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 Vuelven a Malvinas

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MensajeTema: Vuelven a Malvinas   Vie 8 Oct 2010 - 20:05


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TRES EX COMBATIENTES SUARENSES RETORNAN A LAS MALVINAS
Ningún suelo más querido...
En unas horas, los suarenses Rubén Rohwein, Rubén Brodsky y Héctor Sauer iniciarán el viaje a las islas por las cuales, hace 28 años, arriesgaron sus vidas. Será, para ellos, el cierre de un capítulo tan intenso como doloroso de sus vidas.


Héctor Sauer, Miguel Margiotta, Rubén Brodsky y Rubén Rohwein a punto de emprender un viaje único. (Sebastián Cortés-LNP)

La tarde está fresca y soleada, sin una nube. Sobre la mesa del jardín, a la sombra, cuatro tazas vacías esperan el café. Detrás, cuatro amigos también esperan, pero cuando llega la primera pregunta nadie quiere tomar la palabra.
--Él es el jefe de prensa --dice uno de ellos, mientras clava su índice en hombro ajeno.
Todos ríen a carcajadas, incluso el señalado, porque el dueño de casa, Rubén Brodsky, acaba de asignarle el rol de "vocero" a Héctor, acaso el más tímido del grupo.
El aludido se esconde detrás de sus anteojos y ahorra palabras.
Tal vez porque sepa que, más tarde, cuando el café esté frío, las va a necesitar. Cuando cuente, por ejemplo, cómo sobrevivió al hundimiento de "su casa", el crucero General Belgrano, y por qué ahora aceptó hacer las valijas para conocer las Malvinas, 28 años después de la guerra en la que perdieron la vida 649 argentinos.


* * *


Los hombres detrás de las tazas de café son Rubén Rohwein, Rubén Brodsky, Héctor Sauer y Miguel Margiotta. Los tres primeros, ex combatientes de Malvinas; el último, un joven empresario suarense que no se cansa de compartir historias y asados organizados por la Asociación de Veteranos de Guerra local. Tanto se involucró con ellos que, en el último banquete, les dio "la" noticia.
--Muchachos, me voy a Malvinas...
Con algunos trozos de vacío aún humeantes en la parrilla, hubo miradas de sorpresa, y luego emoción y hasta aplausos. Hasta que por fin volvió el silencio y Miguel pudo completar la frase.
--... y me llevo conmigo a los veteranos de guerra.
Después, las palabras sobraron.


* * *


--Vuelvo a Malvinas para rendir tributo a los héroes --dice Rubén Brodsky.
Tiene 55 años, es médico y llegó a Malvinas como parte del Regimiento de Infantería Nº 25. Según cuenta, en el pozo de Puerto Argentino donde le tocó refugiarse --y que hacía de hospital de campaña-- sintió la caída de cientos de toneladas de bombas inglesas durante 74 días. Allí, asegura, perdió su inocencia.
"Los impactos los sentía al lado del pozo. Sabía que en cualquier momento me podía caer uno encima, pero nos habíamos acostumbrado a esa ruleta rusa", recuerda, apretando los dientes.
Hoy Rubén vive con su mujer Adriana y sus hijos, en una casa que tiene un cuidado parque verde. Sentado allí dice que el primer lugar que quiere pisar, cuando llegue a las islas, es el cementerio Darwin, donde se encuentran las tumbas de los soldados desconocidos. Pero aclara que no sabe si va a poder el primer día.
"Tendría que respirar muy hondo", dice, y agrega que ir a ver a sus camaradas es "un deber y un honor".
Otra obligación que se impuso es volver con algo de tierra malvinense.
"Queremos traernos un pedacito de isla", explica, con picardía.
Y también habla del "pozo", porque Rubén, tanto como sus compañeros, tiene la expectativa de reencontrarse con su vieja trinchera.
"Esta será una situación muy diferente: vamos a volver al pozo, pero no para vivir en él", dice.


* * *


Cuando Rubén Rohwein supo que gracias a Margiotta iba a tener la posibilidad de viajar a Malvinas, se quedó mudo. Y no habló hasta el otro día, según dice.
Algo similar cuenta "Anita", la mamá de Rubén, cuando recuerda el regreso de su hijo de la guerra.
"Pasó muchas tardes encerrado en su cuarto, callado y a oscuras. Tenía 18 años", recuerda la mujer.
Rubén --que es padre de cinco hijas-- tomó parte de la contienda como integrante del Batallón de Comunicaciones del Comando 181 de Bahía Blanca, y estuvo destinado al cuartel de los marinos. A este lugar, dice, quiere volver cuando pise las Malvinas.
"Quiero hacer, a pie, el camino del cuartel de los marinos hasta el aeropuerto viejo --dice--. Hoy no puedo saber cómo me va a afectar, pero hace rato que tengo la necesidad de volver".


* * *


Cuando Héctor Sauer saltó desde el Crucero General Belgrano hacia la balsa en la que sobrevivió al frío y al hambre durante dos noches, seguramente no pensó que 28 años después tendría la oportunidad --y mucho menos las ganas-- de desembarcar en Malvinas.
Sin embargo, las ganas están, más allá de que siente que su terrible experiencia a bordo del Belgrano no se asemeja a lo que sufrieron quienes combatieron en tierra firme.
"Quizás no tenga la misma necesidad que otros ex combatientes de ir a las islas, pero estoy orgulloso de que me hayan tenido en cuenta --remarca--. En definitiva, siempre dije que, si algún día mis amigos volvían a Malvinas, yo iba a acompañarlos para conocer el lugar donde combatieron".
Curioso punto de vista, el de Héctor, tomando en cuenta que salvó su vida de milagro, gracias a un partido de fútbol.
El día del bombardeo --el 2 de mayo de 1982-- fue un domingo. El y un amigo santafesino estaban en las instalaciones inferiores del crucero, pero subieron a cubierta para escuchar el relato deportivo por la radio.
En ese momento, en las escaleras, sintieron el primer impacto. Después el segundo. Las luces se apagaron, el aire se impregnó de vapores y olor a quemado, y se escucharon los gritos. "¡Nos pegaron! ¡nos pegaron!". Eran las 4 de la tarde.
A la media hora, el barco estaba de costado, y los enfermeros seguían rescatando soldados. Para las 17, el buque estaba hundido, y más de la mitad de la tripulación flotaba en las balsas de auxilio.
La balsa de Héctor fue auxiliada a las 11 del martes siguiente, luego de dos días de zozobra en un mar agitado por olas de 7 u 8 metros de altura.
"Se hundieron 323 personas y nos salvamos 770...", dice Sauer, y se quiebra.
Minutos después, retoma el relato.
"Ir a las islas será algo muy fuerte. Voy a ver las cruces de mis compañeros en el cementerio, sabiendo que sus cuerpos no están ahí", remata Héctor, quien hoy vive con su mujer y sus tres hijos en Pueblo Santa María, donde nació, y trabaja como portero de la Escuela Nº 4.


* * *


Anoche, en el hall del palacio municipal, la comunidad suarense tenía previsto homenajear a los ex combatientes, a horas de su viaje a las islas junto al capellán Vicente Martínez Torrens, quien también estuvo presente en el conflicto; el historiador Oscar Teves; y el propio Margiotta.
¿Será un reencuentro para cerrar heridas o para abrirlas?
¿Cómo ver con nuevos ojos a esa tierra que vive, en las memorias de los ex soldados, regada de sangre, de bombas, de pérdidas?


Con el corazón en las islas
Rubén Brodsky asegura que el cariño que los ex combatientes sienten pos las islas no se puede explicar.
"Ahí dejamos la inocencia, nuestro pasado, nuestra juventud", enumera, para reforzar la contradicción entre lo que sufrieron y lo que sienten hoy.
A su vez, "animalidad" es la palabra que más repite cuando evoca los momentos en que todos debieron aprender a convivir con una violencia inusitada.
"Nos 'animalizamos' todos; o sea, aprendimos a vivir como animales", dice el médico suarense quien, a pesar de no ser católico, durante la guerra fue monaguillo del padre Vicente Martínez Torrens, mientras que el sacerdote lo asistió como enfermero.
En la memoria del doctor Brodsky hay varias anécdotas que dan una pauta de la magnitud de la violencia que sufrió aquel lejano, pero también cercano, mayo de 1982.
"En Puerto Argentino los soldados veían las naves, los disparos del cañón y las volutas de humo, y sabían que, si el silbido se mantenía, el proyectil pasaba por arriba. Sin embargo, si el silbido desaparecía, el impacto podía ser en cualquier lugar", recuerda.
El médico también recuerda dos momentos muy duros tras el regreso. El primero de ellos, mientras en un comedor de Puerto Madryn esperaba su almuerzo junto a otros soldados recién llegados de Malvinas.
"En una tele pasaban un corto del Pato Donald... y yo no podía pasar bocado. No soportaba las imágenes. La diferencia entre los dibujitos y la brutalidad de la que venía me fracturó la cabeza", dice.
La otra anécdota surgió en el baño, cuando se disponía a darse una ducha.
"¿Quién es ese tipo tan parecido a mí?", pensó Brodsky, mientras el vapor le nublaba la vista frente al espejo.
Había perdido más de 20 kilos y no se reconocía. Sin panza y con las costillas hundidas, no tenía registro de su propio cuerpo.
"Eso fue brutal", acota.


"¿Encontraré mi cámara?"
Es la pregunta que se hace Rubén Brodsky, a horas de aterrizar en las islas. "Mi pozo era rectangular, de 80 o 90 centímetros de alto por cuatro metros, inserto en un costado de un cerro, protegido con tambores de aeronafta que hacía de paredes --dice--. Ahí dejé medio escondida una cámara fotográfica con registros de la guerra, en especial de un bombardeo aéreo. Tiene fotos de un avión al que le saqué mientras nos estaba ametrallando".


Miguel Margiotta, un agradecido
"Voy con la historia hacia la historia", sentencia Miguel Margiotta, dueño de una empresa de silajes en Coronel Suárez, quien abrazó la causa Malvinas desde el principio, pese a no ser ex combatiente.
En 2007, viajó junto a veteranos de guerra suarenses a Sarmiento, para visitar el Regimiento de Infantería Nº 25. De ese viaje nacieron amistades tan sólidas que dieron origen a la Asociación de Veteranos de Guerra suarense.
"En estos tres años me fui dando cuenta de que ellos estaban preparados para ir a Malvinas", dice Margiotta en referencia a la fortaleza de sus amigos Rubén Brodsky, Rubén Rohwein, Héctor Sauer y el padre Martínez Torrens.
Sin embargo, reconoce que las heridas de lo sucedido han sido tan hondas que, tal vez, hace cinco años no hubieran aceptado su invitación a volver a las islas.
Margiotta se hará cargo de los pasajes y la estadía de sus amigos. A tal efecto alquiló una vivienda, un vehículo para recorrer suelo malvinense y otro para volar de una isla a la otra.
"Mi señora estaba al tanto de que quería ir. Ella me apoya mucho en esto", cuenta.
Para él, todos tenemos una deuda con los soldados de Malvinas.
"Se les debe un beso, un abrazo, un gracias", recalca.
El empresario dice que pondrá lo mejor de sí para contener a sus amigos y que es hora de que completen el rompecabezas que tienen en su mente.
"Ellos necesitan volver a las islas y ver que la vida continúa, que hay gente como uno, niños, escuelas y que no hay más nada que una vida tranquila...", asegura.
"Todos los que estuvieron en las islas las vieron bañadas en sangre. Ahora van a derramar lágrimas que quizá sean un poco tristes al principio, pero luego serán de crecimiento y mucho orgullo", agrega.
Margiotta se muestra entusiasmado y satisfecho. En unas horas concretará un sueño propio y ajeno: pisar ese suelo tan querido por quienes fueron capaces de arriesgar su vida y derramar su sangre.


Anahía González/Enviada especial a Coronel Suárez

Fuente: Lanueva.com
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Spirit666



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MensajeTema: Re: Vuelven a Malvinas   Vie 8 Oct 2010 - 20:36

Debe ser una experiencia muy fuerte y muy particula regresar a donde literalmente el fuego les cambio la vida. Me imagino que revivirán en susmentes muchas imágenes y sonidos. Flor de experiencia.

Buena la nota.

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Super-Etendard



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MensajeTema: Re: Vuelven a Malvinas   Vie 8 Oct 2010 - 21:08

Me imagino la cantidad de sensasiones y emociones que van a sentir estos Héroes al pisar Malvinas. Inexplicables.

Muy buen artículo Ale, gracias por compartirlo.

Saludos
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MensajeTema: Re: Vuelven a Malvinas   Vie 8 Oct 2010 - 22:18

Ojala pueda ir algun dia, y que cuando vaya las malvinas vuelvan a ser argentinas, pero sin necesidad de guerra.

Saludos
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MensajeTema: Re: Vuelven a Malvinas   Lun 11 Oct 2010 - 15:22

Ragoo, las Malvinas no dejaron de ser Argentinas nunca!
Es muy distinto que esten ocupadas, muy buena la nota.



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