolas. No deja de ser algo sorprendente esta decisión, en tanto que la modernización de las FFG-7 ya había comenzado.

En el año 2007 se adoptó la posición, que de momento está resultando definitiva, la cual viene a decir que Australia necesita el mayor número de escoltas que pueda mantener, de forma que a los tres destructores antiaéreos encargados y las ocho Anzac se suman las cuatro Adelaida modernizadas. Y son sólo cuatro, porque los gastos derivados de la actualización hacen que dos de ellas, Adelaida y Canberra, hayan sido dadas de baja para ahorrar costes.

La complejidad de un proyecto
El proyecto SEA 1390 tiene formalmente un objetivo claro: conseguir alargar la vida operativa de las fragatas hasta aproximadamente el año 2020, de forma que, reteniendo una cierta capacidad antiaérea en escenarios de alta complejidad, incrementen la antisubmarina en un momento en que un creciente número de silenciosos submarinos diesel-eléctricos va a entrar en servicio, tanto en el Índico como el Pacífico.

Para lograr el objetivo señalado, SEA 1390 se estructuró en cuatro fases: definición del proyecto; obras de modernización; estudios para el relevo del SM-1; y la última, que se puede desdoblar en otras dos, 4A de actualización de los bancos de prueba de misiles al relevo del SM-1 y 4B de sustitución del SM-1. Sólo nos interesan de momento las dos primeras, puesto que con ellas conoceremos las mejoras que van a experimentar estas fragatas, siendo además las que han sido realizadas o están en curso.

La primera de esas fases podemos considerarla iniciada en 1994, cuando Transfield Defence Systems (TD) de Melbourne (hoy Tenix Defence) y ADI de Sydney (actualmente Thales Australia) fueron seleccionados para realizar los estudios de definición de proyecto. Consecuentemente, el Gobierno australiano elaboró una lista de mejoras en la capacidad y medidas de sostenimiento para esta clase de escoltas.

El 13 de noviembre de 1998, finalizada esa fase inicial y tras ganar ADI el concurso para lograr el contrato de 900 millones de dólares australianos, comienza la segunda propiamente dicha. Aquí es donde tanto la RAN como ADI se dieron cuenta de que habían subestimado la complejidad del proyecto y las mejoras en el campo de la guerra electrónica, entre otras. Pronto añadieron más millones de dólares al valor del contrato, como ocurre tantas veces.

Las compañías involucradas en el proyecto fueron: ADI Systems (Thales Australia), como contratista principal y autoridad de integración del diseño, encargada también de la concepción del sistema de combate; Thales Underwater Systems (antigua Thompson Marconi Sonar), subcontratada para el área de guerra antisubmarina; Gibbs&Cox, para el área de plataforma, llevando el desplazamiento hasta las 4.200 ton., por lo que se hacía necesario efectuar un control exhaustivo para no afectar negativamente a la estabilidad; AAI, los sistemas de adiestramiento embarcados OBTS; Lockheed Martin Naval Electronic and Surveillance Systems (LM NE&SS), para la modernización de la dirección de tiro Mk 92 al Mod 12; Rafael en guerra electrónica, interviniendo Tenix en la materialización como subcontratada; y CEA, en el área de integración de datos.

Otra de las principales subcontratas incluirá a Raytheon y Lockheed Martin Launching Systems, responsables de la integración del lanzador óctuple Mk-41 situado a proa del Mk-13, así como de los misiles SM-2 y ESSM que empleará aquél. Vistos ya, de forma genérica, los participantes, es hora de exponer la estructura de la segunda fase, que tiene un importante número de elementos sobre los que se articuló la modernización de estas fragatas, que para un más fácil análisis, se aglutinarán en tres campos principales: guerra sobre la superficie, antisubmarina y mejoras en el mantenimiento.

Sobre la superficie
Una de los objetivos claves del proyecto SEA 1390 es mejorar la capacidad antiaérea, especialmente contra misiles antibuque modernos. Las FFG modernizadas disponen de una mejor capacidad para ello, integrando varias líneas de defensa pasivas (soft-kill) y activas (hard-kill), de forma que se haga frente a un escenario complejo de amenaza aérea con garantías de éxito.

La primera de dichas líneas de defensa activa parte de la integración en fuerzas con buques de mayores capacidades en ese aspecto (AEGIS, sin ir más lejos), permitiendo derrotar a las fuerzas atacantes, ya sea dando vectores de interceptación a cazas amigos como dirigiendo misiles aire-superficie (SAM) lanzados por otros buques de la fuerza. La piedra angular de ello es el Link-16, implantado por primera vez en la RAN, que permite el intercambio de un gran volumen de datos tácticos y órdenes en tiempo real.

Otros niveles de la defensa aérea se basan ya en equipos instalados a bordo, si bien ello no implica que no puedan recibir información de fuentes externas. La capacidad de exploración y búsqueda aérea se ha visto aumentada al variar la versión del radar AN/SPS-49(V)4 por el AN/SPS-49A(V)1MPU, con unas mejores prestaciones en la detección de contactos a baja cota y pequeña superficie radar, incluso en escenarios con gran presencia de clutter.

La dirección de tiro, uno de los nodos principales del sistema de combate, tampoco ha quedado al margen. Necesaria para el empleo de misiles y cañones, se ha mejorado desde la versión Mk92 Mod 2 al Mod 12, muy superior a la versión Mod 6 en servicio en la marinas de Estados Unidos, Taiwan o España. La variante adoptada por los australianos emplea los mismos receptor y transmisor que la versión Mod 6, pero con mejor procesamiento de la señal, lo que la hace más fiable. También se han mejorado notablemente los elementos informáticos sobre los que corren los programas del sistema de combate NCDS (Naval Combat Data System), así como su arquitectura física ADACS (Australian Distributed Architecture Combat System), esta última basada en nuevos interfaces y una red de área local mejorada.

Añádase a todo lo anterior los avances logrados gracias al Sensor Data Fussion System, que proporciona una completa integración de los datos obtenidos por el AN/SPS-49, el Mk-92 CAS (Combined Antenna System) y el AN/SPS-55. Así se consigue una detección automática, correlación de tales detecciones cuando se producen simultáneamente por varios radares, así como una mayor precisión en el seguimiento y predicción de la trayectoria del blanco, reduciendo los tiempos de reacción para la detección, localización, seguimiento y adquisición del blanco, facilitando la toma de decisión a la hora de enfrentarlo.

Y no acaban aquí las mejoras, ya que otra que alcanza al Mk-92 CAS tiene, en la versión adoptada por los australianos, el mismo alcance que el otro radar de dirección de tiro asociado, el STIR. El enfrentamiento de múltiples blancos a la vez es ahora posible a mayor distancia, algo que se ha demostrado exitosamente con unas pruebas efectuadas por la HMAS Darwin.

Todas estas mejoras en los sistemas de detección radáricos se materializan en aumentar la efectividad de la segunda capa defensiva, los misiles SAM. El lanzador GMLS Mk-13 mantiene su capacidad para 40 misiles, si bien, como se indicó antes, los SM-1 serán reemplazados en un futuro. Sus sustitutos previstos son los SM-2 MR, con un alcance de hasta 80 millas naúticas, una notable mejora respecto al alcance de 25 de los otros. No obstante, estos misiles ya son utilizables desde el lanzador vertical Mk-41 de ocho celdas situado a proa del Mk-13, permitiendo, pues, incrementar con ocho SM-2 la capacidad de defensa aérea, de forma que las aeronaves atacantes no puedan permanecer impunes fuera de las 25 millas, como ocurría hasta ahora en ausencia de cazas amigos que proporcionasen la oportuna cobertura.

Los RIM-162 ESSM (Evolved Sea Sparrow Missile), con 10 millas de alcance, se emplean desde el lanzador Mk-41 de ocho celdas, al igual que los SM-2, constituyendo la tercera capa de defensa. Con cuatro ESSM por celda, hasta un total de 32 serían posibles, por lo que las configuraciones son muchas.

No olvidemos que todas esas capas defensivas se ven apoyadas por una cuarta, el cañón Mk-76. La efectividad del arma se ve mejorada por la integración de una dirección electro-óptica (EOTS 2500) con la Mk-92. Esto incluye un calculador de distancia láser y proporciona un canal de fuego tridimensional adicional. La quinta y última línea de defensa recae sobre el nuevo Vulcan Phalanx Block 1B, de 20 mm., ahora integrado perfectamente en el conjunto del sistema de combate, suplementado con el Rafael Mini-Typhoon de 12,7 mm. de control remoto, especializado en defensa contra contactos de superficie de alta velocidad.
Se hace necesario señalar, una vez llegados a este punto, que todas estas mejoras han sido valoradas muy positivamente por los usuarios, los miembros de la dotaciones de estas fragatas y de la RAN Surface Combatant Force Element Group Staff, al tiempo que comprobada su eficacia, como se verá más adelante.

Pero las narradas hasta aquí son sólo las capas de defensa hard-kill, o activas. A ellas hay que añadir las pasivas que las complementan y que también han sido ampliamente mejoradas. En primer lugar, el viejo AN/SLQ-32(V)2 ha sido sustituido por el moderno Rafael Pearl-C, que cubre la banda de 0,5 a 18 Ghz, integrado en el sistema de combate. Otra de los grandes cambios es la incorporación del Nulka, un señuelo antimisil activo desplegable, o los dos lanzadores Mk-137 Mod 1, designados para lanzar señuelos de radiofrecuencia Seagnat o infrarrojos Pirate. Ello sin olvidar la capacidad de lanzar modelos de chaff a gran distancia para crear cortinas efectivas.

No quedan aquí las mejoras limitadas al campo de la defensa aérea, sino que en las capacidades en el enfrentamiento con otras unidades de superficie también se han producido avances. En realidad, la mayoría son en aspectos antiaéreos, por su propia naturaleza antimisil, de aplicación directa en guerra de superficie. Y el EOTS integrado, del que ya se habló antes, es también muy eficaz a la hora de hacer puntería sobre contactos de superficie.

La suite antisuperficie se completa con las mejoras en el lanzador Mk-13, capaz ahora de lanzar los Harpoon RGM-84 Block II con guiado GPS y capacidad de ataque a blancos terrestres, para lo que se ha instalado la consola SWG 1(A). El empleo del helicóptero SH-60 Seahawk embarcado permite, además, el enfrentamiento más allá del horizonte, al localizar los blancos y transmitir su posición por Data Link, como se viene empleando ya, por ejemplo, en la Armada española. Es, en conjunto, una buena plataforma para la guerra de superficie.

Bajo la superficie y otras consideraciones
Las mejoras en el campo de guerra antisubmarina va a convertir a las clase Adelaida en el mejor escolta antisubmarino en servicio en la RAN. La capacidad previa para interoperar con aviones de patrulla marítima, así como la dirección y control de una acción de búsqueda submarina de gran envergadura son, por supuesto, conservadas. Considerando la factibilidad para operar con dos helicópteros en misión antisubmarina, estas fragatas se convierten en un importante gestor de la defensa de la fuerza contra ataques submarinos.

En el propio buque, los viejos sónares de casco AN/SQS-56 y Mulloka son sustituidos por una versión mejorada de segunda generación del ya montado por la clase ANZAC, el Spherion MF, incorporando equipos capaces de integrar los datos suministrados por el Spherion con los sónares remolcados, proporcionando al usuario una presentación táctica submarina unificada.

Se ha añadido, como medida de autoprotección, el sistema Albatros, un detector pasivo remolcado que alerta de la presencia de torpedos en el agua. Combinado con un señuelo acústico también remolcado, el Lescut, asegura una defensa mejorada frente a la amenaza submarina.

Otro de los grandes avances es el Petrel, un sonar para minas y obstáculos, proporcionando una imagen tridimensional de un volumen de 700 m. de radio, con detección y seguimiento automático de objetos sumergidos. En cuanto al armamento antisubmarino, los torpedos ligeros Eurotorp MU90 estarán pronto disponibles.

Uno de los principales aspectos del programa de modernización de la fragata es la enorme mejora en el mantenimiento. Equipos y material obsoleto han sido retirados, como los generadores diésel, sustituidos por cuatro Caterpillar nuevos, o los grupos convertidores de 400 hz.
Toda esta retirada de equipos anticuados tiene otras consecuencias beneficiosas, como la reducción de las firmas acústica y electrónica. Por el contrario, hay algunos inconvenientes, como el aumento del desplazamiento de 4.100 a 4.200 ton. Aquí es también importante señalar que las dos fragatas retiradas, Adelaida y Canberra, se han convertido en un importante servidor de repuestos, gracias a la canibalización de sus equipos, contribuyendo al sostenimiento del resto de fragatas.

Por lo dicho hasta ahora, todo aparenta ir sobre ruedas, sin inconvenientes que afectasen al proyecto, salvo por los cambios de opinión del Gobierno australiano, que caracterizaron la génesis del SEA 1390. En realidad, hay más puntos oscuros. Para empezar, tenemos la complejidad del proyecto, que demostró ser, como ya se dijo, mayor que la que se consideró en un primer momento, lo que ha demorado hasta unos 55 meses la finalización del programa de modernización (el primer buque debería haber sido entregado en 2004). Esos retrasos llevaron también a alimentar un ambiente de pesimismo y criticismo exacerbado, a lo que contribuyó que las primeras pruebas no fuesen satisfactorias.

Por ejemplo, se habló de una pérdida de capacidad de detección submarina al integrar los datos suministrados por los distintos sonares. En realidad, las pruebas efectuadas en las instalaciones canadienses de Nanoose demostraron que esa pérdida no es tal. Sin embargo, sí que hay un aspecto que no ha gustado en exceso, y es la forma de integrar todos esos datos de los distintos sonares, que se vuelcan en una única consola de operador antisubmarino, lo que puede provocar la saturación del mismo. La única excepción es el Petrel, que se gestiona desde el puente.

Otra de las críticas más agudas fue en relación a la defensa antimisil. Se dijo que el chaff de largo alcance no era viable y que los ESSM no estaban funcionando correctamente. De nuevo nos encontramos ante una afirmación de espíritu muy negativo, que se demostró infundada. Sin ir más lejos, en octubre de 2007, la HMAS Sydney, en las instalaciones de la US Navy en Hawaii para tests de misiles, pudo enfrentarse eficazmente a ataques múltiples en diferentes demoras, incluyendo un exitoso empleo de los ESSM. La incorporación del lanzador óctuple Mk-41 es, sin lugar a dudas, un importante logro.

Desde otro punto de vista, mientras que las clase Adelaida son sometidas a ese proceso de actualización, están siendo las ANZAC quienes deben soportar el coste operativo de dicha modernización, asumiendo todas las misiones que la defensa nacional y los compromisos exteriores imponen, como los despliegues en el Golfo Pérsico. Este punto es otro de los aspectos oscuros, por el sobreesfuerzo pedido a la otra clase de escoltas, un desgaste que seguramente pase factura en el futuro.

En todo caso, el resultado final será, casi con total seguridad, una excelente plataforma, con un nivel superior de capacidad combativa a los que ahora tienen los marinos australianos. Un producto final que, combinado con una dotación motivada y adiestrada, será una herramienta imprescindible en la defensa de los intereses australianos.

Sin pretender realizar afirmaciones categóricas, creo que el caso australiano es un tema muy interesante de estudio. Esto es especialmente llamativo si se tiene en cuenta que la Armada española también se ha embarcado en otro programa de modernización, mucho menos ambicioso, para la clase Santa María, dos de cuyas componentes ya han vuelto al servicio. Por aquello de que las comparaciones son odiosas, no voy cotejar una con otra.

Por otro lado, tal vez el Gobierno turco y sus asesores en temas navales sean más bien partidarios del modelo australiano, en lo que a la modernización de sus fragatas clase G se refiere. Estas O.H. Perry, han sido objeto del programa GENESIS (Gemi Entegre Savas Idare Sistemi), volviendo al servicio activo entre 2007 y 2011. En todo caso, pretenden, tal vez siguiendo la estela australiana, profundizar en las mejoras, incluyendo el lanzador Mk-41 de ocho celdas a proa, entre otras ambiciosas mejoras.

(1) Jefe de Operaciones Navales, mando supremo de la US Navy, cuya autoridad sólo es superada por la del propio presidente de los Estados Unidos.

(2) Los años setenta del pasado siglo se caracterizaron por una importante crisis económica, al igual que este final de la primera década del XXI.

(3) Proyecto de Modernización para las FFG.


http://www.defensa.com/index.php?option=com_content&view=article&id=2807:-el-ejemplo-australiano&catid=139:analisis&Itemid=312
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
oscarlivy



Mensajes : 3017
Fecha de inscripción : 02/09/2010
Edad : 54
Localización : cap. federal

MensajeTema: Re: El ejemplo australiano   Vie 10 Dic 2010 - 15:46

Dedicado Para Carl Vinson de los Psicologos!.

Me parecio muy interesante el analisis de la economica con la guerra planteado y que vemos tambien se analiza en Psicologia. Me sorprendio no el texto tecnico sino el inicio de la nota publicada.

Aca les dejo el texto. Muy Interesante y esclarecedor. No es para refutar nada sino para entender el pensamiento imperial mundial, o el hombre en si, creerse el ombligo del mundo.

Reflexiones sobre la economía y la guerra
Psicoanálisis en extensión.
Raúl Courel


Resumen:

Se hacen notar coincidencias entre las lógicas que rigen la economía y la guerra en el mundo contemporáneo, señalándose efectos de mortificación sobre la condición humana. Se hacen consideraciones críticas sobre el concepto de progreso que se impone en nuestras sociedades y sobre el proyecto de matematización del universo propio de la modernidad. Se alude al paradigma de la ciencia moderna, la tecnología y el capitalismo en la raíz de los sistemas políticos democráticos actuales. Se señalan escotomas en la intelección de los conflictos entre la cosmovisión occidental imperante y el mundo islámico a propósito de la guerra en Irak.

Palabras claves:

modernidad y mal - economía y sociedad - guerra moderna - terrorismo - pulsión de muerte y progreso - ciencia moderna - límite de la matemática - occidente e Islam - conflicto iraquí .



El mal.

¿Qué es el "mal" en sentido puro sino indiferencia absoluta ante la humanidad del otro?. El "mal" sin atenuantes es uno en el que no hay lugar para el amor ni el odio. La ausencia de cualquier afecto que distinga entre propios y ajenos, o entre unos y otros, es una condición necesaria para causar el daño más extremo. La fría malignidad que se apropia de los destinos ajenos tomando la forma de la muerte, designa también la esencia del tratamiento que la guerra y la economía moderna dan a los hombres.
En la guerra, no son las diferencias sino las in-diferencias, que igualan en el anonimato, la condición ineludible para lanzar a unos contra otros, como hoy vemos, por ejemplo, en el medio oriente. No toda guerra santa es entre religiones, las hay laicas santificadas por los mejores ideales, generalmente los de cada uno. Tampoco es un hecho que la economía sea la ciencia que permite cumplir metas múltiples con medios escasos, ya que mucho ayuda a cumplir metas escasas con medios múltiples.


La economía.

Jacques Prévert decía que "el ministerio de economía debería llamarse de la miseria, pues al ministerio de la guerra no se le llama nunca de la paz". La extendida y lamentable sumisión de los hombres a las políticas económicas nos recuerda la que pinta Albert Camus en su magistral tragedia Calígula. Allí, con el criterio de que lo primero es el tesoro público, el César dispone que todos los patricios deshereden a sus hijos y testen a favor del Estado. A renglón seguido, para satisfacer las necesidades económicas generales, resuelve que se haga morir, en orden aleatorio, a cuantas personas convenga. "Esas ejecuciones" – observa el tirano – "tienen todas la misma importancia, lo que demuestra que no la tienen" (Camus, 1938, 64), para agregar enseguida: "si el tesoro tiene importancia la vida humana no la tiene ... la vida no vale nada, ya que el dinero lo es todo" (Camus, 1938, 65). El argumento sirve para rechazar las objeciones del funcionario que intenta protestar sus medidas: "agrádeceme" – le dice – "pues intervengo en tu juego y utilizo tus cartas" (Camus, 1938, 65).
Así como la caridad no alimenta las arcas de ningún Estado, tampoco es aquí el amor el que iguala a los súbditos del imperio, ni siquiera lo es el odio. Estas emotividades no sirven para equiparar nada, por el contrario, diferencian y discriminan, simplemente porque separan al objeto de amor o de odio de los demás. Es la economía, cuando se reduce a pura lógica y cómputo, la que corta a todos con la misma tijera. Eso sucede cada vez que lo único que realmente importa es cuánto cada uno paga.
El problema de que la economía quede encerrada en esta lógica impasible es que no puede supeditarse al logro de felicidad alguna, ni siquiera a la de vivir, por eso era identificada por Camus con el mal, un mal anónimo y frío legitimado con el rigor de la razón, más allá de sensiblerías como el amor o el odio. "Yo he decidido ser lógico" – asevera el emperador – "y como tengo el poder, veréis lo que os costará la lógica" (Camus, 1938, 65). "La seguridad y la lógica" – afirma también – "no marchan juntas" (Camus, 1938, 96).
Calígula, que se considera a sí mismo "puro en el mal", no es un simple loco. Él aplica, en verdad, la lógica económica que convence a prácticamente todo el mundo. Lo hace, eso sí, sin concesiones, avanzando sin vacilar hasta las últimas consecuencias. "Las cosas" – dice el déspota – "no se consiguen porque nunca se las sostiene hasta el fin" (Camus, 1938, 61). No faltan en nuestros días economistas que suscribirían estas mismas palabras. El problema, no obstante, es la real y absoluta imposibilidad de llegar al final, puesto que eso conllevaría necesariamente la destrucción de todo, incluyendo al actor principal.
El Calígula de Camus se queja como el hombre, que sufre porque "las cosas no son lo que deberían ser", a diferencia de las mujeres, que penan porque el amor nunca alcanza (Camus,1938, 66). De espíritu moderno, él no se acomoda a lo factible de este mundo, en el que "los hombres mueren y no son felices" (Camus, 1938, 61). De esto se trata, si lo posible no alcanza es lógico pedir lo imposible: "necesito la luna – expresa – "o la dicha, o la inmortalidad, algo descabellado quizá, pero que no sea de este mundo" (Camus, 1938, 81).
La conclusión de Calígula es obligada: "la utilidad del poder es dar oportunidades a lo imposible" (Camus, 1938, 68), aunque en ello nos vaya la vida. Si de eso se tratara, y si fuera cierto que los gobernantes contemporáneos sólo van por los carriles que les traza la lógica usual de los economistas, es probable que estemos perdidos. En este caso, habrá que esperar el resultado, previsible, del "ovem lupo comittere", de confiar las ovejas al lobo.

El retorno.

Si alguno mata a su madre puede ser no sólo cuestión judicial. Ella podría habérselo ganado sin saberlo, no por merecer la muerte sino por habérsela causado. Valga en un punto como metáfora, porque los Estados Unidos, efigie del dominio en el planeta, es fuente de significaciones y reglas, como lo es una madre, a través de las cuales se miran y se miden a sí mismos los pueblos más diversos.
No hay ser humano que no se trague las significaciones entre las que nace, de ahí que un problema que cada uno encuentra para ser alguien, único y diferente a cualquier otro, irrepetible, es que no tiene otra opción que hacerse una idea propia acerca de aquéllas. El asunto es que cuando lo atragantan puede ser que "devuelva".
La civilización occidental atosiga a la humanidad a escala planetaria con tecnología y capitalismo, más sus derivados. No podría ser de otra manera porque se quiere universal, y con el justificativo de la buena ciencia. El Islam, en cambio, extendido en países económicamente pobres, por no aspirar ni amarrarse a las mismas bondades y deleites, resulta una anomalía. A gustos distintos que hacen tantas desemejanzas habrá que reconocerles sólo un poco de la humana "razón". El resultado es obligado: los musulmanes son poseedores de una humanidad disminuida, y si son indigentes la disparidad con la nuestra se acrecienta. Todo conduce a que sea imperativo mantenerlos a raya o reformarlos, se dice que para mejorarlos.
Para los fines prácticos, el hecho de que todos los hombres sean mortales no los hace pertenecientes a una sola clase de humanidad. Éste es, precisamente, el mensaje que escucha todo súbdito de todo emperador. Es lógico, puesto que en la enunciación del emperador está su propio corazón, no el del súbdito, especialmente el del obligado. No debe extrañar, por lo tanto, que el mensaje del imperio retorne sobre sí mismo bajo la forma de la inhumanidad del ataque.

Homicidio suicida.

El golpe a las torres del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 fue una muestra extraordinaria de que la destructividad del hombre no encuentra límites a la hora de inventar maneras de suprimir al contrincante.
Se destaca la indefensión de las víctimas y su ignorancia acerca de que otros habían tomado el destino en sus manos, también la simultaneidad del crimen con el suicidio. Un sencillo análisis gramatical deja advertir que aquí el sujeto hace de otro sujeto el objeto de su acción de matar, para volverse prestamente sobre sí mismo tomándose también como objeto. En el suicidio, en efecto, el sujeto agente se hace objeto de su acto.
El derecho penal moderno no se conforma con comprobar los hechos para culpar a alguien, necesita que el autor no tenga excusas. ¿Qué razones de su acto ofrece el homicida?. Imposible saberlo sin escucharlo; a falta de eso, otros hablan en su lugar. En el mecanismo que cerraba el círculo de matar y ser matado, el actor se atribuía el papel del destino de una víctima obligada sin remedio a acatarlo, pero sin librarse él mismo de someterse a igual suerte. La docilidad a un designio mortífero e inapelable parece estar en la médula del paso dado.
El psicoanálisis enseña que los hombres difícilmente escapan a la exigencia de dar razones de sus actos ante sí mismos, aunque en casos como éste encuentren la justificación que no puede faltar en el deber de complacer, ya no al prójimo o a sí sino a dios mismo.

Guerra nueva.

Septiembre de 2001 trajo no sólo el shock de la muerte inesperada de tantos, sino de que sucediera donde no se esperaba. Se conmovió la idea de que en la casa del padre se puede estar seguro.
Más robustas son las murallas del fuerte, más sutiles se vuelven los disfraces para ingresar por la puerta de atrás. Un nuevo paradigma en la cultura de la guerra pareció imponerse aquel día. Una de sus características es que la acumulación de hombres y armas en un mismo espacio para librar batallas es sustituida por una fragmentación y una diversificación extremas de los lugares y modos de ataque y de defensa. Por ejemplo: Afganistán e Irak se defienden no mediante la lucha frontal sino al modo del hormiguero, multiplicando las pequeñas, aunque terribles, "picaduras" sobre sus contrincantes. Otra es que el concepto de "arma" deja de identificarse completamente con el de "proyectil".
De la pedrada al fusil, de la ballesta a la ametralladora y de ésta a la bomba atómica, un arma siempre ha actuado sobre un lugar circunscrito, ya sea un breve espacio intercostal o toda una ciudad. El modelo es el del cirujano, que extirpa en la extensión necesaria el tejido enfermo que quiere eliminar. El bisturí, sin embargo, por más afinado y preciso que sea, no es eficaz para curar un cáncer o una invasión bacteriana. El nuevo enemigo no tiene foco visible ni el guerrero aparece en la fotografía de un bombardeo. Los blancos han dejado de ser tales, y no se trata sólo de que el contrincante se esconde sustrayéndose a la mirada.
En "La guerra de los mundos", H.G. Wells anticipaba la utilidad de las armas biológicas, mostrando a los marcianos poco sutiles en sus instrumentos de exterminio. El "antrax", lamentablemente, puede ser sólo uno de los primeros pasos de una larga serie de maneras de destruir que no recurren a proyectiles ni a nada que se les parezca. El reemplazo de la expresión "guerrilla urbana" por el uso de la palabra "terrorismo" sugiere que el terror mismo es un arma. Se puede matar con radioactividad o con un tenedor, apretando la garganta o cortando el cable del ascensor, también con el hambre o la sed, incluso convenciendo de que es bueno suicidarse.
El genio que el hombre pone al servicio de aniquilar a otros no es menor que su predisposición a encontrar enemigos o a crearlos. Tendemos a pensar, además, que podemos ser los mejores en eso. Por eso en el film "El día de la Independencia" triunfamos sobre los extraterrestres gracias a nuestra sapiencia informática, curiosamente más avispada que la de los invasores. Pero el escenario de la guerra en ciernes no será la galaxia sino la propia casa, los enemigos no serán alienígenas sino bien humanos, así como nuestra inteligencia irá, sin duda, más allá de la cibernética.

Sin fronteras.

Cuánto más extenso es un imperio más vulnerables son sus fronteras. Pero, ¿qué sucede cuando su geografía es toda la tierra, como resulta en nuestra globalizada sociedad de mercado, supuestamente libre, capitalista, desarrollada en los cánones de la ciencia moderna y con las tecnologías de ella derivadas?. Es probable que en este caso las fronteras que cuenten no sean las que nos separan del mundo exterior, finalmente la galaxia, sino las interiores. Pero estas últimas no son propiamente geográficas sino culturales.
Cuando los objetos culturales no están a la vista de gendarmes y las fronteras que importan no figuran en el mapa, imperar deja de ser cuestión de control aduanero o policial. El principito de Saint-Exupéry, el que repiqueteaba que lo esencial es invisible a los ojos, provenía de un planeta apenas más grande que una casa, es decir: de aquí mismo. No es una mala metáfora: la estratosfera queda en el barrio.
Tras la desaparición de la Unión Soviética, se extienden sin límites por todo el globo las mismas reglas económicas y el vasto conjunto de pautas culturales de la cosmovisión "occidental" que las acompañan. Sin embargo, no todo lo que había antes ha sido asimilado por éstas. El Islam es un caso paradigmático. Si bien los Estados Unidos son aptos para imponerse sobre los países árabes en materia económica y militar, su cultura no se muestra capaz de absorber a la musulmana o a otras que no participan del "sueño americano".
Occidente conserva su apego a la idea positivista de progreso, en la que no hay lugar para dudas acerca de la ventaja de que la ciencia haya reemplazado a la religión como fuente confiable e inagotable de bienestares. No piensa así el musulmán, que considera un mal amarrarse a los encantos del mundo de los infieles. La virulencia fundamentalista brama que esta civilización satura a la humanidad con fruslerías que el capitalismo tecnológico necesita producir para vender. Pero el brío mahometano suena a destiempo en un mundo en el que el cristianismo cede banderas desde hace siglos y en el que ya no es exigible la fe en el padre para que el self made man llegue al éxito. Es posible, entonces, que en el Islam se pongan en juego idiosincrasias del ser humano, no menos firmes y resistentes que intangibles, que la cosmovisión occidental no sabe reconocer.
No es sólo cosa de religión, mientras el anglosajón construye industrias haciendo weberianamente las cuentas con la numeración decimal, que es arábiga, el moro, que aprendió a calcular antes, forja una arquitectura distinta. Pero occidente plantea sus problemas en términos militares, no culturales. ¿Será posible revisar los principios y diseños básicos de la política internacional sin que los gobernantes sean genuinamente cultos?. Eso hoy incluye la posibilidad de poner en cuestión las distintas formas de subjetivación.


El progreso.

El semblante del Presidente Bush en sus conferencias de prensa recuerda la expresión de Klaus Kinski en el notable filme de Werner Herzog Aguirre, la ira de Dios. En esa ficción, un puñado de hombres lanzados a la empresa imposible de encontrar la ciudad de Eldorado es progresivamente diezmado por los indios en una ruta sin otro destino que la desaparición. No obstante, bajo el influjo de la pasión de Aguirre, declaran su independencia de España y la creación de un reino varias veces más extenso que el de la patria de origen. El personaje es el del conquistador llevado al límite de su sueño, que consiste, más allá de los propósitos de obtener riquezas y propagar su fe, en llegar a ser el amo, si no de todo, al menos el único. Pero no podrá, ni por asomo, gobernar esa tierra inabarcable que seguirá siendo para él una quimera. Eso es cabalmente perseguir un sueño, puesto que para tenerlo no es preciso que sea realizable. La satisfacción dura mientras el soñante no despierta.
El rostro que el recordado Klaus Kinski da a este Aguirre se ve más impávido que sereno y más cerca del éxtasis que del coraje. "Soy la ira de Dios, y la tierra se hace a un lado para dejarme pasar", pronuncia, embriagado de certidumbre, cuando ya no hay retorno posible ni suelo seguro que pisar. Así ha de ser un conquistador que se precie: capaz de perseguir su ideal a costa tanto de la vida ajena como de la propia.
Si la conquista de Irak podía ser prometida por el Presidente Bush con tanta parsimonia, era porque sus consecuencias mortíferas quedaban justificadas por el servicio que prestaría a sus ideales. Nada impediría, tampoco, que despojar del petróleo a los infieles fuera considerado una bella acción. De ahí en adelante sólo se trataba de no vacilar, de manera que preocuparse por las desgracias consecuentes venía a ser cosa de temerosos o de quienes apuntan a metas menores. Éste debía ser el caso de Nicholas Kristof, columnista de The New York Times, cuando sugería que su gobierno debía destinar a la educación, o a promover los vehículos con motor a hidrógeno, los bastante más de 200.000 millones de dólares que llevaría la guerra.
No sólo la pasión beligerante ilustra la soltura con que puede desdeñarse la vida en pos de un ideal. La conquista del espacio es otro caso paradigmático. La explosión de la nave Columbia puso no hace mucho sobre la mesa la dimensión de la tragedia: el ideal de llegar a las estrellas no debía supeditarse a la vida de unos pocos astronautas. Se ve también en la economía: no es el anhelo de bienestar sino el ideal de lucro el que mueve realmente al mundo, hecho congruente con que sea muy normal dedicar el dinero a ganar más dinero y no tanto a asegurarse de que nadie muera de hambre. Por eso, además, un gran tacaño bien puede ser un señor idealista.
Ya no es novedad que el progreso económico, tal como hoy es concebido, no sólo trae grandes provechos sino también inmensos daños para el futuro de la humanidad. Para sostener su estándar de vida, el mismo al que aspira todo el mundo, los Estados Unidos arrojan cada año a la atmósfera unos 1500 millones de toneladas de dióxido de carbono, que representan alrededor del 25 % de las emisiones que han sido reconocidas como la principal causa del llamado efecto invernadero. La comunidad europea no se queda muy atrás. Excesivamente sujetos a las ideas imperantes acerca de qué significa progresar; los gobiernos están lejos de hacer lo necesario.
En 1920, Sigmund Freud publicaba una obra de título sugestivo: Más allá del principio del placer. Su concepto medular es el de una inquietante "pulsión de muerte", que refiere esta inclinación de los hombres, ausente en los animales, a hacer cosas no sólo opuestas a bienestar alguno sino atentatorias contra la vida misma. En aquel entonces, la idea de que puede ser un gusto inmolarse porque sí, por mera testarudez, se daba fácilmente de bruces con la joie de vivre propia de la belle époque. En nuestros días, desde que el centro de Nueva York dejó de ser un lugar suficientemente distante de los campos de batalla, la ilusión de una vida tranquila y segura encuentra cada vez menos resguardo. La ira de Dios puede manifestarse en cualquier parte.

El no-dominio.

La rebelión islamita en Irak contra la ocupación extranjera tiene raíces cuya eliminación es más que difícil. Este pueblo no corre a fabricar una república como la que querría la coalición, entre otras razones, porque el Islam no ha digerido la laicidad de las democracias occidentales, como sí han hecho el judaísmo y el cristianismo. Estos, además, han venido asimilando durante más de tres siglos los desarrollos de la ciencia moderna, y se han acostumbrado a que las justificaciones de las decisiones de gobierno sean científicas antes que religiosas.
Han quedado atrás los tiempos en que la iglesia de Roma sujetaba a los estados invocando la unción divina del príncipe, o que necesitaba quemar en la hoguera a aquellos que, como Giordano Bruno, se permitían concebir el mundo sin el dogma de la fe. Las ciencias, a su vez, se encuentran muy cómodas desentendiéndose de los asuntos a los que tanto el cristianismo como el judaísmo hoy se circunscriben. Nuestro orden político ha llegado a basarse, como veremos, en razones … matemáticas.
Aunque hacer matemáticas no sea siempre medir, la medición se ha convertido en fuente privilegiada de certidumbre en los más diversos campos de la cultura, incluyendo a la democracia republicana. Tal vez por eso se piensa que en las sociedades modernas el sufragio universal es indispensable para resolver los mayores desacuerdos. El mecanismo consiste en una contabilidad exhaustiva de las voluntades, que se hace posible igualando cada una de ellas a un voto. La cosa no funcionaría si la sociedad no aceptara conceder a una cuenta bien hecha el valor de última palabra.
El sueño de computarlo todo acompañó a la ciencia moderna desde su nacimiento, pero ha encontrado límites intrasponibles dentro de la misma matemática. Ya en 1931, Kurt Gödel demostró, en el teorema que lleva su nombre, que un sistema teórico no podría ser completo sin caer en la inconsistencia. Más recientemente, el matemático Gregory Chaitin, estudiando el campo informático, demostró la existencia de hechos matemáticos verdaderos que escapan al razonamiento formal de la matemática, de modo que resultan verdaderos por accidente.(Chaitin, 1996)
Desde la economía o la psicología a la misma física se han encontrado incompletudes e incertidumbres insuperables para el pensamiento matemático. El físico Roger Penrose, por ejemplo, subraya que el concepto matemático de magnitud infinita, que forma parte de la teoría de la relatividad, priva a la física de la consistencia a la que nos habíamos acostumbrado. Ésta, en efecto, puede admitir magnitudes inmensamente grandes o inmensamente pequeñas, pero no infinitas.(Penrose, 1997).
Si bien Einstein decía que "Dios no juega a los dados", confiando que siempre será posible descubrir razones matemáticas donde no parecen haberlas, los físicos y matemáticos contemporáneos tienden a pensar que Dios no sólo juega a los dados sino que lo hace a cada rato. Esta moderación de la confianza en los poderes de la matemática no se ha trasladado, lamentablemente, a la perspectiva de los principales gobernantes del mundo.
Estados Unidos creyó que manejaría el Irak de posguerra con la misma exactitud con que es capaz de acertar con un misil ahí donde pone el ojo, dándose de bruces con no pocos hechos que escaparon a sus cálculos. Ya no es sólo que el diablo mete la cola, si Dios mismo parece un jugador empedernido que no puede prever el resultado de sus acciones, ¿creerán los gobernantes de la coalición, menos divinos, que saben realmente hacia dónde está yendo el mundo?. No se los escucha reflexionar sobre eso, aunque sí quejarse de que los iraquíes, pudiendo disfrutar de lo mejor eligen lo peor.
Sigue al orden del día la pregunta que torturaba a Hamlet en los albores de la época que vivimos: ¿cómo era posible que su madre, estando casada con un rey magnífico como su padre, se sintiera atraída por un ser tan abominable como su tío?. Pero Hamlet tenía inquietudes distintas a las de la generalidad de los mandatarios actuales, él no se proponía sacar del medio a su tío traidor y así eliminar un obstáculo para gobernar Dinamarca. Quién sabe, tal vez pensaba que Dinamarca no era menos difícil de gobernar que su madre.

Bibliografía:

1. Camus, A. (1938) El malentendido - Calígula. Bs.As., Losada, 1982.
2. Chaitin, G. (1996) The limits of mathematics. Singapore, Springer-Verlag Singapore Pte.Ltd., 1998.
3. Penrose, R (1997) The large, the small and the human mind. Cambridge, UK, Cambridge University Press, 1999.

http://www.querencia.psico.edu.uy/revista_nro7/raul_courel.htm


Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://www.aeroclubargentino.org
 
El ejemplo australiano
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.
 Temas similares
-
» Ejemplo de Ensayo académico
» Un claro ejemplo del por qué debemos de ser cuidadosos (video)
» La buena moneda que tuvimos...
» As de Arkailikos - sólo un ejemplo-
» Fabricacion de absorbentes acusticos

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
Interdefensa :: -HISTORIA MILITAR DEL MUNDO- :: Historia Militar del Mundo-
Cambiar a: