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 Inversión en ciencia y tecnología en el país

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MensajeTema: Inversión en ciencia y tecnología en el país   Jue 11 Jun 2015 - 19:39

Hola, decidí este nuevo tópico porque no encontré dónde colocar esta noticia...


Tras alarma del Calbuco
Con nuevos equipos, científicos argentinos intentarán predecir erupciones
Por: Carlos Pagura

La erupción del Calbuco de abril de este año.
¿Cuándo puede hacer erupción un volcán? La pregunta del millón está cada vez más cerca de responderse. En gran medida debido a los avances técnicos de los que disponen los científicos. La vulcanología es el arte del anticipo, una carrera contra el tiempo. Como el detective que persigue al asesino serial para evitar que cometa su siguiente crimen, descifrar señales y pistas cuanto antes se vuelve vital.

"Este es un nuevo comienzo para el sistema de investigación. Para poder formar investigadores necesitamos datos y los observatorio nuestros son los volcanes", se entusiasma el Dr. Alberto Caselli, tras conocerse que el Ministerio de Ciencia y Tecnología financiará la adquisición de equipamiento por unos $ 2,5 millones para el Laboratorio de Estudio y Seguimiento de Volcanes Activos (LESVA), que funciona en Río Negro. "Esto va a cambiar las cosas, empezará a movilizar y motorizar las investigaciones vulcanológicas en el país", afirma.

• Laboratorios naturales

"Más que investigar, un laboratorio debe medir constantemente y decir rápido qué es lo que pasa. Queremos hacer las investigaciones para apoyar a los observatorios. Nuestra idea es comprar estaciones sísmicas porque la sismicidad es fundamental para el estudio de los volcanes", describe.

Una vez instaladas las estaciones, las señales llegarán en tiempo real al laboratorio de la ciudad de General Roca y serán estudiadas por analistas junto a un grupo de becarios para saber qué significa cada espasmo sísmico. Son muchos y variados: presión, movimientos de fluidos, de magma, fracturas, lo que requiere una extensa investigación. "No es sólo ponerse a contar terremotos", advierte el especialista a ámbito.com.

La finalidad del proyecto son las investigaciones en volcanes activos, para estudiarlos desde el punto de vista sismológico, geoquímico y determinar las señales precursoras a una erupción. ¿Qué señal entrega antes de producirse? "Hay que pensar que es roca fundida en profundidad que empieza a ascender y en ese recorrido genera procesos debajo de la tierra que con los equipos hay que detectar e interpretar desde la superficie. Cuando ese magma sube, fractura rocas y da señales químicas, luego deforma el volcán y comienza el proceso de inflación: comprender cómo funciona un volcán es fundamental para aplicar el monitoreo".

Se tomarán dos de ellos como laboratorios: el Copahue (se encuentra en alerta amarilla) y Laguna del Maule (que estuvo en ese estado hace un año y tiene una historia eruptiva considerable). "Desde el observatorio trasandino los están estudiando, ahora queremos hacerlo desde el lado argentino. Hay que monitorearlos rodeando el volcán, medir desde un solo lado no es bueno porque siempre va a faltar información", explica.

En este momento, nuestro país vigila al Copahue con dos estaciones, pero las que vendrán tendrán una tecnología de última generación. Caselli, quien también es profesor en la Universidad Nacional de Río Negro y Secretario General de la Asociación Latinoamérica de Vulcanología, comenta: "Detectamos que hay muchas emisiones de gases cuyas variaciones será importante medir en el tiempo. Los equipos van a tomar y enviar señales constantemente, se van a analizar los cambios en las nubes, para corroborar con la sismicidad y comprobar correlaciones".

"Poseen cámaras geoquímicas que miden distancias y emisiones de dióxido de azufre. Además pueden recolectar gas en el mismo cráter, mediante una bomba que registra la muestra y envía los datos. Vamos a centralizar toda la información en Internet: señales sísmicas, geoquímicas y deformaciones. Al mismo tiempo, las centrales sísmicos se disponen sobre el terreno y transmiten información vía radio, que se reenvían online. También vamos a adquirir un servidor para resguardar los datos, que luego serán de libre uso para las investigaciones", precisa.

• Peligro constante

"El peligro es constante, toda la cordillera de los Andes es una zona muy activa, por la interacción de las placas: las del piso del Océano Pacífico se introducen por debajo de las del continente americano y generan una serie de procesos en profundidad que funden la roca, y ese fundido asciende a la superficie. Los volcanes cordilleranos son como bolsadas de fluidos que quedan en la superficie y cada tanto salen. A veces pasa que, con los grandes movimientos, las placas se traban y al desbloquearse generar terremotos que provocan perturbaciones y ese magma escapa en forma de erupciones", relata Caselli.

Las ciudades argentinas cercanas al límite con Chile están particularmente amenazadas por las cenizas emitidas por los volcanes, que llegan con facilidad por la orientación de los vientos que se desplazan de modo predominante de Oeste a Este. El caso más reciente fue la erupción del Calbuco, el 22 de abril, que afectó sobre todo a las ciudades de San Martín de los Andes, Junín de los Andes y Bariloche. Según Caselli, la cantidad de fenómenos eruptivos es similar a la de décadas anteriores. "Sucede que al haber más información parece que fueran más, pero estadísticamente no es comprobable. Es sólo una percepción", explica. Lo cierto es que nombres como Calbuco, Copahue, Chaitén o Villarrica se impregnaron en la opinión pública hasta hacerse familiares.

"Hay que estudiar, cada volcán es distinto y hay que comprender cómo funciona. En el Calbuco fue muy repentina la erupción, pero habría que buscar si hubo una señal que el mundo no esperó y pasó desapercibida; quizás se deformó. Sismicidad previa parece no haber tenido, según el observatorio chileno recién comenzó unas horas antes. Por eso: todos son distintos y hay que estudiarlos en profundidad, ni siquiera los de los Andes son iguales: fue distinta la actividad del Calbuco a la del Copahue, el Caulle y el Villarrica", aseveró.

Un nuevo impulso

Caselli avizora un nuevo impulso de la ciencia vulcanológica en el país, aunque no será como el estruendo repentino de una erupción sino un lento progreso. "Los equipos se los compramos a una universidad italiana porque por ahora no podemos construirlos, pero teniéndolos y aprendiendo cómo funcionan, veremos... no son de difícil construcción. El tema es que hay que interesar a un grupo que invierta para hacerlo, ya tuvimos conversaciones y posiblemente vayamos avanzando, pero es otra fase. Construir los equipos aquí va a requerir tiempo".


Por lo pronto, determinados equipos más "caseros", utilizados en mediciones de gases, son construidos por universidades nacionales.

Además, los nuevos equipos ofrecerán la posibilidad de posicionarse desde otra perspectiva en el escenario científico. "Hasta ahora no teníamos moneda de cambio para ofrecer, nos podíamos sentar a la mesa, pero sin informaciones propias, con dos estaciones sísmicas no se puede hacer mucho", admite.

Queda demasiado por hacer. Por dar un ejemplo, la red de monitoreo del mexicano Popocatépetl, considerado entre los volcanes más peligrosos del mundo, está compuesta por 15 estaciones, que llegan a 4.300 metros de altura y a menos de veinte cuadras del cráter. Aunque, a veces, lo importante es empezar. Chile, el más avanzado de la región en la materia (cuenta con dos mil volcanes, 90 de ellos en la frontera con nuestro país), terminó de consolidar su red de monitoreo luego de la erupción del Chaitén, que en 2008 dejó la ciudad homónima bajo las cenizas.

"Todo lo que se compre va a ir al volcán y con esos datos vamos a formar gente. Porque al no tener datos, el que quería formarse tenía que estudiar el Etna, el Stromboli. Debemos formar gente porque no hay investigadores que se dediquen a este tipo de estudios, queremos hacer un semillero para formar expertos jóvenes que se dediquen a la vulcanología actual. No hablo de estudiar las rocas -porque geólogos tenemos en el país- sino a esta rama que apunta al riesgo volcánico", aclara.

Las ambiciones a un mediano plazo se basan en generar un centro de estudios de volcanes en el norte de la Patagonia y la creación del proyectado Observatorio Vulcanológico Nacional.

Mientras tanto, todo pasa por nutrirse de equipos modernos y eficientes y de profesionales capaces de analizar, interpretar y dilucidar la corriente continua de datos. El desafío es anticiparse a la furia de la Tierra para activar las alarmas. Después, sólo queda la lava, las cenizas y el recuento de daños. Como resume Castelli: "Cuando comienza una crisis volcánica, ya no hay tiempo para investigar".

http://www.ambito.com/noticia.asp?id=794445
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